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Aragón 8F: el PSOE ya no sabe hacer campañas electorales y la última semana puede ser un calvario
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Aragón 8F: el PSOE ya no sabe hacer campañas electorales y la última semana puede ser un calvario

No queda nadie que conozca los rudimentos del juego. Nadie que pueda decir que, al menos, empató una vez en un día de suerte. Los socialistas aragoneses se encuentran a expensas de los acontecimientos, de los adversarios y de sus propias cartas

Foto: La secretaria general del PSOE de Aragón y candidata a las elecciones autonómicas, Pilar Alegría. (Europa Press/Verónica Lacasa)
La secretaria general del PSOE de Aragón y candidata a las elecciones autonómicas, Pilar Alegría. (Europa Press/Verónica Lacasa)
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La estrategia general, la impuesta por Sánchez en defensa de sus intereses personales, apunta a fracasar. Su idea consistía en colocar, en los distintos territorios del ciclo electoral autonómico, a candidatos muy cercanos. El objetivo no era lograr un buen resultado en las distintas urnas, sino controlar después a las distintas federaciones. La meta siempre fue asegurar el sillón de Ferraz tras la derrota prevista en las generales.

Sin embargo, el plan amenaza con derrumbarse. El extremeño ya no está en el partido y queda por ver cuántos de los demás seguirán como líderes regionales tras haber cosechado los peores resultados nunca vistos en cada lugar. Puede que ninguno sobreviva, puede que alguno continúe, aunque de manera provisional, sin atisbo de autoridad, hasta que llegue el momento de renovarlo todo.

La estrategia específica, la de campaña vuelve a estar pobremente orientada. Pasó en Extremadura y pasa de nuevo en Aragón donde había más margen de maniobra. El planteamiento es erróneo desde la raíz. Decidieron apostar por la candidata en lugar de por el partido cuando los números señalaban al camino contrario como adecuado. La simpatía de los aragoneses por el PSOE sigue siendo sólida a pesar de haber descendido ligeramente. Y supera ampliamente a la confianza que genera Pilar Alegría.

Se puede discutir si los socialistas tenían o no tenían más opciones que desplegar una estrategia defensiva. Yo creo que había motivos para ser más ambiciosos. Pero, una vez que se tomó la decisión de defender, parece claro que la línea de defensa está tan desdibujada como desaparecido está el logo del partido en los carteles electorales. No hay manera de saber qué se está ofreciendo al electorado.

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Todos los productos de campaña incurren en ese error y carecen del ingrediente sustancial en una campaña de este tipo: falta autenticidad, aroma autóctono, conexión emocional y estética con el territorio. Nada parece ideado ni moldeado en Aragón. Da más bien la impresión de que todo se ha producido y enviado desde Madrid.

Además, sin talento creativo. Demasiado afán de modernidad y naturalidad cuando la situación exige, simple y sencillamente, contemporaneidad. Casi todas las piezas que he visto son penosas, parecen más orientadas a satisfacer a la candidata que a estimular en algo al votante potencial.

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En los distintos debates, como ocurre siempre, los errores de partida se han visto maximizados. Otra vez la misma plantilla que lleva aplicando el PSOE desde 2008 –"hay dos formas de hacer política"-. Como si las cosas no hubiesen cambiado en estas décadas, la misma estructura, los mismos giros y las mismas frases hechas. El resultado de tanta pereza intelectual no podía ser otro: en ningún momento se le vio a Azcón sorprendido ni incómodo. Salió ileso y seguramente habiendo aumentado en apoyos.

Es cierto que la tragedia ferroviaria puso muy difícil la remontada para los socialistas. El peso de la tragedia en la conversación de todo el país ha sido masivo, reforzando además el marco de la insinceridad del Gobierno. Ahora bien, si al menos se hubiese trabajado anteriormente desde hace meses, por lo menos existiría la posibilidad de buscar una reacción que ahora se ve a todas luces capada.

La pregunta, por lo tanto, es… ¿Cómo es posible que el partido anteriormente más competitivo parezca haberse hecho incapaz de poner en pie una campaña electoral digna de tal nombre?

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Hay explicaciones estructurales, claro. Todos los partidos viven tiempos de ambición y periodos de agotamiento. Sin embargo, en mi opinión, el principal motivo está en el factor humano: no queda nadie que conozca, al menos, los rudimentos del juego.

Las campañas son complejas y requieren equipos y especialistas. No seré yo quien diga que Ábalos o Salazar, Cerdán si se me apura, podrían haber estado en el organigrama de Obama. Pero, al menos, sabían lo básico: podían montar un comité electoral, activar las distintas terminales de la organización y, en algunas ocasiones, hasta poner a cada uno en la posición adecuada. Todo eso ha desaparecido.

Y eso se paga. Hoy no hay nadie en Ferraz que pueda decir que, al menos, pudo empatar una vez en un día de suerte. Y a escala regional ocurre prácticamente lo mismo, son pocos los lugares en los que quedan expertos.

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Territorialmente, aunque el coche sea de menor cilindrada, hay mejores cuadros, mecánicos más expertos, hasta en la escudería de Izquierda Unida. De Vox, claro, ni hablamos, son menos pero están mejor organizados y preparados, por eso son más eficientes.

Como consecuencia de lo anterior, cuando llega la hora de jugársela de verdad, los candidatos se encuentran solos. Unos se ven obligados a tirar de sus entornos y orillan a quienes conocen el territorio. Otros recurren a cualquiera. Y a todos se les hace larga la campaña electoral. En parte, todo ha de decirse, por responsabilidad propia, por no haberse puesto a trabajar cuando había que hacerlo.

Es curioso lo que ocurre en el camino hacia las urnas. Cuanto antes echa el equipo a andar, más corto se hace el trayecto. Y, cuánto más tarda la aventura en iniciarse, más a rastras se llega al final. La campaña de las autonómicas aragonesas está entrando en el tramo decisivo, donde las tendencias suelen agudizarse, donde no es infrecuente que salten imprevistos, y los socialistas se encuentran a expensas de los acontecimientos, de los adversarios y de sus propias carencias.

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No sé si en democracia hay algo más importante que pedirle a un ciudadano su confianza. La petición requiere un empeño serio. El PSOE lo tuvo, el sanchismo no lo tiene. Tanta obsesión por preservar el poder a cualquier precio les ha llevado a olvidar lo fundamental: hay que merecérselo.

La estrategia general, la impuesta por Sánchez en defensa de sus intereses personales, apunta a fracasar. Su idea consistía en colocar, en los distintos territorios del ciclo electoral autonómico, a candidatos muy cercanos. El objetivo no era lograr un buen resultado en las distintas urnas, sino controlar después a las distintas federaciones. La meta siempre fue asegurar el sillón de Ferraz tras la derrota prevista en las generales.

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