Las dos caras de la estrategia de Feijóo con Vox: alivio para Guardiola y cautela en el resto de barones
El documento de Génova sobre los pactos con Vox y la nueva sombra de tutela causó confusión en algunos territorios, pero en cada lugar habrá matices y quedan libres los líderes que logren la absoluta
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, junto a la líder del partido en Extremadura, María Guardiola, en un acto en Zaragoza. (EFE/Javier Cebollada)
El riesgo real a una repetición electoral en Extremadura forzó a Alberto Núñez Feijóo a "arremengarse" para intentar reconducir la situación con Vox. Hasta el pasado lunes eran muchas las voces que pedían al líder popular desde distintos territorios involucrarse para estabilizar la relación entre los dos partidos y hacer frente a una nueva realidad que, casi con toda seguridad, se replicará en las próximas elecciones generales: si el PP quiere gobernar, necesitará entenderse con Abascal. Había una opinión casi coral respecto a la necesidad de sacar del bache a Guardiola, que también pidió ayuda a Génova ante un Vox que ya ni siquiera le cogía el teléfono.
El difícil y desigual escenario territorial —en Aragón el pacto sí estaba cerca— y la convicción de que "no puede parecer que Vox tiene la sartén por el mango cuando nosotros hemos ganado las elecciones", según fuentes de la cúpula nacional, llevó a Feijóo a ejecutar un cambio de estrategia. Génova se sentará a partir de ahora en las mesas de negociación, lo que acota, en cierta medida, la autonomía de sus barones. El giro, sin embargo, no se limitó a reanudar el contacto con Abascal. La dirección del PP hizo público un 'documento marco' con una serie de "criterios comunes" para lograr "tratos simétricos" con Vox, lo que desató cierta confusión interna.
El decálogo se hizo público en la noche del lunes. Es una "guía" trufada de guiños al partido de Abascal y, a priori, debe aplicarse en "cualquier comunidad" en la que el PP no tenga mayoría, lo que abre el abanico más allá de Extremadura y Aragón. La intención de Génova de dirigir las negociaciones territoriales —velarán por ello Miguel Tellado y Marta Varela, ambos de la absoluta confianza de Feijóo— fue recibida con alivio en el entorno de María Guardiola, que ve una luz al final del túnel pese al previsible fracaso del primer intento de resultar investida esta misma semana. Tiene hasta el 3 de mayo para evitar las urnas.
Pero en otras terminales autonómicas la noticia se recibió con cautela. Los presidentes de Aragón y de Castilla y León fueron informados de forma directa por Feijóo y los dos dieron su visto bueno, pero las dudas se abrieron paso una vez se hizo público el documento de Génova. No se cuestiona que el líder del PP se involucre con Vox, pero sí creen que la nueva estrategia debe ajustarse en cada territorio. El pasado martes, Jorge Azcón se reunió con Miguel Tellado en Madrid. "Al principio se planteó como una negociación global, y eso no nos beneficiaba", apuntan en Aragón, donde temían quedar supeditados a los mismos parámetros que en Extremadura cuando ya tenían la negociación avanzada.
"Es imposible equiparar dos negociaciones en dos territorios que son distintos, y donde los resultados tampoco son los mismos", señala una fuente cercana a Azcón, y que traza el ejemplo de un hipotético reparto de consejerías. "No tendrían por qué ser las mismas", ejemplifican también en Castilla y León, donde aguardan su turno con incertidumbre, y donde se esfuerzan en trasladar el mensaje de que, pese a la existencia de un 'documento marco', no cuentan con tutelas nacionales. En su entrevista para El Confidencial, Mañueco respaldó el contenido del decálogo, aunque reiteró que el futuro de Castilla y León se pilotará "desde" el territorio.
Otras voces rebajan también el alcance del giro de Feijóo. La estrategia de 'nacionalizar' la relación con Vox, dicen, "sólo se hace por ayudar a María [Guardiola]". En los últimos días generó también cierto revuelo el posicionamiento de la presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, que afirmó que el documento marco de Génova era una "directriz" y no una "imposición", y señaló que no aplica en un territorio donde el PP puede apoyarse en el PRC.
Génova aclara que la existencia de unas líneas comunes, rebajadas a "declaración de mínimos", no perturbará la autonomía de los barones autonómicos. Tampoco hablan ya de pactos simétricos en todos los territorios donde el PP necesite a Vox para gobernar. Aceptarán matices en función de las "particularidades" de cada región y reiteran que las negociaciones las "liderarán" los presidentes. Pero también lanzan un aviso a navegantes: sólo tendrán manos libres aquellos que logren mayoría absoluta. "Rige nuestra política interna en relación a otros grupos, no sólo a Vox", advierten.
El decálogo fabricado por Génova generó poco entusiasmo en Andalucía, la siguiente comunidad tras Castilla y León en abrir las urnas. Es lógico, sobre todo porque la situación de Juanma Moreno es muy distinta a la de Fernández-Mañueco. El barón malagueño se juega la posibilidad de revalidar la mayoría absoluta y eso no es descartable todavía. Los populares admiten que será difícil repetir los 58 diputados que lograron en junio de 2022 en un sistema electoral tan complejo como el andaluz, con una aritmética distinta en cada una de las ocho provincias, pero en ningún caso su situación es tan precaria como la del presidente castellanoleonés.
"No opera ni aquí ni en Madrid", defiende una fuente del PP andaluz, que ve lógico que Génova establezca un marco, pero recuerda que Juanma Moreno puede volver a lograr la absoluta. El dirigente andaluz es quizás el más experimentado de los suyos en lo que respecta a las relaciones con Vox, ya que fue el primero que tuvo que vérselas con Abascal para lograr una investidura. El escenario era muy distinto porque se trataba de poner fin a 37 años de gobiernos socialistas, pero aquella negociación de 2018 fue compleja. Y tuvieron un papel relevante en Génova, que envió a Teodoro García Egea a pilotar las conversaciones.
Hay que recordar que Moreno, aunque tenía afinidad con Pablo Casado, apoyó a Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias populares de 2018. Su situación cambió cuando llegó a San Telmo y desde la Presidencia de la Junta fue capaz de domar a un Vox todavía bisoño. El papel de la dirección de Feijóo ahora en unas hipotéticas negociaciones sería muy distinto, aunque el barón andaluz no va a suponer un dolor de cabeza para su jefe de filas. En Andalucía la respuesta al decálogo no ha sido negativa, sino más bien poco entusiasta.
El propio Juanma Moreno en una entrevista en la Cadena Ser admitió que el PP es un partido "nacional" donde la cúpula tiene la competencia para "autorizar" los acuerdos de gobierno. Pero al mismo tiempo dijo ser partidario de que las negociaciones se lleven a cabo siempre "lo más cercanas posible al territorio", como ocurrirá en el caso de que no logre la absoluta y tenga que sentarse a negociar con Vox, un escenario que todas las encuestas que se han publicado hasta el momento ven más que posible. En cualquier caso, el barón popular calificó el documento como un dosier "genérico" pensado para "ordenar" las relaciones con Vox.
El riesgo real a una repetición electoral en Extremadura forzó a Alberto Núñez Feijóo a "arremengarse" para intentar reconducir la situación con Vox. Hasta el pasado lunes eran muchas las voces que pedían al líder popular desde distintos territorios involucrarse para estabilizar la relación entre los dos partidos y hacer frente a una nueva realidad que, casi con toda seguridad, se replicará en las próximas elecciones generales: si el PP quiere gobernar, necesitará entenderse con Abascal. Había una opinión casi coral respecto a la necesidad de sacar del bache a Guardiola, que también pidió ayuda a Génova ante un Vox que ya ni siquiera le cogía el teléfono.