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El doble reto del PP en CyL: mantener las distancias con el PSOE y topar a un Vox "muy fuerte"
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TERCERA CITA ELECTORAL

El doble reto del PP en CyL: mantener las distancias con el PSOE y topar a un Vox "muy fuerte"

Mañueco afronta un reparto de escaños más ajustado si el PSOE finalmente aguanta y Vox logra escalar al 20%. Génova minimiza el efecto del 'No a la guerra' en la movilización del voto socialista

Foto: Alberto Núñez Feijóo junto a Alfonso Fernández Mañueco (EFE / Raúl Sanchidrián)
Alberto Núñez Feijóo junto a Alfonso Fernández Mañueco (EFE / Raúl Sanchidrián)
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El Partido Popular gobierna en Castilla y León desde 1987. Aunque desde hace dos legislaturas se ha visto obligado a hacerlo en compañía, primero de Ciudadanos y después de Vox, no hay un caso de periplo político continuado más largo en ninguna otra comunidad autónoma. El PSOE se quedó en los 37 años en Andalucía, hasta que Juanma Moreno quebró la racha de la izquierda en 2019. También Patxi López rompió la hegemonía del PNV en Euskadi en 2009. Y ni siquiera el PP gallego ha sido capaz de igualar esa gesta.

Salvo sorpresa, Alfonso Fernández Mañueco logrará preservar este domingo la hegemonía conservadora en la comunidad más dispersa de España. Pero hay factores que inquietan a los conservadores, en las horas previas a que se abran los colegios electorales. A diferencia de Extremadura y Aragón, y a tenor de los últimos trackings, entre las tres primeras fuerzas habrá un margen más estrecho. La división del voto en nueve provincias y la "ajustada" batalla por el último escaño en varias circunscripciones amplía, además las horquillas que manejan las principales fuerzas políticas e impide hacer un pronóstico del todo fiable sobre el resultado.

Feijóo puso el broche a una campaña sin sobresaltos, toda una novedad si se tienen en cuenta los "errores", admitidos dentro del propio partido, que marcaron los pasos previos de María Guardiola y Jorge Azcón. El estallido de la guerra en Irán y las consecuencias económicas dejaron las elecciones de Castilla y León en un segundo e incluso tercer plano. En el PP minimizan el impacto del 'No a la guerra' de Sánchez, pero desde el principio de la campaña sí se ha mirado con ciertos recelos los síntomas de resistencia que parecía mostrar el PSOE, en comparación con el hundimiento sin paliativos de la marca en las dos últimas citas con las urnas.

La prudente aspiración de Mañueco pasa por mejorar al menos un escaño —parte de 31—, aunque en el partido se contentan con no perder peso. Los más optimistas ven viable pelear por el último diputado en Valladolid, Burgos y Salamanca, precisamente las tres ciudades en que el presidente en funciones de la Junta se desplegó este viernes. Pero, en el PPCyL consideran prioritario también mantener las distancias con los socialistas y ampliar el margen de 2022 —sólo hubo unos 16.000 votos de diferencia— para anular la posible lectura nacional de que el PSOE puede sobreponerse a los escándalos y al desgaste.

Para el PSOE, el del 15-M es, efectivamente, un examen importante tras los sonoros fracasos en Extremadura y Aragón. Las siglas socialistas reflejan signos evidentes de agotamiento con caídas en el porcentaje de apoyo y una notable pérdida de diputados. Castilla y León supone la primera ocasión para comprobar si el daño es estructural o el resultado varía en función del territorio y de las circunstancias. Resistir les permitiría conjurar las lecturas catastrofistas sobre las elecciones andaluzas y las próximas generales.

De entrada, no parece que uno de los feudos históricos del PP pueda ser el mejor campo de pruebas. Y, sin embargo, los socialistas esperan este domingo aguantar mucho mejor que en las dos últimas autonómicas. En 2022 obtuvieron un 30,05% de apoyo y la previsión es bajar de esa marca, pero sin que se amplíe mucho la distancia con Mañueco que, según sus datos, también verá mermar su respaldo.

El PSOE cuenta con dos posibles elementos a su favor. Una, la opción de ser primera fuerza en León, Valladolid, Burgos y Soria. Y dos, una subida de Vox, que puede escalar por encima del 20% a costa de restar votos al PP. El reparto final de los 82 procuradores en juego está muy abierto, pero los socialistas piensan que se verán favorecidos por la debilidad del barón popular en su lucha fratricida con la formación de Santiago Abascal.

A pesar de que su candidato, el alcalde de Soria, Carlos Martínez, hace solo un año era un desconocido, la impresión interna es que ha cuajado por ser, precisamente, una persona muy del territorio. La coyuntura les resulta, además, un poco más favorable. A diferencia de lo que opinan en el cuartel general del PP, la sensación entre los socialistas es que el marco antibelicista resucitado por Sánchez tras la intervención militar de EEUU e Israel en Irán puede contribuir a la movilización. Hoy mismo se han producido manifestaciones por todo el país.

En la dirección del PP desmienten de forma categórica la tesis "ficticia" que ha sobrevolado en los últimos días de que el PSOE pueda pelear por disputarle a Mañueco la victoria con un posible empate técnico, que fuentes territoriales del PP consultadas por El Confidencial sí temían en los últimos días, aunque siempre a nivel porcentual y no en número de escaños. Dan por seguro en Génova que los socialistas perderán fuelle, que "del mismo modo que Gallardo empeoró a Vara y Alegría empeoró a Lambán, Martínez va a empeorar a Luis Tudanca". Pero no se mojan con cálculos concretos.

En lo que sí coinciden con el análisis de los socialistas es en que las opciones de que Mañueco se despegue o no de Martínez dependerá en gran medida de la marca con la que Vox acabe la noche. En los últimos días, Génova ha agitado también la tesis de que el partido de Santiago Abascal "ha bajado bastante" durante la campaña y que incluso se podría quedar a las puertas de romper la barrera psicológica del 20% del voto. Otras fuentes del PP instan a no dar esa batalla por ganada y recuerdan que en las dos últimas citas con las urnas las encuestas también subestimaron la potencia de la ultraderecha.

A la espera del resultado final, el diagnóstico compartido es que "Vox está muy fuerte". Sin obviar su mejor entrada entre el público joven, la principal ventaja de Vox reside en la capacidad de capitalizar parte del voto rural, el de agricultores y ganaderos que no olvidan la afrenta del acuerdo de Mercosur en el que el PP tiene una posición ambigua. "Es nuestro punto débil", se lamentan en el PP de Castilla y León. "En los pueblos están arrasando", aporta otro dirigente, que teme también que Vox escale a segunda o incluso primera fuerza en algunos municipios de la región con más pueblos de España.

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Ese es el motivo por el que tanto Feijóo como Mañueco han apretado a todos sus alcaldes y cargos municipales a lo largo de las últimas semanas para que echasen el resto, como si fueran ellos los que se jugasen el tipo. También apelaron en las últimas horas de campaña a que "nadie se confíe", conscientes de que la movilización de este domingo será fundamental para evitar que los de Abascal les coma más terreno y finalicen la noche, de nuevo, con un amargo sabor de boca. PP y Vox han repetido el patrón de las dos últimas campañas y han protagonizado un choque frontal especialmente descarnado entre sus líderes nacionales. Pero el día 16 ambos tendrán que deponer las armas y regresar a la mesa de negociación.

El Partido Popular gobierna en Castilla y León desde 1987. Aunque desde hace dos legislaturas se ha visto obligado a hacerlo en compañía, primero de Ciudadanos y después de Vox, no hay un caso de periplo político continuado más largo en ninguna otra comunidad autónoma. El PSOE se quedó en los 37 años en Andalucía, hasta que Juanma Moreno quebró la racha de la izquierda en 2019. También Patxi López rompió la hegemonía del PNV en Euskadi en 2009. Y ni siquiera el PP gallego ha sido capaz de igualar esa gesta.

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