La jugada de Rufián en datos: un botín de 4 millones de votos y el reto de unir a Sumar y Podemos
El órdago de Rufián es complejo tanto en las provincias con fuerzas independentistas como en el resto: en las primeras propone aliarse a competidores, como ERC y los Comunes, y en las segundas solo funcionaría si logra la unidad de la izquierda
Gabriel Rufián, en el Congreso de los Diputados. (EP/Pérez Meca)
La coalición Ahora Repúblicas cosechó en Andalucía 2.898 votos en las últimas elecciones europeas. Es decir, casi 3.000 andaluces optaron por una alianza formada por el BNG, EH Bildu y ERC en una comunidad en la que solo el 2,2% de la población dice sentirse únicamente andaluz y donde el independentismo es una quimera. Es de suponer que alguno de ellos encaja con el perfil al que ha aludido Gabriel Rufián estos días cuando ha hablado de la posibilidad de que un dirigente secesionista como él pueda representar a alguien de Jaén o Algeciras.
Esa idea del político de Santa Coloma de Gramanet —aunque de raíces andaluzas— ha provocado un seísmo en una izquierda acostumbrada al debate ensimismado y en un momento de repliegue ante el avance de PP y Vox y la considerable solidez del PSOE. La propuesta de armar un frente plurinacional que cuente con las izquierdas soberanistas, las estatales y las regionalistas ha provocado una cascada de reacciones, aunque casi todas contrarias a un proyecto un tanto difuso y que no encaja bien con las estructuras de los partidos. Pero también ha generado dudas sobre cómo impactaría en unas hipotéticas elecciones generales en el contexto actual.
En las generales del 23 de julio de 2023, las fuerzas a las que apela Rufián en su aldabonazo lograron algo más de 4 millones de votos. Un 16,7% de los apoyos que habría permitido a esta izquierda plurinacional auparse como tercera fuerza en el Congreso superando con claridad a Vox. Pero hay que tener en cuenta que se trata de un espacio menguante, ya que en los comicios anteriores, en noviembre de 2019, los mismos partidos superaron los 5,2 millones de sufragios, lo que les habría permitido alcanzar el 21,7% de los apoyos.
Las encuestas detectan una caída en los últimos meses que haría imposible una reedición del actual Gobierno y mucho menos una investidura de Pedro Sánchez. Pero ni siquiera el hecho de que el proyecto de Rufián llegase a buen puerto supondría una garantía para que la izquierda recuperase el peso político perdido. "La pregunta clave aquí es el cómo", expresa Paco Camas, director de investigación de opinión pública en Ipsos Spain, que admite que la unidad de la izquierda es relevante a nivel "simbólico" y es "deseable socialmente" para los electorados, pero eso no significa que genere por sí sola un buen resultado para un proyecto político de esta clase.
"A nivel de movilización puede ser que funcione, pero es una cuestión de adaptación al sistema electoral", abunda el sociólogo, que valora el efecto de debate generado por Rufián tras lanzar la iniciativa, pero tiene sus dudas sobre los efectos electorales. Camas recuerda que el principal problema de la izquierda es que las fuerzas de ámbito estatal están "infrarrepresentadas" en el actual modelo electoral español. La circunscripción provincial y el reparto mínimo de dos escaños que diseñó la UCD de Adolfo Suárez provoca que en regiones como Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón o Extremadura esté sobrerrepresentado el voto conservador.
Eso provoca que haya provincias donde la izquierda radical necesita estar por encima del 12% del voto para poder competir por un escaño. Y esos territorios no son precisamente aquellos donde las fuerzas independentistas tienen su implantación. Las provincias de Cataluña, País Vasco y Galicia, con alguna excepción, tienen ya "una representación prácticamente proporcional", detalla Camas, que cree que el número de ciudadanos que se animaría a votar por el bloque que defiende Rufián fuera de esas provincias no sería tan relevante.
Para el investigador de Ipsos Spain el quid de la cuestión es la relación que acaben teniendo Podemos, Sumar e IU, las izquierdas estatales que necesitan ese 12% del voto inalcanzable si van por separado. Y si el papel que juegue el dirigente de ERC puede favorecer algún tipo de entendimiento. "Rufián es un activo indiscutible para la izquierda, pero necesita a los partidos involucrados y un encaje en las estructuras", desgrana Camas. Y esto es algo que ahora mismo se antoja imposible.
Casi al mismo tiempo que el catalán comienza su gira de conversaciones con dirigentes de la izquierda, los partidos del socio minoritario del Gobierno —IU, Sumar, Más Madrid y los comunes— relanzarán su alianza sin contar con Podemos, que hoy está más lejos que nunca de una reconciliación. Más allá de una reunificación improbable, la propuesta de Rufián contempla que rivales históricos como ERC y lo que hoy son los comunes tengan que ponerse de acuerdo para ir juntos en una candidatura estatal sin ningún beneficio electoral en sus circunscripciones originales.
"Necesitan movilizar al electorado que se movilizó el 23-J y también al que no se movilizó", ilustra Camas sobre el reto de las izquierdas. Y es ahí donde Rufián juega un papel en su calidad de nuevo referente de un espacio que pasa por una cierta orfandad. "Ha ocupado un vacío por méritos propios y por demérito de los demás", señala el sociólogo en alusión al fracaso de Yolanda Díaz en su intento por armar un partido como Sumar y también el "deterioro absoluto" de figuras como las de Pablo Iglesias, Ione Belarra o Irene Montero.
Ahí aparece el portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, que ha crecido políticamente en su década en Madrid, donde pasó de salir en el hemiciclo con una impresora a recibir el aplauso de casi todo el espacio de la izquierda. Tanto es así que su principal atractivo no tiene nada que ver con su papel de líder del independentismo, sino con su "capacidad para representar la oposición a PP y Vox". Las entrevistas que ha dado tras dar el paso adelante incluso han dejado ver una suerte de disculpas por los excesos del independentismo en los momentos más duros del procès.
El resultado de esta evolución puede verse perfectamente en los barómetros del CIS, que han aupado a Rufián como el líder de la izquierda preferido para el cargo de presidente del Gobierno. El desgaste de Yolanda Díaz, a quien los suyos cuestionan como posible candidata en las próximas generales ha sido paulatino desde el 23-J y ahora apenas el 3,1% la ve en Moncloa, cuando ese dato rondó el 20%. Por contra el político catalán la adelantó en el sondeo de diciembre y ahí siguió en enero a falta de conocer si su órdago ha tenido efectos en la oleada de febrero.
"Este tipo de anuncios sirven para agitar el avispero, pero el éxito pasa por un estudio riguroso y profundo", zanja Camas, que pone el foco en las casi 30 provincias en las que Sumar no logró escaño en las últimas generales y todos esos votos no se tradujeron en escaños. La solución a ese problema pasa por armar una coalición que mejore su desempeño y supere esa barrera del 12%. Y no solo eso, sino que los estrategas de la izquierda, si son capaces de limar sus diferencias, deben tener en cuenta que para lograr su cometido de evitar un gobierno del PP y Vox deben ser competitivos en aquellos lugares donde su éxito no suponga robarle un escaño al PSOE.
La coalición Ahora Repúblicas cosechó en Andalucía 2.898 votos en las últimas elecciones europeas. Es decir, casi 3.000 andaluces optaron por una alianza formada por el BNG, EH Bildu y ERC en una comunidad en la que solo el 2,2% de la población dice sentirse únicamente andaluz y donde el independentismo es una quimera. Es de suponer que alguno de ellos encaja con el perfil al que ha aludido Gabriel Rufián estos días cuando ha hablado de la posibilidad de que un dirigente secesionista como él pueda representar a alguien de Jaén o Algeciras.