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Mayor Oreja: "Hay que hacer de necesidad virtud: Feijóo y Abascal tienen que demostrar liderazgo"
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ENTREVISTA

Mayor Oreja: "Hay que hacer de necesidad virtud: Feijóo y Abascal tienen que demostrar liderazgo"

El presidente de la Fundación Neos, que no es del PP ni de Vox, llama a ambos partidos a entender que hay una "mayoría natural" que les pide un acuerdo. Advierte que el proyecto "rupturista" se refugiará en Cataluña, País Vasco y Navarra

Foto: Jaime Mayor Oreja posa para El Confidencial en Madrid. (D. G.)
Jaime Mayor Oreja posa para El Confidencial en Madrid. (D. G.)
EC EXCLUSIVO

Jaime Mayor Oreja (San Sebastián, 1951) no fue designado sucesor por José María Aznar porque representaba un perfil demasiado continuista y el entonces presidente del Gobierno entendió que hacía falta un líder más moderado, menos duro. Años después, acabó dejando el PP sin hacer ruido. Desde entonces lleva advirtiendo contra lo mismo: la conformación de un proceso rupturista como respuesta a la mayoría absoluta del PP del año 2000. Él fue el primero en señalar que la izquierda española se encaminaba a lo que años después Alfredo Pérez Rubalcaba bautizó como el Gobierno Frankenstein. Veinticinco años después de su etapa como ministro del Interior, Mayor Oreja publica "Una verdad incómoda" (La Esfera), un relato en primera persona plagado de anécdotas y de reflexiones sobre su experiencia a lo largo de 50 años en la política vasca, española y europea. Un testimonio en el que no habla mal de nadie y deja en el lector la responsabilidad de interpretar los hechos. No se calla nada, o casi nada.

PREGUNTA. ¿Por qué ha decidido escribir un libro contando el testimonio de una época que son 50 años de la historia de España?

RESPUESTA. Porque era una obligación. Si hubiese habido una prevalencia de la verdad sobre el relato, sobre la mentira, pues no lo hubiese escrito, pero ha prevalecido un relato que es una media verdad y que es verosímil, y eso es la peor de las mentiras. Hay muchas verdades que hay que decir, verdades incómodas. Por eso el título es "Una verdad incómoda".

P. Usted participó con UCD en la Transición política española, ¿cree que está en peligro serio el modelo resultante de aquel proceso?

R. Absolutamente. La reforma se hizo ley en 1976 e inspiró el espíritu de toda la Transición: de la ley a la ley. Con los gobiernos de la UCD, por supuesto, pero con los Gobiernos del PSOE y del PP también. Y termina cuando le entra el pánico a la izquierda, cuando ve que hay mayoría absoluta en el año 2000 y necesita hacer una segunda transición que exige incorporar al enemigo de la primera: ETA y su proyecto de ruptura.

P. Usted dice en el libro que España se fractura el 11 de marzo de 2004.

R. El atentado del 11 de marzo de 2004 se hizo para cambiar la dirección de España. En el mes de julio del año 2004 dije en un acto en la Universidad que el atentado no había sido islamista, que había sido un atentado para cambiar la dirección de España, para que de la reforma pasara a la ruptura. Hoy me atrevo a decir más que nunca que ahí se fracturó la Historia de España, se rompió la Historia de España.

P. Usted fue ministro del Interior y desvela una conversación con su homólogo marroquí que le hace sospechar que detrás del 11-M está un servicio secreto “de un país vecino”.

R. Aporto dos testimonios. El ministro del Interior francés, Jean-Louis Debré, me dijo en junio de 1996, en su primera visita, antes de la comida, mano a mano: “Escoja usted: ¿Francia o Ángel Guerrero?”

P. ¿Quién era Ángel Guerrero?

R. Era un asesor de Margarita Robles, hasta entonces secretaria de Estado de Interior, pero sobre todo era la terminal de un servicio que había funcionado para, desautorizando al Ministro de Interior francés, hacer llegar al presidente de la República, Jacques Chirac, una petición para entregar a Josu Ternera por la vía de la expulsión, no de la extradición. Y entonces me dijo Debré: “Elija usted, ¿Francia o este servicio secreto?” Es decir: Ángel Guerrero. Y nueve años después, en 2005, el Ministro de Interior marroquí, que había sido exiliado y vivía en París, me vino a visitar donde yo veraneo, en Cádiz, y me dijo: "Sobreactuasteis en las Azores, pero no tengas duda: un servicio secreto es el causante del atentado. Lo lógico es que fueran los nuestros, los marroquíes, pero como los he reclutado yo, los he formado yo, los he elegido yo, sé que son incapaces. Buscad a otro servicio secreto en la autoría del atentado”. Y evidentemente me acordé de la conversación que yo había tenido con Debré en 1996.

"No era normal que ETA no se despidiese del Gobierno de Aznar"

P. ¿Qué papel juega ETA en todo esto?

R. En mi aportación personal, no era lógico, no era normal, que ETA, que le habían metido en la cárcel la Mesa de Batasuna, que le habían cerrado el periódico Egin, que le habían ilegalizado Herri Batasuna no se despidiese del Gobierno de Aznar. Conclusión: ellos conocían, porque, si no, hubiese sido imposible que no nos hubiesen despedido como ellos querían.

P. Estamos ahora en un momento político en el que se recuerda mucho el lema "No a la guerra". En el libro habla de cómo se tomó la decisión de participar en aquella cumbre de las Azores. Hoy, visto desde el 2026, la izquierda establece una causa-efecto entre aquella reunión y el atentado del 11M.

R. Eso era el comienzo de cómo una mentira sustituye al crimen determinante de ETA. España ha vivido la asociación entre un crimen del pasado reciente, implacable y determinante, y muchos temas. Se asocia con la mentira de Sánchez y Zapatero, o de Zapatero y Sánchez. Hay una asociación. El “no a la guerra” fue una mentira, fue simplemente la manera de que perdiese el Gobierno del PP las elecciones. Hoy es otra mentira, es otra hipocresía, es la manera de no perder el Gobierno. Pero los dos gritos son lo mismo. La primera mentira cuajó, tanto que el PP perdió las elecciones. Hoy yo creo que todos somos más inteligentes y ya no nos vamos a dejar engañar por el “no a la guerra” de hoy, otra hipocresía para mantenerse en el poder, para que los escándalos escondan la auténtica realidad de este Gobierno.

placeholder Jaime Mayor Oreja: 'ETA es presente, no es pasado'. (D. G.)
Jaime Mayor Oreja: 'ETA es presente, no es pasado'. (D. G.)

P. Usted define aquella movilización de 2003 como “brutal, agresiva y desproporcionada”. Para que vuelva a prender hay una diferencia sustancial: hoy gobierna la izquierda y en aquel momento gobernaba la derecha.

R. Claro, pero todo eso hay que entenderlo en su origen: la izquierda española cambia en 2000 con la mayoría absoluta del PP. A mí me llama el secretario general del Partido Socialista el día de las elecciones para anunciarme que me va a presentar una querella criminal porque al 4% (de escrutinio) estoy dando los resultados que estoy dando. Pero es que luego viene el Prestige, el petrolero que provocó una gran movilización de la izquierda, luego llegó la guerra de Irak y luego la hecatombe del 11-M. Todo era una movilización de la izquierda, era la manera de alcanzar el poder que vieron perdido cuando tuvimos mayoría absoluta y cuando estuvieron a punto de ver que había un Gobierno PP-PSOE en el País Vasco. Hubiese sido ya definitivo, hubiese sido el final de una hegemonía de la izquierda de España.

P. Esa fue una gran ocasión perdida para el constitucionalismo.

R. La fecha del 13 de mayo del 2001 está en esas tristezas que yo he tenido, pero es verdad que no había suficiente, el constitucionalismo no tenía la oferta política suficiente y había un nacionalismo unido a una izquierda. Hay que pensar que ETA ya había abrazado al PNV en Estella en el año 98, todos los votos del mundo de ETA se fueron a ayudar al PNV, al lehendakari Ibarretxe, de la misma manera que hoy ETA va a reemplazar al PNV. Es decir, ETA ayudó al PNV en el poder en aquella fecha del 2004 y ETA va a ser implacable con el PNV.

P. Para usted ETA es sinónimo de Bildu.

R. ETA es presente, no es pasado. Hoy Bildu no existe, Herri Batasuna no ha existido nunca, lo único que existe es ETA. No son herederos de ETA, son ETA, lo que pasa es que no solo es una organización terrorista, es un proyecto político, social y cultural que va a sustituir al PNV en poco tiempo en el Gobierno Vasco y en Navarra.

P. Cuando usted escucha a los portavoces de Bildu en el Congreso y, sobre todo, cuando el presidente del Gobierno se dirige a ellos, ¿qué piensa?

R. Pues que se ha asociado la mentira del presente con el crimen del pasado reciente. Es el abrazo de ETA al PNV y el abrazo del PNV a ETA, cuando vio que aquel espíritu de Ermua del año 97 podía acabar no sólo con ETA, sino que podía acabar con el nacionalismo.

P. Estella fue una respuesta al espíritu de Ermua.

R. Sí, de la misma manera que lo que significó el acuerdo de ETA y Zapatero fue una respuesta a la mayoría absoluta del PP del año 2000.

P. ¿El hecho de que Bildu esté en el Parlamento es un éxito siempre y cuando ETA ya no asesine?

R. Siempre sucede. Parece que cuando el mal menor, que es la mentira, sustituye al mal mayor, que es el crimen, ya hemos ganado. Esta asociación entre el pasado reciente de ETA y el presente mentiroso de lo que tenemos va a dar el poder a ETA en el País Vasco y en Navarra. Por una razón: porque ETA es el proyecto, es el capital general del proyecto de ruptura, no tiene rival. En la ruptura solo hay ETA, ETA es el odio a la reforma, a la primera Transición, a la única Transición. Por eso, el PNV se equivocó cuando se abrazó a ETA en el año 98 y le dio el poder. Y se lo dio porque los procesos de paz siempre son lo mismo: paz para la sociedad, poder para los terroristas. Y se equivocó el PSOE, evidentemente, cuando pactó un proceso con ETA en el año 2004. Hoy ETA va a gobernar en el País Vasco.

"La lógica de Aznar era muy clara: él estaba llevando a la izquierda española una situación en la que le odiaban"

P. Una última pregunta sobre esa etapa. Usted cuenta con detalle cómo fue el proceso de sucesión de José María Aznar y cómo les comentó a usted, al señor Rajoy y al señor Rato, que se había decantado por Rajoy porque él estaba pareciendo antipático a la sociedad, y que necesitaba un perfil como el de Rajoy. Visto con el tiempo, ¿cree que acertó el señor Aznar?

R. Bueno, yo creo que al final, probablemente el que tenía más razón en aquella etapa fue Álvarez Cascos cuando dijo que José María Aznar no debería irse en aquel momento. Únicamente acertó no escogiéndome a mí, pero en las demás hipótesis del trabajo yo creo que era muy complicado. La manera en que lo hicimos era la única que se le ocurrió a Aznar, pero el problema es que eso hay que hacerlo probablemente de otra manera. Pero no lo digo porque hubiera mejores candidatos que Rajoy, sino simplemente porque se tenía que haber hecho de otra manera. Dicho lo cual, también se tenía que haber hecho en algunos casos la Transición de otra manera, también se tuvo que pactar con los nacionalistas de otra manera. Es muy fácil a toro pasado. La lógica de Aznar era muy clara: él estaba llevando a la izquierda española una situación en la que le odiaban. Y él pensó que yo, que tenía unas características similares en cuanto a posiciones de fortaleza, pues que iba a continuar y que había que hacer un cambio de tercio. Y el cambio de tercio era Mariano Rajoy. Tenía su lógica, ¿no? Al final, el problema es que no se ha querido ver en el PP nuevo lo que tenía delante: un proyecto de las izquierdas que arrancó en 2001. No gobierna Sánchez, gobierna un proyecto de las izquierdas. Y eso no se quiso ver, era incómodo, era mejor mirar para otro lado. El proceso que habían empezado Zapatero y ETA al final culminó con el Gobierno actual desde el año 2018.

P. Por cierto, ¿qué opina de la situación en la que se encuentra Zapatero?

R. Zapatero es la peor expresión, una expresión letal, para el futuro de España.

"Nosotros hicimos acercamientos de presos, pero fueron dentro de una política penitenciaria. No fue el fruto de una negociación"

P. Otro argumento que utiliza la izquierda contra usted y para justificar la normalización de Bildu es el acercamiento de presos durante su etapa como ministro del Interior.

R. Yo hice acercamientos de presos, pero nunca como una negociación con ETA. Cuando hay negociación con ETA, siempre hay una prueba del nueve: ¿ha habido tregua o no? Nosotros hicimos unas aproximaciones de una manera un poco traumática, porque yo me opuse a algunas voces que había dentro del propio partido, pero la tregua había sido pactada ante el PNV y ETA, el pacto de Estella. En Cataluña habían pactado con ERC una tregua para Cataluña, que es la única que no han roto nunca. Definitivamente, Zapatero pacta con ETA un proceso que es el que lleva al 2011 a la escenificación del final de ETA. Nosotros hicimos acercamientos, pero fueron acercamientos dentro de una política penitenciaria. Podrían ser más o menos acertados, pero no fue el fruto de una negociación. Lo importante es el contexto. Hacer siete acercamientos más o siete menos es lo de menos. Y yo precisamente no fui el más fácil en favorecer los acercamientos. Tuve que emplearme también porque había gente de mi partido, no relevantes, que querían hacer el proceso de paz que hizo luego Zapatero haciendo una aproximación de 500 presos. Hubo tentaciones en algunos para hacer el proceso, yo dije que no y Aznar tampoco dijo que sí. Dijo que no también. Por una razón, porque a mí el proceso de paz me lo había enseñado y solicitado el año 97 el experto en resolución de conflictos, el señor Mitchell. Y yo le dije: “Al final, ¿me encuentro con España o me encuentro con la autodeterminación de los pueblos de España?” Y me contestó “eso no tiene respuesta, solo se encuentra con la paz”. Y le dije: “Ha sido un placer haberle escuchado, pero yo no me voy a atrever”. Eso es algo a lo que se atrevió luego Rodríguez Zapatero, y Alfredo Pérez Rubalcaba y Felipe González, que son los que de alguna manera creen que hay que hacer la segunda transición.

P. Viajemos al presente. Todas las encuestas dibujan un escenario en el que PP y Vox se sitúan en los 200 diputados. ¿Cómo interpreta usted esa reacción social al proyecto de Pedro Sánchez?

R. Año 1982. Manuel Fraga, líder de Alianza Popular, nos pide a UCD y AP una mayoría natural. No era verdad, no había una mayoría natural. La mayoría natural era Felipe González, con 202 diputados. Pero tenía razón Fraga, tenían que haberse entendido esos dos partidos. Hoy sí, hoy hay una mayoría natural. La que pedía Fraga en el año 82 existe en 2026, como han demostrado extremeños, aragoneses, castellanos y los andaluces. Entonces hay una mayoría natural. Te gustará más o menos un partido o el otro, pero hay una mayoría natural que tendrá que gobernar España.

placeholder Mayor Oreja: 'Yo hice acercamientos de presos, pero nunca como una negociación con ETA'. (D. G.)
Mayor Oreja: 'Yo hice acercamientos de presos, pero nunca como una negociación con ETA'. (D. G.)

P. Con esa mayoría natural asistimos a un debate que parece irresoluble entre el PP y Vox. Usted le mandó el año pasado a Santiago Abascal y a Alberto Núñez Feijóo un documento con un programa de mínimos para presentarse a las elecciones de manera que el votante encuentre una solución y los partidos también. ¿Qué fue de aquella propuesta y cuál cree usted que es la solución para que tras las elecciones generales se forme un Gobierno alternativo?

R. No se va a poder pactar con ningún partido que haya estado en el frente popular en estos años. El pacto con el PNV es imposible, el pacto con el PSOE es imposible. Antes tendrá que deshacerse ese frente, y de la explosión del mismo podrás empezar a pensar qué se puede pactar con algunas de sus piezas; pero mientras existe el frente, no hay absolutamente nada que hacer. Entonces, solo hay una posibilidad: que gobierne la mayoría natural de hoy. Eso exige que las siglas son lo de menos. Hay que hacer una suma de siglas, de fundaciones, de estructuras para que diseñen una alternativa político-cultural. Y para ello hace falta que los partidos entiendan es que en el País Vasco y en Cataluña es donde se va a refugiar el frente popular cuando pierda las elecciones, porque el frente popular, aunque pierda el poder, no se va a retirar. Se va a mantener en el País Vasco, se va a mantener en Cataluña y en Navarra. Y allí desde el grito “no pasarán” van a hacer la contra a lo que dirán que es la ultraderecha, sea cual sea la modalidad que escoja el PP: con Vox, sin Vox… habrá llegado a la ultraderecha. Y entonces buscarán un acuerdo Cataluña, País Vasco y Navarra a nivel de comunidades, no de partidos, para hacer frente al riesgo extremo de la ultraderecha en España. Si eso es así, esto es un proyecto que exige mucha cohesión, que hoy no tienen los dos partidos. El PP y Vox están en competencia. Vox sueña con hacer el sorpaso al PP, esperando que algún resultado le dé la esperanza de sobrepasarle. Y el PP sueña con la equivocación o la marginación de Vox. Entonces, al final, eso no va a cambiar, pero tampoco van a cambiar los españoles las dos derechas que quieren: una derecha más institucional, la otra más gritona, más reactiva; una otra más relativista y la otra más de principios. Esas dos derechas se van a mantener. Hay que hacer de la necesidad virtud, se tendrán que entender.

P. ¿Cree usted que hay una opción de que después de Sánchez el Partido Socialista vuelva a posiciones socialdemócratas?

R. Hoy no. El Partido Socialista tiene que romper el frente, tiene que romper la asociación con ETA y con Esquerra. El día que rompa, el día que los socialistas de Aragón, de Albacete, incluso de Andalucía se pregunten qué es eso de que estemos en manos de la Esquerra Republicana de Cataluña y haya una rebelión, es evidente que se romperá el frente popular. Pero hoy no se va a romper, ni siquiera cuando pierdan las elecciones generales, se van a mantener. Por eso hace falta la derecha, que no se haga lo de siempre en nuestros espacios políticos, en la derecha económica y social, donde la comodidad prevalece sobre la verdad. Y la izquierda es el odio, es el rencor, la revancha, lo que permanece sobre la verdad. Pero los proyectos sobre la vendetta son más duros, son más prolongados, que los de la derecha, que se fundamentan en la comodidad.

"Hace falta que hablen los dos líderes, no los equipos. Los dos líderes tienen que demostrar liderazgo"

P. ¿Cuál debe ser la prioridad de un eventual Gobierno de la derecha para revertir la herencia de Pedro Sánchez?

R. Lo primero que hay que hacer es tener claro un proyecto de reversión, hay que revertir. Y esto empieza con el odio entre españoles: la Ley de Memoria Histórica y la Ley de Memoria Democrática deberían durar horas en ese Gobierno. Luego es evidente que hay que fortalecer la nación: la financiación prevista para Cataluña tiene que durar 24 horas. Y luego hay que hacer un orden de prioridades sobre qué hay que revertir, porque no nos ha gobernado una coalición, nos ha gobernado un proceso que ha sustituido al crimen y que hace de la ingeniería social el elemento esencial que ha reemplazado al crimen. ETA ha determinado tantas cosas en España mientras mataba, que la mentira es muy potente para que pueda reemplazar a ETA en la vanguardia de este proyecto. Entonces, tiene que ser un proyecto político cultural. Y por eso es tan urgente, porque esas cosas no se improvisan. En dos semanas no puede haber una cohesión para hacer un proyecto de estas características. Hace falta tiempo, y hace falta que hablen los dos líderes, no los equipos. Los dos líderes tienen que demostrar liderazgo, tienen que entender que tenemos en España un proyecto, un proceso, un frente popular, que está puesto en marcha en 2001, que es un proyecto poderoso.

Jaime Mayor Oreja (San Sebastián, 1951) no fue designado sucesor por José María Aznar porque representaba un perfil demasiado continuista y el entonces presidente del Gobierno entendió que hacía falta un líder más moderado, menos duro. Años después, acabó dejando el PP sin hacer ruido. Desde entonces lleva advirtiendo contra lo mismo: la conformación de un proceso rupturista como respuesta a la mayoría absoluta del PP del año 2000. Él fue el primero en señalar que la izquierda española se encaminaba a lo que años después Alfredo Pérez Rubalcaba bautizó como el Gobierno Frankenstein. Veinticinco años después de su etapa como ministro del Interior, Mayor Oreja publica "Una verdad incómoda" (La Esfera), un relato en primera persona plagado de anécdotas y de reflexiones sobre su experiencia a lo largo de 50 años en la política vasca, española y europea. Un testimonio en el que no habla mal de nadie y deja en el lector la responsabilidad de interpretar los hechos. No se calla nada, o casi nada.

Vox Partido Popular (PP) ETA (banda terrorista) José Luis Rodríguez Zapatero
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