La España que 'hodia' a Sarah Santaolalla, la víctima en la cumbre de Pedro Sánchez
Para los radicales, nunca es el qué, sino el quién... y los extremistas no solo moran en la derecha. También los hay en el Consejo de Ministros y en las cumbres contra el odio
La periodista Sarah Santaolalla, estrella de la primera Cumbre contra el Odio. (Europa Press/Fernando Sánchez)
El ruido es la mejor variable para medir el grado de desarrollo de un país. Un lugar sin calma nunca permite descansar bien ni cocinar las ideas, así que tarde o temprano se entrega a la estupidez. ¿Tan mal se encuentra España? Basta con mirar hacia ese plató de televisión en el que Sarah Santaolalla comenzó a discutir, a gritos, con Antonio Naranjo el pasado lunes. Ella se indignó después de que Naranjo sugiriera que se había inventado una agresión, de la que culpa a Vito Quiles, al que quiere empurar.
Naranjo recriminó a Sarah su actitud victimista y ella sintió que los responsables de ese programa le habían preparado una encerrona, así que decidió romper su contrato de colaboración. Su dramatización rozó lo obsceno. Fue un truco, una trampa. Aun así, le valió muchos apoyos dentro de la izquierda nacional, especialmente permeable a quienes se consideran víctimas de algo que se asocia al rival político, al que se considera echado al monte e incorregible.
Santaolalla reaparecía hace unas horas para reivindicarse como la Juana de Arco de la España contemporánea. Lo hacía en el segundo acto gubernamental al que había sido invitada en los últimos días: una Cumbre contra el Odio, celebrada en Madrid. Sarah aprovechó la ocasión para criticar a los tertulianos "cobardes" -dice- que, a la vista de que el próximo Gobierno será de ultraderecha, evitan pronunciarse sobre determinados temas por miedo a ser vetados en el futuro. “Hay sillas que se mantienen 'en base a' trabajo o rigor. Y hay sillas que no merecen la pena".
Hay alguien en Moncloa que ha desarrollado una fe ciega en Santaolalla. La considera un personaje beneficioso para sus intereses y ha decidido elevarla a la categoría de 'princesa del pueblo'; de mártir y heroína al mismo tiempo. En realidad, es una víctima de su tiempo, de esta época absurda y esperpéntica, en la que los 50 son los nuevos 40 y los 27 —los suyos—, los nuevos 17, lo que explica que, al filo de los 30, se haya prestado a ejercer ese papel, que es el de histrión que todos, poco a poco, verán cómo se descompone hasta convertirse en un muñeco roto. Muñeca, cada vez más consciente de eso.
Hoy, el presidente @sanchezcastejon ha anunciado en el #ForoContraElOdio el lanzamiento de 'Hodio', una herramienta pionera para medir y monitorizar sistemáticamente el impacto de estos discursos en las redes sociales.
El miércoles la invitaron a hablar sobre el odio. ¿Y qué es el odio? Un componente ineludible e incluso sano, pero cuando el Gobierno y sus 'medios alineados' pronuncian esa palabra, no se refieren exactamente a ella, sino a todo lo que consideran pecaminoso. Por eso, la cumbre organizada por Pedro Sánchez tenía una clara y única vocación: la pastoral. Buscaba advertir contra 'el mal', que es todo aquello que disiente de su catecismo con cierta intensidad. Por ejemplo, los "tecno-oligarcas", a los que volvió a mencionar Sánchez.
Es posible que haya más odio en la red social de Elon Musk que en la TDT, pero el Gobierno nunca reconocerá que Radiotelevisión Española se ha convertido en uno de los principales focos de polarización. De hecho, mientras se desarrollaba el cónclave de Moncloa contra la maldad, una colaboradora de Javier Ruiz, llamada Laura Arroyo, se refería a José María Aznar como “criminal de guerra”.
11 millones de idiotas
La propia Santaolalla llegó a sugerir, en ese programa, que los 11 millones de votantes del PP y de Vox eran idiotas. Y en la red social de Musk calificó de “bulos” los testimonios que relataban las agresiones que sufrieron algunas personas durante una visita de Vito Quiles a Navarra. Entre las afectadas estaba un periodista.
Unos chavales celebran que los fascistas no lleguen a las aulas universitarias y el líder de la oposición se posiciona del lado de los fascistas mediante bulos. Colóquese bien las gafas y céntrese señor Feijóo https://t.co/UkW5b5fp5F
Moncloa no tilda esas manifestaciones de 'odio', como tampoco que Ione Belarra defina como “despreciable” al dueño de Mercadona o que Óscar Puente se dedique a señalar a opositores y medios de comunicación en sus redes sociales, mientras el propio presidente etiqueta de 'pseudo-medios' y 'pseudo-periodistas' a estos y a aquellos.
¿Acaso ese discurso no es denigrante? Digamos que, en el caso que nos ocupa, hay situaciones que se consideran excepcionales. Podría decirse que, cuando la derecha desprecia e insulta, es porque odia, mientras que cuando lo hace la izquierda, es porque pretende describir la realidad sin recurrir a eufemismos ni acobardarse.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene en la inauguración de la primera Cumbre Internacional contra el Odio. (EFE/Chema Moya)
Así que la cumbre del miércoles no era por la concordia, sino contra 'el mal', que siempre son los otros, sobre los que se va a estrechar el cerco mediante una nueva herramienta para "monitorear" las redes sociales, llamada 'HODIO'. Otro invento siniestro que abrirá la puerta a actitudes censoras -o autocensoras- y que pondrá más el foco en X que en las mesas de Mañaneros y Malas Lenguas, donde nadie odia. Ahí resulta inconcebible.
Este tipo de acciones serían un poco impopulares hace unos años, cuando la parte más a la izquierda del Gobierno estaba en la oposición -o en gestación- y rechazaba con buen criterio las medidas gubernamentales que limitaban la libertad de expresión, como la ley mordaza. Esos mismos aplaudieron el Plan de Acción por la Democracia -intimidatorio para la prensa- y ahora observan a Santaolalla como una víctima de aquello contra lo que hay que luchar. Sea como sea. Para los radicales, nunca es el qué, sino el quién... y los extremistas no sólo moran en la derecha. También los hay en el Consejo de Ministros y en las cumbres contra el odio.
Sobre Sarah, es una víctima más. Ella no lo sabe todavía, pero no ha medido bien sus fuerzas y todavía no ha detectado quién es su verdadero enemigo. Lo apreciará mucho mejor cuando ya no le sirva y reciba menos llamadas, menos colaboraciones y el silencio de quienes ahora la vitorean, en su lucha contra el Goliat de la extrema derecha. Habrá un día en que odie lo que ahora hace; y ese odio será bueno. Esclarecedor y motor. Por cierto, también es repugnante cada vez que la insultan.
El ruido es la mejor variable para medir el grado de desarrollo de un país. Un lugar sin calma nunca permite descansar bien ni cocinar las ideas, así que tarde o temprano se entrega a la estupidez. ¿Tan mal se encuentra España? Basta con mirar hacia ese plató de televisión en el que Sarah Santaolalla comenzó a discutir, a gritos, con Antonio Naranjo el pasado lunes. Ella se indignó después de que Naranjo sugiriera que se había inventado una agresión, de la que culpa a Vito Quiles, al que quiere empurar.