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El 'homo propagandisticus': Sánchez se vincula a Puente y repite la nula autocrítica del apagón
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PLENO DE ADAMUZ

El 'homo propagandisticus': Sánchez se vincula a Puente y repite la nula autocrítica del apagón

Sin asumir responsabilidades, el jefe del Ejecutivo convierte el pleno del Congreso en un "aló presidente" para reproducir sin límite de tiempo todos los mantras de su Gobierno y no asumir ninguna responsabilidad

Foto: Pedro Sánchez comparece en el Congreso por la crisis ferroviaria. (EFE/Javier Lizón)
Pedro Sánchez comparece en el Congreso por la crisis ferroviaria. (EFE/Javier Lizón)
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Del Polo norte al Polo sur, de Ucrania a Mercosur, de Adamuz a la OTAN, del Ventorro a Venezuela, de Angrois a Irán y del magnate Musk destrozando "la salud mental de los niños" al exlehendakari Patxi López dando lecciones sobre cómo hay que tratar a las víctimas. Flaco favor hace Pedro Sánchez al parlamentarismo al esconderse cada vez más en decretos ómnibus o en plenos multitema como el de hoy, en el que un trágico accidente ferroviario se mezcla con la política exterior como si fuera lo normal.

El mero enunciado de la comparecencia es en sí mismo un choteo a la seriedad que debe acompañar el debate público en sede parlamentaria: "Para dar cuenta de la posición del Gobierno de España en los distintos encuentros y foros internacionales en los que ha participado, así como para informar sobre los últimos accidentes y la situación actual del servicio ferroviario". El objetivo es limitar las votaciones, porque las pierde, y pervertir los debates, porque han devenido en sucesión de monólogos para enviar a su parroquia las mejores frases a través de las redes sociales. Luego hablaremos de Sartori.

Sánchez hace estas cosas con una naturalidad pasmosa: esta mañana ha llegado a sacar pecho por las comparecencias en el Congreso y en el Senado para hablar de la tragedia ferroviaria, cuando él mismo ha desatendido una citación del pleno de la Cámara Alta, su penúltima agresión al Poder Legislativo y, por extensión, al Estado de derecho. Pero, una vez más, en el mundo de Sánchez lo que no se dice no existe. El problema es que lo dice abusando de su límite de tiempo para lanzar todos los mantras que interesan a su estrategia política.

Foto: sanchez-promete-una-revision-de-los-protocolos-de-seguridad-mientras-feijoo-le-culpa-de-las-muertes

En el mundo del presidente del Gobierno tampoco hay espacio para la autocrítica. Veinticuatro días después del accidente de Adamuz, Sánchez se ha vinculado al ministro de Transportes, Óscar Puente, no ha asumido ningún error en la gestión ferroviaria, y ha recurrido a la misma táctica de comunicación política que utilizó tras el apagón de abril de 2025: ganar tiempo para no tener que asumir responsabilidades.

El Gobierno sabe que en la percepción de los ciudadanos el sistema ferroviario está en cuestión, y así lo dictan las primeras encuestas publicadas por los medios de comunicación: según publicó este lunes El País, casi la mitad de los usuarios se plantea dejar de viajar en tren o ya ha dejado de hacerlo tras el accidente de Adamuz y el 58% afirma que el sistema ferroviario español le ofrece “poca” o “ninguna” confianza. Esa es la percepción social, más allá de la naturaleza del debate político. Y Sánchez, como es su obligación, defendió la seguridad del sistema, aunque para eso no hace falta incurrir en la hipérbole permanente, ya sea decir que el AVE circulará a 350 kilómetros por hora -como puente anunció hace dos meses- o que "si pusiéramos los 17.000 km de las vías en línea recta, uniríamos las costas del Polo Norte y del Polo Sur".

Feijóo salió como un miura para exigir la dimisión de Puente y de Sánchez: "No ha asumido un solo error y ha venido a mentir", "su tomadura de pelo a la gente", "han jugado a la ruleta rusa con nuestra seguridad", "deberían haber venido es a pedir perdón y asumir las consecuencias", "cada vez que ocurre una tragedia el presidente se fuga", "Gobernar no es viajar en Falcon", "vigilan más las redes sociales que las redes ferroviarias", "es el método del galgo de Paiporta, eludir sistemáticamente su responsabilidad política", "su negligencia fue continuada y tuvo resultado de muerte" y "su Gobierno se sentará en el banquillo también por esto".

Pero Feijóo no sólo se ha quedado en las acusaciones, sino que ha planteado diez argumentos: no velaron por la ejecución correcta de las obras, fabricaron trenes que no caben por los túneles, tienen un ministro de Fomento en la cárcel y a Koldo García contratado por una adjudicataria de Adif que ejecutó esta obra, no hicieron un verdadero análisis de riesgos antes de liberalizar el tráfico ferroviario, no adecuaron la conservación a esa modificación del tráfico, no reforzaron las inspecciones, sólo han ejecutado el 20% de los fondos europeos, amortizaron la Dirección General de Seguridad de Adif y la diluyeron en cuatro personas, tienen al frente de la Agencia Estatal de Seguridad a una persona sin capacidad ni experienci y en 2025 no celebraron ni una sola sesión del Comité General de Seguridad de Adif.

Además, le acusó de desoír las advertencias de hasta ocho instituciones sobre el riesgo de accidente ferroviario y concluyó con dos preguntas: "¿Qué tiene que pasar para que este Gobierno se sienta responsable de algo?" y "¿qué tiene que pasar para que ustedes los socios se lo exijan?".

Matar a la oposición

En el mundo de Sánchez, las réplicas son un excelente momento para matar a la oposición. Son efectivas, porque se nota que se las prepara el ejército de asesores que trabajan en Moncloa, perfectamente coordinados: una parte la tarde antes, otra en riguroso directo. No parece creíble que el presidente del Gobierno conozca de memoria los informes de esas ocho instituciones, y en particular los que negó: el del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y el de la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia (CNMC). Hay que reconocerles a los asesores de Moncloa que preparan discursos, réplicas y dúplicas con precisión quirúrgica para tocar las teclas de la sinfonía de Sánchez, una composición que bien podría llamarse "el muro".

Eso sí, quién está a un lado o al otro depende de los intereses del presidente. En su intervención se ha apoyado en una información de este periódico para atacar a Santiago Abascal: "Vox paga 26.700 € mensuales al principal asesor de Abascal a través de una SL sin empleados". Pero cuando este mismo periódico publica noticias demostradas, veraces sobre Begoña Gómez, a Sánchez y a sus ministros les parecen bulos. Curioso retorcimiento de la verdad, como culpar de todo al PP, ya sea este, el anterior o el anterior del anterior. Porque la gestión de Sánchez, según Sánchez, es inmaculada. En más de tres horas de intervenciones, el presidente no asumió ni un solo error. Es el mundo de Sánchez.

El politólogo italiano Giovanni Sartori publicó Homo Videns en 1997 para advertir de que la televisión estaba pervirtiendo los parlamentos y convirtiendo el debate público en un plató y en un espectáculo. Urge una revisión de aquel libro que fue premonitorio, pero se quedó corto, principalmente porque se escribió antes de internet. Y porque en estos debates el presidente del Gobierno ya no es solo un señor defendiendo su gestión en esa Cámara, sino los mensajes que sus asesores le envían en directo a través del móvil y él reproduce con gran habilidad para acabar con la oposición. Se podría titular "homo propagandísticus", aunque eso sea una forma de destrozar la salud mental de los adultos. En eso es un campeón, del Polo norte al Polo sur.

Del Polo norte al Polo sur, de Ucrania a Mercosur, de Adamuz a la OTAN, del Ventorro a Venezuela, de Angrois a Irán y del magnate Musk destrozando "la salud mental de los niños" al exlehendakari Patxi López dando lecciones sobre cómo hay que tratar a las víctimas. Flaco favor hace Pedro Sánchez al parlamentarismo al esconderse cada vez más en decretos ómnibus o en plenos multitema como el de hoy, en el que un trágico accidente ferroviario se mezcla con la política exterior como si fuera lo normal.

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