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Cantabria se queda sin leche: tres de cada diez explotaciones han cerrado desde 2019
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Cantabria se queda sin leche: tres de cada diez explotaciones han cerrado desde 2019

El número de granjas ha pasado de 1.141 a 749. La caída de los precios y su volatilidad han provocado que los ganaderos se pasen al sector cárnico. Además, por primera vez, en 2025 bajó el volumen de producción, mientras que el consumo crece

Foto: Un hombre ordeña a una vaca, en el municipio de Ruiloba, en Cantabria (EFE/Pablo Ayerbe)
Un hombre ordeña a una vaca, en el municipio de Ruiloba, en Cantabria (EFE/Pablo Ayerbe)
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El año 1905 supuso un punto de inflexión para la economía y ganadería de Cantabria. Nestlé decidió construir entonces su primera fábrica en España y escogió para ello la localidad de La Penilla, en el municipio de Santa María de Cayón (1.983 habitantes). Desde el principio su producción se dedicó a la harina lacteada. Poco después, a partir de 1910, comenzaron a elaborar también leche condensada, dando origen a la marca La Lechera. La popularidad de esta central láctea fue tal que pronto se ganó el título de "Proveedora oficial de la Real Casa", por las continuas visitas del rey Alfonso XIII. Sin embargo, poco queda ya de esa época de esplendor. Más de un siglo después, los vecinos de Santa María de Cayón presencian como cada año un par de explotaciones de leche echan el cierre. No es una excepción. Desde hace unos ocho años, los ganaderos y trabajadores ven cómo uno de los sectores clave de la cornisa cantábrica se desmorona.

Solo en los últimos seis años, las granjas en Cantabria han pasado de 1.141 en 2019 a 749 en 2025, según los datos facilitados por la Consejería de Desarrollo Rural. Es decir, una de cada tres explotaciones ha bajado la persiana. También la producción ha caído. "Es la primera vez que ha bajado el volumen de recogida. Antes, cerraba un ganadero y la explotación, de alguna forma, se la quedaba otro. "En 2025, por primera vez, los que crecen lo hacen en menor medida que los que se van", incide Luis Pérez, secretario general de la Unión de Ganaderos y Agricultores Montañeses (Ugam-Coag). Una tendencia que también perciben desde la industria. "La producción en Cantabria ha caído un 15% en los últimos cinco años", detalla Luis Calabozo, director general de la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil).

Que cada vez haya menos leche no quiere decir que haya menos consumo. Al contrario. Según el último informe del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de octubre de 2025, el sector lácteo se mantiene estable, aunque la tendencia se muestra ligeramente alcista. "Las necesidades de leche van a ser evidentes en España porque ya es un país deficitario. Deberíamos crecer un 2% todos los años de aquí a 2035. Estamos hablando de un alimento esencial", señala Calabozo. El problema no es único en esta comunidad. Todas las comunidades autónomas donde tradicionalmente se ha explotado la ganadería de leche disminuyeron sus producciones el año pasado, a excepción de Galicia. Pero, también esta perdió en 2025 centenares de explotaciones. "En toda la cornisa cantábrica los números son cada vez menores, pero la que tiene el problema más grave es Cantabria", señala Luis Pérez.

En total, ya hay más de 20 localidades de esta región que no tienen ninguna granja de leche, entre las que se encuentran Anievas, San Miguel de Aguayo o Cabuérniga, tres lugares con una consolidada tradición ganadera. Los tres municipios con más granjas actualmente son Soba, con 67, Villacarriedo, con 52, y Santa María de Cayón, con 40 explotaciones activas en septiembre de 2025.

"El primer factor que explica esto es la avanzada edad de los ganaderos de la región. La media está entre 58 y 60 años; llegan a su jubilación y cierran la explotación, nadie continúa", comenta Pérez. Detrás de la falta del relevo generacional, este ganadero incide en que se encuentra, por un lado, la intensa dedicación que requiere la actividad. "Hay que ordeñar dos veces al día, todos los días del año. Sin excepción", resume el secretario de Ugam-Coag. Por otro lado, Pérez destaca la fuerte volatilidad de los precios. "Puedes estar muy bien y en dos meses ir para abajo y estar muy mal. No hay ningún tipo de estabilidad", explica y añade: "A eso hay que sumarle que, frente a la leche, la carne tiene un valor muy alto. Como consecuencia, muchos productores se han pasado al sector cárnico. Ahora la leche lleva en alza dos o tres años, pero ya es demasiado tarde".

Foto: guerra-precio-leche-galicia-produce-mas-pero-se-paga-menos

Los datos de la Consejería de Desarrollo Rural apuntan en esta dirección. El número de ganaderos que explotaba leche ha pasado de 1.515 en 2015 a 750 en 2025, lo que se traduce en una caída del 50%. Frente a esta cifra, los trabajadores dedicados a la carne han aumentado desde los 5.084 de hace diez años a los 6.180 registrados el pasado septiembre.

Para poder dar estabilidad a los precios de la leche, Pérez explica que es necesario el cumplimiento de la ley de la cadena alimentaria. También específica la importancia de que se prime tanto el consumo como la producción láctea nacional. "Se importa leche en polvo y productos lácteos transformados, como los yogures, sobre todo del norte de Europa", explica el secretario general del UGAM.

Por otro lado, el ganadero critica que las ayudas que aportan las administraciones no son suficientes para el precio que tienen actualmente los animales y la maquinaria. "Las ayudas tienen que ser más, pero lo más importante es encontrar un mecanismo que favorezca la sucesión de granjas. Nadie con 20 años tiene los recursos suficientes como para empezar de cero. Estaría bien que alguien que se fuese a jubilar tuviera fácil traspasarle la explotación a un joven. Porque si no, es un salto al vacío que nadie puede dar".

También en este sentido apunta Luis Calabozo: "Hay que favorecer la transmisión generacional y de ideas y darle oportunidad a quienes quieran reestructurarse. Tenemos que acelerar al máximo posible todos los proyectos que sean viables con más financiación y eliminando barreras burocráticas y de licencias". Para atraer a más trabajadores, Calabozo insiste en la necesidad de incorporar tecnología en las explotaciones y dar servicios en las zonas donde haya ganaderos. "Lo esencial es garantizar en este sector la misma rentabilidad que tienen otros sectores socioeconómicos parecidos", zanjan desde Fenil.

El año 1905 supuso un punto de inflexión para la economía y ganadería de Cantabria. Nestlé decidió construir entonces su primera fábrica en España y escogió para ello la localidad de La Penilla, en el municipio de Santa María de Cayón (1.983 habitantes). Desde el principio su producción se dedicó a la harina lacteada. Poco después, a partir de 1910, comenzaron a elaborar también leche condensada, dando origen a la marca La Lechera. La popularidad de esta central láctea fue tal que pronto se ganó el título de "Proveedora oficial de la Real Casa", por las continuas visitas del rey Alfonso XIII. Sin embargo, poco queda ya de esa época de esplendor. Más de un siglo después, los vecinos de Santa María de Cayón presencian como cada año un par de explotaciones de leche echan el cierre. No es una excepción. Desde hace unos ocho años, los ganaderos y trabajadores ven cómo uno de los sectores clave de la cornisa cantábrica se desmorona.

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