El PP se resigna a gobernar con Vox y encara en estado de alerta las elecciones en Castilla y León
Dirigentes y barones piden una reflexión interna para afrontar el ascenso de Abascal y confían en que retrocedan si asumen consejerías de peso en los Gobiernos autonómicos. Feijóo exige mayor movilización a los alcaldes
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, junto al presidente de Aragón, Jorge Azcón. (EFE/Javier Belver)
El Partido Popular afronta el ecuador del carrusel electoral de 2026 con la satisfacción de haber desnutrido al PSOE, pero también con la creciente preocupación de haber dado, quizá antes de tiempo, demasiadas alas a Vox. La fuerza de Santiago Abascal siempre ha sido objeto de debate interno y las dudas respecto a cómo contener al partido situado a su derecha arrecian ahora con más fuerza que nunca. El aviso en Extremadura y la dentellada en Aragón, dos elecciones planificadas y adelantadas con el aval de Feijóo, obligan a abrir un debate sobre cómo afrontar el fenómeno sin freno de Vox y encienden las alarmas de cara a Castilla y León.
En el partido admiten no haber conseguido dar aún con la tecla para contener a Abascal. En algunos sectores piden priorizar los ataques al Gobierno en un momento en que la polarización se sitúa en su cota máxima y que Vox rentabiliza electoralmente. "La gestión ya no nos impulsa", lamentan. En otros niveles, donde hablan cargos y barones de corte moderado, reclaman volver a las esencias de "partido de Estado", alejarse de los "populismos" y, sobre todo, no intentar "copiar" al partido de Santiago Abascal. También hay quienes admiten con cierto pesar que, mientras Sánchez siga en Moncloa, la ola de Vox será "imparable".
Pero todos coinciden en que algo hay que hacer. Y hay una vía en la que sí existe unanimidad. Era una salida que ya sobrevoló en el PP tras comprobar que Guardiola se quedó lejos de las expectativas por el auge de Vox —se alzó con el 43% del voto, pero sin romper la tutela de Abascal— y cuya semilla plantó públicamente Juanma Moreno en diciembre: "Sólo empezarán a bajar cuando entren en los gobiernos y asuman responsabilidades". Tras la experiencia de Aragón, donde Jorge Azcón ganó pero retrocedió en escaños y votos respecto a 2023, nadie en el PP alberga dudas de que el "abrazo del oso" es la única opción de intentar frenar a Abascal.
Las elecciones de este 8 de febrero han servido para ratificar un cambio de paradigma al que Génova ya se había comenzado a asomar. El propio Feijóo dejó caer a puerta cerrada a la plana mayor del PP este lunes que "mientras Vox no empiece a gobernar no acumulará desgaste alguno", según interpretan distintos dirigentes presentes en la Junta Directiva Nacional celebrada en Madrid. Es una tesis de la que Guardiola tomó nota, que ya han asumido también en Aragón, y que muy posiblemente tengan que seguir en Castilla y León, territorio que abrirá las urnas en poco más de un mes.
Los adelantos electorales de Extremadura y de Aragón tenían como primer objetivo reducir la dependencia de la ultraderecha ante el doble bloqueo presupuestario que acumulaba la legislatura, además de acelerar el hundimiento del PSOE. Han conseguido lo segundo, pero la fuerza de Vox les obligó a cambiar de planes, reajustar su estrategia y resignarse a que Abascal es un socio necesario. "Vamos a depender de ellos, tengan 7 o 37", asumen ahora. Feijóo también ha ido matizando el compromiso exhibido en el congreso nacional de julio de 2025 sobre gobernar en solitario. "Serán los ciudadanos los que decidan", dijo en Cope a finales de enero.
Antes de enfrentarse al escrutinio, Jorge Azcón rechazó públicamente volver a gobernar en coalición con Vox. Pero la realidad es tozuda también para él. Y no sólo por la necesidad de desgastar al partido situado a su derecha, sino porque el resultado electoral no le deja demasiado margen de maniobra. Tampoco lo tienen en Vox, que debe demostrar la utilidad de los 14 escaños conseguidos en Aragón. "La gran pregunta es si Vox está dispuesto a asumir responsabilidades. En política hay que saber cuándo toca arremangarse y ponerse el mono de currar", retó Azcón. Bambú no tardó en despejar las dudas y pidió ya ayer puestos de gobierno.
Ana Belén RamosBorja NegreteGráficos: Unidad de DatosGráficos: EC Diseño
En el entorno de confianza del barón aragonés confirman la intención de negociar con Vox con sillones encima de la mesa porque "es la única forma de que dejen de crecer". La idea, compartida por Génova, pasa por ofrecer puestos de peso para obligar a que los de Abascal "se retraten o se desgasten". En el PP retan en este punto a Vox a asumir carteras de gestión, no accesorias, para forzar su erosión política. Ironizan con que asuman por ejemplo la consejería de Sanidad para responder ante el malestar con las listas de espera sanitarias. Que vayan más allá de Agricultura o de Industria para "ir de inauguración en inauguración".
La teoría está clara, pero hay dudas respecto al resultado. Guardiola ya ofreció a Vox entrar en su gobierno autonómico, pero las negociaciones están completamente paralizadas y no se descarta siquiera una repetición electoral. En el PP asumen que Abascal no moverá ficha tampoco con Azcón hasta no tener el puzle completo con Castilla y León, ya que cualquier acercamiento prematuro a los populares agrietaría el discurso duro contra los de Feijóo sobre el que el líder de Vox basa gran parte de su campaña. Distintas fuentes consultadas coinciden también en que Azcón tiene más opciones de formar gobierno que Guardiola.
Sea cual sea el resultado final de esa negociación, las posibles consecuencias políticas de un acuerdo de coalición con Vox no se dejarán notar en Castilla y León, un horizonte ante el que el PP miran con pesimismo. "No nos va a ir bien", asumían distintos dirigentes que acudieron a Madrid este lunes. Es cierto que los ánimos estaban bajo mínimos. Tras el golpe de perder dos escaños en Aragón las expectativas con el territorio gobernado por Alfonso Fernández Mañueco se han desplomado.
La opinión mayoritaria es que el próximo 15 de marzo se repetirá el patrón de Extremadura y Aragón: el PP puede resentirse, Vox se disparará y el PSOE se hundirá por tercera vez consecutiva. La clave de ese desánimo en las filas de los conservadores no haber conseguido rentabilizar electoralmente el descalabro de los socialistas. El PP resiste, pero no triunfa. Y eso, a ojos de muchos, es un melón que hay que abrir más pronto que tarde. "Tenemos que encontrar la fórmula", admite un barón. "Debemos capitalizar los deseos de cambio", aporta otro líder territorial.
Feijóo pide más movilización
La reunión de este lunes en Génova sirvió para intentar sacar algunas conclusiones de lo ocurrido en la última cita electoral. Feijóo quiso calmar a los suyos prometiendo una "reflexión" sobre el resultado de Aragón y dio su palabra de que no se quedarán de brazos cruzados. A puerta cerrada, el líder del PP ensalzó el hecho de seguir "ganando elecciones" en un momento en que se ha consolidado un partido situado en un espectro ideológico similar, y vinculó, de nuevo, el auge de Vox al voto "del cabreo" que, según añaden en Génova, busca "un ajuste de cuentas" con el Gobierno.
En el entorno del líder popular culpan de forma directa al PSOE de la subida de Santiago Abascal, al que acusan de "alimentar" con medidas controvertidas en plena campaña como la regularización masiva de inmigrantes. Y asumen que "no bajarán" mientras Sánchez siga en la Moncloa. Es una tesis que también respaldó, a su manera, Isabel Díaz Ayuso, que pronunció una frase que no pasó desapercibida para los presentes en la reunión de Madrid. La dirigente valoró la dificultad de frenar la indignación social y la subida de Vox en un momento en que "se nos ha colado un dictador en el sistema", en alusión al presidente del Gobierno.
A puerta cerrada, y según distintas fuentes presentes, Feijóo pidió también mayor movilización del partido y envió un "recado" al poder municipal. Trasladó que estaría vigilando el resultado en cada localidad para comprobar el trabajo realizado. Tanto Aragón como Extremadura abrieron por primera vez las urnas sin que coincidiesen con unas municipales, un factor que a la interna creen que afectó negativamente. En Teruel capital, por ejemplo, Vox se quedó a poco más de 1.000 votos de superar al PP. "El partido no estaba igual de tensionado. Cuando no son ellos [los alcaldes] los que se la juegan, se relajan", apunta un dirigente de la confianza del líder popular.
Hasta aquí hemos llegado. No es Génova quien llama inútil o puto basto al presidente nacional de Vox.
Quien critica a Santiago Abascal es gente de su partido a la que aún hoy tiene en nómina.
Que no focalice ni sus complejos ni las miserias de su partido en el PP.
Otra cuestión que suscita unanimidad en la formación popular es el "error de bulto" que implicó el giro que Azcón y Feijóo dieron en la recta final de la campaña de Aragón, al fichar a 'Los Meconios', grupo musical vinculado a Vox; y al agitador ultra Vito Quiles para el cierre. "¿Pero qué somos ahora, un partido antisistema?", se preguntan, desconcertados, importantes dirigentes populares.
Tampoco gustó la confrontación abierta con Vox que Génova protagonizó en los últimos días, que sólo revelaba los "nervios" por el resultado y que contribuye, a juicio de diversas fuentes, a dar foco a Abascal. La intención de Mañueco pasa, por ahora, por no entrar en la confrontación con Vox y regionalizar la campaña. Como ironizan en su entorno, "menos ruido y más nueces".
El Partido Popular afronta el ecuador del carrusel electoral de 2026 con la satisfacción de haber desnutrido al PSOE, pero también con la creciente preocupación de haber dado, quizá antes de tiempo, demasiadas alas a Vox. La fuerza de Santiago Abascal siempre ha sido objeto de debate interno y las dudas respecto a cómo contener al partido situado a su derecha arrecian ahora con más fuerza que nunca. El aviso en Extremadura y la dentellada en Aragón, dos elecciones planificadas y adelantadas con el aval de Feijóo, obligan a abrir un debate sobre cómo afrontar el fenómeno sin freno de Vox y encienden las alarmas de cara a Castilla y León.