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Gana Feijóo, se frena Abascal: la hora de la verdad a tres meses de la gran batalla andaluza
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ELECCIONES EN CASTILLA Y LEÓN

Gana Feijóo, se frena Abascal: la hora de la verdad a tres meses de la gran batalla andaluza

Mañueco regala a Feijóo un resultado que fortalece al PP de cara a la negociación con Vox, pero no resuelve la relación entre ambos. El PSOE también resiste con un candidato no sanchista y a costa de fagocitar por completo a la izquierda radical

Foto: Euforia en la sede del PP por el resultado electoral. (EP)
Euforia en la sede del PP por el resultado electoral. (EP)
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Mensaje nítido de los votantes a Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. No es el primero, ni el segundo, sino el tercero: la tendencia de derechización del voto supone un mandato claro a los líderes del Partido Popular y Vox para que se pongan de acuerdo. Sin embargo, hay un elemento novedoso que arrojaron las urnas de Castilla y León: por primera vez en este ciclo electoral, el PP sube más de lo que sube Vox, un dato que redefine la relación entre ambos y resitúa dónde deben estar los equilibrios para formar esos gobiernos autonómicos. Sin embargo, esto son detalles que tendrán que dirimir ambos partidos en las mesas de negociación, habida cuenta de que el Partido Socialista de Pedro Sánchez ha optado por situarse en la oposición, en línea con el muro que distingue el mandato del presidente del Gobierno.

Así, a tres meses de las elecciones andaluzas que cerrarán el curso político, Núñez Feijóo y Abascal deben resolver su relación desde la seguridad de que hagan lo que hagan, y de cómo lo hagan, dependerá en parte uno de los ejes de oposición que el PSOE va a realizar al PP de aquí a las elecciones generales. Lo único indiscutible es que ambos partidos corren el riesgo de desencantar a sus votantes si condenan a los territorios a la ingobernabilidad. Y enviado el mensaje de la ciudadanía, la respuesta puede ser diversa: pacto de investidura o pacto de gobernabilidad, Gobierno de coalición o apoyo externo desde el Parlamento.

Puesto que Feijóo envió a Abascal un documento marco de negociación que, como punto de partida, establecía su voluntad de pactar, la pelota está en el tejado de Abascal, que despreció la propuesta y demostró sus intenciones votando no a la investidura de María Guardiola en primera votación, a pesar de que la candidata del PP y presidenta en funciones ha mostrado abiertamente su voluntad, no sólo de negociar sino de incorporar a Vox al Gobierno con un número de consejerías proporcional a los resultados electorales.

Si se observan los resultados por partidos, las tres citas autonómicas de 2026 consolidan varias conclusiones: el PP es la primera fuerza política en España, ya sea en feudos tradicionalmente socialistas como Extremadura o Aragón o en autonomías conservadoras como Castilla y León; el PSOE mejora resultados cuando se aleja del Gobierno, como ha demostrado el único candidato no sanchista de cuantos concurren en este ciclo electoral; y Vox es una realidad consistente que muestra un comportamiento estable y creciente, habida cuenta que la primera vez que irrumpieron con fuerza en el panorama político fue hace cuatro años en Castilla y León, y siguen subiendo, aunque se queden lejos del ansiado 20%.

Precisamente por eso el análisis de los resultados debe ser casi quirúrgico: Alfonso Fernández Mañueco ha mejorado en dos escaños su resultado de hace cuatro años, y lo ha hecho con una campaña que ha sido discreta como es él, pero efectiva: ni el regionalismo de Guardiola, que apenas contó con otros barones del PP y con Feijóo, ni el discurso "nacional" sobre el que pivotó Jorge Azcón para arrasar a la exministra Pilar Alegría.

Vox (+1) sigue subiendo y ha conseguido su mejor resultado histórico (18,9%), pero ralentiza su crecimiento, lo que es atribuible a distintos elementos que no han favorecido al candidato, Carlos Pollán, el más institucional de los líderes nacionales y regionales de la formación de derecha radical: el bloqueo en Extremadura y Aragón, problemas orgánicos como el de José Ángel Antelo en Murcia o Javier Ortega Smith en Madrid. Aun así, Vox se ha consolidado como tercera fuerza del panorama político español.

Derechización del voto

Otra tendencia confirmada en este 15-M es la derechización del electorado. Si la suma de PP y Vox en Extremadura alcanzó el 60 por ciento de las papeletas, en Aragón bajaron al 52% y en Castilla y León han repuntado hasta el 55%. Se trata de un ensanchamiento del bloque a lomos de un crecimiento de los dos partidos. En el caso del PP, el crecimiento es de casi cuatro puntos y el de Vox de algo más de un 1,1%. Esta realidad desmonta el discurso que esgrimen las izquierdas para atacar al PP con el argumento de que Vox solo pesca en votantes populares.

En este contexto, el resultado de Castilla y León arroja algunas conclusiones también para la izquierda. El PSOE consigue un buen resultado al subir dos escaños, y lo hace con Carlos Martínez, el candidato menos sanchista de este ciclo electoral (Alegría, Miguel Ángel Gallardo, María Jesús Montero); y con la campaña más alejada de La Moncloa y más cercana al territorio, lo que le ha permitido no solo frenar la tendencia general del PSOE, sino fagocitar a Podemos y a Izquierda Unida.

Aun así, al PSOE le ha favorecido la ley electoral: con 13.000 votos más que en 2022 y 0,7 décimas más en porcentaje, el PSOE gana dos escaños. El PP, con 4,06 puntos más y 54.000 votos más que hace cuatro años, sube lo mismo que los socialistas: dos escaños. En cualquier caso, en Castilla y León ya no queda nada a la izquierda del PSOE y el mensaje de las urnas es claro: en este periodo de estrechamiento del espectro político, la izquierda ha hallado un refugio en el voto localista: así Carlos Martínez, así la Xunta en Aragón, así la unión de Podemos e IU el 21-F.

Andalucía, la gran batalla

Si en Extremadura viven 1,05 millones de españoles, en Aragón 1,38 y en Castilla y León 2,42, en total 4,85 millones, la población de Andalucía se acerca a los nueve millones (8,7). Esa será la prueba definitiva de las tendencias extraídas el 21-D, el 8-F y el 15M. Esa será la gran batalla que cerrará este ciclo electoral. El PP y Vox acudirán a las urnas sabiendo que deben llegar con los deberes hechos, y el PSOE con la preocupación de que su candidata, María Jesús Montero, una extensión de Pedro Sánchez, se acerca más a Alegría que a Martínez.

En cuanto se cierren los colegios electorales de Castilla y León, el PP iniciará una nueva fase en su estrategia para conseguir llegar al palacio de La Moncloa. Este segundo tramo del plan diseñado en Génova este curso para provocar la asfixia del Gobierno de Pedro Sánchez por desgaste tiene dos pilares y un final: infligir una gran derrota al presidente del Gobierno en Andalucía, la comunidad más poblada de España. Entonces finalizará un curso político que el PP preparó el verano pasado con la intención de plantear una guerra total con el PSOE en todos los frentes, y muy especialmente en el electoral. Nada adquirirá sentido si los triunfos electorales no cuajan en la formación de gobiernos.

Mensaje nítido de los votantes a Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. No es el primero, ni el segundo, sino el tercero: la tendencia de derechización del voto supone un mandato claro a los líderes del Partido Popular y Vox para que se pongan de acuerdo. Sin embargo, hay un elemento novedoso que arrojaron las urnas de Castilla y León: por primera vez en este ciclo electoral, el PP sube más de lo que sube Vox, un dato que redefine la relación entre ambos y resitúa dónde deben estar los equilibrios para formar esos gobiernos autonómicos. Sin embargo, esto son detalles que tendrán que dirimir ambos partidos en las mesas de negociación, habida cuenta de que el Partido Socialista de Pedro Sánchez ha optado por situarse en la oposición, en línea con el muro que distingue el mandato del presidente del Gobierno.

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