España entra en mentalidad de combate: "Es un esfuerzo brutal y un reto gigantesco"
En el foro Desafíos Defensa, las Fuerzas Armadas han analizado cómo la disuasión ha pasado de ser un marco teórico a una exigencia operativa inmediata que debe evolucionar al ritmo de las nuevas amenazas
Durante mucho tiempo, quizás demasiado, la disuasión ha sido para España una palabra cómoda, casi abstracta. Se invocaba como un mantra en documentos estratégicos y comparecencias institucionales, pero rara vez se traducía en capacidades estratégicas concretas. Eso ha cambiado. Y lo ha hecho de forma abrupta. "El entorno de seguridad ha dado un vuelco preocupante en los últimos cuatro años", resumió el teniente general Carlos Melero Claudio, jefe de la Fuerza Terrestre (FUTER). El mensaje fue unánime: ya no hay tiempo para inercias.
En el foro Desafíos Defensa: Disuasión Operativa, celebrado el jueves en Córdoba, mandos operativos de los tres ejércitos explicaron cómo esa transformación no es solo doctrinal. Es organizativa, tecnológica, logística y —sobre todo— cultural. "La disuasión es disponer de una fuerza creíble, equilibrada, moderna y bien administrada", explicó el capitán de navío Salvador Moreno Regil, representante del Cuartel General de la Armada. "Lo que ha cambiado es nuestra mentalidad. Estamos en mentalidad de combate", matizó.
Esa mentalidad de combate, abundó el general Pedro Belmonte, jefe del Centro de Operaciones Aéreas del Mando Aéreo de Combate (MACOM), se traduce en mantener el espacio aéreo nacional protegido, supervisado y vigilado, con capacidad de actuación inmediata para que esa disuasión sea creíble. "Lo que más nos ocupa es el día a día, el entrenamiento del personal. Necesitamos mantener las tácticas ajustadas a la OTAN y a nuestros pilotos entrenados", apuntó el mando del Ejército del Aire y del Espacio.
Los tres ejércitos explicaron cómo el nuevo entorno de seguridad es cada vez más demandante para las Fuerzas Armadas, con múltiples compromisos con nuestros aliados. España mantiene cerca de 3.000 efectivos desplegados fuera de sus fronteras —el grueso en las misiones en Letonia, Eslovaquia y Turquía bajo mando OTAN; pero también contingentes en Líbano con Naciones Unidas; misiones de la UE en Ucrania, Somalia o Centroáfrica. También tenemos F-18 desplegados en Lituania, radares en Rumanía, vigilancia marítima en Yibuti y presencia en Irak, mientras nuestra Armada opera desde el Cuerno de África (operación Atalanta) hasta el Golfo de Guinea, en los dos flancos del Sahel.
"Y a esto hay que sumar las operaciones permanentes en territorio nacional, que también se conectan con lo internacional. Hacemos relevos con aliados británicos, franceses, portugueses para escoltar buques rusos por nuestras aguas y a esto se suma la flota fantasma. El esfuerzo es brutal y el reto es gigantesco", resumió el capitán de navío Moreno.
Dilemas operativos
En el foro, que contó con el apoyo de la industria (Aicox, Airbus, ICEYE, Indra, ITP Aero, GMV, Grupo Oesía, PwC, SAPA y Urovesa), así como de las instituciones del Ayuntamiento y Diputación de Córdoba y de la Junta de Andalucía, se buscaron las claves de la disuasión operativa a futuro. Hay que armarse acorde a los desafíos de los tiempos. Y los tres ejércitos están inmersos en un proceso de modernización y actualización inédito, pero todavía quedan algunos dilemas operativos. Para la Armada, el mayor de ellos es cómo mantener y reforzar su capacidad de proyección estratégica. Y aquí emerge uno de los debates más sensibles: ¿qué hacemos con el ala fija embarcada?
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"Si queremos ser creíbles en esa disuasión operativa, no podemos renunciar a esa capacidad de proyección. Y la infantería de marina y el ala fija son esenciales para tener nivel y credibilidad", explicó el mando del Cuartel General de la Armada. "Una operación anfibia requiere disponer de ala fija a bordo, que te permite esa proyección y la protege, rompiendo las burbujas de negación de operación (A2/AN) cuando te aproximas a una costa donde no se puede operar", explicó el oficial.
El debate es cómo mantener esta capacidad con los medios actuales. Una posibilidad es la de hacerse con aviones con capacidad de aterrizaje y despegue vertical que puedan operar en los buques portaaeronaves como el LHD Juan Carlos I. Pero el único modelo viable es el estadounidense F-35, que el Gobierno prefiere evitar. Así que la otra opción es tener un portaaviones tradicional que pueda operar con modelos navales de despegue convencional, lo que pone a la industria y a la Armada ante un reto de enormes proporciones. En cualquier caso, se necesita una solución. "El ala fija [con portaaviones] es un aeropuerto móvil. Sin ella, la disuasión naval pierde profundidad", agregó el comandante Moreno.
La disuasión terrestre también enfrenta decisiones complicadas para el futuro. Sus grandes plataformas -el Leopard 2E y el 2A4- necesitan una modernización profunda y, a medio plazo, un sustituto. España observa con interés el proyecto franco-alemán MGCS, llamado a relevar al Leopard y al Leclerc, pero los problemas políticos e industriales del programa generan dudas, así como otras alternativas europeas —como el proyecto MARTE—. Pero, por primera vez de forma explícita, el FUTER habló de la posibilidad de estudiar una solución nacional bajo el llamado sistema de combate terrestre superior. "No es un programa de armamento, sino un grupo para estudiar cómo tener una alternativa propia", explicó el teniente general Melero.
Para el Ejército del Aire y del Espacio, el dilema proviene de las turbulencias que atraviesa el programa FCAS/NGWS. El objetivo es unívoco: disponer de un caza de sexta generación. El camino, no tanto. El multimillonario proyecto entre Alemania, España y Francia parece haber descarrilado por las desavenencias entre París y Berlín. No está claro cuál será la alternativa, si unirse al GCAP anglo-italo-japonés o buscar una alternativa con Alemania. Mientras tanto, el plan es alargar la vida de los F-18. "La alternativa es continuar con ese caza más modernizado y mejorado, ya que España puede modificar el avión y el software", explicó el general Belmonte, del MACOM.
Un momento de rearme
Durante el evento, organizado con la Junta de Andalucía, la Diputación y el Ayuntamiento de Córdoba, los mandos militares hicieron un repaso de los programas y proyectos más ambiciosos del momento. Y una preocupación común a todos: los drones.
"Los drones me quitan el sueño", aseveró el capitán de navío. "Necesitamos sistemas de defensa de última capa, que sean 360º, multi-target, con capacidades de guerra electrónica. Tienen que reaccionar en segundos, con capacidades de inteligencia artificial para que defiendan, a modo cúpula, nuestras unidades. Sistemas que nos garanticen vencer y vivir. La alternativa es perder y morir. La amenaza es brutal", agregó.
A corto plazo, la Armada tiene varios planes clave en marcha y, para 2029, tendrá un segundo y tercer submarino operativos (de la serie S-80+), además de las nuevas fragatas F-100 con perfil antisubmarino, helicópteros tácticos de transporte, BAM de intervención subacuática, nuevos buques hidrográficos y una Infantería de Marina con más personal y medios.
Para el Ejército de Tierra, uno de los pilares más ambiciosos es la logística. La Base Logística del Ejército en Córdoba, prevista para 2029, pretende centralizar y racionalizar un sistema históricamente fragmentado, incorporando digitalización, análisis predictivo e inteligencia artificial. "Más eficaz y más predictiva", en palabras de Melero. La guerra moderna se decide tanto en el frente como en la retaguardia.
Pero también en lograr una estructura más flexible que les permita actuar de forma más rápida, con una fuerza con elevada capacidad tecnológica y un personal más entrenado. "Tenemos que organizarnos, estructurarnos y formarnos para hacer frente a esta nueva situación", resumió el FUTER, quien repasó la lista de modernización de los materiales, incluyendo el 8x8 ("va llegando"), el vehículo de zapadores Castor, la necesidad de modernizar el Pizarro y desarrollar el Vehículo de Apoyo a Cadenas ("porque el M113 no se puede estirar más").
El Ejército del Aire vive un "momento dulce" en términos de renovación: nuevos sistemas de vigilancia y control, programas Halcón 1 y 2 del Eurofighter, avances en guerra electrónica, llegada del Hurjet, el Pilatus, el NH-90 y la modernización de la flota F-18. Pero el horizonte estratégico está marcado por la incertidumbre del combate aéreo del futuro y los problemas que se derivan de la desconexión militar con Israel
"La desconexión nos preocupa, pero es un tema que se va fuera de nuestro ámbito. Nosotros recibimos lo que se ha decidido y con eso intentamos hacerlo lo mejor posible", aseguró el general Belmonte sobre una decisión que afecta a sistemas críticos como los aviones de entrenamiento F-5 o los pods de designación aérea (que permiten a los cazas el ataque a tierra). "Sabemos que el Ministerio está buscando alternativas", acotó el teniente general Melero del Ejército de Tierra, también afectado por el impasse diplomático.
Pero si hay un dolor común (y un desafío definitivo) para las Fuerzas Armadas, este es el del personal. Los tres ejércitos encuentran problemas para reclutar, formar y, sobre todo, retener el talento. Efectivos de élite, como los pilotos o los expertos en ciberdefensa, son tentados por el mercado civil. "Formarlos cuesta mucho y retenerlos es complicado. El mercado les ofrece mucho", explicó el general Belmonte.
Un contexto geopolítico al límite
Las reflexiones de los altos mandos militares se realizan en un contexto geopolítico intenso e inestable. En el foro Desafíos Defensa intervinieron Javier Colomina, vicesecretario general adjunto de la OTAN y enviado del Flanco Sur; Alex Saz-Carranza, de la oficina de Defensa y Seguridad del Banco Europeo de Inversiones, y Nicolás Pascual de la Parte, miembro del comité de Defensa del Parlamento Europeo y exembajador español en la OTAN, para dar las claves del momento europeo y aliado.
La alianza euroatlántica vive uno de los momentos más delicados de su historia por las recurrentes crisis con el presidente de Estados Unidos y las dudas surgidas en Europa sobre el futuro de su seguridad colectiva. Los mensajes, si bien dentro de un optimismo, han dejado claro que vienen tiempos de cambio en Europa en materia de defensa. Unos cambios que suponen mayor responsabilidad, mayor gasto y mayor cohesión.
Colomina enfatizó que el actual inquilino de la Casa Blanca, a pesar de su retórica, no ha cuestionado en este mandato el Artículo 5.º del tratado, la cláusula clave de la OTAN que se resume en "un ataque contra uno es un ataque contra todos". Un cuestionamiento, recordó el funcionario, que sí realizó el presidente Trump durante su primer mandato. "Escuchamos muchas cosas, pero la realidad es que el compromiso de todos los aliados y el compromiso de EEUU ha sido indudable desde el minuto uno que Trump llegó a la Casa Blanca", aseguró.
Colomina recordó también los 80.000 soldados estadounidenses en pie de guerra presentes actualmente en Europa. Una cantidad que no es igualada por ningún ejército europeo. Y es que, a pesar de los últimos acontecimientos, sólo ha visto una reducción de 1.000 soldados estadounidenses en Rumanía, país que seguirá contando con más tropas estadounidenses que antes de la invasión rusa de Ucrania. Por lo que aboga el diplomático español es por "un reequilibrio en la OTAN".
Para ello, los países europeos tienen que gastar más y mejor. Por eso se fijó ese nuevo objetivo de inversión del 5% del PIB en defensa, con un 3% dedicado exclusivamente a ganar capacidades operativas. España es el único país que ha renunciado públicamente a llegar a ese umbral, asegurando que con el 2% podrán cumplir con los requisitos que les pide la Alianza. "Con el 2,1% no alcanza, aunque las autoridades españolas piensan que sí. Veremos en 2035 quién tiene razón", dijo Colomina.
"Por muy caro y complicado que sea mantener la alianza con Estados Unidos, más caro y complejo sería cualquier alternativa", dijo durante el conversatorio en Córdoba, calculando que el gasto en defensa podría tener que dispararse hasta el 8% o 10% si Washington le retirara a Europa su apoyo militar. "Por no hablar del melón nuclear, que es mejor no abrir".
¿Europa reacciona?
Por su parte, el eurodiputado Nicolás Pascual de la Parte, miembro de la Comisión de Defensa del Europarlamento, transmitió una sensación de urgencia que se vive en Bruselas para lograr un nivel de autonomía estratégica en un plazo de cinco años. En 2025, la Unión Europea lanzó su Libro Blanco y Hoja de Ruta para la transformación de la defensa. Ahora, el siguiente paso de la unión es el lanzamiento de su estrategia de defensa en 2026.
"En Europa, el problema para el rearme no es financiero, es cuestión de voluntad política e integración militar. En la UE no podemos ser rehenes de los países que no quieren avanzar", avisó el político, abogando por acabar con las tomas de decisión por consenso y establecer una "vanguardia de países que quieren avanzar".
Para Pascual de la Parte, pese a la falta de voluntad política e integración militar, debemos avanzar hacia un objetivo claro: un pilar europeo dentro de la OTAN que permita intervenir en el Mediterráneo, Oriente Medio y Norte de África sin la participación de Estados Unidos y Canadá. Esto significará crear un cuartel general dotado de los medios de mando y control, además de contar con el personal para tareas como la planificación de que ahora mismo carece la Unión Europea.
Un pilar europeo de la defensa que no pretende ser alternativa a la OTAN, sino una herramienta complementaria. Mientras la Alianza es efectiva en la intervención militar, la Unión Europea está mejor preparada para la prevención, gestión de crisis y reconstrucción postbélica. La Unión Europea tiene mecanismos para la prevención, gestión de crisis y reconstrucción postbélica. "Ojalá la OTAN se mantenga activa y operativa por mucho tiempo porque es el mejor negocio que hemos hecho con EEUU. El más barato y eficaz", valoró.
La voluntad política de una defensa europea sólo resulta creíble si se acompaña de fondos e instrumentos financieros. De ahí lo significativo de que el propio Banco Europeo de Inversiones (BEI), brazo financiero de la UE, haya creado una oficina de seguridad y defensa tras establecer su Plan de Acción en materia de Defensa en 2024. Sus primeros pasos fueron cautos, dedicándose nada más a proyectos de "uso dual" para luego abrir el abanico a todo el ámbito de la defensa menos la producción de armamento y municiones. Sin olvidar que la OTAN estableció que, dentro del 5% a invertir en defensa, los socios miembros debían dedicar un 1,5% a cuestiones como infraestructuras críticas, que también entran en el campo de interés del BEI en materia de defensa.
Alex Saz-Carranza explicó que, al dejar fuera de su apoyo financiero a proyectos de armamento y municiones, el BEI entiende su papel dentro de la defensa europea como "catalizador" de iniciativas en materias como innovación y desarrollo, protección de infraestructuras críticas, apoyo a pymes o proporción de garantías a bancos privados para que asuman mayores riesgos financiando proyectos. Además, el BEI ha tomado la decisión de no financiar más del 50% de cada proyecto.
"Todo el sector está revisando las políticas que tenían para dar cabida a las necesidades de seguridad y defensa", aseguró el responsable del BEI.
El mensaje ha sido claro. No hay vuelta atrás para una Europa que se tiene que tomar más en serio su propia seguridad colectiva. Eso no sólo requiere más gasto o más soldados, sino una voluntad política de avanzar más lejos para cambiar la velocidad en la que Europa toma decisiones y para darle a los organismos europeos más poder de decisión. Veremos, por tanto, cambios importantes en el seno de la Unión Europea y veremos emerger el pilar europeo de la OTAN no sólo para reaccionar a una Rusia más agresiva, sino a unos Estados Unidos menos dispuestos a gastar recursos y dedicar tiempo y energía en defender Europa.
Durante mucho tiempo, quizás demasiado, la disuasión ha sido para España una palabra cómoda, casi abstracta. Se invocaba como un mantra en documentos estratégicos y comparecencias institucionales, pero rara vez se traducía en capacidades estratégicas concretas. Eso ha cambiado. Y lo ha hecho de forma abrupta. "El entorno de seguridad ha dado un vuelco preocupante en los últimos cuatro años", resumió el teniente general Carlos Melero Claudio, jefe de la Fuerza Terrestre (FUTER). El mensaje fue unánime: ya no hay tiempo para inercias.