Guerra en la derecha, absorción en la izquierda: los efectos del 15-M en Castilla y León
Las tendencias quedaron marcadas en los resultados del domingo por la noche. Hay líneas ya claramente delimitadas. Sin embargo, es probable que se vean desdibujadas pronto
Alberto Núñez Feijóo junto a Alfonso Fernández Mañueco. (EFE/David Mudarra)
Las elecciones de Castilla y León han aportado una buena foto del momento político. En ellas se han recogido no solo las tendencias de fondo, sino el carácter que están adquiriendo. Cabe advertir, a la hora de hacer traslaciones de los resultados del domingo a otros territorios, o incluso a las generales, que CyL es una comunidad típicamente conservadora, lo que se sustancia tanto en el apoyo a la derecha como en la existencia de un voto fiel a los partidos mayoritarios. Hay regiones españolas con las que comparten características, pero con otras las diferencias son significativas. La traducción no es mecánica.
En cualquier caso, hay líneas que han quedado claramente delimitadas. Más allá de los resultados de cada partido, el reparto del voto entre bloques cada vez se anota más nítidamente. Las derechas han sobrepasado el 55%, mientras que las izquierdas ni siquiera se acercan al 40%. La superioridad electoral de los partidos conservadores señala que el cambio de ciclo está aquí, y anuncia que será difícil de revertir. En la siguiente convocatoria, la andaluza, los socialistas no aparecen como candidatos para gobernar. La derrota de las izquierdas no se da por descontada, pero casi nadie aventura otra posibilidad. El objetivo de Moreno Bonilla será conseguir la mayoría absoluta o acercarse a ella lo más posible, de manera que pueda señalar con el dedo a Vox y declarar que su auge ha finalizado. Los de Abascal necesitan seguir creciendo para insistir en su carácter de partido decisivo. A estas alturas, esta aparece como la pelea más importante de Andalucía, y en cierta medida en el ámbito nacional: cuál será el reparto de posiciones e influencia entre las dos derechas. Hay que constatar que el objetivo de Vox no es lograr el sorpaso a corto plazo, sino hacer valer su peso electoral de cara a los gobiernos, y especialmente en el nacional, si llega.
Lo natural es que el PSOE apriete para quedarse con todo el voto posible de su izquierda. Castilla y León ha sido una demostración
La pelea entre las derechas se aprecia más claramente por la debilidad del bloque de izquierdas. La falta de comparecencia de los progresistas como opción de gobierno es una constante de este ciclo electoral. Era esperable porque las comunidades donde se han celebrado comicios no eran territorio favorable por unos u otros motivos. Ya sea por la debilidad del PSOE en algunas autonomías y la de la izquierda del PSOE en general, las cosas de la izquierda no van por buen camino. Los socialistas cuentan hoy con margen de maniobra, ya que están acaparando su espectro político, pero ven más lejana la posibilidad de repetir gobierno. De modo que, si cuando lleguen las generales, ese marco no ha cambiado significativamente, lo natural es que el PSOE apriete para quedarse con todo el voto posible. Lo hemos visto en CyL. El paso por la oposición es bastante más sencillo cuando se cuenta con un buen número de representantes en el Congreso.
Dos opciones detenidas
El peso de la política nacional en Castilla y León es grande, en especial entre sus ciudades con más población. Los resultados de este domingo lo resaltan aún más. Más allá de la izquierda y de la derecha existía otro eje relevante, el conformado por el bipartidismo, por una parte, y el de las formaciones que podían aprovechar el descontento, por otra. En este terreno se situaban Vox y los partidos provincialistas. El resultado de los de Abascal es decepcionante. En términos objetivos, no parece que haya mayor problema. Desde Bambú, tres semanas antes de las elecciones, subrayaban que estarían contentos con llegar al 19%. La semana final aseguraban que la campaña iba muy bien, pero que la meta era el 19%. Lo han rozado. Sin embargo, las expectativas generales eran otras y se percibía que Castilla y León era el lugar en el que podían dar un salto cualitativo y sobrepasar el 20%. No lo han conseguido e incluso han crecido menos que el PP, de modo que esa desilusión, ya sea real o inflada, debe ser manejada en lugar de negada.
El PP obtuvo sus mejores resultados en las ciudades de más de 100.000 habitantes y en los municipios de menos de 1.000
Los partidos provinciales eran la otra opción en la que el descontento podía encontrar una vía de salida. Por Ávila ha conseguido su procurador, pero Soria ¡Ya! ha sufrido un golpe serio y Unión del Pueblo Leonés, que se esperaba que creciera significativamente, se ha quedado como estaba. Los dos espacios que partían con posibilidades de restar voto al bipartidismo han quedado frenados.
El repliegue
Castilla y León tiene su idiosincrasia, que se deja sentir cada vez más en el voto territorial. Los diez mayores municipios en población, las capitales de provincia y Ponferrada, que aportan el 45,2% del cuerpo electoral, han sido claves para la fortaleza del bipartidismo. El PSOE ha estado sólido y el PP ha crecido 5 puntos en ellas. En las localidades que van desde 500 a 20.000 habitantes, el porcentaje de voto de Vox ha sobrepasado el 20%, y se acerca a los resultados a los que aspiraban en el conjunto de la comunidad. Existía una preocupación significativa en el PP durante la campaña, ya que si el clima de esos municipios impregnaba a las capitales de provincias, las cosas podrían complicarse. No ocurrió así, y el PP estuvo fuerte en todos los frentes, pero ciudades con más de 100.000 habitantes (y en los municipios con menos de 1.000). El PSOE tuvo sus mejores resultados en las ciudades de más de 20.000 habitantes; en las que van de 20.000 a 100.000 habitantes incluso se impuso al PP. El papel de las ciudades pequeñas e intermedias es importante. Las periferias tienen una dinámica, las localidades más grandes otra, y ambas chocan. Es un factor interesante de cara a próximas convocatorias.
En esta ocasión, la tendencia dominante ha sido el repliegue: ante un horizonte de incertidumbre, se ha preferido lo conocido
La diferencia de sentir en unas y otras tiene que ver con el elemento aspiracional que aparece claramente en las capitales de provincia, y en el declive más vivo que se percibe en las ciudades pequeñas, pero también en la demanda de cambio. En esta ocasión, la tendencia dominante ha sido el repliegue: ante un horizonte de incertidumbre, se ha preferido lo conocido. Este es otro factor que tendrá influencia en los próximos tiempos. Cualquier análisis que se formule respecto de la validez de estos comicios de cara al futuro tiene un carácter ocasional. Más allá de las peculiaridades de cada comunidad, han aparecido en el horizonte señales de riesgo. La guerra resuena de fondo y, con ella, las consecuencias económicas negativas que puede aparejar. La guerra ha estado presente en esta campaña, aunque haya sido de forma limitada. Pero las próximas etapas, comenzando por Andalucía, estarán condicionadas por los efectos que cause la subida de los precios de la energía, el cierre de los estrechos y el repunte de la inflación. Nos adentramos en otro escenario, y puede ser muy diferente del que se ha vivido en lo que llevamos de ciclo electoral. En todo caso, y a la espera de acontecimientos, lo cierto es que las piezas se van asentando y los bloques electorales están delimitándose.
Las elecciones de Castilla y León han aportado una buena foto del momento político. En ellas se han recogido no solo las tendencias de fondo, sino el carácter que están adquiriendo. Cabe advertir, a la hora de hacer traslaciones de los resultados del domingo a otros territorios, o incluso a las generales, que CyL es una comunidad típicamente conservadora, lo que se sustancia tanto en el apoyo a la derecha como en la existencia de un voto fiel a los partidos mayoritarios. Hay regiones españolas con las que comparten características, pero con otras las diferencias son significativas. La traducción no es mecánica.