El camello era el jardinero: cae una red que metía droga en la cárcel y cobraba vía Bizum
El principal investigado aprovechaba un curso para internos en la prisión de Alcalá de Henares para meter la mercancía y las familias de los reclusos pagaron más de 9.000 euros
La Policía Nacional y un juzgado de Alcalá de Henares (Madrid) investigan desde hace más de un año una red que introducía droga en la cárcel de Alcalá-Meco a través de uno de sus jardineros. Según sostienen los investigadores, la trama aprovechaba las visitas de este trabajador al centro penitenciario donde impartía cursos de jardinería a los reclusos. Burlaba los controles de seguridad e introducía la mercancía. Luego, los familiares de los internos que consumían pagaban vía Bizum a dos contactos que están en paradero desconocido. Los agentes detectaron envíos de dinero por valor de más de 9.000 euros.
La voz de alerta la dio la propia cárcel de Alcalá-Meco (Centro Penitenciario Madrid II) en junio de 2024. Citaba los testimonios de varios presos que revelaron que cada vez había más droga en el módulo 1 del centro y señalaron al monitor de jardinería David V.G. La variedad de testimonios “hacen que la hipótesis de que esto sea cierto sea bastante elevada”, decía aquel informe inicial. La dirección de la cárcel le daba relevancia al hecho de que los internos que aportaban la información apenas tenían relación entre sí y el riesgo que corrían al contarlo debido a las posibles represalias de sus compañeros.
Varios de los informantes precisaron que la droga entraba por la zona del huerto donde se realiza el curso de jardinería y que la metían en tabletas. Es decir, que no se introducía oculta en el cuerpo a la vuelta de un permiso, el modo más habitual. Tres de ellos, además, señalaron a un preso marroquí llamado Hamza A. como la persona que recibía la droga. Se da la circunstancia de que este preso era uno de los que asistía a los cursos de jardinería. Varios de los testimonios ya desvelaron que los pagos se hacían vía Bizum a dos teléfonos relacionados con allegados de los presos que traficaban con la mercancía.
Entre la documentación del caso a la que ha tenido acceso El Confidencial consta una carta manuscrita firmada por un interno que se hace llamar “Helicóptero” que describe esta forma de tráfico: “Si quieres un gramo son 25 pavos al número xxxxxx001 pon en el concepto ‘Helicóptero’ vale”.
El Juzgado de Instrucción número 1 de Alcalá de Henares abrió diligencias y encargó el caso a la Policía Nacional, que hizo un seguimiento durante varios días al jardinero. Es un ciudadano español de 46 años. Al no apreciar nada extraño en sus movimientos, la Policía solicitó la intervención de su teléfono móvil.
Del análisis de sus conversaciones detectaron varias llamadas con un preso que se encargaba de que personas del exterior se desplazaran a la casa del jardinero para llevarle las sustancias estupefacientes, posiblemente en cantidades de un kilo. Luego el jardinero se encargaba de ir introduciéndolas poco a poco para no llamar la atención, siempre según la tesis de la Policía.
Escuchas telefónicas
De esas conversaciones detectaron que el 5 de agosto de 2024 el jardinero tenía pensado introducir algunas de esas tabletas de hachís. Cuando llegó a la cárcel, le hicieron un exhaustivo cacheo, pero no le encontraron nada más allá de unos cables que también le había pedido el preso con el que hablaba por teléfono.
Ante la sospecha de que las pudiera tener en su casa, procedieron a detenerle y recibieron autorización judicial para registrar su domicilio, así como las celdas de varios presos presuntamente implicados en la trama. En la casa del jardinero, ubicado en la localidad madrileña de El Boalo, la Policía encontró 86 gramos de hachís, 1.031 gramos de marihuana y otros 13 gramos de MDMA.
Era el segundo año que este jardinero impartía el curso en la cárcel de Alcalá-Meco. Asistida por la letrada Mónica Pinedo se negó a declarar en el Juzgado que le dejó en libertad con la única medida de comparecer en el juzgado cuando fuese requerido.
Una de las celdas que registró la Policía con la ayuda de perros especializados fue la del preso que hablaba por teléfono con el jardinero. Concretamente, era la célula número 35 del módulo 1. Allí hallaron un móvil de pequeñas proporciones, prohibidos en prisión. Era el terminal que el preso usaba para comunicarse con el jardinero. También encontraron una tableta de hachís escondida dentro de una ficha de dominó. En la celda había otras 12 fichas huecas, pero con restos de hachís. Los investigadores creen que esas son las tabletas que metía la trama en la prisión.
La información definitiva fue la que aportó la empresa Bizum. Según había aportado la cárcel por medio de testimonios recabados entre los presos, los pagos se hacían a dos números de teléfono. Uno de ellos era el acabado en 001 y el otro era a uno acabado en 843. Las gestiones policiales posteriores acreditaron que el primero pertenece al hermano del preso marroquí Hamza A., en situación de libertad. "El segundo número corresponde a un excompañero de módulo de los investigados, llamado Jonathan Rommel A. Q.
En la cuenta bancaria del hermano de Hamza A. hallaron 69 operaciones en el tramo de tiempo que duraron los cursos de jardinería. De ellos, 4.290 euros fueron realizados por amigos o familiares de presos o expresos de la cárcel Alcalá-Meco. Por su parte, el segundo número registró 113 pagos, de los cuales 5.199,3 euros fueron de familiares o amigos de internos del centro penitenciario.
Uno de esos pagos llamó especialmente la atención de los investigadores. Lleva fecha del 25 de mayo de 2024. Lo hizo la novia de un preso por valor de 50 euros y en el concepto figura el nombre “helicóptero”, es el mismo que se indicaba en la nota manuscrita en poder del juzgado.
El 10 de junio de 2025, titular del Juzgado de Instrucción número 1, Carolina Hidalgo Alonso, prorrogó seis meses más la investigación con el visto bueno de la Fiscalía. En una providencia del 2 de septiembre del año pasado citó a declarar como investigados al preso que hablaba por teléfono con el jardinero y a su compañero de celda, sin embargo, en un auto dictado este pasado mes de diciembre decretó para ellos dos el archivo de las actuaciones.
Entendió la jueza que aunque se les incautó droga en la celda y un móvil, no tenían relación con la operativa para introducir droga. La Fiscalía se ha opuesto a la decisión del Juzgado sobre estos dos presos defendidos por el despacho Ospina Abogados. Por su parte, la jueza también citó para declarar como testigos a los dos responsables de los números de teléfono donde se efectuaron los envíos de dinero a través de Bizum. Sin embargo, cuando la Policía acudió a notificarles las providencias, estaban ilocalizables.
El jardinero ya está procesado por auto de fecha del mismo 22 de diciembre: "Con ocasión de impartir un curso como monitor de formación de jardinería en el Centro Penitenciario Madrid II de esta localidad de Alcalá de Henares durante el año 2024, promovió y facilitó el consumo ilegal de drogas tóxicas, introduciendo en el establecimiento penitenciario de manera oculta tabletas de hachís para distribuirla entre los internos".
La Policía Nacional y un juzgado de Alcalá de Henares (Madrid) investigan desde hace más de un año una red que introducía droga en la cárcel de Alcalá-Meco a través de uno de sus jardineros. Según sostienen los investigadores, la trama aprovechaba las visitas de este trabajador al centro penitenciario donde impartía cursos de jardinería a los reclusos. Burlaba los controles de seguridad e introducía la mercancía. Luego, los familiares de los internos que consumían pagaban vía Bizum a dos contactos que están en paradero desconocido. Los agentes detectaron envíos de dinero por valor de más de 9.000 euros.