Vox limita a Extremadura la condición de pedir cargos al PP por la "desconfianza" en Guardiola
Los de Abascal no sitúan su entrada en los ejecutivos como una exigencia global en todos los territorios: "Lo que importa son las políticas". En el PP miran la negociación con expectación: "Se están dando patadas en los tobillos"
El presidente de Vox, Santiago Abascal (i), junto al líder del partido en Extremadura, Óscar Fernández. (Europa Press/Javier Cintas)
No es ningún secreto que la relación de María Guardiola con Vox es, por decirlo suave, "muy difícil". Se trata de una realidad que desde hace tiempo admiten en uno y otro partido y de la que quedó constancia en la bronca campaña electoral. En otros territorios existen diferencias, pero en Extremadura son especialmente afiladas. Y esa circunstancia, unida a la situación de la región como primer termómetro del nuevo ciclo electoral, ha provocado que la gobernabilidad esté ahora en vilo por los órdagos cruzados que los dos partidos de la derecha se han dedicado a través de los medios de comunicación. Aún no se ha producido la primera reunión formal.
Fue el PP el que movió ficha en primera instancia. Guardiola modificó su negativa a gobernar con Vox y anunció que esta vez sí le ofrecería cargos. Los populares estaban convencidos de que Abascal no quería volver a entrar en sus ejecutivos por temor al desgaste. La maniobra debía servir para intentar "retratarles". Pero la jugada no tuvo el desenlace esperado. Porque el líder de Vox respondió con una apuesta aún mayor. No sólo está dispuesto a aceptar la oferta, sino que elevó el órdago y exigió a Guardiola una vicepresidencia y varias consejerías.
Fuentes cercanas a Abascal aclaran que la condición de exigir puestos en la Junta no tiene por qué extrapolarse a otros territorios. No será una línea roja irrenunciable, como sí lo son sus exigencias programáticas relativas al rechazo de la inmigración ilegal o al Pacto Verde. El propio líder de Vox afirmó el domingo en OkDiario que entrar en los gobiernos "no es una cuestión dogmática". Pero en Extremadura "es donde más desconfianza podemos tener, no sólo por las mentiras, sino por el modelo que se ha desarrollado en la campaña". "Lo que importa son las políticas. Y en cada sitio veremos cuál es la mejor manera de garantizarlas", añaden en su entorno.
Con María Guardiola, deslizan, la única forma de garantizar el cumplimiento de sus medidas es controlando desde dentro el ejecutivo. No se trata de una estrategia global, sino limitada, por ahora, a la situación de Extremadura, después de que el PP les retase con aceptar cargos. "Debemos pilotar nosotros personalmente ese cambio, pero no es necesario que sea así en todos los lugares", remató Abascal. Fuentes territoriales del PP también trasladan que "cada comunidad es un mundo", y que lo que finalmente suceda en la citada región no tiene por qué replicarse en el resto.
Aragón es la próxima comunidad en ir a las urnas. Jorge Azcón adelantó las elecciones por motivos similares a los de la extremeña —el bloqueo presupuestario del que culpan a Vox—, con el fin lograr un gobierno en solitario y un pacto de legislatura que incluya unas cuentas regionales. El presidente de Aragón admitió en una entrevista para El Confidencial que no contempla, "a día de hoy", ofrecer sillones al partido situado a su derecha. "Que Vox entre en el gobierno no está en la ecuación", apuntó. En esta región existen factores distintos. El PP podría llegar a sumar con fuerzas regionalistas y está por ver cómo afectará la candidatura de Alvise Pérez.
Extremadura es un caso singular. María Guardiola y Santiago Abascal protagonizaron una campaña de choque frontal, de la que recelan en importantes sectores de los populares. La dirigente del PP no dudó en llamar "machista" al líder de Vox después de que éste esbozase la posibilidad de pedir su relevo para llegar a un acuerdo postelectoral. Abascal también se refirió a ella como la "Irene Montero de Extremadura" y de actuar en "modo feminazi" por los mensajes feministas sobre los que asentó su campaña. Ahora esos dos mismos actores deben ponerse de acuerdo para evitar una repetición electoral.
La mala relación viene de lejos. Guardiola fue la dirigente autonómica del PP que mostró mayor resistencia a pactar con los de Santiago Abascal tras las autonómicas de 2023. Por aquel entonces, para el partido ultraconservador sí era una condición irrenunciable entrar en los ejecutivos, mientras que la dirigente extremeña se negó hasta el final. Finalmente sí hubo pacto de coalición, casi a regañadientes y tras la mediación de Génova. Vox estuvo en el poder hasta julio de 2024, momento en que el líder de la formación dio orden de romper todas las coaliciones que compartían con el PP.
La falta de presupuestos autonómicos llevó a Guardiola a pulsar el 'botón rojo' de las elecciones. El objetivo del PP era librarse definitivamente de la tutela de Vox acercándose lo máximo posible a la mayoría absoluta. No sólo no ocurrió —sólo mejoraron un escaño—, sino que los de Abascal se dispararon. A partir de ese momento, un argumento que comenzó a coger fuerza en el PP fue el de que sólo conseguirían frenar a Vox si volvían a los gobiernos y se erosionaban con el poder. Pero son muchos los que creían que Abascal se resistiría. Que prefería seguir condicionando desde fuera.
"Han respondido con un órdago más grande", lamentan diversas fuentes populares, también de Extremadura, que ven con expectación y cierta preocupación el desenlace de la negociación. "Están jugando a darse patadas en los tobillos, a ver quién puede ir más lejos", señala un líder autonómico, que recela de las posibilidades de que haya un acuerdo en un momento en que ambas partes han elevado la apuesta al extremo para hacer daño al contrario. "Se han puesto desde el principio a repartir sillones, y eso es un error", subraya otro dirigente.
En el PP se ha instalado cierto escepticismo por el desafío planteado por Guardiola y las condiciones de máximos con las que ha respondido Abascal: vicepresidencia, consejerías y programa. Algunas fuentes enfrían también la posibilidad de que haya un pacto antes del 19 de febrero, fecha límite para celebrar la sesión de investidura. En caso de que no hubiese acuerdo, correría el plazo de dos meses para intentar desatascar la gobernabilidad antes de una nueva disolución de la Asamblea. Esta misma semana está previsto que se celebre un encuentro entre Guardiola y el líder regional de Vox, Óscar Fernández. La primera gran prueba para testar los ánimos.
No es ningún secreto que la relación de María Guardiola con Vox es, por decirlo suave, "muy difícil". Se trata de una realidad que desde hace tiempo admiten en uno y otro partido y de la que quedó constancia en la bronca campaña electoral. En otros territorios existen diferencias, pero en Extremadura son especialmente afiladas. Y esa circunstancia, unida a la situación de la región como primer termómetro del nuevo ciclo electoral, ha provocado que la gobernabilidad esté ahora en vilo por los órdagos cruzados que los dos partidos de la derecha se han dedicado a través de los medios de comunicación. Aún no se ha producido la primera reunión formal.