La DEA prueba el nexo del fentanilo entre México y China a través de un narco detenido en Madrid
La investigación de Estados Unidos sobre el cártel de Sinaloa detalla viajes y pagos al país asiático de este arrestado que enviaba droga a California y Minnesota oculta en sillas
Cuando Alejandro Reynoso-Jiménez preparó su viaje a Europa, se cuidó de no tener que hacer escala ni sobrevolar territorio estadounidense. Pensaba que así seguiría a salvo de los agentes de la DEA, pero ya era demasiado tarde. Agentes encubiertos de la lucha contra el narcotráfico se habían infiltrado en sus actividades y controlaban sus movimientos y sus viajes a China. Sabían que era uno de los principales distribuidores de fentanilo, la droga letal que introduce el cártel de Sinaloa en Estados Unidos. Cuando aterrizó en Madrid, simplemente le estaban esperando.
Reynoso-Jiménez se encuentra desde hace semanas en la cárcel madrileña de Soto del Real. Allí espera que se agoten los plazos para el proceso de extradición activado por la fiscalía de Estados Unidos que dirige Pam Bondi. Tal y como adelantó este periódico, fue detenido el 28 de noviembre por la Policía Nacional en el aeropuerto de Barajas. Su caso es una prueba de la guerra contra el narco que ha declarado la administración Trump en América Latina. Es el argumento formal con el que intervino en Venezuela para capturar al presidente bolivariano Nicolás Maduro. Tras Venezuela, la Casa Blanca mira a México y sus redes de distribución de droga.
La Policía Nacional española tenía instrucciones precisas sobre el pasajero que iba a aterrizar a la hora de comer de ese viernes de finales de noviembre en el vuelo 308 de Iberia procedente de Ciudad de México. Sabían su nombre, sus rasgos físicos y su número de pasaporte mexicano, acabado en 343. Sabían también que había que aprovechar la oportunidad porque su estancia en España iba a ser breve y podrían perderle la pista. También desaconsejaron dejarlo en libertad a la espera de ser extraditado porque podría fugarse. Advirtieron de que Alejandro Reynoso-Jiménez tiene contactos poderosos en medio mundo.
España cumplió su parte y ahora su futuro está en manos de las autoridades judiciales y diplomáticas. Se le investiga en el marco de la causa que se sigue en un tribunal del distrito de Minnesota. Según la documentación a la que ha tenido acceso El Confidencial, el fiscal del caso es Thomas M. Hollenhorst y le acusa de delitos federales por los que le espera una pena no menor de diez años de cárcel que podría llegar hasta a dos cadenas perpetuas. Pesa sobre él una acusación dictada por un gran jurado federal del distrito de Minnesota.
Desde 2023, este narco era capaz de producir más de una tonelada de fentanilo al mes. Los laboratorios los tenía en México, pero viajaba a China con regularidad para adquirir los precursores químicos. Un confidente que trabajaba para la DEA le delató y también dio datos de sus colaboradores y su contacto dentro del cártel del Sinaloa para el que trabajaba. Este confidente había estado con Reynoso-Jiménez en México, sabía de sus viajes, dónde estaban sus laboratorios para hacer la droga y contó que estaba instruyendo a otras personas para aprender a cocinar la droga.
Los efectos del fentanilo
El fentanilo es una droga letal por el grado de adicción que provoca y porque sus efectos pueden provocar fácilmente una sobredosis si no se administran en dosis controladas. En los últimos años, se ha viralizado el efecto que genera este opiáceo por medio de vídeos en los que se ve a gente deambulando por las calles como muertos vivientes o en posturas inverosímiles.
Alejandro Reynoso-Jiménez cayó en la trampa que le tendió la DEA (siglas en inglés de Administración para el Control de Drogas). En marzo de 2023, el confidente infiltrado le pasó al narco una llamada de teléfono. Al otro lado de la línea hablaba un presunto comprador de Estados Unidos con interés en comprarle fentanilo. En realidad era un agente federal al que le mandó la droga a Minnesota. Repitieron la operación semanas después, esta vez a California. Hubo un tercer envío, en este caso ya a mayor escala, con 10.000 pastillas. El precio era de 1,25 dólares cada una. Hasta 2025, pactaron varios envíos más.
Para hacer el pago por la droga, Alejandro Reynoso-Jiménez proporcionó numerosos nombres y cuentas bancarias en las que tenían que ir ingresando dinero, incluyendo una a su nombre. Los envíos no solo llegaron, sino que a los investigadores que se hacían pasar por compradores les llamó la atención que las pastillas llegaban a Estados Unidos en envíos de la empresa de paquetería Fedex escondidas, al menos en uno de los casos, dentro de una silla de madera. En otras ocasiones usaba Estafeta, un servicio de entrega mexicano.
Sus fotos en China
Meses después fue el propio narco el que contactó para ofrecer un nuevo envío, en este caso de 100.000 pastillas. La particularidad es que cada pastilla contendría siete miligramos de fentanilo y no tres como era habitual. En este caso, para hacer el pago, facilitó números de cuenta de una empresa radicada en China, lo que permitió una nueva línea de investigación. Lo siguiente por lo que se interesaron los falsos compradores era directamente por precursores químicos chinos. Reynoso-Jiménez había cometido otro error. Había dejado rastro de sus viajes a China con una foto en su cuenta de Facebook.
Al narco se le podía ver en una de las imágenes en la Feria de Canton de Guangzhou. Es un evento de importación y exportación de productos. Posaba con una identificación en la que se podía ver su nombre real. Meses después, una vez los agentes encubiertos se ganaron su confianza, el narco les mandó una foto desde Pekín y les dijo que estaba en China para sus negocios. Tras acumular diversos envíos como indicios, la DEA consideró que tenía pruebas suficientes para actuar contra él. Se enfrenta a dos acusaciones de conspiración para importar fentanilo que viola el Título 21 del Código de los Estados Unidos.
Cuando Alejandro Reynoso-Jiménez preparó su viaje a Europa, se cuidó de no tener que hacer escala ni sobrevolar territorio estadounidense. Pensaba que así seguiría a salvo de los agentes de la DEA, pero ya era demasiado tarde. Agentes encubiertos de la lucha contra el narcotráfico se habían infiltrado en sus actividades y controlaban sus movimientos y sus viajes a China. Sabían que era uno de los principales distribuidores de fentanilo, la droga letal que introduce el cártel de Sinaloa en Estados Unidos. Cuando aterrizó en Madrid, simplemente le estaban esperando.