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La aparición de Feijóo en Castilla y León y una petición de ayuda generalizada
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La aparición de Feijóo en Castilla y León y una petición de ayuda generalizada

Los expertos electorales han reducido la importancia nacional de las elecciones del próximo domingo: no esperan sorpresas. Sin embargo, se han manifestado tendencias relevantes

Foto: Santiago Abascal en Treviño (Burgos). (Santi Otero/Efe)
Santiago Abascal en Treviño (Burgos). (Santi Otero/Efe)
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El interés por las elecciones de Castilla y León ha ido disminuyendo, fuera de la región, conforme avanzaba la campaña y los expertos electorales vaticinaban que no habría grandes sorpresas. En el fragor de los mítines se pudo oír a Carlos Martínez, el candidato socialista, augurar un empate técnico entre PSOE y PP y a Fernández Mañueco afirmar que su partido gobernará, aunque sea en minoría; se escuchó la energía de Vox y el incesante rumor de Unión del Pueblo Leonés. La foto final, la del domingo, confirmará si las previsiones conservadoras (“en realidad, no cambiará nada”) se hacen realidad. Sin embargo, durante la campaña sí se han dejado sentir algunas tendencias que tendrán continuación en los próximos meses.

La aparición de Feijóo

Para el PP, los resultados que las encuestas pronostican semanas antes de las elecciones suelen ser mejores que los que obtiene las noches electorales. La inercia a la baja en las campañas es una constante de los últimos tiempos populares. Ocurrió el 23-J, pero también en Extremadura, donde se convocó porque los números sugerían mayoría absoluta, y en Aragón. Las filas populares han transmitido la suficiente inquietud durante estas semanas como para pensar que no esperan resultados esplendorosos. Mañueco ha afirmado que bastaría con “un voto más, un escaño más” que en 2022. Los populares partían con un extra respecto de aquella convocatoria. A pesar de que Vox estuvo en su récord, Ciudadanos consiguió, en su declive, un 4,5%. Al menos, la mitad regresará al PP, con lo que Mañueco contaba con dos puntos adicionales. Sin embargo, el PP de CyL ha querido manejarse con prudencia y ha reducido expectativas. Es más fácil no defraudar así: mejorar sus números, aunque fuera por un solo voto, será considerado un éxito.

El PP no quería dejarse comer el terreno por un Abascal muy activo. Feijóo ha confrontado directamente con Vox

La campaña se ha formulado en términos nacionales porque el desgaste del gobierno autonómico por los incendios del pasado verano y por las dificultades en los servicios públicos, impedían a PP sacar pecho local, como hizo Azcón, y porque en lo internacional no está fuertes. La elección lógica era la de seguir confrontando con el sanchismo, que en tierras como Castilla y León suscita mucha animadversión. La novedad no ha sido el marco de la campaña, sino la presencia de Feijóo, que ha visitado el terreno con mucha mayor frecuencia que en anteriores elecciones. El líder popular no goza de una gran aceptación entre sus votantes, como señalan las encuestas del CIS, por lo que no se trataba tanto de jugar una baza con mucho tirón electoral como de no dejarse comer el terreno por un Abascal muy activo. Feijóo ha confrontado directamente con Vox. El PP tenía un doble objetivo en estas elecciones: conseguir que los socialistas siguieran rodando por la pendiente y frenar a Vox; los de Abascal buscaban ganar voto y poner al PP en su sitio. En este sentido, la campaña de CyL anticipa los próximos meses en la derecha.

Un elemento cualitativo

Al contrario que en las anteriores elecciones de este ciclo autonómico, el PSOE ha llegado al final de campaña con el ánimo arriba. Su candidato no cesa de repetir las buenas vibraciones que siente. Zapatero ha estado presente en el final de campaña, Sánchez ha visitado lo justo la comunidad autónoma. Si el PP ha jugado la baza nacional, los socialistas han optado por lo contrario y han priorizado lo local y lo internacional: críticas a Mañueco y oferta de cambio por un lado, y recordatorio de las guerras por otro.

La mayoría de los expertos señala que los conflictos internacionales y el papel exterior que está jugando Sánchez carecen de relevancia en estas elecciones y que, por tanto, que no influirán en absoluto el próximo domingo. Sin embargo, sí han sido útiles para la campaña socialista.

El papel internacional de Sánchez ha animado a los cuadros y simpatizantes socialistas en la campaña

El PSOE, como la izquierda en general, lleva tiempo manejándose con una oferta electoral que pone énfasis en combatir a la extrema derecha, a los bulos y a la tentación reaccionaria que latiría en un gobierno PP-Vox. Esta apuesta no le ha sido suficiente en las últimas convocatorias: el temor a la extrema derecha parece desgastado, también por una utilización excesiva. Con la guerra, sin embargo, se abre un nuevo escenario que, si bien no se aleja del marco anterior, le añade un elemento cualitativo, el papel internacional que está jugando Sánchez y su oposición a Trump. El tipo de emoción que se vertebra con este añadido es distinta, cualitativamente superior. Se nota en tres planos: anima a los cuadros y simpatizantes socialistas, ya que les permite fijar un discurso diferente; moviliza a los votantes de izquierda (en una comunidad donde, en ese espectro, los socialistas son mayoritarios); y genera un clima combativo en su espectro político. Unas elecciones autonómicas en una Castilla y León conservadora no es el lugar donde mayor potencia tiene la posición internacional de Sánchez, pero incluso en ella puede aportar un plus el día de las elecciones.

La protección

La campaña de Vox ha sido prácticamente la misma que en Extremadura y Aragón: un programa que con pocos puntos y claros, la promesa de un cambio respecto del bipartidismo y el recorrido de pequeñas y medianas localidades por parte de Abascal. Hay cierta efervescencia alrededor de Vox, y sus dirigentes están aprovechando la ola. Sin embargo, el factor que puede ser determinante en su crecimiento, va más allá de la inmigración, el pacto verde, la defensa de la agricultura y ganadería. En los paseos de Abascal por las calles de esas ciudades a menudo en declive, la petición más frecuente que se le formula es “ayúdanos”. Puede ser enunciada de distintas maneras, pero la esencia es la misma: hay una demanda de respaldo y apoyo, de posibilidades de futuro y de esperanza para el presente. El entorno político que comprenda este humor y dé respuesta a él contará con opciones significativas de crecimiento. Es el humor de la época. Vox está rozando esa tecla, pero que por saber si acaba de pulsarla.

Vox y UPL son dos respuestas diferentes a una misma demanda, que es dominante en Castilla y León

El otro partido que está muy activo en ese sentido es Unión del Pueblo Leonés, que ha cobrando mucha fuerza en su provincia porque ofrece una vía de salida territorial a esa clase de problemas. La autonomía de León, la posibilidad de gobernarse por sí mismos, y la oferta de políticas más centradas en las dificultades de los leoneses incluye la idea de que ese declive se puede revertir. Vox y UPL son dos respuestas diferentes a una misma necesidad, que es dominante en CyL.

Las tres tendencias de la política nacional

Se están dando por descontadas las elecciones de CyL: ganará el PP, el PSOE caerá, pero no como en otras comunidades, Vox seguirá subiendo, los partidos locales ganarán terreno y nada cambiará en el escenario nacional. La parada importante en ese trayecto es, en realidad, Andalucía. Convendría olvidar que unas elecciones son importantes con independencia o no de que tengan incidencia en lo nacional. Pero, en otro sentido, también ofrecen algunas lecciones en ese plano, porque reflejan tendencias importantes que se repetirán los próximos meses. En primer lugar, subrayan cómo las difíciles relaciones entre PP y Vox, con su guerra incesante y sus acuerdos ocasionales, están tomando el primer plano político; el final del camino es el acuerdo o la separación respecto de un futuro gobierno español. En segundo, señalan la cada vez mayor relevancia de lo internacional en la política española, el papel que puede jugar Sánchez como líder progresista y la absorción de la gran mayoría del espacio de la izquierda por el PSOE. Y por último y como factor disruptor, aparece la demanda de estabilidad y de futuro por parte de electorados que se sienten olvidados o ignorados.

El interés por las elecciones de Castilla y León ha ido disminuyendo, fuera de la región, conforme avanzaba la campaña y los expertos electorales vaticinaban que no habría grandes sorpresas. En el fragor de los mítines se pudo oír a Carlos Martínez, el candidato socialista, augurar un empate técnico entre PSOE y PP y a Fernández Mañueco afirmar que su partido gobernará, aunque sea en minoría; se escuchó la energía de Vox y el incesante rumor de Unión del Pueblo Leonés. La foto final, la del domingo, confirmará si las previsiones conservadoras (“en realidad, no cambiará nada”) se hacen realidad. Sin embargo, durante la campaña sí se han dejado sentir algunas tendencias que tendrán continuación en los próximos meses.

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