Toma el dinero y corre: sobres, fajos y bolsas con billetes en Ferraz afloran en el juicio a Ábalos
La vista oral se convierte en un festival de la comisión irregular con la declaración de la Pano y otros testigos que han relatado entregas de dinero en efectivo que salpican al PSOE
La empresaria Carmen Pano, a su llegada al Tribunal Supremo. (Europa Press/Alejandro Martínez Vélez)
El juicio contra José Luis Ábalos en el Supremo nunca fue el caso mascarillas, como lo bautizó por economía verbal la prensa, intentando distinguir esta parte de las demás relacionadas con la investigación de la trama Koldo. Si ha habido una jornada que lo demostrara, fue la tercera de las celebradas en el alto tribunal. La sala se convirtió en el escenario de una sucesión de bolsas de plástico, de bolsas de papel, de deporte, de sobres cerrados o entreabiertos. Todos repletos de fajos de billetes.
La sesión derivó en un festival de la comisión irregular. En el cartel principal, las dos Pano, madre e hija, y algún otro telonero que aportó color. Salieron a colación hasta tres entregas distintas de efectivo y ninguna de ellas tenía que ver de forma directa con el material sanitario adquirido durante la pandemia. Leonor, la hija, y Carmen, la madre, fueron como esos personajes secundarios de las películas que acaban acaparando el protagonismo y quitándoselo a los actores principales.
La cosa empezó fuerte de la mano de Álvaro Gallego, de profesión "pensionista". En sus ratos libres ayudaba a Carmen Pano en sus quehaceres. Gallego era ese hombre para todo del que se tira cuando hace falta y, en un segundo plano discreto, oía muchas cosas. Tanto oyó que, ante el tribunal, se atrevió a dar una cifra redonda sobre una de las mordidas de esta historia sin relación con las mascarillas. Dijo que rondó los 600.000 euros. El dinero estaba destinado a engrasar la concesión de una licencia de hidrocarburos para la empresa Villafuel.
Al menos una parte de esa astronómica cantidad que supuestamente pagó el empresario Claudio Rivas acabó, según su versión y la de Pano, en la segunda planta de la sede socialista de Ferraz, donde fue entregada a un hombre no identificado que esperaba al lado de los ascensores. Gallego se ocupó de llevarla en coche hasta allí y pudo echar un vistazo a lo que la empresaria, que además de trabajar con Rivas era la antigua suegra -"prácticamente familia"- de Víctor Aldama, se traía entre manos. Llevaba una bolsa de papel marrón que contenía otra de plástico que a su vez contenía "tacos de billetes". Como los huevos Kinder, pero con una sorpresa mucho más suculenta.
Pano fue después la encargada de explicar cómo acabó ella en ese trance. Carmen, además de familia de Aldama, es empresaria. Ayudaba a Rivas y tuvo la idea de incluir a "Víctor" porque él conocía a mucha gente y alardeaba en privado de su buena relación con el ministro Ábalos. Entre ambos hubo sintonía y Aldama activó el modo conseguidor. Para obtener la licencia que ansiaba el industrial del gasoil, se imponía -dijo Pano- mover fondos. Y ella los movía siguiendo instrucciones. El dinero de Ferraz se repartió en dos entregas. Un total de 90.000 euros que sacó del banco y llevó a la oficina de Aldama en Alfonso XIII. Fue este quien le pidió que fuera hasta la central del PSOE porque él no podía.
Del relato de Pano se dedujo que ella hizo ese viaje dos veces, pero que quizá Víctor lo emprendió en otras. El empresario siempre ha negado que esto sea así. Es la Audiencia Nacional la que investiga esta trama en lo que afecta a los coautores, pero Ábalos, que era diputado cuando se abrió el juicio oral, debe responder de estos hechos en el Supremo.
Siempre según el relato de Pano, también se buscó despejar el camino para conseguir la licencia a través de la entrega de un chalet en Cádiz para disfrute de Ábalos y su familia. Spoiler. La cosa acabó mal. El exministro firmó un contrato ficticio de alquiler con derecho a compra y, cuando fue relevado de sus funciones sin que el trámite llegara a buen puerto, le echaron de allí. La testigo dijo que ni siquiera pagaba la luz y el agua. Se la cortaron y se enganchó como se enganchan los ocupantes de una chabola. Al jardinero, que iba dos veces por semana, aún le deben sus servicios.
El festival del dinero no acabó ahí. Faltaba la inestimable aportación de Leonor y la de una empleada de unos socios de Aldama que trabajaba en República Dominicana. Leonor contó que también hubo comisión de Pepe Hidalgo, el presidente de Air Europa, para garantizar el rescate de la aerolínea. Cómo no, no podía faltar la bolsa. En este caso era deportiva, como la que cualquiera lleva al gimnasio, y contenía 500.000 euros. "Víctor" le dijo que la recogieron en casa de Hidalgo -él y Koldo García- y que hasta contaron los billetes por insistencia de Pepe.
Para acabar con los fuegos artificiales, una última testigo, Aránzazu Granell, reconoció que entregó 20.000 dólares en efectivo al hermano de Koldo García en República Dominicana. Joseba declaró el primer día del juicio y dijo que su viaje fue de placer y que fue a Santo Domingo para conocer a una mujer que, a día de hoy, es su pareja. Para eso y para ver si se podían plantar pitayas en España trayéndose la hoja. Lo que se trajo fueron otros dos sobres, con sendos fajos. Granell explicó que siguió instrucciones y que bautizó a Joseba como 'El Legionario'.
En la película Toma el dinero y corre, Woody Allen cuenta las desventuras de un ladrón inepto que sueña con robar un banco. Su incompetencia le llevó a la cárcel. Allí es donde duermen, a día de hoy, tanto Ábalos como Koldo.
El juicio contra José Luis Ábalos en el Supremo nunca fue el caso mascarillas, como lo bautizó por economía verbal la prensa, intentando distinguir esta parte de las demás relacionadas con la investigación de la trama Koldo. Si ha habido una jornada que lo demostrara, fue la tercera de las celebradas en el alto tribunal. La sala se convirtió en el escenario de una sucesión de bolsas de plástico, de bolsas de papel, de deporte, de sobres cerrados o entreabiertos. Todos repletos de fajos de billetes.