Vox guarda silencio ante los planes de Trump para Groenlandia: "No hay que posicionarse en todo"
Los de Abascal evitan pisar charcos en política internacional en plena escalada de tensión con EEUU. Génova se alinea con Dinamarca y la Unión Europea frente a las pretensiones norteamericanas: "Nosotros no somos lacayos de Trump"
El líder de Vox, Santiago Abascal, junto a la portavoz del partido en el Congreso, Pepa Millán. (Europa Press/Ananda Manjón)
Como sucedió con la crisis arancelaria, los golpes de timón de Donald Trump amenazan con poner en aprietos discursivos al partido de Santiago Abascal, el principal 'aliado' político del presidente de Estados Unidos en España. Tras la captura de Nicolás Maduro y el revés que supuso para las derechas a nivel nacional el hecho de que EEUU apartase a los líderes opositores de la transición en Venezuela y legitimase a Delcy Rodríguez como interlocutora, el líder republicano vuelve a sacudir el tablero internacional al mostrar al mundo su intención de hacerse con Groenlandia, sin descartar el uso de la vía militar.
Las amenazas de Trump contra la soberanía danesa de la isla tensa las costuras de la OTAN y Europa comienza a reaccionar. Francia o Alemania trabajan en un plan para responder a las insinuaciones del presidente norteamericano, mientras Dinamarca ha solicitado una reunión urgente con el secretario de Estado, Marco Rubio, para aclarar la situación. España firmó, además, una declaración junto a Reino Unido, Alemania, Polonia, Italia, Francia y Países Bajos en la que se cerraba filas con Copenhague en un intento de apaciguar el apetito de EEUU por la región ártica.
El PP evita criticar de forma directa a la Administración Trump —en contraposición con la línea seguida por FAES, la fundación de José María Aznar—, pero sí marca distancias con su hoja de ruta y se posiciona tanto en público como en privado en favor de la soberanía de Dinamarca y de la posición mayoritaria que adopten los países europeos para enfrentar esta situación. Pero no es el caso de Vox que, a preguntas de El Confidencial, no desvela su opinión al respecto. "No hay una posición oficial de partido. No siempre hay que posicionarse en todo", señala un portavoz oficial de la formación.
Los equilibrios de Vox no son fáciles en todo lo relativo a Trump. Abascal no está dispuesto a alterar la alineación de su formación con Washington y evita pisar algunos de los grandes charcos de la política internacional. Fue uno de los primeros líderes en celebrar la operación de Estados Unidos sobre Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, pero evitó exhibir mensajes de apoyo público a María Corina Machado o Edmundo González después de que el líder republicano les descartase para liderar la transición en el país, por ahora en manos de Delcy Rodríguez.
La formación no cuestionó que Trump situase a la mano derecha de Maduro como interlocutora y se limitó a instar a la ahora presidenta encargada de Venezuela a aclarar "si va a continuar con el sufrimiento del pueblo venezolano o va a ayudar a la restauración de la democracia". Sí puso el foco Vox en la puesta en libertad de los presos políticos y en la convocatoria de unas "elecciones libres", dos cuestiones aparcadas por EEUU. Santiago Abascal blindó aún más su vínculo con Donald Trump y le defendió ante "los que le quieren decir lo que tiene que hacer ahora", en alusión al PP, al que recomendó "callar y empezar a repensar su política internacional".
Me sorprende el aplauso de algunos miembros del PP a la actuación de Trump contra el tirano Maduro.
Aunque más me sorprende los que le quieren decir lo que tiene que hacer ahora, y antes de ayer le estaban insultando y comparándolo con Sánchez.
A la espera de que se despejen las incógnitas en torno al complejo panorama geopolítico con el que ha arrancado 2026 y cómo se concrete la amenaza de Trump sobre Groenlandia, es difícil calcular cómo cristalizará en la opinión pública de la sociedad española. Vox se mantiene desde hace meses al alza en todos los sondeos y logró un histórico resultado en las elecciones en Extremadura. Pero sólo se 'resintió' a nivel demoscópico durante el bache de la guerra arancelaria, momento en que los ultraconservadores se enfrentaron a serias dificultades discursivas para defender los intereses de España sin criticar al presidente de EEUU.
Mientras Vox mide su reacción, en el partido de Alberto Núñez Feijóo siguen a pies juntillas la posición de Bruselas, tanto en lo relativo a la isla ártica como en la situación de Venezuela. Juan Bravo, vicesecretario de Génova, expresó este lunes en la sede nacional del partido el "máximo respaldo" de su formación a la soberanía de Dinamarca, en línea con la declaración que firmó Pedro Sánchez junto a otros jefes comunitarios, entre ellos el polaco Donald Tusk o el alemán Friedrich Merz, los dos principales líderes gubernamentales del PPE.
En público, el primer partido de la oposición evita cuestionar la respuesta de Vox a la hoja de ruta de Trump y dirige todos sus ataques al Gobierno. Pero en privado sí lanzan críticas al partido de Abascal, con el que ahora tendrán que negociar la gobernabilidad de Extremadura y, posiblemente, del resto de regiones que van a las urnas este año. "Nadie vota a Vox por su coherencia en política internacional", apuntan en la cúpula popular, donde comparan el posicionamiento "claro" de Feijóo aunque implique marcar distancias con Estados Unidos con la ambigüedad del partido situado a su derecha.
Tras celebrar el derrocamiento de Maduro, el líder del PP se apresuró a reivindicar la "legitimidad" de Machado y González para hacerse con las riendas de Venezuela y cuestionó, en una carta publicada en X, que las "dictaduras no se derrocan a medias", un recado velado a Estados Unidos por mantener a Delcy Rodríguez, lo que a su juicio es una "operación de continuidad del régimen". "Nosotros no somos lacayos de Trump", defienden en Génova, que reta a los de Abascal a decir que "con Delcy, no". "Ellos tienen otras lealtades que proteger", zanjan.
Como sucedió con la crisis arancelaria, los golpes de timón de Donald Trump amenazan con poner en aprietos discursivos al partido de Santiago Abascal, el principal 'aliado' político del presidente de Estados Unidos en España. Tras la captura de Nicolás Maduro y el revés que supuso para las derechas a nivel nacional el hecho de que EEUU apartase a los líderes opositores de la transición en Venezuela y legitimase a Delcy Rodríguez como interlocutora, el líder republicano vuelve a sacudir el tablero internacional al mostrar al mundo su intención de hacerse con Groenlandia, sin descartar el uso de la vía militar.