El factor Málaga: los elementos que pueden perturbar las elecciones andaluzas
Andalucía ofrecerá el mapa político real español. El PP está al alza y el PSOE a la baja y se espera que ese reparto se ratifique el 17 de mayo. Pero hay asuntos que pueden modificar la situación
Andalucía aparece como el momento de la verdad, el del retrato definitivo de la política española tras el ciclo electoral autonómico. El mapa de fuerzas quedará dibujado el día 17 de mayo, de modo que todos llegan a la cita con cierta presión. Moreno Bonillaha elevado la apuesta porque percibe la posibilidad de conservar la mayoría absoluta y de trasladar el mensaje de que Vox será un actor menor, los de Abascal confían en seguir creciendo y en jugar un papel decisivo en la derecha, y por tanto, en el futuro gobierno (no solo en el andaluz, también en el de España). Maíllo aspira a tener un buen resultado que le permita asentarse en un territorio en el que conserva fuerza, y que le ofrezca buenas cartas en el reparto de posiciones dentro de la izquierda alternativa. El PSOE parte con una posición inicial más endeble: las encuestas no auguran un buen resultado.
Sánchez quiso dar un giro de cara a las autonómicas y anunció que los ministros Óscar López, Pilar Alegría, Diana Morant y María Jesús Montero se convertirían en candidatos. El experimento Alegría salió bastante mal, Morant no acaba de cobrar peso electoral a pesar del deterioro del PP con Mazón, López está dedicado a la confrontación y Montero acaba de aterrizar en Andalucía sin haber hecho precampaña, con el lastre de la financiación autonómica y con unos pronósticos bastante negativos. El movimiento presidencial de piezas no parece, a estas alturas, haber resultado provechoso: parece más un reposicionamiento en clave interna que una apuesta electoral real. El candidato de Castilla y León, un alcalde y no un ministro, es el que mejor parado ha salido de este ciclo. Esa visión cambiaría si Montero obtuviera un buen resultado en Andalucía. No parece el caso, y del teórico desgaste del PSOE esperan aprovecharse todos: el PP de Moreno Bonilla, la IU de Maíllo, Adelante Andalucía e incluso Vox. La capacidad de resistencia del PSOE va a marcar estas elecciones más que cualquier otro factor.
Todos los partidos, no obstante, afrontan con confianza estas elecciones. El PP espera encarnar el deseo de estabilidad y tranquilidad que ahora domina electoralmente con un Moreno Bonilla que está recuperando el caudal perdido. Su personalidad, más que su programa, es la oferta que realiza a los andaluces. En el PSOE están convencidos de que las encuestas actuales son el punto más bajo: María Jesús Montero es bien conocida en Andalucía, conoce el territorio y puede manejarse muy bien en los debates con el candidato del PP: hay un votante socialista latente que esperan activar. Si la cercanía de Montero con Sánchez puede resultar perjudicial en algunos terrenos, como el de la financiación autonómica, en otros puede ser un activo, en especial en este contexto de guerra. IU quiere mostrar en Andalucía un perfil distinto al del resto de la izquierda española, ya que entienden que las demandas de los votantes de izquierdas tienen que ver, como recoge el Centro de Estudios Andaluces, con la priorización de políticas económicas y sociales. Quieren dirigentes con capacidad de gestión que se centren en el día a día. En Vox están convencidos de que seguirán creciendo. Vienen de un resultado bajo en la región, por lo que es bastante probable que logre su objetivo. En Andalucía se conformarían con un 16%, que implicaría varios puntos de aumento y la más que posible ruptura de la mayoría absoluta de Moreno Bonilla.
La primera parte del tiempo que resta para las elecciones será consumida por las negociaciones para la formación de gobiernos autonómicos. Después vendrá la campaña. Según haya o no acuerdos, y dependiendo del grado de tensión, la campaña andaluza cobrará un carácter u otro. En un contexto de teórica debilidad del PSOE, la relación entre las derechas se convierte en todavía más importante. Máxime cuando hay un enconamiento significativo, con el PP intentando minar a Abascal y Vox a Feijóo. Ambos están seguros de sus fuerzas, porque en Génova creen que las tensiones con Espinosa de los Monteros y otros disidentes, así como las noticias sobre las cuentas internas de Vox pasarán factura, mientras que en Bambú piensan que tienen las de ganar porque ellos tienen la clave de los acuerdos y porque las diferencias de Feijóo con sus barones son mucho más acentuadas de lo que parecen. Cada uno de ellos trata de meter el dedo en el ojo interno del rival. Y es una lucha cruenta: “Casado, al menos, iba de frente”, aseguraba Figaredo. Cada ataque aumenta el precio a pagar, afirman en Bambú. Los efectos electorales de estas tensiones suelen ser poco relevantes, pero si el choque va en aumento, la situación cambiaría.
La guerra de Irán
A pesar de que la convocatoria de mayo puede hacer más cortos y soportables electoralmente los efectos negativos de la guerra, pueden dejarse notar en la campaña. Dado que la situación real es muy opaca, y no se conocen bien los daños reales sufridos por unos u otros, se manejan dos escenarios. Si la duración total de la guerra es de seis a ocho semanas, como habían afirmado los estadounidenses y los israelíes, los efectos serán manejables. Si se va hacia una intervención militar terrestre se podría alargar mucho un conflicto que resultaría difícil de solucionar. Dependiendo de un escenario u otro, de que la guerra se recrudezca o no, y de sus efectos sobre la economía, las elecciones andaluzas tendrán un mayor componente internacional. En ese escenario, habría que estar atentos a los efectos sobre Vox y sobre la izquierda del PSOE. En Castilla y León, la incertidumbre llevó a votar por lo conocido, PP y PSOE. Quizá el efecto Castilla y León se repita aquí.
Mercosur
El 1 de mayo, dos semanas y media antes de las elecciones, entrará en vigor provisionalmente el tratado Mercosur. La hostilidad respecto del acuerdo entre la agricultura y la ganadería española es notable y en Andalucía tiene importancia: representa alrededor del 7% del PIB de la región y genera cerca del 9% del empleo. Puede ser un factor movilizador del voto, en especial porque los dos principales partidos se han mostrado favorables al tratado, a pesar de que hayan formulado algunas objeciones menores. Vox está en contra e IU también se cuenta entre los críticos. Si en otras comunidades el voto de protesta frente a Mercosur es capitalizado por Vox, puede no ser el caso de Andalucía, ya que la izquierda también se ha movilizado en este sentido. Hay cabeceras de comarca y ciudades intermedias ligadas con el mundo agrario donde el PSOE e Izquierda Unida están fuertes y donde es difícil que el salto hacia Vox se produzca.
El factor Málaga
En la eclosión turística de una ciudad como Málaga aparecen algunas de las contradicciones políticas de los últimos años. Se forjó en torno a la capital un ecosistema ligado al crecimiento a través de la atracción de visitantes, la hostelería y el sector inmobiliario. Son sectores habitualmente ligados a las opciones de derechas, y especialmente al PP. Sin embargo, han aparecido un par de grietas en ese modelo. Los precios de la vivienda están forzando a malagueños a marcharse a vivir fuera de su ciudad y el coste de la vida se ha elevado en general. Muchas partes de Málaga son ya más para los visitantes que para los locales. Vox quiere abrir un camino, como en Madrid, con el discurso de la vivienda para los nacionales y la izquierda critica la gentrificación de la ciudad y quiere controlar los precios de los alquileres. Pero al mismo tiempo, la entrada de los fondos de inversión también está desplazando a pequeños empresarios locales. Además, está el problema de circulación para atravesar la ciudad. Las zonas cercanas a Málaga cuentan con demasiada población para las infraestructuras que poseen. En otras palabras, la ciudad modelo del éxito en Andalucía se está encontrando con inconvenientes derivados de su auge. Habrá que ver en qué medida el malestar ha crecido y cuáles son las fuerzas políticas que pueden sacar provecho de él. Es un aspecto importante, que se vive en otras ciudades, y que muestra las cada vez mayores dificultades de las poblaciones para conseguir los recursos que son necesarios para subsistir en lugares cada vez más caros.
El aumento de los precios
Las consecuencias de la guerra de Irán ya se están dejando notar, aunque de manera incipiente. Está por comprobarse cuáles serán los efectos a medio plazo y cuál será la situación económica en un par de meses. En teoría, los daños estarán presentes, pero todavía no de forma significativa. Incluso así, pueden generar distorsiones perturbadoras, porque las dificultades para llegar a final de mes ya estaban presentes para una parte de la población antes de la guerra.
En definitiva, a pesar de que la foto de las elecciones andaluzas parece bien definida a estas alturas, con un PP que se refuerza, un PSOE a la baja, un Vox que crecerá de forma limitada, una IU que conservará pegada y un Adelante que se mantiene, hay demasiados factores en juego, y algunos de ellos imprevisibles, como para concluir que no habrá sorpresas.
Andalucía aparece como el momento de la verdad, el del retrato definitivo de la política española tras el ciclo electoral autonómico. El mapa de fuerzas quedará dibujado el día 17 de mayo, de modo que todos llegan a la cita con cierta presión. Moreno Bonillaha elevado la apuesta porque percibe la posibilidad de conservar la mayoría absoluta y de trasladar el mensaje de que Vox será un actor menor, los de Abascal confían en seguir creciendo y en jugar un papel decisivo en la derecha, y por tanto, en el futuro gobierno (no solo en el andaluz, también en el de España). Maíllo aspira a tener un buen resultado que le permita asentarse en un territorio en el que conserva fuerza, y que le ofrezca buenas cartas en el reparto de posiciones dentro de la izquierda alternativa. El PSOE parte con una posición inicial más endeble: las encuestas no auguran un buen resultado.