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El Gobierno afronta otra crisis sanitaria con Fernando Simón y una agencia fantasma sin sede ni estatutos
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El barco del hantavirus rumbo Canarias

El Gobierno afronta otra crisis sanitaria con Fernando Simón y una agencia fantasma sin sede ni estatutos

Salvador Illa prometió la puesta en marcha de la Agencia Estatal de Salud Pública hace seis años, pero sigue en fase de desarollo. Además, la falta de personal en Epidemiología hace que se esté recurriendo a veterinarios y farmacéuticos

Foto: El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. (Europa Press/Eduardo Parra)
El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. (Europa Press/Eduardo Parra)
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La aparición de Fernando Simón en la pantalla de televisión es para muchos peor augurio que cruzarse con un gato negro. El epidemiólogo de voz quebrada ha salido de nuevo a la palestra mediática para intentar tranquilizar a la población sobre la transmisión del hantavirus, el patógeno a bordo del crucero MV Hondius que ya ha causado tres muertos y que atracará en Canarias en los próximos días. "La transmisión persona a persona se conoce, puede pasar, pero no es muy frecuente y es difícil", afirmaba en su última aparición pública para que, un día después, la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmase que el hantavirus del barco es de la cepa Andes, transmisible entre humanos y que dispara hasta el 40% el riesgo de muerte entre los contagiados (8 contabilizados hasta el momento).

La reaparición del director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (Ccaes) recordó a muchos aquellas palabras que pronunció en los albores de la pandemia de coronavirus: "España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado". La cifra de fallecidos por covid-19 superó los 120.000. Los especialistas en Salud Pública apuntan que el hantavirus, pese a su letalidad, no debería ser un gran problema, ya que su capacidad de contagio es muy inferior a la del coronavirus (se transmite por contacto estrecho, no por aerosoles). Aun así, esta nueva amenaza epidemiológica saca algo a la luz: todo sigue igual después de una pandemia tan devastadora.

Comenzando por la persona a los mandos de cualquier riesgo nacional para la salud pública. Fernando Simón goza de la máxima confianza de la ministra de Sanidad, Mónica García. Desde que fue nombrado director del Ccaes en 2012, con la popular Ana Mato como ministra de Sanidad, ha resistido en el cargo 14 años, y los 10 ministros del PP, PSOE y Sumar con los que ha trabajado desde entonces lo han mantenido en su puesto.

En la pandemia de coronavirus, a rueda de prensa diaria, su rostro fue el que más horas de televisión copó. Protagonizó numerosos episodios que fueron ampliamente criticados por la opinión pública. En febrero de 2020, afirmaba en una entrevista que el coronavirus "no es tan tan grave como parecía", y que el "nivel de riesgo de España es relativamente bajo. No hay ninguna razón para alarmarse, está controlado". "El coronavirus es una enfermedad de muy bajo nivel de transmisión", llegó a decir.

placeholder Pedro Sánchez y Fernando Simón en la presentación del libro de Salvador Illa sobre la pandemia. (EFE)
Pedro Sánchez y Fernando Simón en la presentación del libro de Salvador Illa sobre la pandemia. (EFE)

En marzo, pocos días antes de que se decretase el estado de alarma que confinó a más de 40 millones de españoles en sus casas, Simón animaba a la ciudadanía a participar en la manifestación feminista del 8-M: "Si mi hijo me pregunta si puede ir, le diré que haga lo que quiera". Con la población ya confinada y la cifra de muertes en ascenso, se oponía al uso general de las mascarillas: "No es necesario que la población sana use mascarillas. No tiene ningún sentido que la población esté preocupada por si tiene mascarillas en casa. Y no es una opinión nuestra, es una opinión que ha expresado la OMS". Al poco tiempo, se decretaría su obligatoriedad para el conjunto de la población.

Estas idas y venidas del máximo responsable de las medidas de Salud Pública que se tomaron en la pandemia de coronavirus han socavado la credibilidad del epidemiólogo. Pese a ello, cuenta con el apoyo del Gobierno y es un elemento más de la trinchera política, como explica un asesor experto en comunicación política de uno de los principales partidos del país. "La cognición, la forma en que las personas procesamos los mensajes, no es neutra; está condicionada por a prioris (clase social, nivel educativo, cultural). Simón no tiene ninguna credibilidad para un espectro de la sociedad: aquellos que rechazan la gestión del covid, a Pedro Sánchez… Sin embargo, Simón tiene credibilidad aún para otro espectro de la sociedad, aquellos que de una manera u otra apoyan a Sánchez y relacionan a este médico con un gobierno protector que nos salvó".

Para este experto, que prefiere mantener el anonimato, "al defender la posición de Simón como portavoz, Sánchez se defiende a sí mismo. El no cambiar de portavoz es como no dar su brazo a torcer con respecto a su gestión pasada y futura. También juega a su favor que es una persona conocida: desde el punto de vista de la persuasión, que alguien sea familiar, aunque sea para mal, tiene más capacidad de persuasión que un desconocido".

La Agencia de Salud Pública fantasma

Más allá de la continuidad de Simón como voz autorizada frente a las epidemias, lo cierto es que el Gobierno sigue sin poner en marcha la mayor parte de las promesas que realizó en la pandemia de coronavirus. En caso de afrontar una nueva amenaza pandémica, nuestro país contaría con prácticamente los mismos medios que hace más de un lustro.

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Han pasado seis años desde que el exministro de Sanidad y actual presidente de Cataluña, Salvador Illa, prometiera públicamente la creación de un Centro Estatal de Salud Pública, llegando a afirmar que antes de que acabara 2020 presentaría el proyecto al Congreso de los Diputados. Sin embargo, a día de hoy seguimos sin contar con este centro especializado tan demandado por los epidemiólogos.

El 22 de julio de 2025, el Congreso de los Diputados aprobó la ley por la que se crea la Agencia Estatal de Salud Pública, una norma que se ha quedado en papel mojado al no haberse desarrollado sus estatutos. Existe por ley, pero no en la realidad, pues carece de sede y presidente. El Gobierno aspiraba a colocar a Fernando Simón al frente de este nuevo cargo.

Rafael Ortí, quien estuviera al frente de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública y Gestión Sanitaria (Sempspgs) durante la pandemia, califica la situación de "penosa". "Todavía se está valorando dónde estará la sede, y parece que no se va a contratar a especialistas de alto prestigio. Si no se le da el prestigio suficiente, no servirá para lo que fue concebida", asevera Ortí, que también pone en duda la independencia de la que estará dotada el órgano.

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Considera que el refuerzo de los sistemas de información sigue avanzando con mucho retraso. "Va para diez años. A este paso dudo que haya un data lake -centro de datos- nacional que enlace los sistemas epidemiológicos de las comunidades autónomas".

Tampoco se ha reforzado el número de médicos dedicados a la Salud Pública y la Medicina Preventiva, los encargados de evitar y controlar las epidemias. El Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas no han hecho más atractiva esta especialidad del MIR, por lo que cada año quedan muchas plazas vacantes en hospitales de toda España. "Se están jubilando muchos facultativos en Salud Pública. Es una especialidad en la que todos los MIR salen con trabajo, pero los hospitales no encuentran a gente. Nos están sustituyendo veterinarios o farmacéuticos. Falta tanto personal que en tres años un MIR se hace jefe de sección", añade.

Con una nueva crisis sanitaria llamando a la puerta, España sigue sin Agencia Estatal de Salud Pública, y volverán a ser Fernando Simón y el escaso personal de que dispone en el Ccaes quienes tomarían las riendas de la situación. Además, el número de especialistas médicos en Epidemiología será igual o inferior que en la anterior pandemia. Circunstancias que apuntan a que una próxima explosión epidemiológica se nos pueda atragantar, como aquella almendra en la garganta de Fernando Simón. "Perdón, es que he comido una almendra".

La aparición de Fernando Simón en la pantalla de televisión es para muchos peor augurio que cruzarse con un gato negro. El epidemiólogo de voz quebrada ha salido de nuevo a la palestra mediática para intentar tranquilizar a la población sobre la transmisión del hantavirus, el patógeno a bordo del crucero MV Hondius que ya ha causado tres muertos y que atracará en Canarias en los próximos días. "La transmisión persona a persona se conoce, puede pasar, pero no es muy frecuente y es difícil", afirmaba en su última aparición pública para que, un día después, la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmase que el hantavirus del barco es de la cepa Andes, transmisible entre humanos y que dispara hasta el 40% el riesgo de muerte entre los contagiados (8 contabilizados hasta el momento).

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