El sacerdote del colegio de La Moraleja, ante la juez: "Soy inocente y Dios conoce la verdad"
El capellán del centro de La Moraleja trató de refugiarse en su fe, negó los tocamientos a menores y dijo que su "misión" siempre ha sido transmitir "la bondad y el amor de Dios y su mensaje a todos"
Nueva declaración. El sacerdote Marcelino, acusado de realizar tocamientos a alumnas de a partir de 6 años de edad en el colegio Highlands Encinar, en el barrio madrileño de La Moraleja, volvió esta semana a declarar ante la jueza a cargo de la investigación después de que los padres de otras niñas le acusaran de abusar de sus hijas. En respuesta a las preguntas de su abogado, negó de forma rotunda los hechos. "Pongo a Dios por testigo de que soy totalmente inocente de todos los delitos de los que se me acusa y Dios conoce la verdad", dijo ante la jueza.
El sacerdote fue detenido hace casi un año por la Policía y apartado de sus funciones. El caso provocó un verdadero terremoto en el centro y desencadenó la dimisión de su director. La magistrada titular del Juzgado de Instrucción número 7 de Madrid imputó hace meses a otras dos profesoras que callaron a pesar de que las menores les relataron lo que estaba sucediendo. Los abusos denunciados ascienden a siete.
Según precisan fuentes cercanas al caso, la nueva comparecencia se fijó tras la exploración de dos de las presuntas víctimas en el Juzgado. En su primera cita ante la juez el pasado septiembre, el sacerdote Marcelino aseguró encontrarse en shock y "perplejo" ante lo ocurrido. Atribuyó en parte las acusaciones a "su pasado", que le vincula con Marcial Maciel, del que fue secretario personal. El líder de los Legionarios de Cristo, acusado de abusar sexualmente de cerca de 175 menores a lo largo de cuatro décadas, fue expulsado de sus actividades como sacerdote en 2006.
En el Highlands, el religioso ocupaba el puesto de capellán y, según su descripción, se centraba en actuar como "guía espiritual" para "el acompañamiento y formación de los alumnos". Durante la declaración trató de dejar constancia de que no permanecía a solas con las menores en ningún momento. Precisó que nunca fue el encargado de vigilar el comedor o los recreos. "No estaba en mis funciones, si bien en algún momento puntual, si faltaba algún profesor, podía sustituirle. Siempre había conmigo al menos otros tres profesores y también otro personal del colegio para vigilar a los niños y cuidar su comportamiento", dijo.
Insistió en que "nunca", en ningún momento, tocó a las niñas "ni a ninguna otra alumna". Su versión es que el único momento en el que podría haber estado a solas con algún alumno "era para la confesión sacramental", que comienza en edades superiores a las de las presuntas víctimas, a partir de tercero de primaria. Tampoco allí tenía contacto directo con los menores, ya que las confesiones eran en la capilla, un lugar dividido en dos, con entradas separadas para el confesor y el que se confiesa, separados por un muro y una celosía de enrejado de madera.
Ante la magistrada desplegó una minuciosa descripción de las entradas al comedor y sus dependencias anexas, el lugar donde las niñas ubican los tocamientos. Insistió en que las puertas de conexión con el exterior o con el hall al que da la estancia donde los alumnos almuerzan son acristaladas y destacó que en la zona suele haber constantemente tránsito de personas. Los niños van entrando por cursos y "desde las doce y media hasta casi cuando tocan para volver a las aulas, el flujo es constante".
"Mi fe es todo para mi"
También quiso destacar que nunca hubo en el pasado quejas sobre su labor y poner de manifiesto su fe como escudo ante la posibilidad de que pudiera haber desplegado conductas como las denunciadas. "En todos los lugares en los que se me ha asignado a trabajar he procurado hacer mi labor lo mejor posible", dijo y destacó que concibe su "misión" como el mandato de transmitir "la bondad y el amor de Dios y su mensaje a todos".
"Creo que a todos he tratado siempre con respeto, con sumo respeto, cariño y bondad, especialmente a los niños. La fe tiene un valor importantísimo en mi vida, soy sacerdote, esas denuncias me han destrozado la vida literalmente, no concibo cómo se me ha podido acusar de algo así, porque es lo contrario a mis valores, mis principios y desde luego mi fe. Mi fe es todo para mí, es lo que da sentido a mi vida", contestó a su abogado.
Las familias de las denunciantes están representadas por el despacho Fuster Fabra que trata de forzar un ingreso en prisión provisional del capellán. De momento, el sacerdote tiene prohibido salir del territorio nacional y aproximarse a menos de 300 metros del colegio, así como a las menores denunciantes. Se le ha indicado que no podrá ponerse en contacto con ninguna de ellas bajo ningún medio o procedimiento.
Nueva declaración. El sacerdote Marcelino, acusado de realizar tocamientos a alumnas de a partir de 6 años de edad en el colegio Highlands Encinar, en el barrio madrileño de La Moraleja, volvió esta semana a declarar ante la jueza a cargo de la investigación después de que los padres de otras niñas le acusaran de abusar de sus hijas. En respuesta a las preguntas de su abogado, negó de forma rotunda los hechos. "Pongo a Dios por testigo de que soy totalmente inocente de todos los delitos de los que se me acusa y Dios conoce la verdad", dijo ante la jueza.