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Hay tres izquierdas, y las tres tienen el mismo problema: Pedro Sánchez
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Hay tres izquierdas, y las tres tienen el mismo problema: Pedro Sánchez

Los partidos de la izquierda alternativa están separados por tres tendencias: la que apuesta por el territorio local, la que cree en las redes y las que confían en la unidad

Foto: Sánchez en el European Pulse Forum. (EFE/Quique García)
Sánchez en el European Pulse Forum. (EFE/Quique García)
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El primer problema para la izquierda del PSOE se llama Pedro Sánchez. Su popularidad como líder de la izquierda internacional, que intentará aumentar esta semana en la Movilización Progresista Global de Barcelona, su posición respecto de Gaza y de la guerra de Irán y su resistencia a Trump pueden reportarle pocas ventajas en las elecciones autonómicas, pero a nivel nacional es otra cosa. Con unas elecciones generales que van tomando forma como una lucha entre la democracia y el autoritarismo (y entre el europeísmo y quienes quieren debilitar la UE), y con los partidos a su izquierda sumidos en la desorientación, la opción principal de los votantes progresistas aparece cada vez más clara.

En cierta medida, las formaciones de la izquierda alternativa parecen resignadas a ocupar ese lugar complementario que solo busca recoger a esa parte de electores progresistas que nunca votarán al PSOE. Para construir una opción que aspirase a robarle votantes a los socialistas, necesitarían no solo unidad, sino una visión ideológica que trascendiera los límites que fija Sánchez. Hasta la fecha, sus marcos discursivos son los mismos: combate al fascismo, rechazo a Trump y a sus guerras, enfrentamiento con Israel, defensa de la UE, transición verde, foco en la vivienda de alquiler, atención especial a los jóvenes y una apuesta por los derechos que engloba el feminismo, el ámbito LGTBI y el apoyo a la inmigración. Los partidos de la izquierda añaden intensidad a esa propuesta ideológica, pero no diferencia respecto del PSOE.

Esa dificultad para ensanchar el espacio abre la puerta para que los socialistas puedan ampliar su número de votantes, incluso entre quienes simpatizan más con otras formaciones: el voto útil juega un papel, la decepción con los partidos de la izquierda también. De momento, las complicaciones para el encaje de las izquierdas, e incluso para la construcción de un ideario común que vaya más allá de elementos obvios, continúan siendo notables. En ese espectro político, existen ahora tres posiciones.

Las izquierdas locales

Hay una tesis que recorre buena parte de las dificultades para la unión de las formaciones a la izquierda del PSOE. Los partidos que han gozado últimamente de buenos resultados, como BNG, Compromís o Chunta, tienen carácter territorial. No tiene sentido, pues, buscar una suerte de unidad que perturbaría la potencia de esas formaciones en sus lugares de origen. Lo lógico sería que cada cual se presentara en su circunscripción en las generales sin necesidad de negociaciones con otros partidos que pervirtieran las listas. Un paraguas nacional podría ser útil respetando ese punto de partida: la formación dominante en cada territorio manda en su territorio.

Esa división entre la izquierda territorial y la que apuesta por la unidad nacional también está presente en la interna de Más Madrid

Esa es una idea con complicaciones intrínsecas. En cierta medida, era la propuesta de Rufián. Las formaciones independentistas la han rechazado sin ambages. En otros lugares, como Andalucía, la ruptura es evidente, entre Adelante Andalucía, el partido de Teresa Rodríguez, y Por Andalucía, la alianza liderada por IU y encabezada por Maíllo. Las encuestas, en su mayoría, ofrecen una suerte de empate técnico entre ambas. Es previsible que, según avance la campaña, los de Maíllo vayan ganando posiciones. Pero si eso no ocurriera, la izquierda territorial se impondría a la nacional también en Andalucía, lo que enviaría un mensaje claro de debilidad.

Por si fuera poco, esa visión está también presente en las tensiones en Más Madrid entre Emilio Delgado y Rita Maestre, Manuela Bergerot y Mónica García. El impulso que le están dando al nuevo Sumar encaja mal con la idea de buena parte de los militantes de la formación madrileña, que preferirían la fórmula de no añadir a las listas a formaciones como Sumar o IU. No es un asunto ocioso. Está presente en la lucha interna de Más Madrid, con unas primarias cerca, y con complicaciones serias para configurar el censo de posibles votantes que se pueden enconar más aún.

Las izquierdas de las redes

Rufián, en el acto del pasado jueves en Barcelona, puso el acento en el poder digital, aunque lo circunscribiera a lo comunicativo. La llegada que tienen las redes, su conexión con los jóvenes, y su capacidad persuasiva mediante lemas cortos y directos obligan, según Rufián, a pensar la política de otra manera. Iglesias entendió esto desde el primer momento. Por eso insistió en la presencia en medios de comunicación como principal baza electoral y creó su propio canal, que se difunde en redes.

Viven en un clima de popularidad que equiparan con disponer de la fórmula correcta

Es una visión que forma parte del ideario de la izquierda del 15M, que creyó que la imagen era superior a la palabra, que las redes eran más poderosas que las estructuras físicas y que lo digital era una enorme oportunidad. Rufián simplemente prolongó esa creencia y le añadió la novedad, que ahora es TikTok. Si alguna formación crece últimamente en TikTok, es el PSOE.

Esa fascinación por la popularidad que otorgan las redes y los medios continúa presente en buena parte de la izquierda española. No solo porque realicen productos específicos para ellas de los que esperan buenos resultados, sino porque se han encerrado en burbujas, generalmente de gran ciudad, que los llevan a socializar con las mismas personas, en los mismos lugares, y a reafirmar sus convicciones a través de lo que las redes les proporcionan. La sensación de estar en lo cierto que les ofrece ese ambiente es difícil de llevar sin pagar un precio. Viven en una atmósfera de popularidad que equiparan con disponer de la fórmula correcta. El crecimiento de las derechas populistas y extremas les ratifica aún más en su convicción, ya que lo atribuyen al poder de las redes. Se trata de utilizar los mismos medios, si cabe con mayor eficacia.

La desinstitucionalización a la que llevó la confianza en las redes se deja notar ahora con especial crueldad

No funcionó en el pasado, y la desinstitucionalización a la que llevó ha sido muy perniciosa para la izquierda española. Las consecuencias se dejan notar ahora con especial crueldad. Pero la popularidad que otorgan las redes es complicada de manejar sin creer que la efervescencia y el voto vienen a ser lo mismo. Mamdani ofrece un ejemplo distinto: hizo una campaña poderosa en redes, pero su principal baza estuvo en la movilización física de sus posibles votantes. Axel Kicillof, el político que se perfila como contrincante de Milei, aseguró la pasada semana que “en la época de Macri, cuando parecía que se iban a quedar mil años, algunos de los nuestros nos decían que sin el big data no les podíamos ganar. No digo que no tengan un influjo fuerte las redes sociales y las nuevas formas de comunicación. Pero a Vidal y a Macri los ganamos caminando, con un pequeño auto, recorriendo, y sin el big data”.

Las izquierdas de la unidad

La opción que queda es precisamente la que resulta perturbada por las otras dos y, a estas alturas, la única que parece con posibilidades de salir adelante. Es la que representa Maíllo, el equipo directivo de Más Madrid, ICV y los ministros de Sumar. Para tener recorrido, deben atar muchos cabos todavía sueltos. Las elecciones andaluzas son un paso imprescindible, dado que en ellas IU ha apostado fuerte con la presencia de su candidato, por la unión con Podemos (aunque con las tensiones posteriores habituales) y por lo que pueda restar Adelante Andalucía. Los resultados del 17 de mayo aportarán un elemento más al reparto de fuerzas dentro de la nueva coalición.

El segundo escollo es el candidato. No se adivina, dentro del espacio, ninguno que pueda generar un empuje adicional a la coalición. Tampoco se han mostrado abiertos a que sea una figura de la sociedad la que encabece la candidatura. Lo que transmiten es que “habrá nombres, habrá candidato y habrá listas conjuntas”. De momento, tampoco hay una figura que haya tomado las riendas de ese espacio: las opciones se dividen entre los que no quieren y los que no se atreven ahora. Además de las fricciones típicas por el reparto de listas y demás, que pueden generar desilusión si se producen y se visualizan, tienen que combatir los palos en las ruedas de las izquierdas localistas y de las izquierdas de las redes. Y, sobre todo, tienen que ser capaces de combatir a su mayor rival, Pedro Sánchez, que está acelerando para quedarse con todo el espacio. Un detalle: la cifra récord de ocupados no la anunció la ministra de Trabajo, sino el mismo presidente a través de Twitter y de un vídeo con la camiseta de la selección española. Alguien sabe que la campaña está lanzada.

El primer problema para la izquierda del PSOE se llama Pedro Sánchez. Su popularidad como líder de la izquierda internacional, que intentará aumentar esta semana en la Movilización Progresista Global de Barcelona, su posición respecto de Gaza y de la guerra de Irán y su resistencia a Trump pueden reportarle pocas ventajas en las elecciones autonómicas, pero a nivel nacional es otra cosa. Con unas elecciones generales que van tomando forma como una lucha entre la democracia y el autoritarismo (y entre el europeísmo y quienes quieren debilitar la UE), y con los partidos a su izquierda sumidos en la desorientación, la opción principal de los votantes progresistas aparece cada vez más clara.

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