La disuasión comienza en la fábrica: cuando la capacidad productiva es poder estratégico
La transformación de la defensa continental demuestra que la disuasión ya no depende únicamente de plataformas militares, sino de una base industrial capaz de producir, innovar y responder con velocidad en todos los dominios
No es ningún secreto. El viejo orden mundial está cambiando. Lo que hasta hace apenas un lustro parecía inconcebible es hoy una realidad. La guerra en Ucrania desatada por Rusia ha devuelto la amenaza bélica al continente europeo; los desmanes de Trump amenazan, entre otras cosas, con desestabilizar la Alianza Atlántica, mientras en Oriente Medio las tensiones no han parado de sucederse. El escenario geopolítico no dibuja un panorama demasiado alentador. Sin embargo, los expertos dan la vuelta a las interpretaciones más pesimistas para hacer de este contexto una oportunidad estratégica para el sector de la defensa.
Así se puso de manifiesto en la III edición del foro Desafíos Defensa 2026: Disuasión Operativa, celebrado en Córdoba y organizado por El Confidencial. Una jornada donde -además de la presencia institucional y las intervenciones de voces autorizadas como la de Nicolás Pascual de la Parte, miembro de la Comisión de Defensa del Europarlamento & exembajador OTAN; María Amparo Valcarce, secretaria de Estado de Defensa o Alex Saz-Carranza, responsable de Defensa y Seguridad del Banco Europeo de Inversiones, entre otros-, expertos de la industria debatieron en sendas mesas redondas cómo esa disuasión ha dejado de ser un concepto estrictamente militar para convertirse en un fenómeno transversal que abarca desde el espacio, hasta el ciberespacio, pasando por la fábrica, la cadena de suministro o la capacidad de innovación.
Con la idea de que hoy la disuasión no consiste únicamente en disponer de medios militares avanzados, sino en demostrar de forma creíble la capacidad de sostenerlos, adaptarlos y desplegarlos cuando la situación estratégica lo exige, arrancaba una jornada en la que el análisis ha sido protagonista. Y es que, en ese equilibrio entre voluntad política, capacidades militares y base económica, la industria de defensa se ha convertido en un actor central de la disuasión operativa. No solo porque diseña y fabrica plataformas, sensores o sistemas de mando y control, entre otros, sino porque es capaz de determinar la velocidad de respuesta, la autonomía estratégica o la resiliencia.
En la primera parte de la jornada, la industria tuvo su representación en una mesa redonda que reunió a Daniel de Lorenzo, director comercial de Defensa para España de Indra; Marta Nogueira, VP directora Desarrollo Negocio España de Airbus Defence and Space; Salvador Álvarez Pascual, General de División del Ejército del Aire y del Espacio y director de Estrategia de Grupo Oesía y Manuel Pérez Cortés, director general de defensa y seguridad de GMV para abordar el concepto de disuasión multidominio: estrategias, proyectos y objetivos del sector en la gran transformación de la defensa continental.
"Cuando hablamos de soberanía, implica tener control sobre tecnología, capacidad industrial e inteligencia", Lorenzo (Indra)
A lo largo del debate, los ponentes coincidieron en que el principal salto cualitativo ya no reside en incorporar nuevas plataformas o sensores, sino en la capacidad de integrarlos de forma coherente y operativa. Los ponentes apuntaron, además, que la disuasión ya no puede entenderse como la suma de dominios estancos. Pérez Cortés explicó que se trata de “la capacidad de detectar, operar y disuadir combinando todos los dominios”, insistiendo en que el valor estratégico se desplaza hoy hacia los sistemas de mando y control, la gestión del dato y la interoperabilidad entre sensores, plataformas y decisores, en un contexto en el que espacio y ciberespacio han dejado de ser dominios auxiliares. En su intervención subrayó que la clave reside en concebir la defensa como “un sistema de sistemas”.
"La nueva defensa es pasar de sistemas grandes y lentos a otros rápidos, baratos y desplegables de inmediato", Álvarez (Oesía)
Desde la óptica de los grandes programas europeos, Nogueira explicó que iniciativas como el FCAS reflejan esa transformación estructural. “El programa no solamente buscaba en origen proveer de unas capacidades, sino también utilizarlo como motor de la innovación del impulso tecnológico del desarrollo de la base industrial europea”, señaló, subrayando que la complejidad tecnológica va de la mano de nuevos modelos de cooperación industrial y de gobernanza.
Marta Nogueira durante la mesa de debate 'Disuasión multidominio'.
Pero más allá de la cooperación internacional, Lorenzo puso el foco en la importancia de disponer de soluciones soberanas en ámbitos críticos, recordando que decisiones estratégicas tomadas décadas atrás permiten hoy a España contar con sistemas preparados para operar en múltiples capas, incluida la defensa frente a amenazas emergentes como los drones.
"Hoy en día el espacio y el ciberespacio son dominios absolutamente estratégicos", Pérez Cortés (GMV)
La visión operativa la aportó el general Salvador Álvarez Pascual (Grupo Oesía), quien insistió en que la disuasión solo es efectiva si la tecnología se traduce en capacidades reales para las Fuerzas Armadas. En ese sentido, destacó el peso creciente del dominio cognitivo, la fusión de sensores y la reducción de los tiempos de decisión como factores determinantes en escenarios de alta intensidad.
Producir, sostener y escalar
Tras un breve descanso, la intervención de María Amparo Valcarce, secretaria de Estado de Defensa -en la que puso de manifiesto que “hoy más que nunca la seguridad no puede darse por cerrada” y que en un contexto de proliferación de amenazas híbridas, la indefinición de fronteras entre paz y conflicto y el uso combinado de instrumentos militares, tecnológicos, económicos, informativos y cibernéticos: “La disuasión forma parte del enfoque de seguridad y defensa fundamental”- llegó el turno de analizar cómo aprovechar la oportunidad histórica para reindustrializar el país a partir de la disuasión industrial.
"La superioridad tecnológica es un factor muy importante para la disuasión y la defensa colectiva", Valcarce (SEDEF)
Bernat Figueras, socio responsable de Strategy& de PwC España; Raúl Blanco, director ejecutivo de Estrategia en SAPA; Justo Sierra, presidente y CEO de Urovesa; y Alfredo Alonso, Associate Director, Defence Future Programmes de ITP Aero fueron los encargados de hacer una completa radiografía del contexto actual en el que quedó claro que la guerra moderna ha devuelto al primer plano la capacidad industrial, la resiliencia de las cadenas de suministro y la capacidad tecnológica propia como elementos centrales de la defensa. El mensaje fue unánime: no se trata solo de diseñar sistemas avanzados, sino de ser capaces de producirlos, mantenerlos y evolucionarlos de forma sostenida.
Mesa redonda 'Disuasión industrial'.
Figueras introdujo una visión estructural del reto, señalando que “la soberanía no es la suma de capacidades; es el producto de varias soberanías que se multiplican entre sí”. A su juicio, el aumento del gasto en defensa es condición necesaria -pero no suficiente- si no va acompañado de capacidades industriales, tecnológicas y organizativas que lo respalden. España se enfrenta así a una decisión estratégica: definir con realismo qué nivel de ambición quiere tener y qué capacidades está dispuesta a sostener en el tiempo, una reflexión que conectó directamente con la necesidad de ofrecer visibilidad y estabilidad a la industria para que pueda invertir.
"La industria de defensa tiene una ventaja, y es que está bastante distribuida por el territorio", Blanco (SAPA)
Precisamente desde la perspectiva empresarial, Blanco puso el foco en la tecnología como verdadero vector de disuasión. En un mercado dominado por grandes actores internacionales, la capacidad de desarrollar soluciones propias y diferenciales es lo que permite a empresas españolas competir y, al mismo tiempo, garantizar soberanía nacional. “El elemento principal que va a marcar nuestra capacidad de disuasión es la tecnología”, apuntó e insistió en que la competitividad en programas internacionales es esencial para mantener la soberanía.
Justo Sierra amplió esta visión hacia la logística y la cadena de suministro. El presidente y CEO de Urovesa, subrayó que la disuasión industrial parte de la necesidad de desarrollar el ecosistema “siempre sin perder de vista que uno de los objetivos tiene que ser la reindustrialización”, enfatizando la importancia de proveedores locales y de una colaboración equilibrada entre actores industriales. Este enfoque no solo fortalece el tejido industrial, sino que reduce dependencias externas y mejora la capacidad de respuesta en escenarios de crisis. Sierra recordó que la autonomía estratégica comienza mucho antes del sistema final, incluso en el acceso a materias primas y a energía competitiva, elementos sin los cuales la reindustrialización resulta inviable.
"Cometimos un error estratégico que era pensar que tenían que fabricar los demás para nosotros", Sierra (Urovesa)
Otro de los aspectos que los expertos llevaron al debate fue el tiempo. Alonso aportó una visión de largo plazo sobre la inversión en capacidades disuasorias. “Estamos tomando decisiones de inversión ahora que tendrán impacto dentro de diez o quince años”, recordando que los grandes programas permiten crear capacidades integrales, desde el diseño hasta el mantenimiento. Sin embargo, ese horizonte temporal choca con la incertidumbre regulatoria y con la fragmentación europea, que dificultan maximizar el retorno industrial de los programas.
En este sentido, la discusión también resaltó los desafíos de gestión y eficiencia. Figueras subrayó que los retrasos y sobrecostes no pueden asumirse como algo inevitable: “No podemos normalizar la ineficiencia”, sentenció y defendió que la complejidad de estos programas exige reforzar las capacidades de gestión de la Administración, apoyarse en asistencia técnica especializada y revisar marcos normativos como la Ley de Contratos para adaptarlos a proyectos intensivos en capital y tecnología.
"Si no vamos a un modelo 'win win', de cadena de suministro colaborativa, el sistema acabará colapsando", Figueras (PwC)
La reflexión sobre el equilibrio entre innovación y robustez cerró la mesa concluyendo con un mensaje compartido, y es que la disuasión industrial representa una oportunidad histórica de reindustrialización territorial, siempre que se base en cooperación a largo plazo, reparto equilibrado del valor añadido y una visión estratégica compartida entre administración e industria.
Tecnología, datos y conectividad
El último de los espacios reservados para el debate fue la cuarta mesa redonda 'Disuasión 360: del espacio a la fábrica, la disuasión ahora es transversal. ¿Cómo integrar capacidades tecnológicas en la defensa?'. Solo el título ya anticipaba una auténtica declaración de intenciones y el análisis no hizo sino confirmar que la frontera entre espacio, comunicaciones, industria y operaciones es cada vez más difusa.
La transversalidad de la disuasión volvió a planear sobre un análisis en el que los participantes coincidieron en que España cuenta con una base sólida, aunque enfrenta retos estructurales. Alejandro Laborda, vicepresidente de AICOX destacó que el país dispone de “grandes plataformistas”, respaldados por una ingeniería “de las más potentes del mundo”. Sin embargo, advirtió que la falta histórica de inversión ha generado dinámicas poco colaborativas: “Más que cooperar y convivir, hemos competido”, una inercia que el sector intenta superar.
"La soberanía debe ser la máxima posible y donde no lleguemos debemos complementarla con aliados de confianza", Laborda (AICOX)
Lejos de ‘colarse’ como un tema menor, el espacio centró buena parte del análisis. Gonzalo García-Muñoz, CEO España y vicepresidente sénior global de Operaciones de Iceye, explicó cómo se ha convertido en un dominio clave de la disuasión: “La visibilidad permanente, la velocidad y la persistencia cambian completamente la ecuación del riesgo”. Ahora, la información puede entregarse en minutos y con precisión táctica, condicionando la toma de decisiones: “Un adversario que está construyendo un puente por la noche… se lo va a pensar dos veces”, ejemplificaba el experto.
Mesa redonda 'Disuasión 360'.
En paralelo, Carlos de la Cuesta, director de programas de Defensa de Telefónica, mostró cómo empresas tradicionalmente civiles se han convertido en actores esenciales de la defensa. La tecnología, afirmó, “se ha convertido ahora en accesible, y accesible de tal forma que se ha llevado al teatro de operaciones”. El experto explicó que Telefónica articula su aportación en conectividad avanzada -incluidas burbujas tácticas 5G desplegadas en ejercicios reales-, ciberseguridad y gestión soberana de datos con el objetivo de garantizar “la capacidad de superioridad en la información”, es decir, que la toma de decisiones militares se apoye en información precisa y disponible en tiempo real.
"Tenemos tecnologías que nos permiten ver lo que sucede en la superficie de la Tierra en cualquier condición", García-Muñoz (ICEYE)
En un contexto donde la innovación y la respuesta a las nuevas amenazas fueron consideradas por los ponentes como claves, Laborda recordó que “sin información no hay teatro de operaciones” y detalló cómo AICOX integra terminales satelitales en fragatas, vehículos terrestres o sistemas como el SIRTAP, además de desarrollar soluciones de contracomunicaciones para hacer frente a drones. García‑Muñoz defendió un modelo de innovación ágil: ICEYE ha desarrollado cuatro generaciones de satélites en pocos años, con resoluciones de hasta 16 milímetros, y ya no ofrece satélites aislados, sino constelaciones completas operadas “end‑to‑end”.
La brecha espacial europea apareció, eso sí, como un punto crítico. Aunque el talento no es el problema, García‑Muñoz señaló dos factores clave: la escala y la velocidad. “Mientras americanos y chinos invierten masivamente, Europa apenas está comenzando”, afirmó, denunciando procesos burocráticos que ralentizan el despliegue. El sector privado puede ayudar aportando capacidad industrial y ciclos de desarrollo más cortos. La cuestión de la soberanía tecnológica se entrelazó con este análisis. Laborda defendió que España debe aspirar a la máxima autonomía posible, pero sin caer en el aislamiento: “donde no lleguemos, debemos complementarla con aliados de confianza”. La UE debe ser el marco natural para los grandes programas.
"Podemos tener el mejor caza o carro de combate, pero si ese sistema está aislado, no será efectivo", De la Cuesta (Telefónica)
Una disertación final sobre la frontera entre lo civil y lo militar hizo las veces de cierre del debate. Para De la Cuesta: “La línea final ya es difusa”, con tecnologías como drones o 5G transitando entre ambos mundos. García‑Muñoz matizó que seguirá existiendo cierta separación por motivos de seguridad, mientras que Laborda subrayó la necesidad de gestionar la “porosidad” entre ambos ámbitos para que la innovación fluya en ambas direcciones.
En definitiva, la jornada deja claro que la disuasión del siglo XXI ya no se mide solo en plataformas o en potencia de fuego, sino en la capacidad de un país para producir, integrar y sostener tecnología crítica con autonomía y velocidad. España dispone del talento, la industria y la visión; ahora el reto es convertir esta oportunidad histórica en una estrategia sostenida que refuerce la seguridad y consolide una base industrial competitiva.
No es ningún secreto. El viejo orden mundial está cambiando. Lo que hasta hace apenas un lustro parecía inconcebible es hoy una realidad. La guerra en Ucrania desatada por Rusia ha devuelto la amenaza bélica al continente europeo; los desmanes de Trump amenazan, entre otras cosas, con desestabilizar la Alianza Atlántica, mientras en Oriente Medio las tensiones no han parado de sucederse. El escenario geopolítico no dibuja un panorama demasiado alentador. Sin embargo, los expertos dan la vuelta a las interpretaciones más pesimistas para hacer de este contexto una oportunidad estratégica para el sector de la defensa.