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Los testigos de la defensa de Ábalos y Koldo salen rana y acaban engordando a la acusación
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Quinta sesión

Los testigos de la defensa de Ábalos y Koldo salen rana y acaban engordando a la acusación

Con cada declaración, una nueva revelación contraria a los intereses de los acusados. Todos dejando bien claro que quienes manejaban el cotarro siempre fuerlon el exministro y su ayudante

Foto: El exsecretrario de Transportes con José Luis Ábalos Jesús Manuel Gómez durante la quinta jornada del juicio. (EFE/Tribunal Supremo)
El exsecretrario de Transportes con José Luis Ábalos Jesús Manuel Gómez durante la quinta jornada del juicio. (EFE/Tribunal Supremo)
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La sala del Tribunal Supremo donde se celebra el juicio contra José Luis Ábalos y Koldo García -Víctor Aldama parece más bien un artista invitado en lugar de un acusado- se convirtió este martes en el mundo al revés. Las defensas habían reclamado la presencia de varios testigos con la evidente intención de que fueran de descargo. La maniobra fracasó. Los comparecientes no solo no ayudaron a mejorar el horizonte penal del exministro y su asistente. Acabaron fortaleciendo la acusación.

A Koldo se le notaba el disgusto. Negaba permanentemente con la cabeza. Con el dedo. Se inclinaba para hablar con su abogada. Se pasó la sesión completa, que en este caso solo fue de tarde, sumido en la inquietud. Los testigos desfilaban uno tras otro, implacables. Con cada uno, una nueva revelación contraria a sus intereses. Iban todos dejando bien claro que el que manejaba el cotarro siempre fue él.

No se le puede negar a la letrada Leticia de la Hoz el esfuerzo y la dedicación para tratar de salvar los muebles del naufragio. Interrumpió varias veces las testificales para alegar que los comentarios de la contraparte "excedían" el objeto del procedimiento. No consiguió detener la saña con la que contraatacaron el fiscal jefe anticorrupción, Alejandro Luzón, y el abogado de la acusación popular, Alberto Durán.

Los nervios se desataron después de que se llamara a Víctor Francos, jefe de gabinete de Salvador Illa, cuya presencia fue solicitada en su momento por Koldo. Entró por videoconferencia desde Cataluña. Durante un rato se concentró en repetir que la cuestión de las compras de mascarillas nunca formó parte de sus funciones. ¿Mascarillas? ¿Eso qué es?, se interpretaba de su tono y su permanente alejamiento de todo lo que tuviera que ver con la adquisición de material sanitario.

La intención de la abogada De la Hoz tal vez era que quedara claro que su cliente nunca ejerció presiones para que se contratara a Soluciones de Gestión. Todo eso, sin embargo, quedó desdibujado por la evidente potencia de llegada que tenía Koldo, a fin de cuentas, un supuesto asesor segundón más. Illa en persona, entonces ministro de Sanidad, pidió a Francos que le recibiera.

El testigo acabó admitiendo que se reunió tres veces con García. En esos encuentros le informó de que tenía acceso a una empresa que podía suministrar material. Una de las veces hasta apareció con documentación en la mano, aunque, según la versión de Francos, no llegó a entregársela porque él le aclaró que eso tenía que ir por "otro circuito".

Foto: transportes-koldo-mascarillas

Algo parecido sucedió con Carlos García Liberal, exconductor del Ministerio de Transportes. Aquí Marlaska vino a sustituir a Illa. El chófer declaró que le encargaron llevar un lote de mascarillas al Ministerio del Interior. "Fui con un guardia civil, paré en la puerta y descargaron", dijo. Eso fue todo. No se entendió muy bien en qué ayudó el testimonio a la exoneración del socialista y su mano derecha.

Los martillazos en el ataúd

La cosa se complicó de verdad con Jesús Manuel Gómez García, exsubsecretario de Transportes. Testigo de las dos defensas, su declaración sonó como los martillazos con los que se clava un ataúd. Los dos abogados se enredaban con preguntas y no obtenían las respuestas que querían. En el turno de las acusaciones, el testigo cantó. Dijo muchas cosas.

García le presentó la oferta de Soluciones de Gestión horas antes de que se publicara la orden ministerial oficial. Se presentó con ella en su despacho, dijo. Explicó el milagro de la multiplicación de los panes y los peces que convirtió una compra inicial de cuatro millones de mascarillas en ocho millones de un plumazo. "Eso o nada", le indicó Koldo. Siempre pensó que seguía instrucciones del jefe. Para rematar, dijo que se rechazaron ofertas más baratas y el exministro lo explicó con un "no hay más remedio".

La imagen que mejor resume el desastre fue el interrogatorio de Pedro Luis Marco de la Peña, actual presidente de Adif. Fue el firmante de un informe que descartaba irregularidades en las contrataciones de obra pública de la compañía. Ni siquiera esta bala les sirvió. Acabó reconociendo que estudió los expedientes, pero no conocía los pagos en profundidad. Koldo no se conformó con hacer gestos e interrumpió. Su abogada tuvo que pedir un segundo para escuchar lo que le decía. "¿Se ratifica de nuevo en ese informe?", preguntó con los ojos en blanco.

La sala del Tribunal Supremo donde se celebra el juicio contra José Luis Ábalos y Koldo García -Víctor Aldama parece más bien un artista invitado en lugar de un acusado- se convirtió este martes en el mundo al revés. Las defensas habían reclamado la presencia de varios testigos con la evidente intención de que fueran de descargo. La maniobra fracasó. Los comparecientes no solo no ayudaron a mejorar el horizonte penal del exministro y su asistente. Acabaron fortaleciendo la acusación.

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