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Deseo, trauma y castigo: cinco historias que explican por qué España ha renunciado a la maternidad
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Deseo, trauma y castigo: cinco historias que explican por qué España ha renunciado a la maternidad

Hace 20 años, la inmensa mayoría de las mujeres, el 85%, quería ser madre. Ahora, esa cifra ha caído en picado 26 puntos, hasta el 59%. ¿Qué ha pasado?

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Hace casi una década, el Instituto Nacional de Estadística preguntó a las mujeres de entre 30 y 34 años si pretendían tener hijos en los próximos tres años. La mayoría, el 62%, dijo que sí. Para las que tenían de 35 a 39 años la respuesta fue similar: un 57% tenía intención de ser madre a corto plazo. La situación actual la podremos conocer a partir de septiembre, ya que el organismo está repitiendo en estos días la encuesta.

Mientras tanto, a principios de este año, un sondeo de Sigma Dos aportaba un dato que puede dar una idea de la tendencia. Solo uno de cada 3 ciudadanos en edad fértil, el 31%, planea tener hijos de aquí a cinco años.

Pero quizá la cifra más demoledora sobre cómo ha cambiado el deseo de ser madre es la que se extrae de la última encuesta de fecundidad del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Hace 20 años, la inmensa mayoría de las mujeres de 18 a 44 años, el 85%, quería ser madre. Ahora, esa cifra ha caído en picado 26 puntos, hasta el 59%.

La intención ha caído más entre las chicas de 18 a 24 años, que en 2006 era el grupo que mostraba mayor deseo de ser madre en el futuro, mientras que ahora están por debajo de la media de las edades analizadas. Dicho de otra forma, en ese grupo de edad, un 39% afirma que no quiere tener hijos. Hablamos con las personas que están detrás de estos datos para responder una pregunta: ¿por qué (y por qué no) somos madres?

Macarena, 27 años: "Es una decisión que no me pertenece"

“Si no puedo tener una casa, ¿cómo voy a tener un niño?”, se pregunta Macarena, de 27 años. Después de mucha reflexión, siente que su decisión de no ser madre le ha venido impuesta por el contexto actual. Cuestiones como el contexto bélico mundial, el cambio climático o, más de cerca, la crisis de la vivienda, le generan tal incertidumbre que cree que traer a un niño al mundo no es una decisión responsable en su caso.

placeholder Macarena: 'Si no puedo tener una casa, ¿cómo voy a tener un niño?'. (S. B.)
Macarena: 'Si no puedo tener una casa, ¿cómo voy a tener un niño?'. (S. B.)

Entre las cinco principales razones por las que los españoles creen que la gente no tiene hijos se cuela la preocupación por el futuro que tendrán, según datos del CIS. El desglose por edad de quienes citan este motivo muestra que para los jóvenes este punto es más importante que para otras generaciones.

“Nos enfrentamos a una crisis constante”, dice la presidenta del Consejo de la Juventud de España (CJE), Andrea González. Aunque advierte que no es el principal motivo por el que los jóvenes no tienen hijos, “para muchos, el mundo que tenemos ahora quizá no es el más idóneo”. Un planeta climáticamente cada vez más hostil o el contexto geopolítico son algunos de los motivos que menciona González para hablar de un caldo de cultivo generalizado con el que la gente no está cómoda.

“La sociedad me empuja a no querer ser madre”, insiste Macarena, que se pregunta a menudo si su postura sería diferente en caso de contar con una estabilidad económica que, a día de hoy, no tiene. “¿Hasta qué punto es una decisión mía y hasta qué punto me he visto obligada a tomarla porque no puedo afrontarla?”, reflexiona.

Por su decisión, se ha sentido juzgada en varias ocasiones, aunque asume que para otras generaciones quizá es más complicado de entender. “Para mis padres siempre ha sido algo triste, porque quieren ser abuelos”, cuenta. Por eso, reconoce que sintió cierto alivio cuando nacieron sus sobrinas. Menos presión.

Le da miedo la idea de arrepentirse en el futuro, “pero por otro lado no es una decisión puramente mía, tampoco me puedo arrepentir de no tener un Ferrari porque simplemente no me lo puedo permitir”. Con todo, cree que de alguna forma el dilema de la maternidad puede volver varias veces a lo largo de su vida. “A lo mejor cambio de opinión, pero ahora mismo no lo contemplo”.

A su situación, se suma lo que ella define como un sentimiento generacional de “desarraigo”. “Yo vengo de Andalucía y todos mis amigos de allí están también en Madrid”. Pero la mayor parte no se quiere quedar aquí: “Nos gustaría volver al lugar del que somos”. Lo explica como la sensación de estar “en pausa” para volver algún día y desarrollar su proyecto de vida. “No queremos ser padres, porque no queremos tener un hijo en itinerancia cuando nuestra propia vida está en suspensión”.

Mar, 42 años: "Creía que iba a tener muchísimas más posibilidades"

Hoy son muchas las personas que, a diferencia de Macarena, quizás no sientan que están poniendo en pausa su proyecto de vida, pero sí el de la paternidad. La historia de Mar es solo suya pero, a la vez, es también la de miles de mujeres trabajadoras que quieren ser madres. A los 30 y pocos años, de manera repentina, perdió un ovario. “Y eso me hizo pensar, ‘wow’, puedo perder la capacidad de tener hijos”. Poco después, estaba congelando sus óvulos.

placeholder Mar: 'Si tienes 30 y pocos años [...] la mejor inversión, bajo mi punto de vista es congelar óvulos'. (S. B.)
Mar: 'Si tienes 30 y pocos años [...] la mejor inversión, bajo mi punto de vista es congelar óvulos'. (S. B.)

En ese momento, su vida laboral era completamente incompatible con la maternidad. Ella lideró el equipo español que ganó el premio Pulitzer por los Papeles de Panamá: “No habría llegado a lo más alto si no hubiera priorizado mi carrera al 700%, y esto no lo habría podido compaginar con ser madre”.

Mar quería ser madre en pareja, pero a los 38 vio que se le acababa el tiempo y tuvo que decidir si tenía que seguir con su proyecto en solitario. “No fue fácil, no era lo que yo quería”, cuenta. “Pero al final, lo importante para mí era ser madre”. Tiene el apoyo de su familia, que le ha ayudado a dar el paso.

De ese ciclo, conservaba 12 óvulos. “Y me tiré casi una década confiando en la ciencia, en esos óvulos jóvenes”. Pero al descongelarlos y hacer la fecundación in vitro, llegó el golpe de realidad: solo quedaron dos embriones. “Fue un palazo. Yo creía que iba a tener muchísimas más posibilidades”.

Más tarde, llegaron nuevos contratiempos. “Me dijeron que tenía adenomiosis y miomas”. Tuvieron que quitarle los miomas y, después de un tiempo de recuperación, tratar la adenomiosis. “Total, que tengo 43 años y todavía no he podido hacer una implantación”, cuenta, a la espera de que ésta tenga lugar en los próximos meses.

Foto: espana-natalidad-madres-superan-40-anos

España es ya el país de Europa, junto a Grecia, con más porcentaje de recién nacidos de madres mayores de 40 años: uno de cada diez. Desde 2017, además, ya hay más nacidos de madres mayores de 40 que de 24 o menos, según datos del INE. Y también son un 10% los bebés que nacen fruto de algún proceso de reproducción asistida, según cifras de la Sociedad Española de Fertilidad.

“No te la juegues”, insiste Mar: “Si tienes 30 y pocos años y estás postergando la decisión de ser madre porque no lo tienes claro o porque no es el momento o porque económicamente ahora no te lo puedes permitir, la mejor inversión, bajo mi punto de vista es congelar óvulos”. Lo único que ella habría hecho diferente, de hecho, habría sido “congelar muchísimos más”. “Es la recomendación que le hago a todo el mundo”, asegura.

La congelación de óvulos no está cubierta por el sistema público de salud, salvo en casos médicos especiales, como un tratamiento oncológico. Además, el acceso y las condiciones son diferentes en cada comunidad autónoma, según documentó Civio, lo que genera desigualdades en función de dónde vivas. España, sin embargo, es una de las mecas del turismo reproductivo en Europa, porque los precios son asequibles y cuenta con menos vetos que otros países.

Francia es el único país en el que, desde 2021, el sistema público cubre la congelación de óvulos a partir de los 29 años y hasta los 37 sin justificación médica. A mediados de febrero, además, se anunció que este año los franceses de 29 años recibirían una carta con información sobre métodos reproductivos. La misiva forma parte de un plan para sensibilizar, diagnosticar mejor e invertir más en tratamientos de reproducción asistida.

Ahora, Mar pasa por un momento que define como angustiante, triste y a veces frustrante. “Estoy trabajando mucho mi gestión emocional para estar yo bien y aceptar lo que venga”. Y ante todo, muestra optimismo. Cuida mucho la nutrición, que sus analíticas estén bien, toma suplementos para favorecer la fertilidad… “Estoy en las últimas, en la prórroga del partido, y estoy jugando con todo el equipo”.

No hay ninguna cena con amigas en la que la conversación no gire, precisamente, en torno a los problemas de fertilidad. “Tengo todos los casos posibles”, asegura. Mujeres que fueron madres con 30 y pocos y ahora tienen muchos problemas para tener el segundo, otras con poca reserva ovárica, amigas en procesos de fertilidad que no funcionan por mala calidad de los óvulos… “hay mucha, mucha, mucha casuística”.

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Mar es experta en bienestar digital y dirige The Self-Investigation, una fundación que promueve la salud mental en el trabajo. Acaba de publicar un libro, ‘Vivir a jornada completa’ para el cual ha investigado a fondo sobre cómo podemos tener una relación con el trabajo más saludable.

En ese proceso ha estudiado amplia literatura científica que le ha hecho ver, más allá de casos personales que conoce de primera mano, cómo el estrés influye también en los procesos de fertilidad. “Hoy en día hay muchísimas mujeres teniendo abortos o con problemas de concepción por estrés. Y la mayor fuente de estrés en muchos casos es el trabajo”.

Como empresaria, no entiende que todavía haya compañías que se extrañen cuando un padre coge la baja por paternidad. “Conozco a hombres que les han mirado mal”, cuenta. Y también conoce a muchas mujeres a las que la crianza en los primeros años de vida les ha penalizado mucho a la vuelta. “No lo entiendo, yo siempre que puedo contrato a mujeres madres, son las más eficientes, saben cómo organizarse el trabajo y son muy flexibles y eficaces”, argumenta.

Mireia, 40 años: "Tuve que elegir entre ser madre o abogada"

Mireia es abogada y empezó a trabajar en grandes despachos siendo bastante joven. Siempre había querido ser madre, pero su trabajo no se lo permitía. Con 25 años, recuerda que muchas noches veía a su jefa llamando a sus hijos a las tantas, entre lágrimas, para darles las buenas noches. Y pensaba: "Ostras, esto no es lo que yo quiero”. Esta misma jefa suya fue al despacho tres o cuatro días después de una cesárea. “Para mi fue un shock, y después de haber sido madre todavía me impacta más”.

placeholder Mireia: 'Siempre regulamos en función de las empresas, de los trabajadores o de otros temas, pero, ¿qué pasa con las familias?'. (S. B.)
Mireia: 'Siempre regulamos en función de las empresas, de los trabajadores o de otros temas, pero, ¿qué pasa con las familias?'. (S. B.)

A esto se sumó un documental que vio hacia los 30 sobre cómo aumentaban las dificultades para concebir a partir de cierto momento. “De jóvenes nos cuentan que es muy fácil quedarse embarazadas. Nos educan en la anticoncepción, pero no en la concepción”, opina.

Fue entonces cuando decidió dejar el despacho e irse a vivir a Washington con una beca. “Era mi momento de decidir si quería ser madre o ser abogada”. Finalmente, tuvo tres hijos, a los 33, a los 35 y a los 38. “Los dos últimos ya me decían que eran embarazos geriátricos”. Ahora tiene un trabajo que le gusta como responsable legal de una empresa, pero no es el que había soñado. “A mí me gustaba tener clientes, la adrenalina, ser abogada picapleitos”.

Su renuncia no fue fácil y a día de hoy todavía tiene dudas sobre si fue acertada. “Mi familia pensó que estaba loca, que dejaba un buen trabajo. Tuve muchas presiones y fue muy complicado”, recuerda.

“El gran techo de cristal de la carrera profesional de las mujeres es, sin duda, la maternidad”, asegura Laura Baena, fundadora del Club de Malasmadres. “Porque no existe la conciliación, porque sobrevivimos como podemos”, añade. Como presidenta de la Asociación Yo No Renuncio, demanda mayor corresponsabilidad social, “porque implica a empresas, a políticas públicas y a toda la sociedad”.

Foto: el-teletrabajo-ayuda-a-que-nazcan-mas-ninos

Según el último informe de dicha asociación, al convertirse en madres, el 82% de las mujeres han tomado decisiones que han afectado a su vida laboral, como reducir jornadas, renunciar a ascensos o dejar el trabajo. La mayoría de las encuestadas aseguran que no habrían hecho lo mismo, o que no lo saben, si contaran con medidas de conciliación salarial.

Baena lo tiene claro, “la [falta de] conciliación es el gran freno a la hora de plantearte ser madre”. “Para que llegue el deseo, para que te plantees la posibilidad, tienes que tener una vivienda digna, un trabajo flexible, unas medidas de conciliación, una red de apoyo y unos recursos”, insiste. Esto, además, está llevando a retrasar la maternidad hasta 5 años o incluso a no ser madres, según la experta.

Para Mirea, lo más importante es que “se ponga la familia en el centro”, que estas sean un pilar social fundamental a partir del cual se legisle. “Siempre regulamos en función de las empresas, de los trabajadores o de otros temas, pero, ¿qué pasa con las familias?”

La presidenta de Yo No Renuncio recuerda que, además, el coste personal de la falta de conciliación que repercute en el agotamiento físico y la salud mental, especialmente de las mujeres: “Somos las madres más agotadas de Europa”, afirma. Sobre la flexibilidad o los modelos de reincorporación al trabajo, Baena opina que hay muchas medidas que “dependen más de la voluntad de las empresas y de las ganas que tengan de algo tan importante como es frenar la renuncia de las madres y, después, mejorar la tasa de natalidad”.

Iván, 48 años: "Las familias monoparentales somos más vulnerables"

La carrera de enfermería despertó las ganas de ser padre de Iván. “A partir de una rotación en paritorio me entró el gusanillo de formar una familia”. Hacia los 30, ya tenía su casa, su plaza de enfermero en un hospital público y “cierta madurez personal” que le reafirmó en su idea.

placeholder A los 36 años Iván inició un proceso de adopción y un par de años más tarde conoció a su hijo. (S. B.)
A los 36 años Iván inició un proceso de adopción y un par de años más tarde conoció a su hijo. (S. B.)

No supo desde siempre que sería padre soltero. “Tuve parejas, pero ninguna llegó a ser una relación consolidada y yo iba cumpliendo años”, cuenta. A los 36 inició un proceso de adopción y un par de años más tarde conoció a su hijo. Aunque su caso fue relativamente rápido, ahí ya encontró una de las barreras que afectan a las personas solteras que quieren ser padres: las familias biparentales tienen prioridad. “Lo achacan a una mayor capacidad de cuidar, pero en realidad no creo que sea así”, opina.

Entre los núcleos familiares, el modelo que más ha crecido desde los años 90 es el monoparental. Y si solo tenemos en cuenta a familias con hijos, es el único que crece. La tendencia puede ir a más ya que cada vez resulta más difícil encontrar una pareja. De hecho, todos los entrevistados para este reportaje han mencionado este asunto como uno de los grandes frenos a la natalidad hoy en día.

A esto se suma el hecho de que los “modelos relacionales han cambiado”, por un lado, y que “los estándares de las mujeres ahora son más altos que antes”, opina González, la presidenta del CJE. Además, la distancia ideológica es cada vez mayor entre hombres y mujeres jóvenes. Todo ello, a futuro, puede elevar más la dificultad de formar familias con dos progenitores.

Foto: familia-tradicional-minoritaria-espana

Iván forma parte de la Asociación Madres Solteras por Elección (MSPE) y es presidente de Galehi, una asociación de familias LGTBI+. Desde su experiencia personal, pero también desde su posición de representación, tiene claro que las familias monoparentales deberían recibir más apoyo institucional. “Porque somos más vulnerables”, resume.

Coincide con él su compañera y fundadora de MSPE, Carmen Cifredo. Sin ir más lejos, se remite a uno de los últimos logros de este tipo de familias: que las bajas parentales sean equiparables a las de las familias con dos progenitores. Denuncia que, para sus hijos, este derecho estaba “reducido exactamente a la mitad” hasta hace muy poco.

“Estamos continuamente pegándonos contra una pared”, cuenta Carmen, que asegura que siente que son “invisibles”. “Hay muy pocos apoyos y falta reconocimiento”, lamenta Iván. Como ejemplo reciente, cuenta que en este mes de marzo la Asamblea de la Comunidad de Madrid ha votado en contra del reconocimiento de las familias monoparentales dentro de la diversidad familiar. “No es solamente la negación de una realidad que existe y que es la nuestra”, denuncia. “No necesitamos que se nos reconozca para existir, pero sí nos facilita mucho la vida, porque si no reconoces un modelo familiar determinado tampoco lo dotas, no lo ayudas”.

"La paternidad es dura y en solitario más, pero es una aventura preciosa"

Ambos explican cómo la conciliación laboral, el acceso a determinadas ayudas o beneficios fiscales son menos accesibles para las familias monoparentales. “Tengo que pagar los mismos gastos prácticamente que una familia biparental, pero soy una”, resume Carmen.

Para Iván, urge que los gobiernos trabajen en una Ley de Familias. “Necesitamos que se enmarquen todos los modelos familiares, que se reconozcan sus peculiaridades y vulnerabilidades y que de esa manera pues se pueda trabajar por igualar de una forma efectiva a todas las familias”, zanja.

Para quien quiera ser padre y no sepa por dónde empezar, su consejo es “que lo sea”. “Las trabas, que te las pongan los demás, pero si tú quieres ser padre, adelante con ello, con eso tienes el 60% del camino hecho”. También recomienda informarse, acudir a asociaciones como MSPE, Galehi o a los servicios sociales para pedir información sobre todas las opciones para ser padre o madre soltero. “La paternidad es dura y en solitario más, pero es una aventura preciosa y, si tienes ganas de vivirla, merece la pena”.

Pilar, 27 años: "Nadie se arrepiente de tener hijos"

Aunque el caso de Macarena no es residual, todavía sigue habiendo una mayoría de jóvenes que sí quieren ser madres pero que “no pueden porque no tienen ni siquiera un sitio donde vivir sin compartir piso con desconocidos”, advierte la presidenta del CJE, que considera que es a este grupo al que hay que mirar. A sus 27 años, Pilar tiene claro que quiere ser madre desde que tiene “uso de razón”.

placeholder Pilar: 'Hay muchas trabas que te impiden tomar la decisión libremente'. (S.B.)
Pilar: 'Hay muchas trabas que te impiden tomar la decisión libremente'. (S.B.)

“Hay muchas trabas que te impiden tomar la decisión libremente”, opina. Se refiere, sobre todo, al tema de la vivienda, “que es lo más complicado en este país ahora”. El 72% de las personas de entre 15 y 34 años quieren tener hijos, y la principal causa por la que no los tienen es la falta de medios económicos, según el Injuve.

A Pilar, en concreto, le gustaría tener tres, pero sabe que no será fácil. “Mi vida actual no me deja tiempo para hacer mucha cosa, eso es verdad”. Aunque cuenta con cierta flexibilidad en el trabajo, cuando no llega a hacerse el tupper del día siguiente, piensa: “La gente con hijos, ¿cómo lo hará?”.

Con todo, se aferra al dicho de que “quien quiere, puede”, aunque entiende que hay quien busca que las condiciones sean óptimas antes de lanzarse a traer a alguien al mundo. Por su parte, eso sí, no conoce a nadie que se haya arrepentido de tener hijos, aun cuando la situación no era la más favorable.

“Si quieres pensar en tener hijos, lo primero que tienes que pensar es dónde vas a meter a tus hijos. Y ahora mismo no hay sitio”, dice González. Para ella, las políticas deberían centrarse en asegurar que todas las personas jóvenes que quieran formar una familia, como Pilar, pudieran hacerlo “sin que dependa de condicionantes socioeconómicos”.

Desde Malasmadres, Baena pide un Pacto de Estado por la Conciliación y considera que los avances hasta ahora son “insuficientes”. Sin embargo, es consciente de que la fragmentación parlamentaria actual no ayuda a impulsar estas políticas. Pero la activista tiene “esperanza” porque, asegura, “las madres nos hemos dado cuenta de que esto no es una responsabilidad individual, es un problema social, y los derechos sociales se conquistan cuando la comunidad se une”.

Hace casi una década, el Instituto Nacional de Estadística preguntó a las mujeres de entre 30 y 34 años si pretendían tener hijos en los próximos tres años. La mayoría, el 62%, dijo que sí. Para las que tenían de 35 a 39 años la respuesta fue similar: un 57% tenía intención de ser madre a corto plazo. La situación actual la podremos conocer a partir de septiembre, ya que el organismo está repitiendo en estos días la encuesta.

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