"Él no se ha muerto, lo han matado": las 48 horas de sufrimiento de las familias
El fin de la búsqueda de los fallecidos en Adamuz contrasta con la imagen de familiares y amigos de los desaparecidos. Muchos de ellos llevan casi 48 horas sin dormir y aún ni siquiera saben dónde está su ser querido
Familiares de las víctimas esperan en Adamuz. (P. P.)
"A los buenos hay que aplaudirlos, a los malos, quemarlos". Ese es el único mensaje que deja uno de los familiares de las víctimas del accidente de tren de Adamuz al pasar el cordón policial que rodea el Centro Cívico Poniente Sur de Córdoba. Cruza la empalizada de cámaras de televisión negando la posibilidad de hablar con alguna de ellas, pero antes de irse del todo se desahoga. Es solo un gesto, pero resume la sensación de tensión que se acrecienta sin parar en el lugar.
Desde que la tarde del pasado domingo los trenes chocaran en las vías de Adamuz, la pesadilla de estos familiares se ha alargado en una espiral infernal. Estuvieron horas en Adamuz, esperando a recibir noticias que ni llegaron ni estuvieron cerca. Después se les envió a Córdoba, para más comodidad, pero lejos de recibir esa tranquilidad buscada, cuentan, el periplo fue aún peor. Este martes, casi 48 horas después de recibir la primera trágica noticia, la sensación es de cansancio y rabia. El hartazgo campa a sus anchas y solo se espera una noticia que pueda poner fin a la tensa espera.
"Mi cuñado iba con el traje del trabajo, porque era parte de la tripulación del Alvia que iba camino de Huelva. No entendemos cómo aún no lo han podido identificar", señala Javier, cuñado de Agustín Fadón, un miembro del equipo de Serveo, la compañía que se encarga de los servicios de restauración en los trenes de Renfe. "Es una situación muy dura, no nos han dado nada de información ni nos han dicho nada. Todo nos llega a través de los medios y nos dan vueltas sin parar. Que sea lo que sea, pero nos lo digan ya".
Trabajadores de Cruz Roja en el Centro Cívico de Córdoba. (Reuters/Ana Beltrán)
Javier es uno de los pocos que, aun en la tarde de este frío martes de enero en Córdoba, sigue cerca del Centro Cívico atendiendo a las entrevistas. Además, es de los que aún mencionan la palabra esperanza cuando se les pregunta. Muchos otros ya han tirado la toalla, la mayoría no quiere saber nada de medios ni de cámaras y solo unos pocos se agarran a un milagro con el objetivo de no desfallecer.
Las cifras confunden aún más. Pues el Instituto de Medicina Legal de Córdoba ha anunciado que ha realizado un total de 38 autopsias, es decir, las de todos los cuerpos que ya han recibido. Sin embargo, al final de este martes solo 10 de todos los fallecidos han sido plenamente identificados, según las autoridades. Una diferencia que pesa, y mucho, sobre unos castigados familiares.
Un familiar de las víctimas habla por teléfono en Adamuz mientras espera recibir algo de información de madrugada. (P. P.)
"Cerca de 50 personas han estado aquí de forma continua. Muchos se han ido a descansar a hoteles que han puesto distintas entidades, como Adif o Renfe, pero muchos han preferido quedarse y aguantar. Puedes imaginar el cansancio que viven", cuenta uno de los trabajadores de Cruz Roja en la zona. En total han atendido con tratamiento psicosocial a más de 300 personas desde el accidente y creen que todavía les queda bastante hasta poder levantar el campamento. "Estaremos aquí hasta que la última persona nos necesite, mientras tanto de aquí no nos vamos", añade.
La confusión crispa aún más los nervios
El asunto de la información es clave en este ir y venir de los afectados. Muchos ya señalan a los medios como culpables de parte de lo que les ocurre y los evitan por todas las vías posibles. Tampoco ayuda el ruido de las redes sociales, donde incluso se llegó a barajar durante muchas horas que había más de dos decenas de fallecidos bajo los vagones que aún no se habían contabilizado.
Vista de los trenes de Iryo y Alvia este martes. (P. P.)
Una información que partía de una confusa nota de prensa y que llegó incluso a autoridades locales que lo contaron off the record a muchos periodistas presentes en la zona. La realidad es que del amasijo de hierros solo han aparecido tres cuerpos más y el número total de fallecidos ha llegado a las 42 personas. El número total de denuncias por desaparición en el suceso se encuentra en 43.
Todo este foco continuo en el lugar y en lo ocurrido pasa mella en la zona y la tensión se dispara a la espera del siguiente paso. "Las familias saben que les comunicaremos cualquier cosa en cuanto se sepa, pero entendemos que haya gente que prefiera estar aquí en el Centro porque considera que está más cerca de la información. Lo importante es acompañarles y ayudarles en todo lo que necesiten", cuentan desde Cruz Roja.
Al menos algunos de los afectados ya saben del paradero de sus familiares. Osiris, una vecina de Huelva de origen nicaragüense que el lunes llegaba a Córdoba sin entender muy bien qué había pasado con el tren en el que viajaba su marido, este martes por la tarde salía desconsolada de las carpas. Había recibido la noticia del fallecimiento de Víctor, su pareja. "Él no se ha muerto, lo han matado", declaraba a una de las televisiones presentes.
"A los buenos hay que aplaudirlos, a los malos, quemarlos". Ese es el único mensaje que deja uno de los familiares de las víctimas del accidente de tren de Adamuz al pasar el cordón policial que rodea el Centro Cívico Poniente Sur de Córdoba. Cruza la empalizada de cámaras de televisión negando la posibilidad de hablar con alguna de ellas, pero antes de irse del todo se desahoga. Es solo un gesto, pero resume la sensación de tensión que se acrecienta sin parar en el lugar.