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El periodismo eficaz y discreto de Sol Gallego-Díaz
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OBITUARIO

El periodismo eficaz y discreto de Sol Gallego-Díaz

Carecía Sol de vanidad, actuaba con naturalidad, era disciplinada y exigente con ella más que con los demás y sabía distinguir la discrepancia de criterios con el sostenimiento de la relación personal fuera de amistad, de afecto o de compañerismo

Foto: Fotografía de archivo del 3 de abril de 2022 de la periodista Soledad Gallego-Díaz. (EFE/Javier Cebollada)
Fotografía de archivo del 3 de abril de 2022 de la periodista Soledad Gallego-Díaz. (EFE/Javier Cebollada)

Al menos dos generaciones de periodistas en España, la mía sin duda, tienen una deuda de agradecimiento con Sol Gallego-Díaz, fallecida ayer a los 75 años. La primera directora de El País (2018-2020) fue un modelo de profesional porque aunaba su extraordinaria vocación en el ejercicio del oficio con el despliegue constante de una discreción personal en la que cimentaba la eficacia de sus informaciones, análisis y reportajes. Carecía Sol de vanidad, actuaba con naturalidad, era disciplinada y exigente con ella más que con los demás y sabía distinguir la discrepancia de criterios con el sostenimiento de la relación personal fuera de amistad, de afecto o de compañerismo.

Transitó Sol por todos los géneros (coincidí con ella en la SER bajo la dirección de Pepa Bueno en el programa matinal) y hasta en el debate de las tertulias, aquellas que se negaban a convertirse en espectáculo, mantenía la discusión encauzada en unos límites en los que su interlocutor se sentía cómodo. En las ponencias y charlas -y compartí algunas con ellas- en sedes universitarias (Santander o Sevilla, se me vienen al recuerdo) exponía con claridad, empleaba un lenguaje accesible y claro renunciando a cualquier tipo de barroquismo y defendía su tesis con una convicción pétrea pero elegante. Incluso en estos últimos años en los que se han deteriorado tanto las otrora amistades entre periodistas de distintos medios y diferentes sesgos ideológicos, Sol expresó siempre una contenida -ningún exceso le acompañó- cordialidad.

Se destaca en los obituarios que casi todos los medios están publicando que Sol Gallego-Díaz fue la primera directora de El País como si ese cargo la definiera mucho más que su labor periodística de conjunto. Antes de asumir la dirección y después de hacerlo, fue la misma. Lo único que lamentó, aunque de lo que no se arrepintió, fue de las decisiones desagradables, duras, difíciles que le exigió la dirección del periódico porque su determinación no era ajena a su sensibilidad, por más que, en ocasiones, su porte y actitud sugirieran un cierto distanciamiento.

Foto: soledad-gallego-diaz-muere-el-pais-directora

Cuando el diario El País está celebrando su cincuentenario, la pérdida de Sol Gallego-Díaz lo es para esa cabecera, pero también para toda la comunidad periodística porque ha sido una referencia común y transversal, con independencia del acuerdo o el desacuerdo con sus tesis que ella exponía siempre con argumentaciones sólidas. De eso hablamos en nuestra última charla en la cafetería del Círculo de Bellas Artes. Recordamos cómo el día de la proclamación de Felipe VI en junio de 2014, Pepa Bueno hizo el programa Hoy por Hoy desde la habitación de un hotel con ventanas al Congreso y cómo tardamos juntos en llegar, finalmente abandonando el vehículo, al Palacio Real, ambos invitados allí a la recepción posterior al acto parlamentario. No podré olvidar -ni dejar de agradecer- que, en los más críticos días de mi dirección en el diario ABC, recibí de ella solidaridad y apoyo.

Sol demostró, en fin, una versatilidad poco común: era una periodista de redacción (directora adjunta con tres directores de El País) y capaz de serlo de calle, de entrevista, de crónica y de opinión. No puede olvidarse que fue ella la que logró una primicia extraordinaria en Cuadernos para el Diálogo: publicó el texto de la Constitución de 1978. Gullermo Altares la ha definido como una "periodista total". Y lo era.

Al menos dos generaciones de periodistas en España, la mía sin duda, tienen una deuda de agradecimiento con Sol Gallego-Díaz, fallecida ayer a los 75 años. La primera directora de El País (2018-2020) fue un modelo de profesional porque aunaba su extraordinaria vocación en el ejercicio del oficio con el despliegue constante de una discreción personal en la que cimentaba la eficacia de sus informaciones, análisis y reportajes. Carecía Sol de vanidad, actuaba con naturalidad, era disciplinada y exigente con ella más que con los demás y sabía distinguir la discrepancia de criterios con el sostenimiento de la relación personal fuera de amistad, de afecto o de compañerismo.

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