Los malestares de las derechas: por qué el PP no sabe frenar a Vox
La hoja de ruta de Feijóo es clara: puede que los de Abascal estén recogiendo más voto, pero los gobiernos están en manos del PP y así continuará siendo. Sin embargo, hay marejada de fondo
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. (Europa Press/Rober Solsona)
Tras las elecciones aragonesas, Génova quiere transmitir calma. Vox está creciendo, pero el PP continúa siendo el primer partido y a una distancia importante de sus seguidores. Por más que los de Abascal den pasos adelante, hoy los gobiernos están en manos populares. Las encuestas acerca de unas elecciones generales arrojan el mismo resultado. No hay que dejarse llevar por el nerviosismo. Feijóoinsiste en que su partido ocupa el lugar central y que ese espacio no está en peligro.
Hay quienes entienden que el PP debería actuar de otra manera, y que devolver a Vox al redil resultar prioritario. Perciben a los de Abascal como una suerte de caballo de Troya sanchista, como “el único argumento que les queda a los socialistas para minimizar el impacto de su desplome y para albergar expectativas de remontada a medio plazo”. Cuanto más Vox, menos PP, afirma una nota de FAES, que insiste en las palabras de Aznar en el último Congreso del PP: “Hay que concentrar en nuestras siglas la confianza de una mayoría nacional, ancha, a derecha e izquierda, para conseguir un objetivo que rebasa estas siglas”. Hay quienes, dentro del PP, comulgan con esta intención de Aznar, la de construir la casa común de la derecha.
¿Quién para a Vox?
Sin embargo, nadie parece haber encontrado la fórmula para detener a un Vox que está en su momento de auge. Guardiola lo intentó confrontando con los de Abascal en Extremadura, mientras que Azcón prefirió poner el foco enPilar Alegría y Pedro Sánchez. Ninguna de las dos fórmulas ha funcionado para frenarlos. En Castilla y León no se espera una mayoría absoluta de Mañueco, y tampoco es probable que la conserve Moreno Bonilla. Ni siquiera los números son optimistas, en ese sentido, para Ayuso en Madrid.
Feijóo quiere poner tranquilidad a esa inquietud de fondo. El PP debe centrarse en ofrecer soluciones a Sánchez en lugar de preocuparse en exceso por el voto del malestar que recoge Vox. Hace tiempo que la derecha española (incluidos sus votantes) asumió que la prioridad es sacar a Sánchez de la Moncloa; si el PP no puede hacerlo solo, lo hará en compañía de los de Abascal.
El votante liberal moderado existe, pero solo entre clases urbanas con recursos y formación
Hay una dificultad en Génova a la hora de afrontar la pelea con Vox. Ese reparto de posiciones, con el PP ocupando el centro derecha y los de Abascal el extremo, es deudora de electorados pasados. Un Feijóo como líder de la derecha liberal presupone que el núcleo electoral son votantes conservadores moderados que ven con malos ojos los excesos de Abascal, como su postura agresiva frente a la inmigración o su pulsión autoritaria. Pero a los centristas liberales les está ocurriendo lo mismo que a los socioliberales, que cada vez se dirigen más a las clases directivas urbanas. Ese tipo de votante existe, pero solo entre segmentos urbanos con recursos y capital simbólico que suelen poner énfasis en las instituciones, que insisten en la necesidad de consensos, hacen gala de cierta apertura cultural e identifican la totalidad del descontento social con el descontento con Sánchez. Esas ideas dicen bastante más sobre ellos mismos que acerca de la sociedad sobre la que proyectan su mirada.
La sociedad española está transformándose sociológicamente y es cada vez más de derechas, como el resto de Europa
El voto popular se nutre de diferentes entornos. Están los seguidores fieles, los pensionistas o los funcionarios que no quieren grandes cambios, los que están cómodos con sus gobernantes locales, los que forman parte de redes de interés territoriales, los que votan por tradición o los que quieren sacar a Sánchez del gobierno, entre otros. Cuando los populares quieren activar a sus simpatizantes o pelear con Vox adoptan un tono más duro con el presidente del Gobierno, flirtean con declaraciones más atrevidas o se muestran más contundentes con la inmigración.
Sin embargo, los cambios sociales han generado preocupaciones diferentes: el descontento emana de muchos focos. Ha prendido a ambos lados del espectro político (por más que la sociedad española esté transformándose sociológicamente y cada vez sea más de derechas, como el resto de Europa) y cada ámbito ideológico trata de redirigirlo hacia lugares distintos.
El foco en Sánchez y las llamadas al liberalismo prudente y al respeto a las instituciones surten poco efecto frente a los nuevos malestares
Es un malestar difuso que afecta a partes significativas de la población y que genera electorados poco motivados y poco definidos, y que tiende a denostar la política. Es un descontento que, en la derecha se reparte entre las diferentes opciones, incluidas las territoriales, pero que está alimentando en mayor medida a Vox. Frente a este tipo de malestar, las llamadas al liberalismo prudente y al respeto a las instituciones, así como poner en el foco a Sánchez, surten poco efecto. El PP no ha sabido llegar a este tipo de votante y es una de las causas por las que no puede frenar a Vox.
Castilla y León es un territorio donde este malestar puede afectar en buena medida a los populares. Mañueco tiene difícil jugar la baza de la buena gestión, como hizo Azcón, porque los incendios del pasado verano le dejaron tocado. También hay provincias, como León, Zamora y Salamanca, que se sienten perjudicadas por Valladolid y cuyo voto puede ir a parar a partidos regionales. Soria y Ávila cuentan con partidos provinciales. Vox está en niveles notables de voto. Salf ha anunciado que se presentará. Será el siguiente paso de una lucha entre las derechas que cada vez se pondrá más interesante.
Tras las elecciones aragonesas, Génova quiere transmitir calma. Vox está creciendo, pero el PP continúa siendo el primer partido y a una distancia importante de sus seguidores. Por más que los de Abascal den pasos adelante, hoy los gobiernos están en manos populares. Las encuestas acerca de unas elecciones generales arrojan el mismo resultado. No hay que dejarse llevar por el nerviosismo. Feijóoinsiste en que su partido ocupa el lugar central y que ese espacio no está en peligro.