El PP matiza su respaldo a Mercosur ante la presión del campo y la competencia con Vox
Génova deja en el aire su voto al tratado comercial y exige garantizar "salvaguardias" para el sector primario, mientras Vox lo rechaza por completo. El PP deberá decidir la próxima semana si apoya enviar el acuerdo al TJUE
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Justo cuando se encuentra en su recta final, el acuerdo comercial Unión Europea - Mercosur —un bloque que componen Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay— se puede encontrar con una inesperada piedra en el camino: el calendario de elecciones en Aragón, Castilla y León y Andalucía. El Partido Popular no es ajeno a la fuerte presión de un Vox al alza, que rechaza por completo el acuerdo y que ha emprendido una dura campaña para capitalizar el descontento de agricultores y ganaderos españoles en territorios donde el voto rural juega un papel especialmente relevante.
Buena parte de las negociaciones en Bruselas y con los socios de Mercosur en las últimas semanas se han centrado en salvaguardias específicas para el sector agrícola. El PP tiene un rol que jugar porque el Parlamento Europeo debe dar todavía su visto bueno, algo que podría ocurrir tan pronto como en febrero, aunque varias fuentes apuntan a mediados de año como fecha con más opciones. Antes de llegar a esa decisión final, la Eurocámara tendrá varias votaciones importantes en las que un grupo relativamente pequeño de eurodiputados, de unos 20, pueden hacer que se decanten de uno u otro lado. La delegación popular española cuenta con 22 escaños.
La primera prueba de fuego llegará este miércoles, cuando en Estrasburgo (Francia), los eurodiputados tengan que decidir si respaldan o no enviar el acuerdo al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para que dictamine si varios elementos del pacto cumplen con el derecho de la Unión. Si el asunto se envía al alto tribunal de Luxemburgo, la votación final de la Eurocámara, el llamado "consentimiento", quedaría suspendido hasta nueva orden. Una de esas resoluciones lleva la firma de Patriotas por Europa (PfE), el grupo político europeo que preside Santiago Abascal. La familia política de extrema derecha, que incluye al partido del húngaro Viktor Orbán o de la francesa Marine Le Pen, ha registrado además otra moción de censura contra Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, por esta cuestión.
Los populares españoles no han mostrado aún sus cartas sobre cuál será el sentido de su voto la próxima semana. Pero la presión política y social en plena antesala electoral ha forzado a los de Feijóo a matizar el respaldo cerrado que en el pasado exhibieron al acuerdo comercial. En noviembre de 2022, Feijóo reivindicó desde Uruguay las bondades del acuerdo, situó a España como "puente" entre la Unión Europea y Mercosur y se comprometió a que el pacto sería una de sus prioridades en política exterior desde el Gobierno. El Ejecutivo de Rajoy, del que Nadal formó parte, fue de hecho un firme impulsor del convenio.
Y no hay que irse tan atrás. La ponencia política que el PP ratificó en el congreso nacional de julio fijó que el tratado "es, en conjunto, positivo y tiene suficientes mecanismos para garantizar que no habrá distorsiones". Pero las dudas han comenzado a instalarse en la organización popular y el apoyo al texto está ahora en el aire. Fue el vicesecretario de Economía, Alberto Nadal, el que abrió por primera vez la puerta a oponerse al tratado si este no garantiza "salvaguardias" para proteger al sector primario y se refuerzan los controles en frontera. Acompañó el mensaje en X de un vídeo en el que Feijóo reivindicaba al PP como "el partido del campo".
Este viernes fue el propio líder del PP quien reivindicó públicamente que "el trabajo necesario antes de la entrada en vigor del acuerdo de Mercosur no ha terminado". Aunque definió el convenio como "una oportunidad económica y política", exigió a la Comisión Europea "automatizar las cláusulas de protección" incorporadas en el acuerdo, así como la "liberalización de los sectores productivos" de "normas ideológicas que les impide competir en igualdad de condiciones".
El @ppopular solo apoyará el acuerdo UE-Mercosur si se garantizan salvaguardias y se refuerzan los controles en frontera. El Gobierno lo votó en el Consejo sin pelear -como sí hizo Italia- y no pone medios para que entren productos sin las mismas exigencias pic.twitter.com/lL1HGSDccq
La bandera del campo ha sido una de las grandes bazas electorales del partido de Santiago Abascal, pero el PP no está dispuesto a ceder ese terreno. El voto de agricultores y ganaderos es clave, y se vuelve más prioritario que nunca en un momento en que los de Feijóo hacen cálculos sobre cómo frenar el imparable ascenso de Vox, que ya cosechó un histórico resultado en Extremadura. Hay que recordar que el líder del PP chocó con la Comisión Europea al oponerse a parte de las políticas verdes que afectan a los trabajadores del campo.
El acuerdo de Mercosur aparece como un obstáculo a esa estrategia. Es un factor de desgaste. El PP lo sabe, y mide ahora su discurso. Rechaza por un lado el relato de Vox que le iguala al PSOE en la "traición al sector primario", pero evita, por ahora, posicionarse en contra del tratado de libre comercio. La presión también amenaza con escalar en el ámbito social. Las principales asociaciones agrarias han convocado una oleada de protestas para la última semana de enero, en plena campaña de Aragón. Y los territorios del PP que abrirán las urnas el próximo semestre evitan trasladar un apoyo cerrado a la propuesta. Más bien todo lo contrario.
Desde el gobierno presidido por Jorge Azcón condicionan su apoyo a la aprobación del reglamento que incluya "cláusulas de salvaguardia" para "garantizar que el sector primario no se vea afectado". "Es comprensible que agricultores y ganaderos desconfíen", admiten. Castilla y León, por su parte, acordó con las organizaciones agrarias que solo respaldarán el acuerdo UE-Mercosur "si se garantiza una reciprocidad real y efectiva" y lamentan que el trato no se ha explicado "en profundidad". Y Andalucía también se compromete a analizar "la letra pequeña" del texto. También comienzan a aparecer voces más críticas. El presidente del PP de Asturias, Álvaro Queipo, aseguró estar "absolutamente en contra" del texto.
El voto clave del PP
Los Estados miembros ya dieron su apoyo al convenio de manera mayoritaria en el Consejo, y de hecho este fin de semana Von der Leyen y António Costa, presidente del Consejo Europeo, se encuentran en Paraguay para la firma del acuerdo. La alemana y su equipo siguen de reojo todo lo que ocurra en los pasillos del Parlamento Europeo en las próximas horas, porque aunque enviar el acuerdo al TJUE no equivale a tumbarlo, el mensaje político que se enviaría a los socios latinoamericanos, opinan, sería muy negativo.
La votación va a ser muy ajustada, o eso aseguran todas las fuentes consultadas. El Partido Popular Europeo (PPE) jugará un papel fundamental. No solamente por su número de eurodiputados, sino también por una cuestión política: dos de sus principales impulsores, Von der Leyen y el canciller alemán Friedrich Merz —con el que Feijóo ha estrechado lazos en los últimos meses— pertenecen a la familia política europea.
El PP español ha tenido ya varios roces con la presidenta de la Comisión Europea, incluida la decisión de votar en contra de su colegio de comisarios al incluir este a la socialista española Teresa Ribera. Oponerse en cualquier punto al acuerdo con Mercosur podría empeorar todavía más la relación entre Génova y el Berlaymont, la sede del Ejecutivo comunitario.
El pacto con Mercosur, que permite eliminar o reducir más del 90% de los aranceles bilaterales, se considera clave desde un punto de vista económico, en un momento en el que la Unión Europea ve que se cierran algunos de sus principales mercados como es el estadounidense para su economía, muy dependiente de las exportaciones, pero también desde el punto de vista político. China tiene una creciente influencia en América Latina, una región que muchos líderes europeos han identificado como la región más afín dentro del nuevo "mundo multipolar" en el que se está entrando.
El acuerdo, que en Bruselas algunos han calificado con la etiqueta "vacas por coches", lleva en negociación desde hace 25 años. Cuenta con la oposición firme de Francia, Irlanda, Polonia, Austria y Hungría, pero la decisión de Italia de apoyar el texto permitió que se alcanzara la mayoría suficiente. España, tanto con gobiernos del PSOE como del PP, ha sido siempre uno de los principales promotores. Alemania, con una economía ahogada por el aumento de los precios de la energía y un entorno cada vez más complejo para las exportaciones, también ha dedicado un enorme capital político en los últimos tiempos para lograr que el pacto saliera adelante.
Acuerdos comerciales
El momento global es muy complejo. Estados Unidos ha abandonado el multilateralismo que una vez abanderó, también en el ámbito comercial, como ha demostrado el uso arbitrario de los aranceles por parte de la nueva administración americana, pero también la decisión del anterior Gobierno del demócrata Joe Biden de mantener la inmensa mayoría de los gravámenes comerciales impuestos por Donald Trump en su primer mandato. Y China es un actor comercial muy agresivo visto cada vez por más socios como amenazante.
Lola García-AjofrínBianca Blei (Der Standard. Austria)György Folk (HVG. Hungría)Noel Baker (The Journal. Irlanda)Kostas Zafeiropoulos (Efsyn. Grecia)
Para la economía europea cerrarse no es una opción, así que la alternativa es diversificar el comercio, encontrar nuevos socios. Es en ese marco en el que llega el acuerdo UE-Mercosur, pero también en el que se están negociando pactos con India, un país con el que la Unión está estrechando lazos y con el que se celebrará una cumbre a finales de mes, Australia, Malasia, Filipinas o Emiratos Árabes Unidos.
Justo cuando se encuentra en su recta final, el acuerdo comercial Unión Europea - Mercosur —un bloque que componen Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay— se puede encontrar con una inesperada piedra en el camino: el calendario de elecciones en Aragón, Castilla y León y Andalucía. El Partido Popular no es ajeno a la fuerte presión de un Vox al alza, que rechaza por completo el acuerdo y que ha emprendido una dura campaña para capitalizar el descontento de agricultores y ganaderos españoles en territorios donde el voto rural juega un papel especialmente relevante.