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Este pueblo de Navarra es pionero en terapia con gatos y atiende a más de 400 personas al año
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el poder del ronroneo

Este pueblo de Navarra es pionero en terapia con gatos y atiende a más de 400 personas al año

Los felinos permiten tratar a personas con autismo, hiperactividad o trastornos de aprendizaje por su forma de ser poco invasiva y su comportamiento predecible. Aún así, en España no hay casi centros que apliquen estas técnicas

Foto: Un gato mientras duerme. (M. N.)
Un gato mientras duerme. (M. N.)

Ruper, Kanika, Txikilin y Oreo son unos gatos pioneros y únicos en España. Esta afirmación no es una hipérbole de amor de sus dueños. Los cuatro felinos viven en Alsasua (Navarra, 7.700 habitantes) en la asociacion benéfica Biak Bat ('Los dos en uno', en euskera) y por sus patas pasan cada año unas 400 personas que buscan terapia psicosocial y educativa. Aunque las intervenciones con animales no son nuevas, sí lo es que se hagan con este animal. Tradicionalmente han sido los perros quienes han servido de apoyo a los psicólogos para tratar a determinados pacientes. Pero las características de los felinos abren la puerta a asistir a otras personas.

Cada animal se selecciona para una terapia concreta. "Los gatos que tenemos son muy distintos entre sí y con cada uno podemos trabajar distintos aspectos. Por ejemplo, con Kanika podemos ayudar a pacientes que necesiten aprender a respetar los límites físicos y personales con otras personas porque es una gata que no se deja tocar tan fácilmente y si te acercas de forma muy brusca, corre", explica Nerea Gilabert, maestra y pedagoga terapéutica en Biak Bat, en una sesión organizada por la compañía Sanicat.

Los aspectos que pueden mejorar estos animales van desde la calma, porque ayudan a controlar los impulsos, la toleracia a la frustración y al enfado, el refuerzo de la autoimagen y la seguridad, ya que son animales muy atónomos que cuando se dejan tocar mejoran la autoestima, los traumas físicos, gracias a su comportamiento poco invasivo y agresivo, o la serenidad y los vínculos seguros, porque el ronroneo que realizan de forma involuntaria transmite tranquilidad e intimidad a los humanos. Además, estos felinos también son válidos para asistir a personas impulsivas y con desórdenes, porque ayudan a crear lugares seguros y hábitos rutinarios.

Los tratamientos están enfocados en perfiles concretos: desde pacientes con problemas de salud mental (ansiedad, fobias o traumas físicos y psicológicos), a niños con trastornos del neurodesarrollo (autismo, hiperactividad o trastornos del aprendizaje) o personas que necesitan trabajar aspectos socioemocionales como duelos, estrés o separaciones. "Estos últimos pacientes son los que últimamente vemos más y es una muestra de cómo estamos como sociedad", sostiene Gilabert.

Pero, ¿en qué consisten las sesiones? Hay distintas actividades. Las más frecuentes son el cuidado de los animales —por ejemplo, lavarlos, cepillarlos o acompañarlos al veterinario— y los juegos pensados para reforzar áreas como la concentración, la creatividad, el control de los impulsos e incluso, la motivación por las materias escolares. "Es mucho mejor para un niño aprender matemáticas pesando, por ejemplo, la comida de un gato. O calculando los mililitros que necesita de un medicamento. Así entienden que los números tienen una función", detalla Nerea Gilabert. Además, en esta fundación también hacen sesiones de terapia al uso, pero al estar los niños acompañados de animales, se relajan más y se abren a contar mejor sus vivencias y preocupaciones.

Todas las terapias e intervenciones están medidas, diseñadas y supervisadas por el equipo de profesionales de la fundación para garantizar el bienestar de los animales. "Es necesario asegurar que los gatos estén en lugares conocidos, por eso es complicado hacer intervenciones fuera del centro. Pero este animal es así: necesita espacios seguros. También tenemos que prestar atención a que el ritmo de las sesiones sea el adecuado para ellos y por supuesto, darles libertad y autonomía en las intervenciones", detalla la pedagoga.

Foto: eduka-dogs-lucha-contra-el-fracaso-escolar-con-terapeutas-caninos

En Alsasua tienen actualmente siete plazas para menores que acuden cada mañana a sus sesiones, seis para niños y adolescentes víctimas de violencia de género que acuden semanalmente a terapia y unas 30 plazas para atender a distintos pacientes cada tarde que llegan desde diferentes puntos de la región. Además, los terapeutas de la organización también se desplazan hasta residencias de mayores para realizar intervenciones en las que tratan a ancianos con diversas patologías.

Gilabert asegura que hay mucha diferencia entre las terapias que trabajan con animales y las que no lo hacen. "Las personas tienen una mayor motivación por asistir a las sesiones. Por ejemplo, acuden antes de tiempo para poder interactuar con los gatos, tanto los menores como las familias", cuenta. Pero insiste en que, aún así, hay que tener siempre en cuenta las directrices de los expertos y no pensar que los animales son milagrosos. "Son solo eso: animales. Su presencia nos ayuda, pero siempre tiene que haber un profesional", reivindica.

Para poder continuar con las terapias, desde Biak Bat reclaman más investigación que ampare las intervenciones, especialmente las de gatos, porque al ser menos populares que las de los perros, también han recibido menos atención científica. "Yo veo cada día cómo mejoran nuestros pacientes, pero necesitamos investigación para continuar avanzando", reclama. Poco a poco más instituciones apuestan por el estudio y empleo de estas terapias. La facultad española que más ha avanzado en este campo de estudio es la Universidad Rey Juan Carlos con la Cátedra Animales y Sociedad, creada hace diez años para promover la investigación y el estudio del bienestar animal, el vínculo entre humanos y las intervenciones asistidas con animales. "Es fundamental que nos apoyen porque los resultados están ahí", zanja.

Ruper, Kanika, Txikilin y Oreo son unos gatos pioneros y únicos en España. Esta afirmación no es una hipérbole de amor de sus dueños. Los cuatro felinos viven en Alsasua (Navarra, 7.700 habitantes) en la asociacion benéfica Biak Bat ('Los dos en uno', en euskera) y por sus patas pasan cada año unas 400 personas que buscan terapia psicosocial y educativa. Aunque las intervenciones con animales no son nuevas, sí lo es que se hagan con este animal. Tradicionalmente han sido los perros quienes han servido de apoyo a los psicólogos para tratar a determinados pacientes. Pero las características de los felinos abren la puerta a asistir a otras personas.

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