El perro que se convirtió en símbolo: buscando a Boro por Adamuz
Ciudadanos llegados de Córdoba, Cantabria o Málaga acuden a la llamada de la familia de Ana, una de las víctimas del accidente ferroviario, que perdió al perro de su hermana cuando escapaban del lugar
Mujeres organizando la búsqueda de Boro, cerca del lugar del descarrilamiento de los trenes, en Adamuz. (P. P.)
Un grito rompe el silencio en el tranquilo campo que se extiende junto a las vías del tren de Adamuz. La voz sale de dos jóvenes que caminan por la zona y que repiten una palabra sin parar: Boro. Es el nombre del perro de uno de ellos que, tras ser víctima del accidente y dejar a su pareja y su cuñada en el hospital de Córdoba, acude al lugar para intentar dar con su animal de compañía. "Es uno más de la familia y necesitamos que aparezca. No podíamos dejarlo más porque ya han pasado casi dos días y el tiempo es clave", relata el joven. Va acompañado de un amigo y de unos carteles con la foto de su perro. Pero la cosa cambia cinco minutos después.
De repente, un importante grupo de más de una decena de personas aparca junto al camino y se arremolina junto a las vías. A pocos metros de donde en ese mismo momento, la comitiva de Felipe VI visita el lugar del accidente de Adamuz. No se conocen entre ellos, pero todos han llegado aquí para lo mismo que intenta el magullado joven que tiene a su pareja embarazada luchando por su vida en un hospital cordobés. Vieron en las redes que un perro cruce de schnauzer y perro de agua, de pelo oscuro y unos 11 años, había desaparecido al asustarse tras la colisión y se lanzaron a la carretera para dar con él. Vienen de Córdoba, de Madrid, de Cantabria, de Málaga... Y, aseguran, hay aún más ayuda en camino.
"Yo soy danés, pero vivo en Málaga. Ayer vi el mensaje de Ana en las redes sociales, empecé a poner comentarios para ver si había algo organizado para buscar al perro y como hoy no trabajaba he venido. Hay que encontrarle", cuenta Nico, un joven periodista danés que incluso ha traído un dron para intentar dar con el animal, pero la Guardia Civil le ha prohibido volarlo. "Me han dicho que ahora mismo es imposible, que están aún trabajando en los trenes y encima están de visita los reyes", señala. Mientras habla con El Confidencial, varios helicópteros surcan el cielo y rompen la tranquilidad habitual de la dehesa.
Arriba: Dos hombres buscan a Boro, que escapó tras el choque de los trenes. Uno de ellos es su dueño, que sobrevivió al accidente. Abajo: carteles de búsqueda de Boro en un coche en Adamuz. (P. P.)
Es difícil mantener la esperanza cuando se ve el terreno que han de batir, pero aquí lo último que se plantean los voluntarios es rendirse. Es más, están seguros de que van a poder dar con el perro, si no, no habrían venido. Tienen una pista pues, gracias a las redes, aseguran, han podido ver imágenes en las que se observa a un perro negro junto a las vías, a pocos metros del accidente, pero fuera del vallado de seguridad. Se afanan para llegar a ese punto, y nadie les va a parar. Junto a periodistas y cuerpos de seguridad, este martes la zona se ha llenado de estos amantes de los animales que no han dudado un segundo en dar un paso adelante o saltar una valla para acercarse aún más al objetivo.
Zahara y Laura son dos de esas voluntarias que han llegado desde su casa en Córdoba y Pozoblanco para dedicar su tiempo a la búsqueda. Son auxiliares de veterinaria y llevan años dedicándose a este mundo. Por eso saben que, de estar por allí, hay que buscar al animal cerca de agua, víveres o un refugio. "Hay que volver al pensamiento primitivo, está en un momento de máxima confusión, lejos de su hogar y asustado. Solo busca sobrevivir y encontrar su hogar", cuenta la primera de ellas.
Van armadas de unos prismáticos, unos guantes, su conocimiento y muchas ganas de andar. Por eso, junto a los dos periodistas de El Confidencial, no dudan un segundo en subir y bajar lomas de frondoso bosque, rastrear arroyos o cruzar gigantescos olivares. "Alguien tiene que revisar toda esta zona", señala Laura.
Azahara y Laura (izq. a dch.) observan con prismáticos las fincas cercanas al lugar del accidente en busca de Boro. (P. P.)
En unas dos horas de caminata, baten más de 40 hectáreas y aparecen a pocos metros del lugar del accidente. Cuando llegan, allí solo hay algunas cámaras de televisión, mucha Guardia Civil y otras dos mujeres que con su perro hacen algo parecido a lo que intentan ellas. "Hay que coordinarse para buscar al otro lado del accidente. Creo que si ves las imágenes de la tele verás que el perro iba hacia el sur", advierte otra de las voluntarias. De nuevo se trata de desconocidos que han ido al mismo lugar simplemente con la idea de poder encontrar a este perro.
Su dueña, en estado grave
Boro ya es un símbolo del desastre de estos trenes. Y lo es desde que Ana García Aranda, de 26 años, saliese en la televisión denunciando su desaparición. Conmovió a las redes con un mensaje que lanzaba mientras tenía su cara llena de cortes y a su hermana Raquel, que está embarazada, en una situación muy grave. Las dos, junto a la pareja de la segunda y su perro, viajaban en el vagón 7 del Iryo que cubría el trayecto Málaga–Madrid. Uno de los que salió peor parado tras descarrilar.
Arriba: Laura Jacinto busca al perro que escapó tras el accidente. Abajo: Nico, danés que reside en Málaga, continúa la búsqueda. (P. P.)
“Estoy buscando a mi perro. Por favor, si podéis ayudar a buscar a los animales, que tenemos muchos y son familia también”, pedía Ana después del siniestro. “Lo vi salir, lo llamé y se vino conmigo, pero después echó a correr. No pude ir a buscarlo porque no podía dejar sola a mi hermana que estaba embarazada”, explicaba sin parar de llorar.
Dicho y hecho. Protectoras y amantes de los animales se movilizaron de forma independiente y en menos de 24 horas estaban ya sobre el terreno. "Acabo de dejar a otro grupo en el pueblo con la camiseta que llevaba cuando tuvimos el accidente. Me han dicho que con el olor quizá sea más fácil dar con él", señala este martes su dueño.
Fincas y pasos de agua en las vías de tren, donde podría encontrarse el animal. (P. P.)
Mientras las horas pasas y la agonía de Boro se alarga, la situación del animal empieza a recordar a lo vivido durante la erupción del volcán de La Palma. Entonces, el mundo entero estuvo pendiente de unos podencos que habían quedado aislados tras la llegada de la lava. Durante días se investigó su procedencia, se señaló a cazadores y se organizaron todo tipo de planes para poder sacarlos de allí. Hasta que, a pocos días de que una empresa de drones gallega fuera a rescatarlos, se difundió la noticia de que ya estaban a salvo.
Años después, se descubrió que parte de aquella historia era falsa, pues solo dos podencos fueron rescatados vivos del tejado del depósito de agua de Todoque. El autoproclamado A-Team, que dijo haberlos salvado con vida, en realidad encontró dos podencos famélicos, cuatro cadáveres y un dron caído. Otros dos animales de la misma partida de caza fueron vistos, flacos y huidizos, pero con vida, una semana después.
Ahora, voluntarios como Zahara, Laura o Nico hacen todo lo posible para evitar un final similar. De momento, ya han batido toda una ladera junto a las vías y han recibido aún más apoyo después de que PACMA haya conseguido que el Ministerio de Interior permita la entrada de cuatro personas en la zona del siniestro para rastrear la presencia de Boro. "La esperanza es lo último que se pierde, aunque en este caso seguramente solo entienda todo este esfuerzo la gente que tiene un animal en casa. Por la familia se hace todo y más", cierra Zahara.
Un grito rompe el silencio en el tranquilo campo que se extiende junto a las vías del tren de Adamuz. La voz sale de dos jóvenes que caminan por la zona y que repiten una palabra sin parar: Boro. Es el nombre del perro de uno de ellos que, tras ser víctima del accidente y dejar a su pareja y su cuñada en el hospital de Córdoba, acude al lugar para intentar dar con su animal de compañía. "Es uno más de la familia y necesitamos que aparezca. No podíamos dejarlo más porque ya han pasado casi dos días y el tiempo es clave", relata el joven. Va acompañado de un amigo y de unos carteles con la foto de su perro. Pero la cosa cambia cinco minutos después.