Ferraz espera que las injerencias de Trump y Musk en España actúen como motor electoral
Ven salvada la posición de Sánchez en el profundo rechazo que el presidente estadounidense provoca en los españoles, también en los votantes del PP, y en el pacifismo social
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, se saludan en una cumbre sobre Gaza, en octubre pasado, en Sharm el-Sheik (Egipto). (Reuters/Archivo/Suzanne Plunkett)
Desde hace semanas circula en el PSOE el chascarrillo de que han contratado a Elon Musk para mejorar sus perspectivas electorales. Sus andanadas contra Pedro Sánchez, a las que después se sumó el dueño de Telegram, Pavel Durov, se perciben como un regalo inesperado que le fortalecen como líder progresista dentro y fuera de España. Si a los tecnoligarcas se añade Donald Trump, justo después de iniciar junto a Israel una guerra en Irán, sin amparo internacional, políticamente no se puede pedir más.
El presidente de izquierdas de una potencia media como España, en el punto de mira de los referentes mundiales de la ultraderecha. Los socialistas confían en que las continuas críticas del mandatario estadounidense a Sánchez funcionen en las elecciones generales como motor para sacar a su electorado de la abstención. Del miedo a Vox de 2023, al miedo a Trump en 2027. La misma idea madre, pero con un protagonista estelar.
El jefe del Ejecutivo, que ha vetado que los norteamericanos puedan usar en esta operación las bases de Rota y de Morón, ha sido objeto estos días de duras críticas por parte de Trump. El martes amenazó con cortar "todo el comercio" con España y aseguró que es "un aliado terrible" por la negativa a elevar el gasto en defensa al 5% del PIB. Este jueves volvió a la carga: "Tenemos muchos ganadores, pero España es un perdedor (...) Es muy hostil a la OTAN".
La tensión política entre los dos países se encuentra en máximos, pero Sánchez ha decidido exprimir el enorme protagonismo que le concede EEUU. Ha recuperado el "no a la guerra" que muchos españoles y, sobre todo la izquierda, corearon contra José María Aznar y su implicación en la invasión de Irak y ha respondido a Trump con más intensidad.
Tiene a su favor una doble baza. El profundo rechazo que provoca el inquilino de la Casa Blanca y el sentimiento antibelicista de la sociedad española. La encuesta de febrero del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) señala que el 76,5% de los españoles tiene una opinión “mala o muy mala” sobre Trump y que el 79,5% lo ven como un peligro para la paz mundial. Y en ese momento, todavía no había prendido la mecha del conflicto en Oriente Próximo.
El suspenso a Trump es muy transversal y alcanza también a los votantes del PP. Hasta un 61,6% lo valoran mal o muy mal y un 67,5% lo considera peligroso para el mundo. Por eso, los socialistas ven un error que Alberto Núñez Feijóo no se posicione en su contra y censure la postura de Sánchez.
El dirigente popular ya quedó expuesto con su oposición al reconocimiento de Palestina, que el presidente del Gobierno abanderó, y en Moncloa piensan que, otra vez, no ha medido bien. En esta ocasión, Feijóo está más resguardado por el apoyo inicial que Francia, Alemania y Reino Unido han dado a Trump. Pero Sánchez y el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, trabajan para que la UE endurezca su posición contra el estadounidense y han desplegado conversaciones también con los países árabes.
En la Moncloa no se ven solos en el contexto internacional y están convencidos de que en la guerra en Oriente Próximo, desatada por EEUU e Israel, les asiste la "razón". Pero, además, el Ejecutivo cree totalmente salvada su posición anti-Trump porque entiende que España es "pacifista". Como sucedió con las críticas a Benjamin Netanyahu y la defensa de la solución de los dos estados, el Gobierno se aferra a la misma visión: su planteamiento representa abrumadoramente el sentimiento de los ciudadanos.
La decisión de Sánchez de negar las bases a Trump ha abierto este debate en otros países y ha obligado a Italia a virar para instalarse en un discurso menos condescendiente con EEUU. Encumbrado por la prensa internacional como la antítesis del presidente norteamericano, su postura también entraña riesgos. Trump no puede romper la relación comercial con España porque eso supondría hacerlo con la UE pero puede poner trabas a los contratos militares o pensar en muchas otras alternativas.
Si las elecciones, como Sánchez sostiene, son en julio de 2027, los motores de la movilización pueden ser otros o no ser finalmente ninguno. Pero la carta de Trump y de Musk siempre estará en juego. Cuanto más se afanen ellos en poner el foco en Sánchez, más fácil será denunciar sus injerencias en la política nacional para el PSOE.
Desde hace semanas circula en el PSOE el chascarrillo de que han contratado a Elon Musk para mejorar sus perspectivas electorales. Sus andanadas contra Pedro Sánchez, a las que después se sumó el dueño de Telegram, Pavel Durov, se perciben como un regalo inesperado que le fortalecen como líder progresista dentro y fuera de España. Si a los tecnoligarcas se añade Donald Trump, justo después de iniciar junto a Israel una guerra en Irán, sin amparo internacional, políticamente no se puede pedir más.