Los dos factores principales por los que las derechas están creciendo
El PP es el partido mejor situado para aprovechar el desgaste del Gobierno y Vox se ve beneficiado por los vientos internacionales, pero hay otros elementos que ayudan a las derechas
El crecimiento de las derechas en España posee factores coyunturales, como el desgaste del Gobierno, y estructurales, dados los vientos internacionales que soplan, pero también sociológicos. Estos poseen importancia en sí mismos y como señal de la transformación en las formas de pensar de una sociedad.
En los últimos años, ha existido una creciente penetración de las ideas económicas de las derechas entre los jóvenes. Youtubers y podcasters han difundido visiones libertarias, a las que pretendían dar un aliento antisistema, que se convirtieron en populares en sectores de la población. Además, encajaban en un mundo individualista, centrado en el yo y cada vez con menos raíces. La idea que difundían, la de un triunfo rápido, sonaba bien a chavales que cada vez creen menos en el futuro. La secuencia que lleva desde la preparación y la formación hacia un trabajo cuyo salario merezca la pena es escasamente creída, y menos por buena parte de las generaciones jóvenes.
Sin embargo, esto no es más que la expresión de un sentimiento general que apunta en muchas más direcciones. El futuro como problema, en lugar de como esperanza, aparece en generaciones muy diferentes. Por supuesto, está presente en aquellas que tratan de entrar en el mercado laboral o que acaban de hacerlo, pero también entre los treintañeros que ven su progresión laboral estancada o en los cuarentañeros que han visto defraudadas sus expectativas y que comienzan a entender que nunca serán satisfechas. Este sentimiento es uno de los principales motores del descontento. Las encuestas señalan que esas generaciones votan cada vez más a la derecha.
Aparece una idea clara en la política: otros se han llevado lo que nos pertenecía. La última expresión, la polémica con los 'boomers'
Lo llamativo es la forma de articulación política que ese descontento está cobrando. Después de una época en la que la falta de perspectivas generaba desánimo, se ha pasado a la fase del malestar. Esto es evidente desde la perspectiva individual: la sensación dominante es la de haber sufrido una especie de estafa, de haber hecho lo que tocaba y, sin embargo, haber conseguido muy poco. En ese instante, aparece una idea clara: lo que nos pertenecía se lo han llevado otros.
La última polémica respecto de los boomers se nutre de esa visión. Hay generaciones mayores que tienen vivienda en propiedad y cobran pensiones elevadas. Lo primero les sirve para convertirse en rentistas, lo segundo para vivir muy bien del erario público. La izquierda ataca lo primero, la derecha pone el acento en lo segundo: las pensiones son insostenibles, hay que evitar el saqueo que sufren los jóvenes. Hay otro que se lleva lo que es mío. 'Lo que nos han quitado' es una idea que la derecha ha puesto de manifiesto repetidamente. La izquierda pone el acento en la vivienda en propiedad como resorte de saqueo; Vox insiste en la vivienda en propiedad como un factor social imprescindible. Es fácil adivinar quién va ganando.
Nosotros primero
En el aspecto territorial, la misma visión, 'hay otro que se lleva lo que es mío', aparece con enorme frecuencia. Las recientes discusiones sobre financiación autonómica están atravesadas por esa idea. Unas regiones culpan a otras de no recibir lo suficiente: Extremadura no tiene los recursos que necesita para impulsarse porque se los dan a los catalanes; los catalanes no reciben aportaciones acordes a su contribución porque se priorizan otras regiones; y así sucesivamente. Es la dinámica general.
En ambos terrenos, el generacional y el territorial, prima la búsqueda de enemigo, de chivo expiatorio
En esa base prende la idea que está articulando las reacciones políticas. Las zonas con más recursos, como Madrid, Cataluña o País Vasco, reclaman desde la derecha mucha mayor libertad de acción. Aparecen partidos regionalistas o provincialistas. La izquierda está fragmentada por el auge de las formaciones locales: BNG, Bildu, ERC, Compromís, Más Madrid, Adelante Andalucía. El camino de salida pasa por la construcción de un 'nosotros primero' que se asienta en la convicción de que hay que recuperar lo que nos pertenece porque, si se cuenta con los recursos suficientes, nosotros los sabremos gestionar mucho mejor que el gobierno nacional. La versión individualista se recompone en identidad individualista.
En ambos terrenos, el generacional y el territorial, prima la búsqueda de enemigo. No hay visión de conjunto, de lo que se trata es de encontrar un chivo expiatorio al que responsabilizar de las disfunciones. No hay visión estructural, tampoco se tiene en cuenta la potencia del conjunto, lo que importa es señalar al otro.
La transformación del paisaje
Hay un elemento más, el de los cambios en el paisaje. La misma lógica de ‘lo que nos han quitado’ se puede aplicar desde la derecha a los inmigrantes y los trabajos, pero Vox ha añadido un elemento más, el de los barrios o el de los pueblos que no se reconocen a sí mismos. Cuando la población inmigrante es elevada, las tiendas y bares antiguos son sustituidos por otros que apuestan por dar servicio a las nuevas poblaciones, la población cambia y el habitante de siempre tiende a marcharse, también porque los precios de las viviendas aumentan, en especial en los barrios de grandes ciudades. Vox y Aliança ponen esa incomodidad en el centro de su discurso.
Una parte pone el foco en la inmigración, la otra en la gentrificación y en el turismo
Pero no solo las fuerzas de derecha han resaltado estos cambios. Es un fenómeno general, que ocurre en los barrios que se gentrifican. Las tiendas desaparecen, se abren franquicias, bares y tiendas destinados a dar servicio a los turistas o a los visitantes ocasionales, las calles se llenan de gente desconocida, los precios de viviendas, alimentación y ocio suben. Una parte del espectro político pone el foco en la inmigración, la otra en la gentrificación y en el turismo.
Las clases medias de los barrios gentrificados se ven obligadas a buscar otros lugares donde vivir, por el efecto de los pisos turísticos y de la inversión en vivienda, y los de clase media baja y de la trabajadora, igual. Las clases medias altas están comenzando a vivir el problema con las dificultades de sus hijos. La vivienda se convierte en un objetivo de las medidas de todos los partidos políticos, pero lo cierto es que no hay un problema de vivienda; hay un problema sistémico en el que la vivienda juega un papel importante.
Un motor potente
La ruptura de futuro, en sus distintas vertientes, es un factor político fundamental, pero no beneficia de por sí a ningún lado del espectro político. Constata un malestar que está disponible para casi todos los operadores políticos. Sin embargo, es la derecha la que lo está canalizando electoralmente. Hay factores coyunturales que benefician al PP, ya que es el partido mejor situado para recoger la insatisfacción del votante, y hay factores de época, que favorecen a Vox, dados los vientos internacionales. Sin embargo, la partida esencial se está jugando por los flancos, en la capacidad de ampliar el campo de juego, y de atraer a nuevos votantes.
Vox ha visto de forma clara cómo 'lo que nos han quitado' es un motor de gran potencia. Les permite señalar a los responsables, pero también un camino de salida, y apelar se apela a una identidad cotidiana que se está desvaneciendo. Frente a esa posición, la izquierda subraya que el futuro será peor si llega la extrema derecha al poder, y señala la pérdida de libertades que supondrá. Defender la democracia y el orden internacional y frenar a la extrema derecha les puede parecer suficiente, pero los deseos de cambio superan en la sociedad a los que prometen continuidad. La ausencia de futuro es un elemento central sobre el que trabajar políticamente y la izquierda todavía no ha puesto el acento en él. Y eso, en un contexto en el que, en lo económico, las visiones de la derecha se hacen más populares. Nicolás lo sabe.
El crecimiento de las derechas en España posee factores coyunturales, como el desgaste del Gobierno, y estructurales, dados los vientos internacionales que soplan, pero también sociológicos. Estos poseen importancia en sí mismos y como señal de la transformación en las formas de pensar de una sociedad.