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La fórmula para derrotar a Pedro Sánchez
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La fórmula para derrotar a Pedro Sánchez

PP y Vox están negociando los gobiernos autonómicos y han entrado en una fase de calma relativa. Sin embargo, la tensión de fondo no desaparece porque hay un asunto que no se ha solucionado: la estrategia

Foto: Feijóo y, al fondo, Abascal. (EFE/Eduardo Parra)
Feijóo y, al fondo, Abascal. (EFE/Eduardo Parra)
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La semana está siendo tranquila en el frente de las derechas. Con las negociaciones en Extremadura y Aragón en marcha, las tensiones se han rebajado. Los equipos siguen trabajando y, aunque el resultado está por definir, la voluntad es la de llegar a acuerdos más tarde o más temprano. Los ataques recíprocos en los medios han dejado paso a un momento de silencio y, por tanto, de actividad discreta. “Negociamos con el PP en Extremadura desde el día de la votación. Entiendo las prisas, pero queremos lograr un gran acuerdo y confío en que pronto podamos anunciarlo”, afirmó el viernes Ignacio Garriga en RNE. Apenas una semana antes, el secretario general de Vox había enviado una carta a los militantes del partido en la que señalaba a Feijóo, Mar Sánchez y Miguel Tellado como los responsables del bloque de las negociaciones. Los términos en que los definía eran bastante contundentes: “Un clan gallego con prácticas de contrabandistas de ría”.

En el horizonte asoman las elecciones andaluzas. Algunas encuestas conceden a Moreno Bonilla la mayoría absoluta, otras le sitúan muy cerca de ella. Todas coinciden en el momento declinante del PSOE y en que Vox crecerá respecto de las anteriores autonómicas, pero de manera limitada. Pueden ser las elecciones que acaben de definir el reparto de fuerzas en la política nacional. Hay quienes incluso entienden que esa distribución ha quedado ya fijada tras los tres comicios precedentes y que Andalucía es la primera fase de las generales.

Lo más relevante de la relación entre PP y Vox, y es lo que los separa, es la estrategia de cara a las elecciones generales

En esa secuencia de las relaciones entre PP y Vox, primero las negociaciones autonómicas y después la campaña andaluza, se definirá algo más que la composición del gobierno de San Telmo. La pelea entre PP y Vox se compone de competición por ocupar un espacio, de puentes que deben recomponerse entre Feijóo y Abascal y de elementos ideológicos. Sin embargo, lo más relevante, y lo que queda por aclarar aún, es la estrategia de cara a las generales.

Los dos puntos y medio

En Bambú desconfían de las encuestas. Han repetido en distintas ocasiones que los números actuales son muy similares a los que se publicitaban meses antes de las últimas elecciones generales, y el 23-J salió mal. Puede volver a ocurrir. La realidad es que la movilización en unos comicios nacionales será muy distinta, con un PSOE que puede crecer mucho a costa de su izquierda, con los partidos nacionalistas asentados y con el aporte pequeño, pero necesario, de las formaciones a la izquierda del PSOE. El lema de “nosotros o el fascismo” puede sacar a gente de sus casas. Lo cierto, aseguran, es que ahora no hay más que dos puntos y medio de diferencia y es una distancia salvable para Sánchez.

Si Orbán gana, será bueno para Vox a nivel internacional, pero malo en el escenario español

En ese escenario, no cabe menospreciar la influencia de las dinámicas internacionales y de las necesidades europeas. La primera estación son las elecciones húngaras. Si Orbán logra conservar el gobierno, será bueno para Vox, en la medida en que conservará un aliado muy importante en Europa. Pero, al mismo tiempo, una victoria de Fidesz generaría problemas a Vox en España. Bruselas entiende estas elecciones como existenciales: los obstáculos que Orbán ha venido colocando a la acción europea en distintos ámbitos, comenzando por Ucrania, son percibidos como intolerables en este instante, cuando se requiere una acción decidida. Hay una voluntad clara en las instituciones comunitarias, y también en Alemania, de salvar esos escollos como sea. Con Magyar de presidente, las cosas serían algo más sencillas. Pero, si eso no ocurre y Fidesz repite, España y Sánchez se convertirían en más importantes para Bruselas y, al mismo tiempo, la presencia de Vox en un futuro gobierno español sería menos tolerada. Una victoria de Orbán traería complicaciones a la entente PP-Vox y significaría un refuerzo para Sánchez.

El año que viene se celebrarán las elecciones francesas, también de resultado incierto. Demasiadas piezas internacionales se están moviendo como para que la política nacional no se vea afectada. La lucha política se está recomponiendo a partir de un eje en el que la lucha contra los autoritarismos es la apuesta más importante de las izquierdas y el combate contra los partidos ligados a Trump la principal apuesta europea. Es un contexto favorable para que Sánchez tenga posibilidad de seguir en el gobierno.

Vox entiende que el PP debería, en lugar de intentar atrapar a todos los votantes, ocupar un lugar central y dejar libre el camino a su derecha

Desde Bambú tienen una visión clara. Para evitar sorpresas, lo más pragmático es repartir bien los espacios, con un PP que intente captar a todos los votantes de centroderecha, y con un Vox bien asentado a su derecha. El propósito es que Feijóo adopte una posición más cercana a Guardiola o a Moreno Bonilla que a Ayuso. Es decir, que el PP apueste por el centro y deje el camino a su derecha libre, en lugar de intentar atrapar a todos los votantes. Si Feijóo persiste en esa actitud, el enfrentamiento entre PP y Vox será inevitable, y ambos saldrán dañados, lo que beneficiará significativamente a Sánchez, aseguran en Bambú. Buena parte de las tensiones entre PP y Vox en los últimos tiempos provienen de esa lucha por el mismo espacio y entienden preferible llegar a un pacto de no agresión con reparto de zonas de influencia.

El reparto de posiciones

Las dificultades para llegar a ese acuerdo son notables. En primer lugar, de orden interno. En el Partido Popular hay figuras, desde Aznar hasta Ayuso, que abogan por una línea de confrontación política con Vox que trate de reducir al máximo su peso electoral. La idea aznarista de los populares como el paraguas de todas las derechas sigue vigente y ejerce presión sobre Génova. En segunda instancia, Feijóo ha elegido confrontar de manera permanente con Sánchez, lo que fuerza al líder popular y a su equipo a un plus de agresividad. Moreno Bonilla tomó otro camino: su propuesta consiste en una actitud, una imagen, un tono y unas formas mucho más templadas. Esa es su gran oferta electoral, mucho más allá de su programa, y le está funcionando. Feijóo llegó como un Moreno Bonilla a la política nacional, pero hace mucho que se apartó de ese camino. Dar marcha atrás le resultaría hoy muy difícil.

Es probable que Bambú no pretenda una reconversión de Feijóo en Moreno Bonilla, pero sí aspira a que las relaciones entre los partidos se desarrollen conforme a una misma visión estratégica. Es la única manera de asegurar el éxito y de sacar a Sánchez de La Moncloa, desde su perspectiva. El PP se debate entre dos posiciones diferentes, y eso hace que Vox diferencie claramente entre Génova y los barones con los que está negociando los gobiernos (y con aquellos con los que la relación es buena). Lo que separa a los dos partidos es, en primer lugar, la estrategia. Las ambiciones personales y políticas, las tensiones internas y los elementos internacionales complican la resolución de esa relación.

La semana está siendo tranquila en el frente de las derechas. Con las negociaciones en Extremadura y Aragón en marcha, las tensiones se han rebajado. Los equipos siguen trabajando y, aunque el resultado está por definir, la voluntad es la de llegar a acuerdos más tarde o más temprano. Los ataques recíprocos en los medios han dejado paso a un momento de silencio y, por tanto, de actividad discreta. “Negociamos con el PP en Extremadura desde el día de la votación. Entiendo las prisas, pero queremos lograr un gran acuerdo y confío en que pronto podamos anunciarlo”, afirmó el viernes Ignacio Garriga en RNE. Apenas una semana antes, el secretario general de Vox había enviado una carta a los militantes del partido en la que señalaba a Feijóo, Mar Sánchez y Miguel Tellado como los responsables del bloque de las negociaciones. Los términos en que los definía eran bastante contundentes: “Un clan gallego con prácticas de contrabandistas de ría”.

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