El PP pelea por subir dos escaños en Zaragoza y Teruel y el PSOE por huir del suelo histórico de 18
Los comicios de este 8 de febrero suponen un test vital para los dos grandes partidos: Feijóo vuelve a medir su dependencia de Vox ante el probable subidón de Abascal y Sánchez se asoma a su segunda gran derrota del ciclo electoral
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Segundo asalto electoral del año, y otra vez enorme expectación. La política española, divisiva, intensa, repelente pero también adictiva como nunca, se retrata este domingo en Aragón. No son solo unas elecciones autonómicas más. Son un examen oficial del estado de la nación, en un momento de enorme debilidad del Gobierno y de confusión en el PP por el fuerte subidón de Vox.
La primera batalla en Extremadura fijó el campo de juego: el PSOE se hundió en su peor resultado histórico, María Guardiola quedó muy lejos de su soñada mayoría absoluta, la ultraderecha duplicó con creces su resultado y la izquierda a la izquierda de los socialistas engordó gracias a los muchos problemas políticos y judiciales que acechan a Pedro Sánchez. Estos comicios son un nuevo test vital para todos los partidos, agudizado por el hecho de que Aragón, como Ohio en EEUU, suele ser un anticipo bastante fiable de las generales. Por si alguien necesita más emoción, aunque el 8-F se presenta ya cargadito.
El PP de Jorge Azcón no tiene garantías de poder pasar de sus actuales 28 diputados, aunque desde el equipo de campaña del presidente popular aseguran estar en condiciones de subir uno más en Teruel y otro en Zaragoza, aunque admiten que no es una gesta sencilla por el tirón de Vox. Pilar Alegría, la nueva lideresa del socialismo aragonés, batalla por mantener el partido a flote y no caer en el sótano de los 18 escaños, obtenidos en 2015 por Javier Lambán en plena crecida de Podemos.
Ninguno de los dos lo tiene fácil, pero Azcón volverá a ganar en Aragón y Alegría sólo puede aspirar a liderar la oposición. El presidente popular deseaba deshacerse del lastre de Vox y depender únicamente del PAR y de Aragón Existe. Pero Santiago Abascal amenaza seriamente con aguarle la fiesta. Los últimos trackings internos de la formación apuntan a que están a unos cientos de votos de lograr un escaño más por Teruel, pero a costa de Aragón Existe, precisamente los únicos que pueden hacer más liviano el difícil entendimiento con Vox.
En Zaragoza la situación es "mucho más complicada". En la provincia más poblada de Aragón la pugna por el último escaño si la libraría con Vox. El PP sueña con cruzar la barrera psicológica de los 30 escaños, el récord absoluto que logró la veterana Luisa Fernanda Rudi en 2011, y contener a los ultraconservadores. La clave, dicen en la sala de máquinas del PP de Aragón, es que suba la participación y que los más de 30.000 indecisos que ubican entre las dos formaciones de la derecha opten mayoritariamente por la papeleta azul.
La sensación generalizada en el PP es que Azcón ha hecho "una buena campaña". El candidato popular, a diferencia de Guardiola, se movilizó al máximo con 30 entrevistas y 4 debates electorales. Y están satisfechos con ello. Pero también asumen, con cierta frustración, que "la realidad es la que es" en relación al auge de Vox. Hay nervios y muchas dudas respecto al resultado final. Por ese motivo, Azcón viró su estrategia en la recta final y se lanzó al ataque frontal con los de Abascal para intentar captar electores... o al menos "retener" a sus propios votantes. Sus cálculos internos sitúan a Vox entre 12 y 13 diputados, casi el doble que en 2023.
El presidente de Aragón y Feijóo recurrieron al agitador ultra Vito Quiles y al controvertido grupo musical de 'Los Meconios', vinculados en el pasado a los ultraconservadores, para cerrar la campaña. Este viernes, en Zaragoza, ambos criticaron con dureza a Pilar Alegría, a la que acusaron de hacer "la campaña más sucia y asquerosa de la historia". Pero se lanzaron también a degüello contra Vox. Azcón afirmó a las claras que el de Vox es "un voto inútil". Y Feijóo aireó el temor a la inestabilidad como vía para frenar a los de Abascal. "Aragón no puede permitirse el bloqueo", afirmó.
Opinión A la capital aragonesa también viajó Sánchez para arropar a Alegría en el último mitin. El presidente se mostró muy duro con el PP, a quien afeó la presencia de Vito Quiles. Reiteró su voluntad de que "los tecnoligarcas quiten sus sucias manos de nuestros menores", tras su enfrentamiento público con Elon Musk y el dueño de Telegram. Y bromeó con lo que significaría "ganar este mundial (de fútbol) en EEUU".
Durante semanas, la candidata se ha esforzado por desprenderse del traje de ministra y portavoz del Gobierno y presentarse como una aragonesa más, procedente de un pequeño pueblo del Aragón más rural. Una campaña de proximidad, sin grandes actos, muy volcada en Teruel y Huesca, las dos provincias más sobrerrepresentadas.
Hay mucha incertidumbre sobre si funcionará esta estrategia. La política nacional pesa como una losa y aunque ella es una candidata más competitiva que el cartel de Miguel Ángel Gallardo en Extremadura, imputado en la causa del hermano del presidente, las encuestas no le dan tregua. Las estimaciones de Ferraz a mediados de semana eran de 17 o 18 escaños, entre cinco y seis menos de los 23 actuales. Alegría demandó ayer "máxima movilización" para superar el mal fario de los sondeos. Además, en Teruel están a pocos puntos de Vox, lo que han encendido las alarmas de un posible sorpasso, como ya sucedió en Badajoz.
En Extremadura la abstención del votante progresista y el trasvase a la candidatura de IU-Podemos dejó al PSOE en las raspas. Alegría se enfrenta a estos mismos peligros. Las expectativas de la Xunta y de IU-Sumar son buenas en Aragón gracias al desencanto del electorado socialista. El cartel del joven Jorge Pueyo ha sido un revulsivo para la Xunta, que puede escalar de tres diputados a cuatro o cinco. También IU podría crecer de uno hasta los dos o tres escaños por el desgaste de la marca socialista. Podemos, que decidió ir en solitario, tiene muchas posibilidades de quedarse fuera.
El resultado de los socialistas en Aragón confirmará si el PSOE está o no ante una crisis estructural, un daño irreparable en la organización que menoscaba sus ya pocas opciones en las generales. Para el PP, aunque conservará el gobierno, será un nuevo ensayo de una evidente dependencia de Vox, el verdadero ganador del adelanto electoral en Extremadura y, posiblemente, en Aragón.
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