Los consejos de las víctimas para que Adamuz no sea otro Angrois: "Se politizará"
Lo pasado por los supervivientes y sus familias durante más de una década puede ser muy útil para que no vuelva a repetirse lo mismo. Una de las víctimas nos explica qué pasará a partir de ahora
Cristóbal González Rabadán, a la entrada del juicio del tren de Santiago. (EFE)
Cristóbal González Rabadán viajaba en uno de los últimos asientos de un Alvia cuando, de repente, sintió un impacto brutal, descomunal. El frente de asientos, ventanas, cristales y personas se precipitó contra él y lo aplastó. Lo primero que pensó fue que nunca saldría de ahí. Y si saliese, lo haría sin piernas o sin brazos. Sin embargo, logró salvar la vida. Saltó del primer vagón del convoy y con las costillas rotas y un traumatismo craneal, ayudó a unos diez heridos.
El capitán retirado del Ejército del Aire fue uno de los supervivientes del descarrilamiento de Angrois del 24 de julio de 2013. Las heridas físicas se curaron más o menos rápido, pero las mentales aún siguen abiertas. Cuando el pasado domingo se enteró de la tragedia de Adamuz, todos los fantasmas volvieron a aparecer. "Después de tanto tiempo, lo de Adamuz me ha demostrado que aún no he superado nuestro accidente", explica a El Confidencial.
González, que por aquel entonces tenía 51 años y estaba realizando el Camino de Santiago, sintió de nuevo estar viviendo en sus propias carnes el accidente de Adamuz. Desde hace una más década, preside la Asociación de Perjudicados por el Accidente Ferroviario del Alvia de Santiago de Compostela (APAFAS). Fue uno de los 144 heridos del descarrilamiento de Angrois y cree que el camino de los supervivientes no va a ser fácil.
La magnitud de la reciente tragedia de Adamuz recuerda inevitablemente a aquella, donde fallecieron 80 personas. Los supervivientes y los familiares han vivido procesos legales y constantes apelaciones y movilizaciones para reclamaruna justicia que aún no llega, o al menos no como ellos esperaban. El juicio penal no arrancó hasta octubre de 2022, nueve años después del accidente. Las sentencias emitidas han sido recurridas y el caso ha escalado a Europa. La última noticia se produjo este mismo viernes, cuando la Audiencia de A Coruña absolvió al exdirector de seguridad de Adif, Andrés Contabitarte.
Un homenaje de familiares y víctimas del accidente de Angrois en Santiago de Compostela. (EFE/Lavandeira Jr.)
La experiencia acumulada durante casi 13 años de litigios podría servir de gran ayuda a los damnificados de Adamuz. Una de las peculiaridades respecto a otro tipo de accidentes como los de carretera, los de trenes no se esclarecen rápidamente y abren varios frentes lesivos en un enorme grupo de personas (tantos supervivientes como familiares). Para ellos ninguna ayuda o asesoría será jamás suficiente.
González, quien debió someterse a tratamientos psicológicos durante cuatro años y mudarse al campo para recuperar la paz mental (ha vivido durante los últimos años en Guadalcanal, al norte de Sevilla), explica a El Confidencial que además de todos los trámites legales (desde los funerales hasta las indemnizaciones), el mayor problema de las víctimas transcurre en el plano psicológico.
"Tienen que buscar abogados especializados en responsabilidad civil"
“Lo primero que les recomiendo es que se refugien en el calor y el afecto de la familia, solo así podrán lidiar con este dolor tan inmenso”, detalla el sevillano de 64 años. “Más tarde o más temprano acabarán creando una asociación, porque entre ellos habrá un intercambio de sentimientos, impresiones y opiniones. Eso de cierta forma tendrá fines terapéuticos, junto a la atención que obviamente deben recibir por parte de psicólogos, psiquiatras y el resto del personal médico. Estas personas ahora mismo están sufriendo mucho por una tragedia que los va a marcar de por vida. Tienen que ser fuertes".
Cuando se enteró de la noticia, González sintió que su cuerpo “se vino abajo completamente” y no pensó en quién pudo tener la culpa o qué provocó el desastre. Sabía que eso se analizaría después y que a veces se pierde de vista que la prioridad en los primeros instantes deben ser las personas.
Después de sufrir graves heridas e intervenciones quirúrgicas en la cabeza, González ha dedicado toda su vida a evitar que una situación tan trágica se repitiera nuevamente: “Se tendrían que haber tomado todas las medidas para que no ocurran más catástrofes de esta magnitud, que marcan a tantas personas. Las administraciones tienen que poner todo de su parte para ayudar a los perjudicados, no pueden escatimar esfuerzos porque ellos los necesitan”.
Las familias de los fallecidos y los supervivientes de Angrois crearon dos organizaciones para aunar esfuerzos en la búsqueda de justicia. Además de la APAFAS, siempre centrada en la parte judicial del caso, la Plataforma Víctimas Alvia 04155 se ha dedicado a gestionar los procesos y demandas que involucren a instituciones o a políticos. Fue esta plataforma la que a solo horas de la tragedia de Adamuz emitió un comunicado para ponerse a disposición de las nuevas víctimas.
“Asociarse es importante porque en la unión está la fuerza y así pueden tener un impacto mucho más decisivo”, detalla González. “Lo otro que les recomiendo es buscar abogados especializados en responsabilidad civil". Asociándose les resultaría más fácil reunir un equipo de profesionales fuerte para enfrentarse a los procesos judiciales que están por venir. "Sin ese equipo les costará preparar un caso sólido ante la justicia. Nosotros buscamos a un abogado experimentado, que ha representado a las víctimas del vuelo de Spanair”.
"La comisión de investigación no sirvió de nada. Las indemnizaciones tampoco llegaron a cubrir el alcance de los daños"
González reconoce que no todo lo que han hecho las víctimas de Angrois ha repercutido positivamente en la búsqueda de justicia, y le gustaría que en el caso de Adamuz no se repitieran los mismos errores: “Nuestra asociación se enfocó en la justicia y la plataforma en la presión política, pero por esta última vía se montó una comisión de investigación que no sirvió de nada. Las indemnizaciones tampoco llegaron a cubrir el alcance de los daños y lesiones producidas. Seguimos sin saber por qué se produjo exactamente aquel accidente y las penas impuestas no eran las convenidas", lamenta. "Lo que sí tienen que tener claro las víctimas es que acabarán en los tribunales, porque las empresas involucradas no van a asumir responsabilidades desde el minuto uno. Si ese frente lo quieren acompañar con el plano político pueden dar guerra por ahí también”.
A raíz de varias polémicas en torno a la investigación de Angrois, González critica que la comisión de investigación oficial para este tipo de catástrofes “dependa de forma orgánica” del Ministerio de Transportes: “De qué nos sirven los informes que prepare esa comisión, si al final van a barrer para casa. Todas las indagaciones deben ser independientes de las empresas y del Estado para que sean creíbles. Tú no puedes dejar las averiguaciones en manos de quien te ha causado el daño, de ahí la importancia de crear un buen equipo de abogados y peritos. Todos estos procesos se mantienen muy politizados y son una manera de hacerte creer que los políticos están muy sensibilizados con el asunto cuando en realidad no es así”.
Por último, González aconseja a todas las víctimas de Adamuz que tengan mucha precaución a la hora de aceptar cualquier tipo de indemnización: “Las aseguradoras van a intentar establecer una liquidación personal con cada uno de ellos", explica. El exmilitar recomienda que cada euro que reciban deben hacerlo en concepto de ‘a cuenta’, nunca como liquidación. "Si firman una liquidación lo que hacen es eximir de más responsabilidad a la aseguradora. Lo que reciban debe ser a cuenta de una totalidad que aún no ha sido determinada o establecida", añade. "Los acuerdos liquidativos que les van a proponer suelen ser engañosos, porque las aseguradoras les van a intentar pagar poco y tarde”.
Concentración de víctimas de Angrois frente a la catedral de Santiago de Compostela en julio de 2024. (Europa Press/César Arxina)
El antiguo militar se sirvió de su experiencia en misiones como la lucha contra la piratería en Somalia para enfrentarse al que fue uno de los capítulos más difíciles de su vida y hoy sigue luchando porque se esclarezcan las circunstancias de aquel accidente. Aún dedica gran parte de sus veranos a volver a Galicia como peregrino. Y, de poder permitir que el Apóstol cumpliese uno de sus deseos, tal vez sería que no fuese necesaria nunca más otra asociación como la que lidera.
Cristóbal González Rabadán viajaba en uno de los últimos asientos de un Alvia cuando, de repente, sintió un impacto brutal, descomunal. El frente de asientos, ventanas, cristales y personas se precipitó contra él y lo aplastó. Lo primero que pensó fue que nunca saldría de ahí. Y si saliese, lo haría sin piernas o sin brazos. Sin embargo, logró salvar la vida. Saltó del primer vagón del convoy y con las costillas rotas y un traumatismo craneal, ayudó a unos diez heridos.