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La guerra de nervios entre PP y Vox acerca a Extremadura a una repetición electoral en junio
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AL BORDE DE LA RUPTURA

La guerra de nervios entre PP y Vox acerca a Extremadura a una repetición electoral en junio

Guardiola y Bambú elevan los ataques, las amenazas y las acusaciones de "filtraciones", mientras crece el malestar en el PP por un posible escenario electoral. Ferraz despeja cualquier duda: "ni muertos" investirán a la extremeña

Foto: El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, junto a la presidenta de Extremadura, María Guardiola. (Europa Press/Jorge Armestsar)
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, junto a la presidenta de Extremadura, María Guardiola. (Europa Press/Jorge Armestsar)
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Si alguien en el PP hubiera podido anticipar lo que ahora está ocurriendo en Extremadura, probablemente los promotores del adelanto electoral se lo hubieran pensado dos veces. Quizá también se habría resistido Jorge Azcón si hubiera pesado el riesgo de perder fuelle en Aragón frente a un Vox sin techo, como finalmente sucedió, aunque en su caso sí parece más sencillo retener el ejecutivo autonómico. Pero María Guardiola se encuentra ahora mismo "en un callejón sin salida". Y Santiago Abascal, al borde de pulsar el botón de la ruptura definitiva. Las espadas están en alto, y los tambores electorales vuelven a sonar con fuerza.

Las conversaciones llevan semanas paralizadas. El equipo negociador de Guardiola —del que también forma parte su número dos, Abel Bautista, y en cuya mesa no hay ningún representante de Génova— se ha reunido en tres ocasiones con el líder regional de Vox, Óscar Fernández, y la 'enviada' de Bambú, Montserrat Lluís. De la "cordialidad" inicial se pasó a la bronca más absoluta, a los ataques, a las amenazas, a los desmentidos e, incluso, a las acusaciones de "filtraciones" para dinamitar los acuerdos. Una guerra de nervios que, a juicio de dirigentes a distintos niveles del PP, puede conducir a una repetición electoral de la que se culpan de forma mutua.

Las hostilidades vienen de lejos pero se han intensificado en las últimas horas. No hay visos de retomar los contactos, sólo un intento de responsabilizar al contrario ante un horizonte electoral cada vez más cercano. En el PP de Extremadura llevan días instalados en el desconcierto absoluto por la negativa de Vox a reunirse con ellos para intentar desatascar la situación, mientras que Fernández eleva cada vez más el tono en redes sociales. Denunciaban los populares las "condiciones desproporcionadas" que Vox había puesto encima de la mesa, mientras los de Abascal insistían en que no darían "ni un paso atrás".

El PP insistía en que no entendía el bloqueo. Aseguraban que coincidían en "el 95%" de sus peticiones programáticas. El escollo era el reparto de puestos de gobierno. Ambas partes pactaron discreción absoluta en la negociación. Pero la baraja se rompió este miércoles. Porque El País publicó que Vox había pedido cuatro consejerías clave (Economía, Agricultura, Presidencia-Interior e Industria), además de la vicepresidencia. Diversas fuentes cercanas al PP regional señalan a El Confidencial que Abascal habría exigido, además, "el control" de la televisión autonómica de Extremadura.

Foto: guardiola-y-vox-cronifican-su-hostilidad-y-se-asoman-a-una-primera-investidura-fallida

Los populares no creen que la cascada de demandas sean por la ambición de Vox, sino por la intención de dinamitar cualquier entendimiento. Para muchos, era la confirmación casi definitiva de que Abascal no permitirá investir nunca a María Guardiola. Que la llevará al límite. "Saben que es imposible que asumamos todo eso", afirman. Asumen también en el PP que la presidenta de Extremadura en funciones fracasará en la primera votación de investidura, prevista para el próximo 3 de marzo.

Y tampoco la ven casi opciones para la segunda votación 48 horas después, en la que sólo necesita la abstención de Vox. A partir de ahí tendrían dos meses para intentar un acuerdo. Si no existe, las Cortes se disolverían el 3 de mayo. Y con el Estatuto en la mano, las elecciones caerían el 28 de junio, colisionando casi por completo con la vital campaña andaluza. En las filas de los conservadores comienza a crecer un hondo malestar por esta situación. Están convencidos de que una repetición electoral les perjudicaría, beneficiaría a Vox y daría una oportunidad al PSOE para recuperarse.

Oficialmente, ni en el equipo de Guardiola ni en Bambú concretan el reparto de sillones que hay encima de la mesa. Pero en la dirección de Abascal sí existe un cabreo monumental por lo que ven como una filtración interesada del PP para culparles del bloqueo y que encona todavía más la búsqueda de cualquier acercamiento. "Las negociaciones son secretas. Ella ha roto un principio fundamental, y le va a costar caro", afirman fuentes bien posicionadas de la cúpula ultraconservadora.

Insisten en Vox que hoy por hoy están "en un punto de difícil retorno" y que la desconfianza se ha disparado aún más "por desvelar conversaciones privadas y negociaciones". Fernández incendió aún más el panorama con un mensaje en X a última hora de la tarde del miércoles en el que apuntó a que el PP había filtrado a los medios "convenientemente manipuladas y falseadas nuestras primeras posturas en los intentos de negociación", deslizando que sólo se trataba de sus condiciones iniciales. "Así no vamos a ningún lado", sentenció Óscar Fernández.

Guardiola, por su parte, entró también al trapo en redes sociales y desmintió que ella o su equipo hubiesen "filtrado" ningún tipo de información. Sugirió también que lo publicado en el citado medio de comunicación "no se corresponde con la realidad", y justificó que si hubiese sido ella ya habría hecho públicos los "documentos completos". No lo ha hecho, aseguró, para no dinamitar por completo las negociaciones. Y volvió a tender la mano.

El PP y la 'abstención' del PSOE

El previsible fracaso de la primera investidura de Guardiola en poco más de dos semanas sólo podría evitarse a estas alturas con la abstención del PSOE. Es una vía que en Génova habían descartado por completo, pero que volvió a cobrar fuerza en la frenética jornada del miércoles a cuenta de los "errores" comunicativos que en el partido achacan tanto a la dirección nacional como a la propia Guardiola, "equivocaciones" de última hora que han levantado enorme polvareda por encontrarse en un momento crítico, tanto de las negociaciones en Extremadura como de la precampaña en Castilla y León.

La presidenta en funciones de Extremadura desveló el pasado martes que había contactado con el PSOE para pedirle su apoyo. El presidente de la gestora de los socialistas en la región desmintió tal conversación, y Guardiola quiso reafirmarse en X. "La única verdad es que no negocio con este PSOE ni con el sanchismo. Pero sí te llamé y te pedí, por responsabilidad, que el PSOE debía abstenerse, a la vista de los peores resultados de la historia de Extremadura", afirmó. A juicio de distintos cargos consultados, desempolvar esta cuestión fue un "error" que sólo sirvió a Vox de munición, tanto en Extremadura como en Castilla y León.

El asunto subió de nivel después de que una fuente autorizada de Génova apuntase a que la dirección respalda la decisión de pedir la abstención, y que "preferían" incluso sacar adelante la investidura gracias a una abstención de los socialistas que a un acuerdo de coalición con Vox, aunque matizaron poco después que se referían a que, como cualquier partido político, "preferimos gobiernos en solitario antes que entregar poder a otros partidos".

El episodio, sin embargo, generó desconcierto interno y malestar en el PP de Extremadura, que no entendían las noticias que llegaban de la capital. "Con el PSOE de Sánchez siempre hemos dicho que ni agua", incidían. En el entorno de Guardiola recalcan que Guardiola ni ha pactado ni va a pactar con los socialistas y que trabaja "exclusivamente" en resolver la difícil situación en la que se encuentra con Vox.

Foto: malestar-derechas-pp-frenar-vox

Por si habia alguna duda, Ferraz reiteró ayer el portazo absoluto a cualquier opción de permitir la investidura de Guardiola y evitar elecciones, informa Marisol Hernández. "Ni muertos", zanjan, de forma categórica. Rechazan de este modo el hecho de que el alcalde de Mérida, el socialista Antonio Rodríguez Osuna, abriese la puerta a negociar con la presidenta de Extremadura para esquivar a Vox. El debate quedó zanjado, pero el horizonte sigue siendo peliagudo para los populares.

Génova tampoco quiere una repetición electoral, pero exigen "proporcionalidad" que no encuentran en los de Abascal. Las consecuencias de un nuevo escenario de elecciones en verano son aún desconocidas. Para Guardiola, para el resto de barones autonómicos y para el propio Alberto Núñez Feijóo.

Si alguien en el PP hubiera podido anticipar lo que ahora está ocurriendo en Extremadura, probablemente los promotores del adelanto electoral se lo hubieran pensado dos veces. Quizá también se habría resistido Jorge Azcón si hubiera pesado el riesgo de perder fuelle en Aragón frente a un Vox sin techo, como finalmente sucedió, aunque en su caso sí parece más sencillo retener el ejecutivo autonómico. Pero María Guardiola se encuentra ahora mismo "en un callejón sin salida". Y Santiago Abascal, al borde de pulsar el botón de la ruptura definitiva. Las espadas están en alto, y los tambores electorales vuelven a sonar con fuerza.

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