Feijóo estira la orden de "no entrar" al choque con Vox: "Iban como un tiro y han tropezado"
Génova evita escalar la tensión después de que Bambú lanzase un duro ataque contra Feijóo y su "clan de contrabandistas de ría". En el PP vinculan la acometida de Vox con los nervios por las encuestas y la crisis interna: "Puro relato"
Queda menos de un mes para que Extremadura y Aragón se asomen al plazo límite que les forzaría a una repetición electoral que ni PP ni Vox contemplan. La investidura de María Guardiola es la pieza clave que desbloquearía la gobernabilidad en Aragón —Castilla y León puede esperar—. La negociación ha pasado por distintos estadios a lo largo de los tres últimos meses, desde la práctica ruptura de puentes a la predisposición mutua para un acuerdo "inminente" que aún se resiste. Vox maneja los tiempos. Y Génova controla la ansiedad a la espera, dicen, de que los de Abascal pongan el lazo a un pacto en el que "no hay puntos de fricción elevados".
Mientras tanto, Feijóo mantiene la orden "meditada" de "no entrar al trapo" ni participar en la "escalada de tensión" pública con Vox pese al ataque sin precedentes que se produjo en plena Semana Santa. No era la primera vez que el partido ultraconservador acusaba a Génova de estar detrás de supuestas "filtraciones" respecto a informaciones sensibles para el partido y de mover presuntamente los hilos de la rebelión interna comandada, entre otros, por Iván Espinosa de los Monteros. Pero los disparos desde el lado derecho del tablero no habían sido nunca tan a bocajarro.
A través de una carta a la militancia, firmada por el secretario general de la formación, Ignacio Garriga, Vox señaló de forma explícita a Alberto Núñez Feijóo; a su jefa de proyección e imagen, Mar Sánchez; y al secretario general, Miguel Tellado, por estar detrás de "un brutal ataque sin precedentes en democracia" para frenar el auge de su formación política. Pese a que el número dos del líder del PP se sienta en la mesa de negociación territorial, la cúpula de Abascal no dudó en sacar a relucir el antiguo nexo entre Feijóo y Marcial Dorado, uno de los asuntos que más incomoda al dirigente gallego por su vertiente personal.
"Son ellos, ese clan gallego con prácticas de contrabandistas de ría, los que han contactado con arribistas y despechados para poner en marcha la maquinaria mediática contra el tercer partido de España", apuntó Vox en su misiva interna. En el equipo de Feijóo no ocultan su malestar por el tono empleado. Más de un dirigente se muerde la lengua para no contravenir el mandato del líder nacional, que decretó un alto el fuego tras finalizar la campaña de Castilla y León y que mantiene ahora pese a la ferocidad de las aseveraciones de la formación situada a su derecha.
En el PP vinculan la última gran acometida de Vox al nerviosismo interno por el "estancamiento" en los sondeos y los tambores de una crisis interna que amenaza incluso con el nacimiento de otro partido a la derecha. "A nivel demoscópico iban como un tiro y ahora han tropezado", señalan también en la dirección popular. Se refieren en este punto no sólo a los actuales resultados de algunas encuestas privadas, sino también al frenazo en las expectativas que experimentaron en Castilla y León tras dispararse en Extremadura y Aragón.
Distintas fuentes populares reivindican que la carta de Vox que trascendió la pasada semana es "puro relato para su gente", en un intento de reconfigurar su estrategia de campaña en Andalucía y trazar un equilibrio a priori difícil entre mantener una guerra abierta con Génova y negociar al mismo tiempo ejecutivos con sus presidentes autonómicos que culminarán, salvo cambio de última hora, en el regreso del partido de Abascal a la gestión compartida con el Partido Popular. "Si Génova entrase al trapo, tendrían una nueva excusa para bloquear", reiteran.
Ni en Madrid ni en las delegaciones territoriales creen, por tanto, que el nuevo episodio de tensión a nivel nacional obstaculice la culminación de los pactos territoriales que entran ahora en una fase crucial. De hecho, en su escrito Vox 'salva' de la quema a los barones populares, que "no han contribuido al ataque mafioso" del que sí acusan a Feijóo y su equipo y que "son capaces de llegar a acuerdos sobre medidas concretas". Hay que recordar, no obstante, que Tellado participa en las negociaciones autonómicas y que éste no tiene intención de retirarse para allanar las conversaciones.
La configuración final de los gobiernos autonómicos implica también riesgos para el PP. En las filas de los conservadores miran con recelo, por ejemplo, el impacto de los acuerdos y de las exigencias que se acuerden con Vox en la campaña de Juanma Moreno, que arranca oficialmente el próximo 1 de mayo. Pero en la dirección del PP afrontan la situación con cierta tranquilidad por la percepción de haber situado a Vox en una especie de callejón sin salida en el que empiezan a aflorar las primeras incoherencias discursivas.
Los de Abascal pasaron, por ejemplo, de situar a Guardiola como escollo en Extremadura a ensalzarla y apuntar directamente a Madrid. Cabe recordar también que los duros ataques sobre Feijóo y su "clan" se han producido poco después de que tuviese lugar otro contacto entre Feijóo y Abascal en un intento de acelerar los acuerdos autonómicos tras las elecciones del pasado 15 de marzo, y que el líder del PP desveló la semana pasada en una entrevista para Servimedia.
Al PP le interesa cerrar los acuerdos en Extremadura, Aragón y Castilla y León no sólo por la "estabilidad" de sus gobiernos autonómicos, sino también para expulsar a Vox del carril del voto del cabreo y de la oposición al bipartidismo sobre el que ha sostenido su ascenso en los últimos meses a las puertas de la batalla en Andalucía. Pero aseguran también haber detectado que la "opinión pública no asocia al PP" con el retraso de los pactos, y que el electorado de derechas tiene "muy identificado quién está obstaculizando los acuerdos". "El bloqueo no beneficia a nadie, pero perjudica más a unos que a otros", y zanjan: "El PP crece y Vox no".
Aunque la convivencia amenaza con ser hostil, los dos partidos mantienen su "predisposición" a firmar pactos de gobierno en los próximos días. Barones del PP consultados por El Confidencial cierran filas con la estrategia de Génova de no entrar de nuevo en el cruce de reproches con Vox con el afán de pasar página y acabar con el período de interinidad. Mientras Abascal intenta orillar a Feijóo, en su partido aseguran el "flujo de información" permanece estable a nivel autonómico tras el parón de Semana Santa, aunque el hermetismo se ha impuesto casi por completo en la recta final de las negociaciones.
Queda menos de un mes para que Extremadura y Aragón se asomen al plazo límite que les forzaría a una repetición electoral que ni PP ni Vox contemplan. La investidura de María Guardiola es la pieza clave que desbloquearía la gobernabilidad en Aragón —Castilla y León puede esperar—. La negociación ha pasado por distintos estadios a lo largo de los tres últimos meses, desde la práctica ruptura de puentes a la predisposición mutua para un acuerdo "inminente" que aún se resiste. Vox maneja los tiempos. Y Génova controla la ansiedad a la espera, dicen, de que los de Abascal pongan el lazo a un pacto en el que "no hay puntos de fricción elevados".