Sánchez y Feijóo cronifican su distancia en política exterior y sepultan la cita en Moncloa
Ni el Ejecutivo ni Génova tienen interés en ninguna reunión, aunque el PP insiste en que deberían ser informados. Malestar en el Gobierno por la conversación de Feijóo con Marco Rubio y sus movimientos en Bruselas
Pedro Sánchez junto a Alberto Núñez Feijóo en una imagen de archivo. (EFE/J. L.)
El diálogo entre el partido que ocupa el Gobierno y el que lidera la oposición, tan habitual en anteriores etapas de la democracia para las cuestiones de Estado, se ha convertido en un recuerdo lejano. La fuerte polarización impregna casi todo en la actual política doméstica, y los ciclos electorales ininterrumpidos no ayudan precisamente a buscar espacios para el consenso. Mucho menos en política exterior. Aunque coincidan en algunas cuestiones de fondo por los compromisos compartidos a nivel comunitario, Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo ocupan posiciones opuestas ante los nuevos desafíos para el orden geopolítico.
A punto estuvieron los dos líderes de intentar recoser la institucionalidad con una reunión en Moncloa para abordar el posible envío de tropas de paz a Ucrania. Estaba prevista para el 19 de enero. Feijóo puso como condición ser partícipe de la hoja de ruta internacional, con información sobre la inversión militar o la situación en Venezuela. Sánchez accedió. Pero el gravísimo accidente de Adamuz obligó a aplazar una cita que ni Moncloa ni Génova desean ahora retomar. La reacción al ataque unilateral de EEUU e Israel sobre Irán y la pugna abierta entre Madrid y Washington ha ampliado aún más la brecha que separa a PSOE y PP en el terreno internacional.
En el Gobierno la irritación con Feijóo ha aumentado en los últimos meses por las conversaciones que el PP ha mantenido con la CDU para que Alemania no apoye el reconocimiento del catalán en la UE y por la llamada entre el dirigente popular y el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio. Esta misma semana el jefe de la diplomacia, José Manuel Albares, apuntaba a estos dos asuntos en la Ser. "He visto que ha tenido tiempo para llamar al ministro de Asuntos Exteriores de los Estados Unidos pero no ha debido de encontrar tiempo para llamar al ministro de Asuntos Exteriores de su país, que es a quien tendría que llamar", señaló.
Esa comunicación, antes de la operación contra Teherán, no ha sentado bien en la Moncloa aunque hasta ahora se habían mantenido las formas. Pero se añade al reproche al PP por sus movimientos en Bruselas. Según Albares, Feijóo "podría llamar al canciller alemán para algo distinto de lo que le llama siempre, que es torpedear que nuestras lenguas oficiales, el catalán, el euskera y el gallego sean oficiales". Una circunstancia, dijo, que es conocida públicamente.
No hay ningún camino de retorno entre Sánchez y Feijóo, a pesar de que el PP era su objetivo principal en la ronda de contactos con los grupos parlamentarios que planteó en enero. Necesitaba comprobar si obtendría la autorización del Congreso sobre el envío a Ucrania de una misión de paz. El trámite es ineludible porque se trataría de una misión nueva. El pasado 6 de enero, la llamada Coalición de Voluntarios acordó la constitución de la Fuerza Multinacional para Ucrania, liderada fundamentalmente por Francia y Reino Unido. El presidente del Gobierno ha mostrado su disposición a que España participe y necesitaría el apoyo en la Cámara de los populares.
Las negociaciones para una paz entre Moscú y Kiev continúan y este acuerdo no es perentorio. Pero aquella cita frustrada podría haber abierto un hilo de comunicación en el plano internacional, aunque fuera por la enorme relevancia de todo lo que está sucediendo. En el equipo de Sánchez no se plantean ninguna reunión. Ni siquiera levantar el teléfono. La lógica institucional es que la iniciativa corresponde al Gobierno, pero es tan acusado el enfrentamiento, tan incómoda cualquier conversación, que en la Moncloa y en Exteriores se escudan en que también el PP puede descolgar el teléfono.
Feijóo tampoco tiene ningún interés en salir en la foto con el presidente del Gobierno. No exhibirá respaldo alguno a la postura del Ejecutivo ante el conflicto, aunque sí se quejan en Génova de que, una vez más, la Moncloa no haya tenido la cortesía de descolgar el teléfono para facilitar información después de que el inquilino de la Casa Blanca amenazase con cortar los lazos comerciales con España, tras el rechazo español a que EEUU utilizase las bases de Morón y Rota.
El PP se niega también a dar el primer paso e intentar rehacer los puentes, pese al imprevisible contexto internacional. Creen que "las cosas no funcionan así" y que la comunicación debe ser estrictamente unidireccional, de Gobierno a oposición. Atribuyen esa responsabilidad a Moncloa pero en Génova tampoco ven motivos para reagendar en este momento el encuentro presencial entre Sánchez y Feijóo. En el PP ya existían recelos por la reunión que iba a celebrarse en enero, y argumentan que el líder conservador no participará en las "cortinas de humo" con las que el jefe del Ejecutivo intenta contener sus "problemas políticos y judiciales".
El PP quiere información, pero pone distancias y opta por pasar al ataque. No olvidan que cualquier acercamiento a Sánchez será aprovechado por Vox, que sigue sin encontrar su techo electoral. El hecho de que el presidente el Gobierno intente situar a Feijóo como heredero del PP que promovió la invasión de Irak como vía para movilizar al electorado de izquierdas encendió definitivamente la mecha y el líder popular se lanzó al cuello. Acusó al líder socialista de "romper los fundamentos de la política de Estado" y de "mentir" con un 'no a la guerra' impostado que choca, por ejemplo, con el envío simultáneo de la fragata 'Cristóbal Colón' a Chipre.
Feijóo deslizó esta semana un apoyo velado a la marcha del navío "en lógico cumplimiento con los compromisos de la OTAN" pero, de nuevo, evita un espaldarazo público al Gobierno y pasa a combatir su discurso pacifista. El PP acusa a Sánchez de rebasar todos los límites al "poner en peligro la vida de nuestros militares" sin la anuencia del Parlamento e incumpliendo a su juicio la Ley de la Defensa Nacional. Tampoco descartan futuras "actuaciones" al respecto, desde el punto de vista político e incluso judicial. El Gobierno insiste en que la operación no necesita someterse a votación y está amparada por la legislación nacional y europea.
"El principal partido de España no puede enterarse por la televisión de que nuestra fragata más avanzada, municionada y preparada para entrar en combate zarpa a una zona de conflicto. Debe llevar este asunto a la Cámara", especificó Génova en un duro comunicado, en el que volvió a limitar la interlocución con el Ejecutivo al ámbito parlamentario. Sánchez informará al Congreso, pero no de forma inmediata, sino después de las elecciones de Castilla y León. Se enfrentará entonces a una lluvia de reproches que caerá no sólo de la bancada de la oposición, sino también, previsiblemente, de algunos de sus socios parlamentarios de izquierda.
El diálogo entre el partido que ocupa el Gobierno y el que lidera la oposición, tan habitual en anteriores etapas de la democracia para las cuestiones de Estado, se ha convertido en un recuerdo lejano. La fuerte polarización impregna casi todo en la actual política doméstica, y los ciclos electorales ininterrumpidos no ayudan precisamente a buscar espacios para el consenso. Mucho menos en política exterior. Aunque coincidan en algunas cuestiones de fondo por los compromisos compartidos a nivel comunitario, Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo ocupan posiciones opuestas ante los nuevos desafíos para el orden geopolítico.