Careo, polígrafo y jurado: todos contra el 'pentito' Aldama en el anticipo del juicio de Ábalos
Si algo quedó claro es que el exministro y Koldo García comparten un enemigo común y van a por él. El empresario está en el punto de mira de ambos y se sacó artillería pesada para tratar de desactivar sus confesiones
El exministro José Luis Ábalos y el empresario Víctor de Aldama, en la vista. (EFE/Pool)
Lo sucedido este jueves en el Tribunal Supremo se vivió como un ensayo general de lo que será, en unas semanas, el juicio contra el exministro José Luis Ábalos, su ayudante de confianza Koldo García y Víctor de Aldama. Una puesta en escena preparatoria en la que se van presentando los personajes y comienzan a entreverse sus intenciones. Si algo quedó claro es que Ábalos y Koldo comparten un enemigo común y van a por él. El empresario está en el punto de mira de ambos y se sacó artillería pesada para tratar de desactivar sus confesiones.
Todo comenzó con el apelativo, para nada cariñoso, con el que le han bautizado. Como en las mejores historias de la Cosa Nostra, Aldama se ha trasmutado para el resto de los acusados en el 'pentito'. La idea ya se sugiere en el escrito de defensa de Ábalos, donde se dice que toda la investigación habida hasta el momento "se basa en la declaración de un pentito y en una hoja de anotaciones por él elaborada, no se sabe si exprofeso para la causa".
Al parecer, continuaba la defensa, "dicha persona habría llegado a un acuerdo con la acusación para incriminar al resto de los investigados a cambio de beneficios penales y penitenciarios". Aldama el arrepentido, el traidor, el chivato que daña al resto para salvarse. Para desactivarle, la primera en abrir fuego fue Leticia de la Hoz, la abogada de Koldo García, que no dejó propuesta por hacer.
Reclamó un careo entre su cliente y el empresario, un pulso en el que se pueda evidenciar cuál de los dos tiene más credibilidad. También solicitó que se recurra a un polígrafo que demuestre si alguno miente. Además de eso, cuestionó al Supremo que, en su opinión, no debería tener vela en este entierro. En su opinión, el caso mascarillas debería quedar en manos de la Audiencia Nacional y plantearse ante un jurado popular.
Ábalos y Koldo asistían a esta andanada, el uno con gesto serio y, por momentos, cara de indispuesto, y el otro con la mano en el rostro, tapándose la cara para evitar que su imagen se difundiera de forma clara. No se cruzaron ni la mirada en toda la mañana. La distancia con Aldama, del que les separaban dos agentes de la policía nacional -sentados junto a los acusados- era mucho más que la que ocupan un par de asientos. Apenas un metro, pero varios años luz de separación.
Chivato vs. colaborador
Eso también quedó claro en el informe del abogado de Aldama. "No existe ningún acuerdo de conformidad", aseguró de forma rotunda José Antonio Choclán. "Lo que ha hecho el señor Aldama no es sino adoptar un procedimiento que está previsto por la ley", lanzó para negar que haya ningún tipo de "acuerdo opaco". No es el pentito, es el colaborador, incentivado por la opción de acceder a determinados beneficios. El fiscal jefe Alejandro Luzón insistió, en su turno, en la misma idea y adelantó que se estudia una rebaja en la petición de su pena, ya reducida, pero que puede estarlo aún más.
Por su parte, el letrado de Ábalos, Marino Turiel, estuvo de acuerdo con su compañera de la defensa y se adhirió a sus peticiones que, en un punto, pasaron de ir contra Aldama para ir contra el tribunal. De la Hoz reclamó con poca suerte la recusación de cinco magistrados. También habló de la violación, durante la instrucción, de la "inmunidad del diputado" y del doble rasero que implica que, al ser juzgado por el TS, su cliente renuncie a opciones de recurso que otros sí tendrán. Todo eso después de elegir dejar su escaño y pasar a "un limbo al que optó" pero que le deja flotando en la nada de Soto del Real.
Lo sucedido este jueves en el Tribunal Supremo se vivió como un ensayo general de lo que será, en unas semanas, el juicio contra el exministro José Luis Ábalos, su ayudante de confianza Koldo García y Víctor de Aldama. Una puesta en escena preparatoria en la que se van presentando los personajes y comienzan a entreverse sus intenciones. Si algo quedó claro es que Ábalos y Koldo comparten un enemigo común y van a por él. El empresario está en el punto de mira de ambos y se sacó artillería pesada para tratar de desactivar sus confesiones.