La marcha de Díaz abre el campo en la izquierda: ¿un mirlo blanco, Bustinduy o la quimera de Rufián?
Muchos daban por hecha la salida de la vicepresidenta, pero no hay un sucesor evidente con los partidos centrados en refundar la coalición y la casi seguridad de que Podemos se mantendrá fuera
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE/Kiko Huesca)
Un rato antes de que todos los focos mediáticos del país volvieran 45 años atrás, hacia el intento del golpe de Estado de 1981, toda una vicepresidenta del Gobierno ha anunciado que no se presentará a las próximas elecciones. El detalle no es baladí, porque Yolanda Díaz sabía que la web de Moncloa iba a desclasificar los papeles del golpe pasado el mediodía. La ministra de Trabajo, que encabezó la candidatura unitaria que hizo posible al actual Ejecutivo repetir la coalición, ha optado por una salida en diferido y de perfil bajo. Y lo ha hecho justo cuando las conversaciones casi hamletianas de la izquierda radical están en plena ebullición sobre cómo deben acudir a las urnas en las próximas generales.
"En un día de muchas noticias, lo anuncia con cierta discreción, para no ponerse mucho en el foco", expresa un dirigente del espacio que acudió bajo la marca de Sumar en las elecciones de julio de 2023. También ha ayudado que fuera algo casi esperado en muchas de las terminales de la izquierda del PSOE. "Ha habido poca sorpresa en los grupos de Telegram", añade esta misma fuente en alusión a la red social habitual de las izquierdas, que hace tiempo que huyeron de WhatsApp para refugiarse en la plataforma ahora enfrentada a Pedro Sánchez.
Díaz seguirá como ministra de Trabajo y Economía Social, el lugar donde ha acumulado la mayor parte de su capital político y que le ha granjeado los mejores piropos el día que se ha convertido en un pato cojo. Es así como llaman los estadounidenses a los presidentes que saben que ya no repetirán en la Casa Blanca, y de ello ejercerá Díaz mientras las fuerzas que un día lideró deciden cómo sustituir a la última representante de una década larga de hiperliderazgos. En el punto de partida de esta conversación, no hay nada demasiado claro a pesar de que todos los focos están puestos sobre Gabriel Rufián.
El portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados es el único político, junto con el presidente del Gobierno, mencionado por Díaz en el comunicado que ha lanzado para anunciar su marcha. La dirigente gallega lo ha incluido en el párrafo dedicado a los "nuevos caminos" que se han abierto en las últimas semanas para "insuflar vida al espacio progresista". El otro camino, además del frente plurinacional del barcelonés, es la refundación del espacio que la titular de Trabajo lideró el 23-J y que tuvo su puesta de largo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el pasado 21 de febrero.
"Está bien como revulsivo, pero la idea de Rufián como candidato está más o menos descartada a pesar de todo el hype", admite una fuente que ha trabajado codo con codo con Díaz y que tiene relaciones con todo el espacio. Para explicarlo, alude a problemas "estructurales o de procedimiento", que en román paladino quiere decir que es casi un imposible que un dirigente de ERC encabece una lista a Moncloa desde Barcelona y en la que participen tanto las fuerzas soberanistas periféricas como las izquierdas federales.
Si se descarta al portavoz republicano en el Congreso, las miradas se giran hacia los partidos que el pasado sábado renovaron su compromiso por acudir juntos a las urnas en las próximas generales: IU, los comunes, Más Madrid y el movimiento Sumar. "El espacio que fue bajo el paraguas de Sumar estaba en cuestión y el acto del Círculo de Bellas Artes da garantías de que las fuerzas que estamos en el Gobierno iremos juntas", expresa un diputado en el Congreso, que cree que la marcha de Yolanda Díaz no deja un agujero porque "hace ya varios meses que había un vacío, sólo se ha certificado".
Esta fuente considera que el acto en busca del frente amplio ofrece un "proyecto de país, que es lo que Rufián no tenía" y ha servido para "dejar de dar la batalla por perdida", pero admite que todavía no tiene un liderazgo. "Si hay un líder, se piensa que todo va más rodado, pero sin proyecto no hay nada", zanja este dirigente de la izquierda, que resta importancia a este descabezamiento.
Presión sobre Bustinduy
"A Yolanda le honra el paso que ha dado y la situación tras su marcha ya no es la misma", expresa la citada fuente que trabajó con Díaz en Sumar, que cita el nombre de Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales del Ejecutivo y exdirigente de Podemos que volvió a la vida pública con Sumar. El dirigente izquierdista siempre ha rechazado la posibilidad de ser el candidato de la papeleta a la izquierda del PSOE. "Y es cierto", añade esta fuente, que cree que el político madrileño "tenía más fácil" su negativa antes de la marcha de la titular de Trabajo. "Van a crecer las presiones sobre él", sentencia.
Hay quien asegura que Bustinduy podría ser aceptado por todas las fuerzas del espacio. El mismo Gabriel Rufián lo calificó el martes en redes sociales como "la cabeza mejor amueblada de la izquierda". De fondo está el debate sobre si será necesaria la celebración de unas primarias, como abogan fuerzas como Sumar, o la solución irá por la vía del consenso entre las cúpulas. Antonio Maíllo, coordinador federal de IU, que se autodescalificó de la carrera antes del paso al lado de Díaz, abogó hace unos días en televisión por la vía del consenso entre partidos. Es cierto que es así como él ha sido elegido candidato para las andaluzas de la próxima primavera.
La casi segura ausencia de Podemos en cualquier ecuación deja fuera del debate nombres como el de Irene Montero. Hay otros que sí suenan, como el de Ernest Urtasun, aunque hay quien lo ve más circunscrito al ámbito catalán, o el del diputado de Más Madrid Eduardo Rubiño. Y, como suele ocurrir en la izquierda, existe la posibilidad —y casi el deseo— de la aparición de un mirlo blanco, una figura independiente que no dependa de los partidos que tanto ha aborrecido Yolanda Díaz en los años en los que intentó liderar la izquierda radical.
Un rato antes de que todos los focos mediáticos del país volvieran 45 años atrás, hacia el intento del golpe de Estado de 1981, toda una vicepresidenta del Gobierno ha anunciado que no se presentará a las próximas elecciones. El detalle no es baladí, porque Yolanda Díaz sabía que la web de Moncloa iba a desclasificar los papeles del golpe pasado el mediodía. La ministra de Trabajo, que encabezó la candidatura unitaria que hizo posible al actual Ejecutivo repetir la coalición, ha optado por una salida en diferido y de perfil bajo. Y lo ha hecho justo cuando las conversaciones casi hamletianas de la izquierda radical están en plena ebullición sobre cómo deben acudir a las urnas en las próximas generales.