El PP teme que la caída del PSOE se frene en CyL y apretará con el 'comodín' de Puente
Mañueco maneja la complicación añadida de una posible resistencia de los socialistas, que se suma al intento de evitar que Vox supere la barrera del 20%. El PP mete a Puente y Zapatero en campaña y cuenta con Rajoy y Aznar
El presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, junto al ministro de Transportes, Óscar Puente. (Europa Press/Carlos Castro)
Génova ideó el carrusel de elecciones autonómicas con el objetivo de "desgastar por goteo" al Partido Socialista. Es cierto que el PSOE se hundió a mínimos históricos en Aragón y Extremadura, que abrieron por primera vez en su historia de forma anticipada las urnas. Pero no es menos cierto que Feijóo no pudo —o no supo— capitalizar el desplome. Guardiola subió un escaño, pero perdió votos y se quedó lejos de las expectativas. Y la fuerza de Azcón en las Cortes directamente mermó. En la era del bipartidismo, el PP estaría en uno de sus mejores momentos políticos. Ahora choca con la impotencia de no poder detener la "ola imparable" de Vox.
El escenario no parece distinto en Castilla y León. Pero Alfonso Fernández Mañueco juega con un hándicap añadido al previsible crecimiento del partido de Santiago Abascal: la aparente resistencia del PSOE de la mano de un candidato de perfil discreto, al menos en la esfera nacional. Carlos Martínez, secretario general del PSOE en la región, se estrena por primera vez como candidato tras haber gobernado durante casi veinte años la ciudad de Soria. Evita la confrontación con Sánchez, que le arropará en campaña, pero marca cierta distancia con Ferraz en cuestiones como nuevo modelo de financiación autonómica o permitir que gobierne la lista más votada.
Su trayectoria municipalista dista mucho del cartel con el que los socialistas afrontaron las urnas en Extremadura. Miguel Ángel Gallardo tenía vínculo directo con los escándalos judiciales que afectan al PSOE, mientras que Pilar Alegría, exministra, fue incapaz de remontar en Aragón el desgaste que ya acumula el Gobierno a nivel nacional, hostigada en su caso por la polémica de Francisco Salazar. Fuentes del PP en Castilla y León confían en que el PSOE siga la tendencia y retroceda, pero sus trackings apuntan a que esa caída será menos pronunciada que en el resto de autonomías. Y esa circunstancia obliga al PP a apretar y redefinir su estrategia.
Mañueco quiere centrar su campaña en "los problemas de Castilla y León". Regionalizarla sin vetar, eso sí, la presencia de Alberto Núñez Feijóo y de importantes puntales de la dirección y barones autonómicos. Pero también asume que deberá 'nacionalizar' sus críticas al PSOE. Atizar a Martínez con los múltiples escándalos que arrastra la marca socialista en la arena nacional. E igualar al casi anónimo Carlos Martínez con el perfil de Óscar Puente, el ministro transformado a veces en agitador en redes sociales, y quizá el titular del Consejo de Ministros, con permiso de Pedro Sánchez, contra el que el PP ha disparado con mayor vehemencia.
Su perfil está ahora "quemado" por la gestión de la crisis ferroviaria tras el gravísimo accidente de Adamuz (Córdoba), motivo por el que ya ha sido nuevamente reprobado en las Cortes Generales. En el PP confían en que la imagen de Óscar Puente pase factura al candidato del PSOE en Castilla y León, y basarán parte de sus mensajes de campaña en trasladar la idea de que optar por la papeleta socialista implica un respaldo explícito al actual ministro de Transportes. "Voy a trabajar para impedir que el modelo de gestión de Óscar Puente entre en Castilla y León", expresó esta semana en un encuentro organizado en Madrid y en presencia de Alberto Núñez Feijóo.
El exalcalde de Valladolid ya tuvo un importante rifirrafe con Alfonso Fernández Mañueco durante la crisis de los incendios el pasado mes de agosto que los conservadores no olvidan. El socialista protagonizó una importante polémica por ironizar en X sobre la ausencia del presidente popular. "¿Te ha contado qué tal el tiempo en Cádiz? En CyL la cosa está calentita", escribió, por ejemplo, en respuesta a un mensaje de Feijóo en la misma red social.
El papel de los expresidentes del Gobierno
En el PP empiezan a ser conscientes de que el próximo 15 de marzo la batalla no estará sólo en el tablero de la derecha y en el intento de contener a Vox, sino también en profundizar la grieta del PSOE tras la experiencia en Aragón y Extremadura. No hay por el momento demasiadas encuestas públicas, pero los datos brutos del último sondeo preelectoral del CIS vaticinan la resistencia de la que recelan en el PP. El 70,8% de los electores del PSOE en 2022 volverían a coger la misma papeleta, aunque cuentan con una alta tasa de indecisos, sólo superada por Podemos: el 12% de sus votantes no sabe qué papeleta escoger.
El objetivo del PP de Mañueco es capitalizar buena parte de ese montante electoral y evitar que se queden o bien en la abstención o se vayan a otras formaciones políticas, a izquierda y derecha. Y ha sacado también la artillería en el Senado. Porque gracias a la mayoría absoluta con la que cuenta en la Cámara Alta, Génova ha colocado la comparecencia de José Luis Rodríguez Zapatero en la 'comisión Koldo' para el próximo 2 de marzo, en pleno ecuador de la campaña.
Hace meses que el PP anunció que citaría al exjefe del Ejecutivo por las sombras del rescate de Plus Ultra, pero ha esperado estratégicamente a un momento álgido de la carrera electoral. Los populares fuerzan de este modo que Zapatero, nacido en Valladolid y exdiputado por León, vuelva a la primera línea mediática en un momento delicado por el test electoral tras 'desaparecer' de las dos últimas campañas autonómicas del PSOE en pleno avance de las pesquisas respecto a sus vínculos con la aerolínea y con el régimen venezolano.
Las expectativas del PP en la cita del próximo 15 de marzo son moderadísimas. A Mañueco le basta con igualar a Guardiola, mejorar un escaño y mantener o mejorar el porcentaje de voto. Resistir es suficiente en un momento en que Vox se encuentra tan disparado. El presidente de Castilla y León tratará de hacer frente a izquierda y derecha en una campaña en la que contará también con los dos expresidentes del PP en el Gobierno. Se dio un baño de masas con Mariano Rajoy esta semana, y el próximo 24 de febrero acudirá José María Aznar. Ninguno de los dos había acudido a Extremadura o Aragón.
Mañueco encajará también la presencia de Isabel Díaz Ayuso con la de barones de corte moderado como Alfonso Rueda, que presiden dos territorios en que la fuerza de Vox es más limitada. El PP busca que no rebase por primera vez la barrera del 20%, pero por ahora nadie se atreve a poner la mano en el fuego. Los de Abascal ya tienen más del 17% del voto en Castilla y León, territorio pionero en los pactos de coalición con la ultraderecha. El único problema que puede experimentar Vox es pecar de subir las expectativas tras dispararse en Extremadura y Aragón, a la espera de cómo impacte también el bloqueo con Guardiola y la posible repetición electoral.
Génova ideó el carrusel de elecciones autonómicas con el objetivo de "desgastar por goteo" al Partido Socialista. Es cierto que el PSOE se hundió a mínimos históricos en Aragón y Extremadura, que abrieron por primera vez en su historia de forma anticipada las urnas. Pero no es menos cierto que Feijóo no pudo —o no supo— capitalizar el desplome. Guardiola subió un escaño, pero perdió votos y se quedó lejos de las expectativas. Y la fuerza de Azcón en las Cortes directamente mermó. En la era del bipartidismo, el PP estaría en uno de sus mejores momentos políticos. Ahora choca con la impotencia de no poder detener la "ola imparable" de Vox.