Vox consuma su amenaza y tumba la investidura de Guardiola en Extremadura
El 'no' definitivo de los de Abascal aboca a la región a un bloqueo de duración incierta. Vox defiende que un pacto de gobierno "necesita tiempo" y culpa ahora a Génova de la falta de acuerdo. El PP acusa a Bambú de moverse por interés electoral
La candidata a la Presidencia de la Junta de Extremadura, María Guardiola. (Europa Press/Jorge Armestar)
Vox no había emitido señal alguna que permitiese a Feijóo soñar con cerrar este viernes el traumático episodio de la investidura de María Guardiola tras el adelanto electoral del pasado 21 de diciembre. Y el PP ha acabado confirmando ese temor. Lo que al principio se veía en las altas esferas del PP como una oportunidad para reducir la dependencia del partido de Santiago Abascal ha acabado convirtiéndose en un problema aún mayor. Guardiola ganó las elecciones con rotundidad —43% del voto— pero Vox dobló también su resultado. Las hostilidades entre las dos fuerzas ha escalado y Extremadura se abona a un bloqueo de duración incierta.
La tensión llegó a tal nivel que Génova se vio forzada a intervenir, algo que Feijóo nunca había hecho —al menos no de forma tan evidente— con sus presidentes autonómicos. El riesgo a una repetición electoral se ha diluido desde el giro de la dirección del PP, pero eso no significaba que Bambú fuera a poner las cosas fáciles. Tras votar 'no' en la primera ronda de la investidura el pasado miércoles, en la que se precisaba mayoría absoluta, los 11 diputados de Vox han repetido el mismo patrón este viernes. Y se unieron, de nuevo, al bloque en contra de PSOE y Unidas Por Extremadura.
Guardiola sólo necesitaba mayoría simple. Una abstención hubiese sido suficiente para que la cacereña pudiese formar gobierno, opción que los de Abascal siempre han descartado de forma tajante. Tras superar algún que otro traspié en los últimos días por los reproches cruzados de supuestas "filtraciones" de las conversaciones, los contactos se han mantenido de forma constante. Pero nada hizo cambiar de parecer a Santiago Abascal para facilitar un acuerdo rápido en Extremadura, sobre todo en mitad de otra campaña electoral. Vox se juega batir su propio récord y superar por primera vez la barrera del 20% en Castilla y León.
"La sociedad sigue esperando que todos nosotros le demos una respuesta. No necesito que ningún grupo suscriba nada de lo que he dicho aquí. Basta con que no se bloqueen las ganas de seguir trabajando. No pido que aplaudan aquello que no comparten en su totalidad, sino que dejen gobernar a quien ha ganado las elecciones con un apoyo de más del 43%", clamó Guardiola este viernes desde la Asamblea. Pese a la falta de acuerdo y, por tanto, de certezas de levantar una legislatura estable, la extremeña pidió a Vox, sin éxito, que revocase su decisión de votar en contra.
El PP conoció la posición definitiva de Vox en la mañana del jueves, más de 24 horas antes de la votación. Según se versión, los de Abascal comunicaron formalmente y en privado que no apoyarían a Guardiola este viernes, condenando al fracaso su investidura. La decisión "no dejó lugar a ninguna otra posibilidad". "El 'no' lleva días decidido y probablemente no guarde relación con las conversaciones mantenidas en Extremadura, sino que obedezca a factores externos", se quejaban en la dirección popular.
En Bambú niegan que la decisión de aplazar un posible pacto en Extremadura o Aragón —donde perciben más facilidades— tenga que ver con las elecciones del próximo 15 de marzo. Desde hace días trasladan que era "muy, muy complicado" que su sentido de voto cambiase este viernes porque "un programa de gobierno no se cierra en tres días". Hace más de dos meses que las urnas se abrieron en la región, pero Vox dio por "reseteada" la negociaciónen el momento en que Génova tomó las riendas. De eso no hace ni dos semanas. "Se necesita tiempo", reiteran.
En la cúpula de Vox aseguran también que no se levantarán de la mesa. Pero insisten en que para dar luz verde a María Guardiola —el perfil del PP con el que Abascal ha confrontado más que casi con ningún otro, con permiso de Feijóo— hace falta un pacto de cocción lenta. "Vamos medida a medida y área a área", argumentan. No son ajenos en cualquier caso al relato que ya ha comenzado a emanar de Génova para situarles como agente de bloqueo e inestabilidad y ubicar además en el mismo marco a Sánchez y Abascal en plena campaña electoral.
"Nunca pensamos que el partido de Santiago Abascal uniría sus votos al PSOE en contra de un gobierno del Partido Popular", esboza el argumentario de Génova. Lo plantean como una dicotomía para tensar las costuras: o María Guardiola o Pedro Sánchez. "Siempre confiamos en que la responsabilidad con Vox le impidiera unirse a la izquierda y la extrema izquierda en contra de un gobierno de centroderecha. Algo ha tenido que pasar en Vox para que una formación cuyo presidente militaba en el PP ahora prefiera unir sus votos a los del PSOE", apuntan, todo un dardo afilado a la formación situada a su derecha.
El PP ha intentado destapar públicamente además la "motivación electoralista" de aplazar un posible entendimiento en Extremadura. Abascal, que ha repetido la hoja de ruta de las dos últimas campañas autonómicas y se ha multiplicado por todas las provincias de Castilla y León, basa buena parte de su estrategia en atacar a partes iguales a Gobierno y PP. La base de su crecimiento reside además en el "voto del cabreo", el que recela del bipartidismo, de las instituciones e incluso del Estado de las Autonomías. Un acercamiento prematuro, interpretan en Génova, podría dinamitar esa estrategia.
Las maniobras de Génova en la recta final de Castilla y León no han gustado precisamente al partido situado a su derecha. Tanto Abascal como su portavoz en Extremadura, Óscar Fernández, han pasado de responsabilizar a Guardiola del bloqueo e incluso de pedir su "cabeza" política a culpar de la situación a Feijóo y a su "jefe Aznar". "El principal problema para creerela no es usted, son sus jefes de Génova", espetó en el último debate de este viernes el dirigente de Vox en la Asamblea. "Nosotros no votamos unto al PSOE, pero tampoco les vamos a regalar los votos. No hemos venido a armar relatos ni relatas", zanjó, visiblemente molesto.
A diferencia de la línea que ha seguido en los últimos Génova, Guardiola evitó en todo momento confrontar con Vox. Con semblante serio, mantuvo la mano tendida. "Lo que pido es que no se cierre el camino. La factura no la van a pagar nuestros partidos, sino los extremeños", sostuvo en su última intervención, en la que también trasladó un recado velado a las direcciones nacionales, tanto de PP como de Vox. "Deberíamos dejar a un lado los reproches y la culpa, también se lo voy a pedir a mi partido. Lo prioritario es que llegue cuanto antes un acuerdo", concluyó.
Vox mantiene la mano tendida
Abascal ya había puesto paños calientes a lo largo de toda la semana para allanar su 'no' a Guardiola e intentar combatir el relato del PP ante el fracaso de la primera investidura de María Guardiola. "Cuando se ha torpedeado el acuerdo durante semanas, es difícil llegar a un pacto de última hora", sostuvo en público a principios de semana. El pasado miércoles, tras la primera votación de investidura, fue más allá y ratificó que no habría un entendimiento de forma inmediata.
Habrá acuerdo, apuntó Abascal, "cuando se pase de las musas al teatro y cuando concretemos medidas precisas. Si eso ocurre en las próximas semanas, pues podremos seguir con la mano tendida", señaló. El secretario general de la formación, Ignacio Garriga, también volvió a arremeter este jueves contra los de Feijóo por su respaldo condicionado al acuerdo de Mercosur en Bruselas. "¿De verdad creen que después de decisiones así podemos pactar una investidura sin medidas concretas y garantías de cumplimiento?", señaló en X, despejando así casi todas las dudas que podía haber para este viernes.
Si esto es lo que quiere el PP para el campo español, que pacten con el PSOE en las regiones como han pactado Mercosur y el Pacto Verde en Bruselas.
¿De verdad creen que después de decisiones así podemos pactar una investidura sin medidas concretas y garantías de cumplimiento?… https://t.co/yCK5JmnsDx
Guardiola tiene de plazo hasta el próximo 3 de mayo para seguir intentándolo y evitar una repetición electoral, pero el fracaso de su primer intento de investidura implica un jarro de agua fría para el PP, que ideó en parte el carrusel de elecciones autonómicas con el fin de salir reforzados frente al hundimiento del PSOE. Extremadura se abona al bloqueo y a la incertidumbre por los próximos pasos de la nueva etapa de las relaciones entre Feijóo y Abascal. En ningún caso se exhibirá acercamiento alguno antes del próximo 15 de marzo.
Vox no había emitido señal alguna que permitiese a Feijóo soñar con cerrar este viernes el traumático episodio de la investidura de María Guardiola tras el adelanto electoral del pasado 21 de diciembre. Y el PP ha acabado confirmando ese temor. Lo que al principio se veía en las altas esferas del PP como una oportunidad para reducir la dependencia del partido de Santiago Abascal ha acabado convirtiéndose en un problema aún mayor. Guardiola ganó las elecciones con rotundidad —43% del voto— pero Vox dobló también su resultado. Las hostilidades entre las dos fuerzas ha escalado y Extremadura se abona a un bloqueo de duración incierta.