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Alta velocidad bajo presión: más trenes, más uso y el reto del mantenimiento
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Alta velocidad bajo presión: más trenes, más uso y el reto del mantenimiento

España construyó en tres décadas la mayor red de AV de Europa. Hoy, con una circulación creciente, el sistema opera más cerca de su límite, reabriendo el debate sobre el mantenimiento tras los últimos siniestros

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Los recientes accidentes ferroviarios han sacudido un sistema que llevaba más de tres décadas sin tragedias de gran magnitud en alta velocidad. No cuestionan de golpe la seguridad del AVE, pero sí coinciden con un momento delicado: más trenes, más viajeros y más presión sobre una infraestructura que funciona cada vez más cerca de su límite operativo. Para Alberto García, ingeniero ferroviario y director de explotación de la línea Madrid-Sevilla durante la puesta en marcha del AVE, la ecuación es clara: “Si por una línea pasaban diez trenes y ahora pasan cincuenta, hará falta más mantenimiento. No hace falta ser especialista para verlo.”

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Ese aumento de tráfico tiene efectos físicos muy concretos sobre la vía. Ricardo Insa, catedrático de Ingeniería de Caminos en la Universitat Politècnica de València y experto en ferrocarriles, recuerda que a partir de los 160 km/h las exigencias cambian radicalmente. “A 250 o 300 kilómetros por hora, el tren transmite a la infraestructura esfuerzos mucho mayores”, explica. Y matiza una idea clave: “Lo que más castiga la vía no es la caja del tren, sino la carga directa de los ejes y las ruedas”, un desgaste invisible para el viajero, pero crítico para carriles, balasto y aparatos de vía cuando el uso se intensifica.

La diferencia entre un sistema que aguanta y uno que empieza a fallar está en cómo se vigila y se anticipa el problema. Aquí ambos expertos coinciden en que el reto ya no es solo gastar más, sino saber exactamente dónde actuar. “Hoy se podría auscultar la vía casi de forma continua, incluso con los propios trenes comerciales”, apunta Insa, que defiende un modelo basado en más datos y menos intervenciones genéricas. Porque, como insiste García, “el sistema ferroviario es seguro, pero la seguridad no se mide por un accidente puntual, sino a lo largo del tiempo”. La pregunta que queda abierta es otra: si el mantenimiento y la supervisión están creciendo al mismo ritmo que la alta velocidad española.

Los recientes accidentes ferroviarios han sacudido un sistema que llevaba más de tres décadas sin tragedias de gran magnitud en alta velocidad. No cuestionan de golpe la seguridad del AVE, pero sí coinciden con un momento delicado: más trenes, más viajeros y más presión sobre una infraestructura que funciona cada vez más cerca de su límite operativo. Para Alberto García, ingeniero ferroviario y director de explotación de la línea Madrid-Sevilla durante la puesta en marcha del AVE, la ecuación es clara: “Si por una línea pasaban diez trenes y ahora pasan cincuenta, hará falta más mantenimiento. No hace falta ser especialista para verlo.”

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