24 horas con Ayuso: "La cumbre internacional de Sánchez es para buscarse salidas"
Un periodista de El Confidencial acompaña a la presidenta madrileña durante su viaje a Bruselas para defender el campo. En la agenda se cuelan desde Trump y Sánchez a Armengol, Extremadura, la regularización o el nuevo disco de Bunbury
A las siete de la mañana del pasado viernes, Isabel Díaz Ayuso está haciendo ejercicios de fuerza en el gimnasio de un hotel de Bruselas antes de emprender una intensa jornada de trabajo en la capital comunitaria. Mientras levanta pesas y hace burpees está escuchando la radio. Carlos Herrera anuncia que en pocos minutos pinchará en antena el nuevo disco de Enrique Bunbury, el cantante de Héroes del Silencio al que tanto admira la presidenta de la Comunidad de Madrid y que alcanzó el cenit de su carrera musical en los años noventa con una canción cuyo estribillo decía que "Todo arde si le aplicas la chispa adecuada". Como Ayuso, una persona que se enciende cuando se trata de defender aquello en lo que cree.
Aquellos años noventa fueron una década clave para la generación a la que pertenecela presidenta de la Comunidad de Madrid, una mujer de 47 años, muy madrileña, urbana, de clase media y muy noventera, que habitualmente dice lo que piensa, pero que, en contra de lo que tratan de caricaturizar sus adversarios políticos, también piensa lo que dice. Sabe que enamora y enfada a partes iguales, pero recuerda: "Cuando me nombraron candidata, las encuestas me daban 22 escaños, luego conseguimos 30, después 60 y ahora 70". "Y seguimos subiendo", asegura, convencida de que su discurso liberal-conservador frontal con el Gobierno de España gusta en su comunidad. Además, como canta Bunbury en su nuevo disco, "no nos vamos a censurar por no incomodar, ni molestar". Eso es, precisamente, lo que gusta a los ayusers, que detestan a los políticos que se sitúan entre dos tierras aun a costa de que a veces su candidata se enrede en el camino del exceso.
Isabel Díaz Ayuso se encuentra en ese gimnasio de Bruselas porque el jueves por la tarde cogió un avión en Barajas para hacer, esencialmente, dos cosas a la mañana siguiente: celebrar una reunión con el comisario europeo de Agricultura y Alimentación, Christophe Hansen, y participar en un acto de apoyo a los empresarios españoles organizado por la delegación de la CEOE en la capital comunitaria. Además, aprovechó para cenar el jueves con cinco eurodiputados españoles del PP y tomar el aperitivo el viernes con los corresponsales españoles, a quienes atendió en público y en privado, algo que, según dice ese selecto e influyente grupo de periodistas, no es muy habitual en otros dirigentes autonómicos.
Se trata de un viaje de 24 horas al que se suma un periodista de El Confidencial para observar desde dentro el comportamiento del equipo que dirige la Comunidad de Madrid y conversar con la presidenta. Todo comienza a las 13:30 del jueves en un restaurante en los alrededores del aeropuerto. Díaz Ayuso llega directamente de la Asamblea, donde esa mañana ha participado en la sesión de control y ha tenido un par de choques con las portavoces del PSOE, Mar Espinar, y de Más Madrid, Manuela Bergerot: la presidenta ha censurado la falta de información sobre la regularización de inmigrantes aprobada por el Gobierno y las izquierdas la han tachado de "racista” y "mala persona".
Mientras degusta un vino madrileño al que invita personalmente, Ayuso explica que no está contenta porque cree que el esfuerzo de preparar estos debates no luce lo suficiente: "Todo queda muy macarra", subraya. Asegura que los diputados de la oposición no paran de hablar y lanzar insultos para intentar desconcentrar a los oradores, que se ven obligados a alzar la voz, de manera que el Pleno se acaba convirtiendo en un gallinero. Sin embargo, los micrófonos no captan ese ruido de fondo y el ciudadano percibe que los diputados están gritando sin causa aparente. Una mala imagen de la política. Y luego llega Bunbury y te canta en el single que pincha Carlos Herrera que "peor que como estamos es difícil ya que estemos".
PREGUNTA. Presidenta, ¿qué le pareció el incidente protagonizado el martes por un diputado de Vox en el Congreso, que se subió a la Presidencia y se enfrentó al vicepresidente?
RESPUESTA. Me parece mal. El presidente y el vicepresidente son sagrados. No me gustó un pelo. A mí nunca se me ha ocurrido ir al escaño de alguien. Y tampoco confronto con periodistas ni con artistas.
"Todo este tiempo hemos visto cómo Zapatero y el régimen de Sánchez han blanqueado la dictadura de Maduro"
Al equipo de Ayuso tampoco le gusta que el Gobierno haya comparado el incidente con el 23F y recuerdan un caso similar que se produjo en la Asamblea de Madrid en 2015, cuando un diputado de Podemos llamado José Manuel Álvarez se enfrentó a la entonces presidenta de la Cámara regional, Pilar Adrados. Y nadie en la izquierda se rasgó las vestiduras.
En el actual ritmo de la actualidad, en 24 horas suceden muchas cosas. Lo mismo se cierra el primer pacto autonómico entre el PP y Vox, en Extremadura, que la UCO estrecha el cerco sobre Francina Armengol, que el Gobierno monta una cumbre internacional en Barcelona mientras el PP recibe a María Corina Machado o Enrique Bunbury estrena nuevo disco. Todos son temas que se cuelan en la comitiva que acompaña a la presidenta de Madrid, formada por seis hombres: su consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, Carlos Novillo; su jefe de Gabinete, Miguel Ángel Rodríguez; los directores generales de Cooperación con el Estado y la Unión Europea y de Agricultura, Guillermo Kirkpatrick y Ángel de Oteo; el jefe de Prensa, José Luis Carreras, y el senador y secretario general del PP de Madrid, Alfonso Serrano.
La primera noticia salta nada más encender los teléfonos al aterrizar en Bruselas: largas colas en los ayuntamientos de toda España por el proceso de regularización de inmigrantes. “Es un desastre”, dice Ayuso criticando las formas del Gobierno: “Provocan esto y luego nos llaman racistas, cuando lo único que pedimos es ley y orden”. El secretario general del PP de Madrid es de gatillo fácil. Alfonso Serrano consulta a la presidenta para poner en marcha una moción en todos los ayuntamientos con el fin de censurar el decreto de regularización de inmigrantes y, en particular, las colas provocadas en la mayoría de ellos, también los socialistas. La iniciativa escala a nivel nacional y a la mañana siguiente el PP la propone en los 8.000 municipios españoles.
P. Presidenta, hay acuerdo en Extremadura —informa El Confidencial durante una cena que, casualmente, está regada con el vino extremeño Habla el Silencio. Acompañan los eurodiputados Esteban González Pons y Dolors Montserrat y se celebra en el restaurante Hispania, de cocina española—.
R. Ya lo acabo de ver. ¿Qué les han dado?
P. Una vicepresidencia y dos consejerías. Agricultura y Desregulación y Servicios Sociales.
R. Bien, ¿no? —responde satisfecha—.
P. ¿Participará usted en la campaña andaluza?
R. No, estaremos en México.
El equipo de Ayuso confirma a este periódico que tampoco se lo ha pedido el candidato del PP, Juanma Moreno. Pero a ella no le importa, porque tiene claro su proyecto y la siguiente escala es un viaje importante al otro lado del Atlántico. Es un asunto muy de actualidad, porque Pedro Sánchez está tratando de conformar un bloque anti-Trump con los países con gobiernos de izquierdas en una gran cumbre en Barcelona en la que han tenido especial protagonismo la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, y el líder brasileño, Lula da Silva. En un contexto de liderazgos internacionales que parecen empeñados en deshacer el mundo, Ayuso se declara atlantista y defensora de la Hispanidad en todas sus acepciones frente a una especie de Iberia sumergida por el sanchismo.
P. Este fin de semana coinciden dos circunstancias peculiares en lo que tiene que ver con los líderes internacionales. Por un lado, tenemos al presidente del Gobierno recibiendo en Barcelona a líderes de países progresistas y, por otro, la tenemos a usted y al presidente del Partido Popular recibiendo a María Corina Machado…
R. Ya la pregunta empieza mal, porque eso de países progresistas está por ver. Si atendemos al nivel de pobreza y de inseguridad de muchos de ellos, no me parece que sean países de progreso. Sí, son países maravillosos y grandes naciones, pero que están hundidos ahora mismo por culpa del narcotráfico, de mafias y que están expulsando a raudales a su población. Lo que ha conseguido o lo que pretende Sánchez, para cambiar el paso de la agenda mediática en España y para buscarse salidas, es ponerse a la cabeza de una confederación de autocracias que son el bochorno de Europa, y de ahí que no haya representantes europeos en esta cita.
P. Usted, en cambio, ha dado la máxima relevancia a la visita de María Corina Machado.
R. ¿Qué tenemos en la Puerta del Sol? El kilómetro cero de la libertad, donde una mujer como María Corina Machado, Nobel de la Paz, que se ha jugado la vida por su pueblo, viene a reivindicar la libertad de Venezuela.
P. ¿A qué atribuye usted que el presidente Sánchez no reciba al Gobierno a María Corina Machado?
R. Me parece de una falsedad absoluta pretender por parte del Gobierno que a María Corina se le pueda exigir nada, cuando todo este tiempo hemos visto cómo Zapatero y el régimen de Sánchez han blanqueado la dictadura de Maduro, cómo han sido cómplices de lo que ha sucedido en las cárceles venezolanas y cómo le han dado la espalda al pueblo de Venezuela todos estos años.
P. ¿Qué le parece que tanto el presidente como varios ministros esta semana hayan sido incapaces de admitir que China es una dictadura comunista?
R. Para empezar, el régimen comunista chino no sé qué tiene que ver con nosotros. Yo entiendo que puede haber relaciones comerciales, empresariales y unas ciertas alianzas como ha habido siempre. Y vaya por delante que la población china en Madrid es excepcional, y trabajadora. ¿Pero qué hay detrás del Partido Comunista Chino? No sé qué tenemos que admirar ahí, más allá de acuerdos comerciales simples. Creo que lo nuestro es Occidente.
P. Por último, presidenta, yo no le he escuchado a usted hablar claramente sobre Donald Trump. ¿Cuál es su opinión sobre la gestión del presidente de los Estados Unidos en este segundo mandato?
R. No me ha oído porque nunca lo he hecho. ¿De qué hablo? Del pueblo americano. De naciones hermanas a las que hemos estado unidas a lo largo de la Historia y de democracias liberales de las que no debemos separarnos ni darles la espalda, porque no vamos sobrados. El aislamiento económico va a ser cada vez mayor para España, pero el geoestratégico ni te cuento. En materia de seguridad y defensa le vamos a pagar muy mucho. Y pienso que uno puede discrepar entre gobiernos, pero no por eso romper con naciones. Y yo es lo que he hecho en este tiempo, fomentar los lazos con países a pesar de sus gobiernos. Con los Estados Unidos, además, tenemos relaciones comerciales, culturales, empresariales, turismo a la ida y a la vuelta, a los dos lados del Atlántico. Lo único es que ahora… pues hay de todo. Hay días que no comprendo muchas decisiones, como los aranceles, y muchas cuestiones que se van viendo, y otras veces, pues entiendo lo que hacen. Entonces, ¿qué hago? No romper, porque tampoco es mi labor como Gobierno autonómico, y sí unir.
P. Trump atacó al Papa, que por cierto va a venir a Madrid en el próximo mes de junio. ¿Entiende usted la reacción de Giorgia Meloni, que ha salido en defensa de León XIV?
R. Hombre, es que si la primera ministra de Italia no defiende al Papa, en fin, yo ya no sé. Pienso que hay que dejar a su santidad el Papa al margen de la política y creo que la labor de la Iglesia, especialmente la Iglesia católica, es defender la paz y defender al vulnerable y al débil y la universalidad. Ser católico es ser universal. Por tanto, la labor de la Iglesia católica y su figura, la de su santidad del Papa, ha de estar al margen de la política. Intentar otra cosa por parte nuestra, como hacerlo con artistas, con periodistas o con empresarios, me parece lo peor, así que no puedo compartirlo. Cosa diferente es también la lucha que se trae el Gobierno americano con según qué teocracias y con el armamento nuclear de muchas de ellas. En fin, yo creo que todo esto está lleno de matices. Nada es blanco o negro, pero sí que pido que la labor de la Iglesia Católica se quede, como digo, al margen.
"No tendría asesores en mi Gobierno que vienen de ser porteros de según qué negocios. Eso es algo que es inconcebible"
En el mismo momento en el que los primeros acordes del nuevo álbum de Bunbury ya suenan a los dos lados del Atlántico, a las 8 de la mañana del viernes, Ayuso está sentada en el restaurante del hotel desayunando un café y unos huevos mientras repasa la reunión con Hansen y el discurso ante los empresarios, que también van a poder hacerle preguntas libremente. El objeto principal del viaje es llevar el campo madrileño a Bruselas: el vino y el aceite ya han conseguido tener su propia denominación de origen, pero hace falta respaldo para otros productos de los que la presidenta está orgullosa, como las fresas de Aranjuez, las aceitunas de Campo Real, el anís o el ajo fino de Chinchón o las mieles de Madrid. A Ayuso le preocupa el efecto del acuerdo comercial con Mercosur sobre algunos de los productos del campo y la gestión que pueda hacer el Gobierno de España del nuevo modelo de Política Agraria Común (PAC): en el nuevo marco financiero plurianual (2028-2034) de la Comisión Europea, la idea es que la PAC ya no sea una política coordinada en Bruselas, sino que sean los gobiernos nacionales quienes gestionen individualmente el dinero que les derive la Comisión. Y ya se sabe que en la Puerta del Sol nadie se fía de lo que el presidente del Gobierno pueda hacer con ese cheque.
La reunión con Hansen se celebra en la sede de la Comisión Europea. El comisario habla un buen español, lo que facilita la comunicación. La presidenta le saluda pizpireta, le regala productos madrileños y le explica que el campo y la industria agroalimentaria suponen un 3,7% del Producto Interior Bruto regional (12.500 millones de euros) y da empleo a 200.000 personas en un mercado potencial de 7 millones de consumidores. El trato es cariñoso y se percibe que, además del mismo idioma, hablan el mismo lenguaje. No es poco en un tiempo en el que la política se ha convertido en un idioma de signos sin sentido y de palabras cargadas de ideología que no le gustan nada: inclusivo, transversal, migrante, empoderado, Latinoamérica, poner el foco o a nivel de. Afortunadamente, son formas que no utiliza este luxemburgués de 44 años que es también del Partido Popular Europeo (PPE) y que tiene buena opinión de Ayuso. Tras una reunión que duplica el tiempo inicialmente previsto, la presidenta de Madrid está satisfecha porque “hemos traído la voz del campo madrileño” y porque Hansen ha sido receptivo. Toca atender a la prensa, a los que, bajo un imponente cielo azul, Ayuso, que rompe el cliché de la lluvia gris de Bruselas, suelta el rollo del campo mientras ellos le preguntan por la cumbre de Barcelona, por Extremadura y por el caso del alcalde de Móstoles.
En las distancias cortas, Isabel Díaz Ayuso es como parece. Se le nota que creció en los libérrimos noventa. Es una persona alegre y transparente, por eso da tantos titulares. Durante su discurso en la sede de la CEOE en Bruselas —siguiente parada—, junto a todo tipo de argumentos liberales que gustan entre el empresariado, improvisa una referencia al informe de la UCO sobre Armengol. A pesar de que su intervención está preparada, retocada la tarde del miércoles y repasada la mañana del viernes, Ayuso le añade sobre la marcha una frase que los corresponsales redactan presurosos para que salte cuanto antes a las portadas de todos los periódicos. La protagonista es Francina Armengol: “A mí me llama 'cariño' un asesor y le arranco la cabeza”.
P. Ha quedado claro que usted no aceptaría que un subordinado le llame "cariño" —le pregunta El Confidencial en un aparte—.
R. Me ha salido del alma: le arrancaba la cabeza. Si alguien me habla así, sale disparado de mi Gobierno. Pero también te digo que no tendría asesores en mi Gobierno que vienen de ser porteros de según qué negocios. Eso es algo que es inconcebible. ¿Cómo uno puede conformar un Gobierno con gente así? ¿Qué tipo de asesoramiento es ese? Así no se ha ido en los trenes. De arriba a abajo, lo que ha habido en ese Ministerio de Fomento ha sido un disparate.
P. ¿Cree usted que Armengol debe dimitir?
R. Desde luego, creo que sí, porque ya no solo es la implicación en una trama que está siendo un bochorno nacional. Es verdad que, sin un juicio, muchas veces uno puede sacar conclusiones precipitadas. Pero sí que ha quedado demostrado que ha mentido ante el Senado y, todavía más grave, en el Supremo, con las declaraciones que ha hecho sobre su relación con uno de los cabecillas de esta trama.
La presidenta de la Comunidad de Madrid lleva una agenda organizada. Duerme poco y come bien. Hace deporte con una entrenadora un par de veces a la semana, pero no duda en comer un bombón belga cuando se lo ofrecen en el aeropuerto o tomar una copa de vino en la comida o en la cena. Estudia sus reuniones y prepara sus discursos apoyándose en una avalancha de fichas que elaboran cuidadosamente sus asesores, en los que confía plenamente y a los que da manga ancha. Sabe perfectamente quién funciona bien en su Gobierno y quién tiene recorrido. El periodista calla para no generar expectativas.
Ayuso da órdenes claras. Las últimas, ya en el aeropuerto de Barajas nada más llegar, están relacionadas con el día siguiente: la recepción a María Corina Machado ha desbordado las previsiones y hay 110 periodistas acreditados, lo que obliga a reubicar el acto y probablemente provoque retrasos. Nada importante, salvo porque después hay que viajar a Sevilla para acompañar al Atlético de Madrid en la final de la Copa del Rey. Ella es madridista, pero por encima es madrileñista, y ojalá el Atleti consiga esta vez ganar la Champions. Porque en la Comunidad de Madrid se piensa que nada, ni la maldición europea de los colchoneros ni el sanchismo, es para siempre.
Y después de 24 horas de intensa convivencia hasta Bruselas, la presidenta de la Comunidad de Madrid se despide de su equipo hasta el día siguiente, tal vez pensando en la letra de su canción favorita del grupo original de Bunbury: "Tan solo déjame estar un momento a solas". Se titula Flor venenosa, y no va con segundas.
A las siete de la mañana del pasado viernes, Isabel Díaz Ayuso está haciendo ejercicios de fuerza en el gimnasio de un hotel de Bruselas antes de emprender una intensa jornada de trabajo en la capital comunitaria. Mientras levanta pesas y hace burpees está escuchando la radio. Carlos Herrera anuncia que en pocos minutos pinchará en antena el nuevo disco de Enrique Bunbury, el cantante de Héroes del Silencio al que tanto admira la presidenta de la Comunidad de Madrid y que alcanzó el cenit de su carrera musical en los años noventa con una canción cuyo estribillo decía que "Todo arde si le aplicas la chispa adecuada". Como Ayuso, una persona que se enciende cuando se trata de defender aquello en lo que cree.