Feijóo y Abascal aceleran los pactos autonómicos: "Si Vox quiere sillones, no hay problema"
El PP pide a Bambú "aclarar" si realmente quieren entrar en los gobiernos mientras sobrevuela la opción de pactos asimétricos en función del territorio. El resultado del 15-M disipa el riesgo de repeticiones electorales
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, junto a los líderes autonómicos que han revalidado sus victorias este ciclo electoral: Jorge Azcón (i); María Guardiola; y Alfonso Fernández Mañueco (2d). (EFE/Javier Lizón)
El primer portazo de Vox a la investidura de María Guardiola a principios de marzo colmó la paciencia y los nervios de la cúpula de Génova. Fueron horas de mucha tensión. Abascal optó por alejar el acuerdo y evitar con ello que un acercamiento prematuro al PP en Extremadura contaminase su imponente crecimiento territorial en Castilla y León, la penúltima cita del presente calendario electoral. Gran parte de la campaña de Vox se basa precisamente en criticar el discurso de Núñez Feijóo, así que la decisión albergaba cierta lógica. Lo que no esperaban en el cuartel de Bambú es que esa hoja de ruta tendría también un desenlace agridulce.
El resultado de Vox este 15 de marzo —mejoró algo más de un punto, pero se quedó lejos del objetivo del 20% del voto— insufló oxígeno al PP y permitió a Feijóo recuperar el control de las negociaciones territoriales, aunque eso sí, sin separar en ningún caso su destino del de Abascal. La lectura que hacen tanto Génova como sus presidentes autonómicos, que este lunes se dieron cita en Madrid, es que al partido ultraconservador le penalizó por primera vez ejercer el rol de bloqueo y transmitir la imagen de que su voto "no es útil". Es una tesis que también manejan en la sede de Vox, aunque no creen que sea el único desencadenante.
En lo que sí coinciden ambas partes es en que ya no hay motivo alguno para dilatar los pactos pendientes en Extremadura, Aragón y, ahora, Castilla y León. Feijóo siempre ha querido un acuerdo rápido, y tanto en su equipo como en el entorno de los tres presidentes autonómicos pendientes de un pacto de gobernabilidad son mucho más posibilistas que hace 48 horas. "Que haya una repetición electoral es ya un supuesto imposible", celebran en una de las baronías afectadas. En los tres territorios dan por seguro que los contactos se reanudarán con la máxima premura y bajo un férreo hermetismo.
En el PP se ha instalado la sensación de que los pactos autonómicos podrían cerrarse en cuestión de días, antes incluso de Semana Santa. Y Vox también parece haber pisado el acelerador. Abascal ha pasado de una actitud conservadora en las negociaciones con el PP para formar gobierno a comprometer en las últimas horas "un cambio de rumbo" en las tres regiones donde la gobernabilidad está pendiente. Los dos partidos de la derecha entienden el mandato imperativo de las urnas, superando en todos los casos la barrera del 50% del voto, y se enfocan en reconducir la situación. "Vamos a cumplir con nuestra obligación", aseveró el líder de Vox.
Una vez fijadas las bases, falta concretar los detalles. Y una de las grandes incógnitas en este sentido es si finalmente Vox pondrá como condición reeditar o no los pactos de coalición con el PP. En Bambú han jugado al despiste al respecto desde hace meses. Siempre han mantenido que sus prioridades son programáticas,pero este lunes Santiago Abascal fue un paso más allá y afirmó públicamente que, si logran acordar los compromisos políticos del acuerdo, pedirán también ocupar asientos en todos los ejecutivos autonómicos.
"El señor Feijóo se ha hartado de decir desde hace varios meses que Vox no quiere gobernar, que no quiere asumir el desgaste de los gobiernos, que no tiene valor para gobernar, que Vox sale corriendo... y yo tengo que decir al señor Feijóo que no se preocupe, que sí que vamos a gobernar y vamos a gobernar en las tres regiones”, lanzó Abascal desde la sede de su partido. Pese a la rotundidad del mensaje, la confusión seguía a pocos kilómetros de allí. "¿Ahora sí quieren entrar?", apuntaban distintos dirigentes y barones a la salida de la Junta Directiva del PP. "Que se aclaren"; "ahora mismo tienen un debate interno, no lo tienen claro"; "la pelota está en su tejado", repetían.
Fuentes de la cúpula de Vox ratifican a El Confidencial que su intención es "gobernar", y que la formación apuesta ahora por "entrar en todos" los gobiernos. Eso sí, remarcan que lo "primero es alcanzar un acuerdo programático", e insisten en que lo urgente son las medidas que se pactarán y no los asientos. En primera instancia, el partido de Abascal sólo planteó la posibilidad de pedir sillones en el ejecutivo de Extremadura por la desconfianza en que María Guardiola cumpliese con el programa pactado, aunque Bambú dio por "reseteada" también esa exigencia cuando Génova irrumpió en la negociación. En el caso de Aragón, la opción de entrar en el ejecutivo siempre se ha alejado por la buena sintonía entre Vox y Jorge Azcón.
Sin embargo, y a la espera de cómo queden finalmente los pactos, Vox parece haber reconsiderado su estrategia tras el resultado de Castilla y León después de no haber conseguido su meta. Más allá del hecho de que la falta de pactos de Vox les haya podido penalizar, cuestión que medirán en las próximas elecciones andaluzas, en el cuartel general del partido creen que la concurrencia de Alvise Pérez ha sido clave para quitarles los votos que les habrían permitido dar este estirón final y mejorar en dos o tres los 14 procuradores conseguidos.
En Génova respondieron al nuevo planteamiento de Abascal con cierta ironía, pero con la puerta abierta. "Si la exigencia de Vox para desbloquear las investiduras es conseguir sillones en un gobierno presidido por lo que ellos llaman 'PSOE azul', nosotros no pondremos problema si garantiza la estabilidad para los tres territorios. Los ciudadanos están por encima de los partidos", avanzan, y reiteran: "Por nosotros no va a quedar". El mismo análisis hacen en las delegaciones del PP en Extremadura, Castilla y León y Aragón: todos los presidentes prefieren gobiernos en solitario, pero en los tres territorios reiteran que ceder asientos a Vox no es una línea roja.
Fórmula de pactos mixta
Una de las posibilidades que también ha comenzado a planear en las últimas horas es la opción de alumbrar una fórmula mixta: que Abascal pida paso en algunos ejecutivos autonómicos y en otros no. En Génova no se mojan al respecto. Prefieren esperar a que haya un planteamiento formal en las mesas de negociación, pero no esconden cierto malestar por posibles pactos asimétricos en territorios con resultados y dependencia similar de la ultraderecha. "¿Con qué argumento pedirían responsabilidades en un sitio y las eludirían en otros?", cuestionan.
Según fuentes presentes en la Junta Directiva Nacional, Feijóo trasladó a los suyos a puerta cerrada que no habrá "instrucciones" desde Madrid para afrontar un posible reparto de consejerías con Vox y que la tutela de Génova se limitará a la aplicación del documento marco con una serie de líneas programáticas ya asumidas por Guardiola, Azcón y Mañueco, además, claro, de dar el visto bueno final a las negociaciones.
En el partido creen además que los pactos podrían cerrarse de forma desigual por una mera cuestión de tiempos. Salvo obstáculos de última hora, tanto en PP como en Vox creen que el acuerdo de Extremadura podría ser inminente, aunque el de Castilla y León, por ejemplo, podría demorarse un poco más por una cuestión de plazos. La única condición que Feijóo pone encima de la mesa, y que comparten sus presidentes autonómicos, es que en esta nueva etapa de la relación con Vox los pactos deben garantizar "estabilidad", presupuestos y una legislatura de cuatro años.
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El primer portazo de Vox a la investidura de María Guardiola a principios de marzo colmó la paciencia y los nervios de la cúpula de Génova. Fueron horas de mucha tensión. Abascal optó por alejar el acuerdo y evitar con ello que un acercamiento prematuro al PP en Extremadura contaminase su imponente crecimiento territorial en Castilla y León, la penúltima cita del presente calendario electoral. Gran parte de la campaña de Vox se basa precisamente en criticar el discurso de Núñez Feijóo, así que la decisión albergaba cierta lógica. Lo que no esperaban en el cuartel de Bambú es que esa hoja de ruta tendría también un desenlace agridulce.