Política exterior para niños: puros de Aznar con Bush contra misiles de Sánchez con Jamenei
El presidente dedica el mismo tiempo a atacar a Feijóo y Abascal que a la guerra y defiende su posición pacifista intentando vincularles con Trump, al que ya no cita. El líder del PP contrataca: "En la UE no le llaman y en la OTAN no le creen"
El principal problema de Pedro Sánchez para convertir Irán 2026 en Irak 2003 es que el presidente del Gobierno es él, y no la derecha, Aznar, los ricos, ni los de siempre, ni los de arriba. A todos ellos se ha referido el presidente del Gobierno en su rechazo frontal a la guerra, aunque esta vez lo ha hecho sin referirse a Donald Trump, dando la razón a quienes le reprocharon que se podía oponer a la intervención militar sin darle sopapos al presidente de Estados Unidos. Su objetivo ya no es convertirse en la némesis de Trump, eso ya lo ha conseguido, su siguiente propósito es poner una gorra del movimiento MAGA a Alberto Núñez Feijóo y a Santiago Abascal: "Esto es un desastre absoluto y esto es a lo que sus señorías del PP y de Vox han contribuido con su apoyo y con silencio. Callar ante una guerra injusta e ilegal no es prudencia es cobardía y complicidad".
Feijóo lo ha tenido fácil y lo ha resumido alargando el eslogan: "No a la guerra y no a usted". Es más, a pesar de que no ha querido entrar en el marco que Sánchez estableció en su comparecencia pacifista y sin preguntas del 4 de marzo, pero sí ha respondido a la acusación de complicidad tratando de despejar las dudas sobre su apoyo a Estados Unidos: "Yo no quiero que mi país sea comparsa de nadie, y cuando digo nadie es nadie, pero tampoco que usted nos lleve a la irrelevancia, que es algo mucho peor". Feijóo tampoco ha nombrado a Trump, así que sí: es posible discutir una hora sobre la guerra de Irán sin mentar al promotor. ¿Verdad que parece imposible? No creo que le haya sucedido a ningún ciudadano español, ni de arriba, ni de abajo, ni rico, ni pobre. Tampoco a los fumadores de puros (como Aznar, ha dicho Sánchez) ni a los pacifistas de pacotilla (como Sánchez, ha dicho Feijóo).
La política exterior de la derecha española, según Sánchez, es simplificable, caricaturizable, y tiene un hito al que Sánchez se agarra como una garrapata: la guerra de Irak y la idea de que Aznar la apoyó "para sentirse importante" porque quería que el presidente de Estados Unidos, George Bush, "le invitara a un puro" y pudiera "poner los pies sobre la mesa". Y se ha quedado tan ancho. Claro que la política exterior de Sánchez, según Feijóo, también se puede simplificar y también es caricaturizable: "Algo tan honorable como la defensa de la paz difícilmente se puede personificar si la propaganda iraní estampa tu cara en misiles de guerra". "Bulo", ha gritado algún diputado socialista. "Agencia Efe", ha respondido Feijóo, con sorna y razón.
Así que Sánchez ha explicado su política exterior con tres argumentos: agarrándose al pacifismo, por lo que ha vuelto a recordar a aquel Adolfo Suárez ya acabado que trataba de sacar la cabeza dándose abrazos con Yasir Arafat y Fidel Castro y situándose con los países no alineados; describiendo sus medidas (que aún no se han aprobado) como el mayor escudo social; y sacando todas las verguenzas de la intervención de Estados Unidos e Israel, que las tiene y muchas. Es más, en esta deriva patriota (o patriotera) que busca despertar en la izquierda el "orgullo de ser español", Sánchez ha dicho que actúa "en beneficio del interés general de España y de la Humanidad". Ni más ni menos. Va a ser verdad que a Pedro Sánchez le preocupa mucho lo que la Historia diga de él.
Más allá de los argumentos para dummies, versión Sánchez, el presidente del Gobierno ha puesto sobre la mesa tres ideas ciertas. La primera es que hace tan sólo un mes Irán no se reconocía como una amenaza para Occidente; la segunda es que Irán es una potencia militar con más efectivos que Alemania, Francia e Italia juntos, por lo que ahora sí es un inconveniente serio; y la tercera son las consecuencias económicas de la guerra, que efectivamente se han demostrado un obstáculo serio para la Unión Europea y para España.
Aislamiento internacional
El presidente del PP ha insistido en la idea de que Sánchez es simplista y maniqueo, le ha recordado el "olvido" de acordarse de los iraníes asesinados por Irán y le ha acusado de usar la política exterior para "ocultar su proyecto político agonizante. "Lo que pasa en el mundo es algo más complejo que estar cerca o lejos de Trump. Ojalá fuera tan simple. Se trata de defender los intereses de España y de proteger la unidad europea y el único instrumento que hay para garantizar la seguridad es la OTAN. ¿O tiene otro? Sea valiente", le ha retado acusándole encubiertamente de estar tratando de sustituir a Estados Unidos por China, a donde el presidente del Gobierno viajará próximamente.
Y más allá de argumentos para dummies, versión Feijóo, el líder de la oposición ha puesto sobre la mesa tres ideas ciertas: la primera es el menguante peso internacional de Sánchez: "tiene un conflicto en la UE, no le llaman, y en la OTAN no le creen". La segunda es que "este hombre tan pacifista" preside el Gobierno con mayor gasto militar de la historia democrática de España: "Dice 'no a la guerra' pero ha triplicado la compra de armamento a Estados Unidos, dice no a la guerra pero tiene todavía contratos en vigor con Israel. Si hasta hace pocos meses exportaban ustedes detonadores y explosivos a Irán, señoría. Aquí no se ha votado el rearme ni el envío de militares españoles a zona de guerra". Y tres: no se pueden afrontar las consecuencias de la guerra sin contar con unos Presupuestos Generales del Estado actualizados: "Lo que sobra España en tiempos de guerra es no tener Presupuestos, es estar en manos de un trilero, sin cuentas, ignorando al Parlamento y sin unidad ni en el Consejo de Ministros".
La esperada comparecencia del presidente del Gobierno sobre la guerra de Irán sólo ha sido útil porque ha mostrado dos modelos contrapuestos. Como es habitual en la legislatura de ese muro entre el Ejecutivo y la oposición alicatado por Sánchez, el presidente ha dedicado el mismo tiempo a atacar a la oposición que al único punto en el orden del día. En la recta final de la legislatura lo mínimo que puede pedir el ciudadano es saber dónde está cada uno: en política exterior, Sánchez encantado con el aplauso de la izquierda pacifista y Feijóo junto a los aliados europeos y atlánticos. O dicho por sus contrincantes: Sánchez con el aplauso de Irán, Hamás y Hezbolá y Feijóo como vasallo de Trump. Elija usted, porque, al final, los próximos meses van a ir de posicionamientos preelectorales: Sumar distanciándose del abrazo del oso izquierdista del PSOE mientras el PP hace ojitos a los votantes derechistas de Vox dejando de dar la espalda a su único socio posible. Ese será el marco para el próximo año y medio. Andalucía mediante.
El principal problema de Pedro Sánchez para convertir Irán 2026 en Irak 2003 es que el presidente del Gobierno es él, y no la derecha, Aznar, los ricos, ni los de siempre, ni los de arriba. A todos ellos se ha referido el presidente del Gobierno en su rechazo frontal a la guerra, aunque esta vez lo ha hecho sin referirse a Donald Trump, dando la razón a quienes le reprocharon que se podía oponer a la intervención militar sin darle sopapos al presidente de Estados Unidos. Su objetivo ya no es convertirse en la némesis de Trump, eso ya lo ha conseguido, su siguiente propósito es poner una gorra del movimiento MAGA a Alberto Núñez Feijóo y a Santiago Abascal: "Esto es un desastre absoluto y esto es a lo que sus señorías del PP y de Vox han contribuido con su apoyo y con silencio. Callar ante una guerra injusta e ilegal no es prudencia es cobardía y complicidad".