La crisis Lambán y el estado de nervios en el PSOE: Moncloa deja vendidos a los territorios
El batacazo de Alegría enciende las alarmas en Andalucía y Castilla y León, pero también en Valencia, donde apuestan por campañas autonómicas y no centradas en el debate estatal que alimenta el Gobierno
Óscar López y Pilar Alegría en una rueda de prensa del Consejo de Ministros. (EP)
Las heridas que no cicatrizan bien pueden provocar infecciones severas. En política, los debates aplazados, soslayados, generan también efectos no deseados: nervios, ansiedad y quiebra de la unidad. Los socialistas han pasado página a las últimas derrotas en las elecciones de Extremadura y en Aragón sin entrar en las causas profundas de la abstención de su electorado. Internamente sí han destripado los datos para concluir que los votantes de PP y Vox no crecen y que los suyos no están movilizados.
La conclusión, aunque válida, no parece suficiente. Si lo fuera, el ministro de Transformación Digital y secretario general del PSOE de Madrid, Óscar López, no habría tenido que rebuscar en el legado de Javier Lambán para justificar la pérdida de cinco escaños en Aragón.
Su apelación a que en los últimos años no hizo oposición a Jorge Azcón y favoreció así al PP, ha detonado una bronca interna que evidencia el estado de tensión. Las opiniones "personales" de López fueron rebatidas por Pilar Alegría, Félix Bolaños y muy duramente por Emiliano García-Page. El único intento de encontrar una explicación a lo ocurrido en las elecciones del 8 de febrero, cargando la responsabilidad en alguien fallecido recientemente, ha acabado en polémica. Y ha dado al traste con los intentos del PSOE de poner todo el foco en el PP y sus concesiones a la ultraderecha.
Es el riesgo de no cerrar bien las heridas. Y de desconectar a la Moncloa de la realidad territorial. La contestación de Pilar Alegría a Óscar López denota la existencia de una discusión abierta y, a la vez, su autoafirmación como líder del socialismo aragonés. En las perseverantes críticas de Page a Pedro Sánchez hay mucho de enfrentamiento político y personal pero también de argumentación para solidificar su mayoría absoluta.
Desde que el PSOE perdiera la presidencia de seis autonomías (Comunidad Valenciana, Canarias, Extremadura, La Rioja, Aragón y Baleares) e importantes ayuntamientos en 2023, presidentes, alcaldes y candidatos tienen muy presente que pagan el pato de la erosión del Gobierno. Esa convicción explica algunos de los pasos de Page, el tuit de Alegría y la vocación de muchas federaciones de primar los temas autonómicas.
Las más interesadas, precisamente, Castilla y León y Andalucía, las siguientes en ir a elecciones. Los primeros diseñan ya su campaña con el propósito de inundarla de temas regionales y de esquivar la contaminación nacional. Los segundos lo tienen más complicado porque su candidata es María Jesús Montero, principal apoyo de Pedro Sánchez, casi la cara femenina del sanchismo.
Será la segunda en pasar a examinarse de la estrategia de Moncloa de colocar a ministros como candidatos. Lo de Salvador Illa funcionó, pero con Alegría no ha ocurrido lo mismo. Y la situación hace pensar que el camino de la aragonesa parece el más probable, aunque en el PSOE andaluz consideran que no tiene por qué ser así. "Nosotros ya estamos en nuestro suelo", expresa un dirigente provincial andaluz, que recuerda que Juan Espadas ya se quedó en un 24% del voto en las elecciones de 2022. Su tesis es que la catástrofe de Extremadura y Aragón ya la vivieron en Andalucía, pero las encuestas publicadas hasta el momento no apuntan a una recuperación, sino más bien todo lo contrario.
Los socialistas andaluces están empeñados en encauzar el debate previo a las elecciones en la gestión que hace Juanma Moreno de los servicios públicos, que ha quedado en segundo plano tras el accidente de Adamuz y las borrascas que han asolado la comunidad en las últimas semanas. "En el Carnaval de Cádiz se han acordado mucho de Juanma y no de nosotros", expresa un miembro de la Ejecutiva autonómica. El caso de los cribados ha estado muy presente en las tablas del Gran Teatro Falla, pero no está claro que el sentir de la fiesta gaditana tenga una traducción en la movilización del voto de izquierdas, como aspiran en el PSOE.
El PSOE confía en que la indignación contra la gestión sanitaria de Moreno, que se escucha en el Carnaval de Cádiz, se traslade a las urnas
En el PSOE andaluz tienen claro que la única posibilidad que tienen de mejorar sus 30 escaños en el Parlamento autonómico pasa por animar a ese electorado y para ello cuentan con Pedro Sánchez. "Que venga todo lo que quiera venir", apuntan desde la dirección socialista andaluza, donde saben que Montero es casi la cara femenina del sanchismo. La idea es combinar la capacidad de polarización del presidente y enfocarla hacia los asuntos andaluces, ya que las medidas que aprueba el Gobierno central no acaban de movilizar al electorado. "La acción de gobierno ha pasado a segundo plano porque hablamos de Vito Quiles y los Meconios", se queja una fuente socialista.
Y en medio de esta situación sigue vivo el debate sobre la presencia de Montero sobre el terreno. "Me gustaría que estuviera más presente, pero es vicepresidenta y la elegimos por eso", explica una fuente de la Ejecutiva, que no cree que la ministra de Hacienda se equivocara al no acudir en los primeros días a los lugares más afectados por el temporal. "No quiero que venga, se ponga unas botas y se meta en un charco", abunda este dirigente socialista.
El caso de la ministra de Ciencia, Diana Morant, es parecido. La lideresa del PSPV-PSOE, una de las federaciones con más militantes del país, es una apuesta orgánica y política del propio Sánchez desde que le ofreció dejar la alcaldía de Gandía y coger una de las carteras de su gabinete. Su liderazgo se ha caracterizado por un alineamiento con la gestión gubernamental. No ha habido fisuras en esto, pese a las voces internas que le han aconsejado marcar algunas distancias y trabajar un perfil propio y con singularidades con respecto al argumentario de Ferraz. Hay cuadros incluso afines a Morant que creen que se ha perdido la libertad de reflexionar y “hacer autocrítica” para “mejorar”. Los sectores más críticos, con el alcalde de Mislata y secretario general de Valencia, Carlos Fernández Bielsa al frente, andan agazapados, quizás esperando el momento de saltar a la arena en caso de debacle en 2027.
En el momento de su elección como secretaria general del PSPV, antes de la dana del 29 de octubre de 2024, Morant ya trabajaba con un escenario de posible derrota frente a la alianza del PP de Carlos Mazón y Vox en la Generalitat, y una consolidación posterior como jefa de la oposición en busca de una segunda oportunidad. La ruptura de los ultraconservadores y la polémica gestión de la dana por parte de la Generalitat han alimentado la expectativa de una posible recuperación del poder autonómico. La dirección del PSPV asegura haber manejado sondeos internos que vaticinaban un vuelco antes de la dimisión de Mazón.
Pero desde el nombramiento de su sucesor, Juanfran Pérez Llorca, no han vuelto a publicarse trabajos demoscópicos. El clima político autonómico se ha desinflamado mucho. Los populares están tratando de sacar de la agenda las dudas sobre la gestión autonómica y volver a armar la rentable trinchera de los agravios del Gobierno y el malestar con Sánchez. Morant, por su parte, pasa cada vez más tiempo en la Comunidad Valenciana y busca trabajar las ventanas locales de debilidad de los conservadores, como ha hecho esta semana con el escándalo de la adjudicación de las viviendas protegidas de Alicante, donde se han beneficiado desde una concejal del equipo del alcalde Luis Barcala hasta funcionarios municipales. La polémica le ha costado el puesto al jefe de gabinete de la consellería de Industria y Turismo, Marián Cano.
En las filas socialistas se admite que el “foco nacional” domina la política española, pero ven diferencias con el caso de Pilar Alegría. Para la ministra de Ciencia no cabe la opción de hacer de Emiliano García-Page o Adriàn Barbón. No tendría sentido ni sería creíble sentada en el Consejo de Ministros. Pero cuadros del partido creen que existen fórmulas. La propuesta de financiación autonómica, pese al pacto con ERC, favorece a la caja valenciana y ha dado aire a Morant, que puede reprochar falta de alternativa y evidenciar las dependencias de Pérez Llorca con respecto a Génova. “A Diana la marcan desde Moncloa, pero al menos podemos decir que a Pérez Lorca también le marca la estrategia (Alberto Núñez) Feijóo, aunque sea perjudicial para la Comunidad Valenciana”.
“Hay margen para trabajar un discurso propio sin necesidad de aparecer enfrentada a Moncloa, por ejemplo defendiendo una bandera autonomista aprovechando las concesiones que el PP está haciendo a Vox”, señala una voz interna, que cree que Alegría apenas ha tenido tiempo de construir discurso ni proyecto, al aterrizar casi como paracaidista en la política aragonesa, con muy poco margen de tiempo y como relevo forzado de un barón crítico con Sánchez, como era el fallecido Javier Lambán. Su campaña, muy localista y de perfil bajo, apenas ha podido contrarrestar la ola conservadora y la desmovilización progresista.
“La situación de Diana es diferente. Lleva dos años al frente del partido y no hay elecciones hasta 2027. El PP ha evitado a toda cosa anticipar elecciones con la dimisión de Mazón porque sabía, al igual que Vox, que había riesgo de perder la Generalitat. Todavía pueden pasar cosas”, se afirma, a la vez que se confiesa la sensación de “desánimo” que hay instalada en las filas del PSOE ante la evidencia de que España se está adentrando en un “ciclo de derechas”.
Las heridas que no cicatrizan bien pueden provocar infecciones severas. En política, los debates aplazados, soslayados, generan también efectos no deseados: nervios, ansiedad y quiebra de la unidad. Los socialistas han pasado página a las últimas derrotas en las elecciones de Extremadura y en Aragón sin entrar en las causas profundas de la abstención de su electorado. Internamente sí han destripado los datos para concluir que los votantes de PP y Vox no crecen y que los suyos no están movilizados.