La crispación entre PSOE y PP complica la idea de dedicar una sala del Congreso a Rubalcaba
Armengol quiere rendir honores al histórico dirigente socialista con un espacio a su nombre. La presidenta ha tanteado a los populares, todavía sin éxito. El ruido político permanente de esta legislatura dificulta el acuerdo
Ovación en el Congreso a Rubalcaba en el final de su carrera política. (EFE/Zipi)
En el remoto año de 2014, cuando la política española no estaba envenenada como ahora, Alfredo Pérez Rubalcaba fue despedido en el Congreso con los honores de quien ha sido parte de la historia. El entonces secretario general del PSOE ponía fin a su carrera y volvía a la docencia y el pleno, con todos los diputados en pie, le ofrendó una larga y sentida ovación. Quien en ese momento presidía el Parlamento, Jesús Posada, afirmó que sería recordado "como una gran figura del parlamentarismo del siglo XXI". Y Alfonso Alonso, portavoz del PP, no tuvo empacho en reconocer que habían aprendido "mucho de él".
Las muestras de cariño se repitieron cuando murió cinco años después. El Congreso acogió la capilla ardiente, acudieron los reyes, don Juan Carlos y doña Sofía, Mariano Rajoy y Pablo Casado, su sucesor en el PP, entre muchos otros. Hace seis meses, la Cámara celebró la presentación del libro Discursos parlamentarios de Alfredo Pérez Rubalcaba, con la presencia de José Luis Rodríguez Zapatero y Felipe González, que ese día se olvidaron de sus públicas diferencias.
Una crispación rampante carcome el Congreso esta legislatura. No es nueva. Desde la pandemia corre al galope en la política patria. Y ni el recuerdo de Rubalcaba es capaz de diluirla. La presidenta de la Cámara, Francina Armengol, anunció en aquel homenaje que propondría a la Mesa nombrar un lugar del Parlamento en honor a Rubalcaba. "Buscar un espacio importante de relevancia", señaló, que reconozca "su maestría". "A ver si conseguimos que para el 10 de mayo (de este año) lo tengamos todo listo", apuntó, en alusión a la fecha del séptimo aniversario de su fallecimiento.
Las conversaciones con el PP, confirman fuentes parlamentarias, se han producido. Pero Armengol no ha conseguido todavía el 'sí' de los populares. En un intento de muñir que la decisión se produzca por acuerdo, los contactos han sido informales. Una maniobra de aproximación, por ahora sin ningún éxito.
La presidenta del Congreso puede plantear el asunto en solitario porque el PSOE y Sumar cuentan con mayoría en la Mesa. Y es probable que opte por esta vía, si no hay avances. Pero, en estos momentos, la intención pasa por lograr una unanimidad que no parece sencilla porque las relaciones entre socialistas y populares atraviesan por su peor etapa en el Parlamento.
En el PSOE lamentan que el PP invariablemente se posicione en contra de todos los temas que se discuten en la Mesa del Congreso, incluso las cuestiones más irrelevantes. Ante la duda, "la dinámica es votar que no", para incidir en el "desgaste emocional" de que lo tumban todo, aseguran fuentes de la Cámara.
La erosión de la vida parlamentaria es muy patente en cada pleno. Desde el Gobierno denuncian que la estrategia de los populares pasa por proferir golpes o frases malsonantes mientras hablan los ministros con el propósito de distraerles o de que pierdan los nervios. Esta situación ha llevado a algunos miembros del Ejecutivo a pedir amparo por escrito a Francina Armengol, que ya ha trasladado tanto en público como en privado a representantes del Grupo Popular que bajen el tono o no interrumpan las sesiones en el hemiciclo.
En este ambiente se debe producir el pacto para poner el nombre de Rubalcaba a una sala del Congreso. Las conversaciones, aseguran en el PP, están "en un estadio muy poco avanzado", y no han trascendido del ámbito parlamentario porque, defienden, "aún no hay una propuesta en firme", por lo que en la dirección de Génova no se ha debatido aún el asunto.
Los populares no difieren del fondo de la propuesta de Armengol, pero admiten que en una situación como la actual "es difícil" llegar a acuerdos de cualquier tipo. Las fuentes consultadas deslizan que el clima de tensión permanente complica la posibilidad de exhibir acercamiento alguno al PSOE. El goteo constante de elecciones o la competencia con un Vox en plena efervescencia tampoco ayudan a construir consensos con los socialistas.
Por si fuera poco, la desconfianza entre los de Feijóo y la presidenta del Congreso no ha hecho más que escalardesde que arrancó la legislatura. Génova la situó en su diana de oposición cuando estalló la trama de las mascarillas, pero el choque se ha convertido en la dinámica constante. Los connflictos de atribuciones entre Congreso y Senado, inexistentes en democracia, son ahora la tónica habitual y en el PP tampoco olvidan afrentas como la omisión de peticiones de comparecencia extraordinarias o el bloqueo sistemático a sus iniciativas legislativas, que tildan de "arbitrariedad" o, directamente, de "prevaricación".
En el remoto año de 2014, cuando la política española no estaba envenenada como ahora, Alfredo Pérez Rubalcaba fue despedido en el Congreso con los honores de quien ha sido parte de la historia. El entonces secretario general del PSOE ponía fin a su carrera y volvía a la docencia y el pleno, con todos los diputados en pie, le ofrendó una larga y sentida ovación. Quien en ese momento presidía el Parlamento, Jesús Posada, afirmó que sería recordado "como una gran figura del parlamentarismo del siglo XXI". Y Alfonso Alonso, portavoz del PP, no tuvo empacho en reconocer que habían aprendido "mucho de él".