De Vox al PSOE pasando por el PP: el enredo político español causado por la derrota de Orbán
Las elecciones húngaras parecen la prueba del retroceso de las derechas trumpistas. Sin embargo, hay varios elementos en juego, y todos afectan de lleno al escenario político nacional
Abascal, entre Le Pen y Orbán, el pasado año en la Cumbre de Patriotas en Madrid. (EFE/Sergio Pérez)
La quiebra en las derechas trumpistas aparece en varios frentes. Las elecciones húngaras vendrían a ratificar que su momento de ebullición ha pasado. Vox parece frenado en España. Meloniperdió su referéndum en Italia. Trump encuentra resistencia entre sus filas, que se ven decepcionadas por sus aventuras bélicas y por el aumento del coste de la vida. Para el entorno liberal, este es el momento del contraataque: las costuras de las derechas que lo desplazaron comienzan a abrirse. En Oriente Medio, en las consecuencias internacionales y en las perturbaciones económicas que puede provocar, se está jugando el futuro del trumpismo.
La derrota de Orbán dice mucho del momento político. Y no solo por su significado simbólico, ya que era la figura por excelencia de las derechas trumpistas en el viejo continente, sino por lo que refleja de las fuerzas que están en juego. Péter Magyar, el nuevo primer ministro húngaro, pertenece a un partido muy cercano ideológicamente a Fidesz. De hecho, formó parte de él hasta que circunstancias poco amables le llevaron a crear su propio partido, Tisza. La visión de Magyar no difiere mucho de la de Orbán, excepto en un aspecto esencial: la relación con la Unión Europea y con Washington. Lo que estaba en juego era la mayor o menor fortaleza del proyecto europeo. Orbán era visto como un peligro significativo para Europa, Magyar es más cercano a Bruselas: lo que los separa es mucho más la adscripción territorial, el bloque al que pertenecen, que la ideología. Y este es un elemento esencial de la política contemporánea.
PP y Vox
Es un aspecto que opera plenamente en el panorama español. El PP es un partido cercano a la CDU alemana y está integrado en la esfera europeísta; Vox milita en los Patriotas y se ha mostrado insistentemente hostil con la actual UE. En el programa de las derechas europeas hay coincidencia en el freno a las renovables y a la inmigración, en los presupuestos ajustados y en las rebajas de impuestos, así como en la necesidad de incrementar el gasto militar. Las diferencias residen en la intensidad de ese programa económico, así como en elementos culturales, pero no hay aspectos que parezcan insalvables. En lo ideológico, podrían encontrar puntos de reunión fácilmente. La gran separación entre ambas reside en la militancia europeísta. En nuestro país ocurre igual.
Vox teme que el PP prefiera, animado por Bruselas, pactar con un PSOE derrotado antes que con ellos en las elecciones generales
La hostilidad entre las derechas españolas está causada por su competición electoral, pero también en el bloque al que se adscriben. Ideológicamente, podrían llegar a pactos con cierta facilidad, pero no sobre la Unión Europea. Y aquí reside el temor de Vox. Entiende que, llegado el momento de las generales, y en el caso de victoria de las derechas, el PP preferirá, animado por Bruselas, pactar con un PSOE derrotado antes que con ellos. Los acuerdos autonómicos tienen como objetivo facilitar la alianza entre las derechas españolas cuando llegue el instante de la verdad, las generales.
Los socialistas
Las elecciones húngaras han conseguido que regrese, en la izquierda europeísta, la idea de que a las extremas derechas las debe frenar en primer lugar la derecha conservadora tradicional. El Partido Popular tendría que alejarse de Vox y ratificarse en su posición europeísta y alejada de Trump en lugar de coquetear con el electorado autoritario. Sin embargo, insistir en ese camino, si se quiere ser consecuente, tendría una contraprestación: en el caso de que el PP ganase las elecciones, el PSOE debería darle su apoyo para evitar la entrada de los trumpistas en el gobierno español. Puesto que el PSOE y el PP pertenecen al bloque europeo, sería lógica una alianza que impidiera que las fuerzas de Washington llegasen al gobierno. Pero aquí juegan también las animadversiones personales, que son elevadas, y las diferencias ideológicas, que son notables. El PSOE es un partido que apuesta por la energía verde, por la inmigración y por una política impositiva menos laxa, y eso encaja bastante mal con el programa del PP.
A la izquierda del PSOE
Algunas de las figuras de las izquierdas nacionales han celebrado con alborozo la derrota de Orbán, mientras que hay quienes han resaltado que el ganador ha sido un candidato tan de derechas como Orbán. A estos se les ha señalado que lo que estaba en juego era la lucha contra el autoritarismo, y que por lo tanto resultaba poco relevante quién fuera el triunfador. Lo importante era que se había logrado que Orbán saliera del gobierno después de 16 años.
"En algunas provincias, el partido ‘antifascista’ con opciones es el PSOE. ¿Deben retirarse todos los demás para evitar un gobierno PP-Vox?"
Esa tensión entre la ideología y la adscripción al bloque europeo se manifiesta también en las izquierdas a la izquierda del PSOE, que se sienten exigidas a aceptar el avance de partidos opuestos a sus creencias, ya que de otro modo triunfarían las derechas autoritarias. Eso también tiene sus efectos en la política interna. Como asegurabaPablo Iglesias, en unas elecciones generales en muchas circunscripciones, el único partido ‘antifascista’ con opciones sería el PSOE. “¿Deberían retirarse todos los demás para evitar un gobierno PP-Vox? Hoy quizá no, pero creo que pronto esta propuesta se hará”. Hay quienes señalan que, si el PSOE no quiere que llegue Vox al gobierno, que le dé sus votos en la investidura si es necesario; no es la izquierda la que debe ceder.
El enredo
Este es un momento complejo. Las derechas trumpistas continúan determinando los acontecimientos internacionales. EE.UU. e Israel, con sus acciones en Oriente Medio, están impulsando el mundo en otra dirección. El orden forjado durante la globalización se ha roto, máxime cuando las rutas comerciales marítimas se han visto seriamente perturbadas a consecuencia de la guerra lanzada por Trump. Las consecuencias económicas del conflicto se aventuran muy serias, en especial para Europa. A Trump le quedan más de dos años en el gobierno y Netanyahu sigue en el poder en Israel. Ninguno de los dos parece dispuesto a ceder en su propósito.
Al mismo tiempo que dan forma a un nuevo mundo, las derechas trumpistas parecen en retroceso. Están perdiendo apoyos electorales en Europa de forma notable, y es bastante probable que los resultados de las elecciones de medio término en EEUU no favorezcan a los republicanos. La UE parece resistir en las urnas las embestidas a que Washington la somete. Sin embargo, en ese cambio, lo que se vive ideológicamente es un desplazamiento hacia la derecha, y no sólo porque los partidos de ese espectro ideológico, sean trumpistas o europeístas, cada vez tengan más poder, sino porque son partidos más a la derecha de lo que lo eran hace una década. El eje ideológico está desplazándose. Las izquierdas tienen menos espacio y, cuando alcanzan el poder, realizan políticas típicas de la derecha liberal, como en Reino Unido. Hay dos tendencias que ocurren a la vez: en lo territorial, Europa aguanta, y en lo ideológico gana la derecha.
La quiebra en las derechas trumpistas aparece en varios frentes. Las elecciones húngaras vendrían a ratificar que su momento de ebullición ha pasado. Vox parece frenado en España. Meloniperdió su referéndum en Italia. Trump encuentra resistencia entre sus filas, que se ven decepcionadas por sus aventuras bélicas y por el aumento del coste de la vida. Para el entorno liberal, este es el momento del contraataque: las costuras de las derechas que lo desplazaron comienzan a abrirse. En Oriente Medio, en las consecuencias internacionales y en las perturbaciones económicas que puede provocar, se está jugando el futuro del trumpismo.